Prólogo XI reunión de la Comisión Parlamentaria Mixta Estados Unidos Mexicanos Unión Europea






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Concentración bancaria de los seis principales bancos en el 2007

Miles de millones de pesos

Margen Financiero

171.6

Comisiones netas

59.0

Intermediación

.2

Ingresos Totales

230.9

Utilidad Neta

65.1

Fuente Banco de México

Los bancos europeos presentan el mayor índice de comisiones cobradas contra ingresos totales: Santander-Serfin con el 38.5, BBVA 36 y HSBC 35.7% que en conjunto representan 51.8 por ciento de los ingresos totales del sistema de cobros de comisiones. Los tres bancos europeos concentran más del 50 por ciento del total de la banca mexicana y obtuvieron ingresos brutos por alrededor de 12,500 millones de dólares en 2005.39

Bibliografía

-Aguirre Rodolfo y Manuel Pérez Rocha, “Siete años del Tratado de la Unión Europea-México, TLCUEM: una alerta para el sur global”; Transnational Institute, Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio, ICCO, julio 2007, www.rmalc.org.mx

-Calderón, Jorge, Evaluación del Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación México y la UE, Instituto de Estudios de la Revolución Democrática, 2003, http://www.sre.gob.mx/uaos/ponencia/03IERMJorge.doc

-Comunicado Inversión Española en Méx 2005, Oficina Económica y Comercial de España, p.1, www.consulado.gob.es/negocios/inverdion_espanola_en_mexic.pdf

-Chislett, W. La inversión española directa en América Latina: retos y oportunidades, Real Instituto Elcano, Madrid. Citado en Moro, Alfonso, Los intereses de las transnacionales europeas en América Latina. 2004.

-Dussel Enrique; La Inversión Extranjera en México, CEPAL, Santiago de Chile, octubre de 2000.

-Ferreira, Philippe, “La Liberalización del sector de servicios: el caso del Tratado Unión Europea-México, Serie Comercio Internacional, División de Comercio Internacional e Integración, Santiago de Chile, 2001, CEPAL, www.cepal.org

-Informe Estadístico sobre el comportamiento de la IED 2006, Secretaría de Economía, www.economia.gob.mx

-La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe 2008, CEPAL, www.cepal.org/publicaciones

-Reporte sobre el Sistema Financiero 2007, Banco de México, p. 88, www.banxico.com.mx
El G-20, prueba de fuego de la Asociación Estratégica

México-Unión Europea
Dr. Stephan Sberro
En 2010, juntándose a todos los festejos y conmemoraciones en nuestro país, habría que agregar los diez años de entrada en vigor del Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación (AAECPC) 2000. Pero este acuerdo global y completo ya no es la joya de la relación bilateral Unión Europea-México. Desde 2009, la Unión Europea (UE) y México son socios estratégicos.

Así nuestro país se une al club selecto de los “socios estratégicos” de la UE al lado de Estados Unidos, Canadá, Rusia, China, India, Japón y Brasil. Este último obtuvo este estatuto en 2007 y desencadenó las negociaciones con México pues la Secretaría de Relaciones Exteriores no quería que el país se quede atrás a pesar de qué como acabamos de mencionarlo ya poseíamos un acuerdo mucho más completo y concreto que cualquier otro socio estratégico de la UE. La rapidez de la negociación aporta testimonio de la ausencia total de problemas en la relación bilateral. La Comisión Europea presentó una propuesta unilateral en julio de 2008. El Consejo de Ministros aceptó la idea en octubre del mismo año y el Parlamento aprobó la asociación estratégica en marzo 2009.

Una vez pasada la “euforia” de este logro para la diplomacia mexicana cabe preguntarse el significado y la utilidad de esta nueva alianza estratégica. México disponía de otros instrumentos para coordinar eficazmente su política exterior con la de la UE para el beneficio de ambas partes. Más allá de todos los foros multilaterales de los cuales ambas partes son miembros cabe recalcar dos de estos instrumentos:


  • Las Cumbres América Latina-Caribe-UE a nivel de jefes de Estados y de gobiernos cada dos años. La última tuvo lugar en Madrid en mayo del 2010.




  • El pilar político del Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación (AAECPC), también conocido como Acuerdo Global.


Más fundamentalmente, cabe preguntarse cómo compaginar en los foros internacionales las políticas exteriores de dos socios tan fundamentalmente diferentes en sus situaciones económicas y geopolíticas y en sus intereses. Más cínicamente aún uno se puede preguntar cómo armonizar dos políticas exteriores…inexistentes, pues ni México ni la Política exterior común europea se caracterizan por su gran influencia y visibilidad en los escenarios internacionales.

Estas preguntas son interesantes y los académicos tienen el deber de plantearlas para contribuir al mejoramiento de la relación bilateral. Empero no son muy constructivas a corto plazo. La asociación estratégica existe y mejor que denigrarla e ironizar sobre su poca utilidad nos interesa más aquí reflexionar sobre la forma de llenarla de contenido para que sea un instrumento útil más de la relación bilateral.

La Cumbre México-UE de mayo 2010 permitió precisar el marco institucional y el campo de acción de la nueva alianza estratégica. Se dividirá en tres ámbitos, los asuntos bilaterales, los asuntos regionales y los asuntos multilaterales.

En este último caso esto implica establecer alianzas en el ámbito multilateral; la ONU y su Consejo de Seguridad, los G8+ G5, G-20, OCDE, lucha contra el terrorismo, lucha contra el cambio climático, etc.).

Uno puede pensar en una colaboración en los grandes temas multilaterales debatidos en la ONU. La desnuclearización de Irán pero sobre todo las negociaciones sobre el cambio climático saltan a la mente.

También se podría lanzar una reflexión sobre una alianza trasatlántica más estrecha. En el momento en que Estados Unidos y la UE piensan en mejorar e institucionalizar sus relaciones y en qué Canadá entabla por primera vez negociaciones que deberían conducir a un acuerdo similar al que tenemos desde hace diez años, valdría la pena pensar en un verdadero triángulo atlántico.

En realidad la cooperación entre México y la UE en el marco de la COP16 fue extremadamente estrecha y ahí se puede verdaderamente hablar de una alianza estratégica.

Se presentará pronto otra oportunidad de concretar el compromiso de relaciones estratégica; las negociaciones del G-20 de las economías más relevantes del mundo. Se trata de coordinar políticas que permitirán salir de la presente crisis económica global y evitar que las siguientes sean tan dañinas. Lo menos que se puede decir es que las Cumbre de Toronto en 2009 y de Seúl en noviembre del 2010 no aportaron ni un primer paso hacia una solución global.

Para 2011, Francia asegurará la presidencia del G-20 y en 2012, México asumirá este papel. Se trata por ende de una oportunidad inmejorable de hacer funcionar la asociación estratégica. México y Francia comparten visiones comparables, aunque no similares, sobre la forma de mejorar el funcionamiento de la economía global. En el G-20 están tres otros grandes países europeos, Alemania, Italia y el Reino Unido y dos otros grandes países latino-americanos. Francia y México podrían ser el motor de una alianza amplia en dos de los temas principales de los debates durante los dos años que vienen; la estabilización de la economía y la institucionalización del G-20.

En cuanto a la estabilización, los dos países comparten ideas similares sobre la necesidad de tener políticas prudentes para evitar la inflación pero también sobre la necesidad de considerar que este no debe ni puede ser el único objetivo y que el crecimiento económico y la lucha contra el desempleo también deben ser objeto de atención. Ambos gobiernos intentan buscar un equilibrio en la cuerda floja que junta estos dos objetivos a medio camino entre la estricta postura alemana y la laxista postura estadounidense en materia monetaria. Ambos gobiernos son creíbles en sus planteamientos pues lograron mantener grandes agregados económicos sanos (aunque no obtuvieron el mismo éxito en la lucha contra el desempleo).

Finalmente ambos gobiernos tienen interés en la institucionalización del G-20. En este tenor, México ya lanzó una propuesta informal; que el secretariado del G-20 esté apoyado por la OCDE en París, una propuesta que no debería de desagradar al gobierno francés.

En resumen estrenar y concretar la alianza estratégica con el G-20 presenta muchas ventajas. El G-20 no es una institución, ni tiene reglas del juego muy precisas lo que le acerca a la alianza estratégica México-UE ambos basados en consensos e intereses comunes.

Permitiría ir más allá del carácter declaratorio tanto de la alianza como del mismo G-20. También transformaría una debilidad, la heterogeneidad del Grupo en fuerza ya que se juntarían para cuajar acuerdos dos socios de regiones y niveles de desarrollo muy distinto. Estos socios deberán desempeñar en 2011 y en 2012 el papel de motores del Grupo lo que les da a la vez tiempo y legitimidad.

Es cierto que el peso relativo y los intereses de los dos socios pueden divergir. Así México contrariamente a muchos países de la UE tiene un sistema bancario y finanzas públicas sanas. Las posturas e intereses en cuanto al papel del dólar como moneda de reserva mundial también divergen pero no existen diferencias de fondo sobre la necesidad de consolidar el grupo y de otorgarle un papel más determinante en la gobernanza económica internacional.

Estamos a tiempo para sacar provecho de esta convergencia, utilizar el nuevo instrumento que constituye la alianza estratégica, ganar una mejor visibilidad internacional y defender eficazmente intereses comunes. No dejemos, como en el caso de la COP 16, que sólo dos países determinen, y en los hechos paralicen, los progresos en el resto del mundo.


Bibliografía

  • CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales) “Argentina en el G-20” Buenos Aires, 2010.




  • Duncan Wood “A break with the past or a natural progression?: México and the Heiligendamm process” en Mexico, 2008.


El diálogo macroeconómico de la Asociación Estratégica

México – Unión Europea ¿De qué hablan?
Zirahuén Villamar
Desde 1960 México ha tenido una relación formal con el proceso de integración europeo, gradualmente reforzado por subsecuentes acuerdos comerciales y de inversión que eventualmente guiaron a la firma en 1997 del Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación –comúnmente llamado Acuerdo Global–, que entró en vigor tres años más tarde. El alcance de este instrumento no era sólo vasto y ambicioso, también significó un documento revolucionario porque un diálogo político de alto nivel fue introducido, diferenciándolo del resto de tratados de libre comercio convencionales que México había signado y, también, por ser el primero de su tipo firmado por la UE en la región latinoamericana. Una década después de haber firmado el Acuerdo Global ambas partes iniciaron un proceso para elevar la calidad de su relación, impulsando a la UE para otorgar a México el status de Socio Estratégico. Para la Unión Europea, una Asociación Estratégica (AE) es el reconocimiento unilateral dado a países que considera son actores importantes de las relaciones internacionales, tanto economías desarrolladas como potencias emergentes, sea por su dimensión económica o peso político en la arena global y por la influencia que ejercen en su región o periferia.

En la iniciativa oficial europea que anunciaba la AE, el argumento que sustentaba la propuesta es que México “está presente en la escena mundial”: activo en el G8+G5, el único país latinoamericano miembro de la OCDE, un miembro activo de la Organización Mundial de Comercio, un puente importante entre Estados Unidos de América y América Latina; México es también un “un país afín” en la perspectiva comunitaria, por ello ambas partes tienden a coincidir y adoptan posiciones similares en los foros internacionales. Por todo lo anterior la AE “contribuirá a consolidar esa tendencia, pues proporcionará un marco político sólido y, por tanto, intensificará el diálogo y la coordinación entre la UE y México”.40 El resultado previsto para la AE sería “desarrollar una cultura de consulta y coordinación y crear el reflejo de tener presentes los intereses y puntos de vista respectivos a la hora de elaborar y adoptar posiciones sobre cuestiones concretas de alcance global”, tales como –sin ser un listado restrictivo–: asuntos políticos, de seguridad, medio ambiente y socio-económicos, como “estabilidad macrofinanciera global”. El mecanismo debería funcionar de dos maneras. La primera de ellas, mejorando la coordinación de las partes a nivel multilateral sobre asuntos internacionales; y la segunda, impulsando la relación bilateral.41 Finalmente, pero no menos importante, se planteó que la AE funcionaría con las mismas estructuras del Acuerdo Global, descartando la creación de nuevas figuras o su institucionalización.

Meses más tarde el Consejo de la Unión dio la bienvenida y adoptó el documento de la Comisión, subrayando que “ahora debe emprenderse una nueva etapa para que la UE pueda desarrollar plenamente sus relaciones privilegiadas con un Estado que le es próximo por sus principios y valores y que ejerce una influencia creciente en la escena internacional”, valores tales como “el compromiso en pro de un sistema multilateral eficaz”. En la opinión del Consejo la principal meta de la AE debe “ser promover de forma conjunta sus valores e intereses comunes en la escena internacional […] [y] en particular [...] permitir a ambas partes reforzar su concertación y su cooperación en los foros internacionales sobre las situaciones de crisis y los retos a escala mundial.”42 El Consejo adelantaba también que un plan de acción conjunta sería emitido posteriormente. Casi dos años tuvieron que pasar hasta la publicación del Plan Ejecutivo Conjunto de la Asociación Estratégica México-Unión Europea, emitido recientemente durante la Quinta Cumbre México-UE en España. En su comunicado de prensa, las partes resumen los contendidos del Plan Ejecutivo Conjunto, destacando que refleja su compromiso por adoptar acciones concretas e iniciativas conjuntas, y enuncia los diferentes diálogos temáticos como seguridad, derechos humanos y macroeconomía. Sobre este último, los líderes declararon la importancia de iniciar un Diálogo Político Sectorial sobre cuestiones macroeconómicas donde discutir los temas del “G20 y […] otros foros internacionales, entre ellas las iniciativas para fomentar un crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado para la economía global, y la reforma de las instituciones financieras internacionales.”43 El Plan explica cómo será el funcionamiento de la AE, ya no en dos niveles como había sido propuesto por la Comisión, sino en tres diferentes: “bilateral, regional y multilateral en los asuntos mundiales de interés común.”44

De todo lo contenido en este amplio espectro, lo acordado en materia de crisis financiera internacional es de alta importancia. Las partes decidieron “crear un Diálogo Macroeconómico, que constituirá un útil instrumento para intercambiar puntos de vista, potenciar la compresión mutua y fomentar la coordinación en los asuntos económicos y financieros”, y de entre éstos “la reforma de las instituciones financieras internacionales” bajo la siguiente tónica “reparto de las cuotas con objeto de dar más voz a los países infrarrepresentados, en beneficio de las economías en desarrollo y emergentes, en el FMI y en el Banco Mundial, como se prometió en la Cumbre del G20 en Pittsburgh, incrementado la voz de las economías en desarrollo y emergentes. México y la UE se comprometen a apoyar las oportunas medidas macroeconómicas y a promover el empleo, la protección social y la reducción de la pobreza, componentes esenciales de la reacción política a la crisis actual, y a amortiguar su impacto social, en particular sobre el objetivo de desarrollo del milenio.”45

En la práctica, con el panorama actual de restricciones políticas y económicas además de institucionales o de voluntades, ambos actores tienen otras prioridades e intereses económicos y políticos, que implican diferencias reales al momento de pensar en una negociación seria, no discursiva, para reformar los elementos centrales de tamaño de representación y toma de decisiones –por citar dos ejemplos– de las Instituciones Financieras Internacionales. Vale cuestionarse si un mecanismo como la AE realmente podría funcionar y responder a las altas expectativas que las dos partes que la integran se han propuesto.

Aunque claramente con la AE operando en el G20 no se podrán resolver los problemas de la economía mundial, al menos podrían plantearse en ella el interés de México y los intereses –en plural– de los países y las instituciones supranacionales de la UE a través de éstas mismas, como la Comisión, el Consejo, la novedad institucional del Tratado de Lisboa del Alto representante para Política Exterior y de Seguridad Común, y el Banco Central Europeo; ello con la finalidad de conocer con más detalle en qué consisten y cómo aspiran conseguir los objetivos que –en lo general– se identifican como compartidos. Por el lado mexicano, la AE podría contribuir a transparentar las iniciativas de las tres instituciones involucradas: las Secretarías de Relaciones y de Hacienda y Crédito Público, así como el Banco de México, porque es de lamentar que ninguna aporte detalles de los objetivos del gobierno.46

Todavía es prematuro empezar a calificar resultados de la Asociación Estratégica, considérese que desde la publicación del Plan Ejecutivo Conjunto sólo han pasado unos meses y ocurrido solamente una cumbre G20 –la de Toronto en junio–, por lo tanto no debieran adelantarse juicios severos. Pero ello no significa defender ex ante un instrumento que merece una evaluación crítica a la luz de la dimensión global de sus actores y la importancia para terceros países de los temas que contempla. Resulta claro que, no obstante la afinidad de sus discursos, por el momento ambos tienen intereses divergentes o prioridades distintas. En la búsqueda de una medida de la efectividad de la Asociación Estratégica aplicada específicamente a la reforma de las IFI, puede adelantarse que la UE y México no han tenido éxito, ni parece que lo tendrán en el corto y mediano plazos porque, en un contexto más amplio, una reforma de gran calado de estas instituciones se halla en punto muerto por no ser una prioridad auténtica de la UE –claro que tampoco la es para otro gran actor mundial, Estados Unidos– y México apunta a no estar empleando adecuadamente sus opciones en conjunto con otras economías emergentes –sea por indecisión política o por insuficiente estatura económica.
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