Secretaria para la tecnologia, la ciencia






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LA PROSPECTIVA. QUE ES Y PARA QUE SIRVE

 

SECRETARIA PARA LA TECNOLOGIA, LA CIENCIA

Y LA INNOVACION PRODUCTIVA

DIRECCION NACIONAL DE PLANIFICACION Y EVALUACION

 

Lic. Luis Forciniti - Lic. Jorge Elbaum

 

Diciembre de 2001

 

CONTENIDO

 

1. La prospectiva

1.1. Prospectiva, riesgo e incertidumbre

1.2. Continuidades y rupturas

2. Prospectiva y planificación

3. La prospectiva como herramienta inter/transdisciplinaria

3.1. Prospectiva y cultura

3.2. Prospectiva e innovación

3.3. La nueva economía y los escenarios de futuro

4. Introducción a los procedimientos y las técnicas metodológicas de la prospectiva

4.1. Los escenarios

4.1.1. Construcción de la base

4.1.2. Construcción de los escenarios

4.2. Las técnicas de pronóstico

4.3. El modelo bayesiano

4.4. La técnica Delphi

4.5. Técnica de las matrices de impacto cruzado

4.6. Técnica AHP

4.7. Análisis morfológico

4.8. Arboles de relevancia

4.9. Prospectiva Tecnológica basada en el empleo de expertos

4.10. Análisis de indicadores bibliométricos y patentes

5. Los usos y aplicaciones de la prospectiva

5.1. La prospectiva en las políticas públicas

5.1.1. Salud

5.1.2. Educación

5.2. La atención de problemáticas sectoriales

5.2.1. El sector energético

5.3. La prospectiva y el desarrollo tecnológico

5.3.1. Biotecnología

5.4. La prospectiva y el desarrollo local

5.5. La prospectiva en el desarrollo institucional (escuelas, ongs, etc.)

5.6. La prospectiva y la investigación de mercado

5.7. La prospectiva en el comercio internacional

6. Los ejercicios nacionales de prospectiva

6.1. La prospectiva en el Japón

6.2. La prospectiva en los Estados Unidos

6.3. La prospectiva en Alemania

6.4. La prospectiva en los Países Bajos

6.5. La prospectiva en el Reino Unido

6.6. La prospectiva en Australia

6.7. La prospectiva en Francia

6.8. La prospectiva en Austria

6.9. La prospectiva en Corea

6.10. La prospectiva en España

6.11. La prospectiva en Hungría

6.12. La prospectiva en Irlanda

6.13. Aspectos salientes de los casos analizados

6.14. La prospectiva en América Latina

6.14.1. Proyecto PTAL

6.14.2. Proyecto de Escenarios Regionalizados

6.14.3. Programa de Prospectiva Tecnológica para América Latina y el Caribe

Bibliografía
1. La prospectiva

 

En muchas ocasiones quienes piensan en el futuro se sienten comprometidos con su modelación y su construcción diaria. De alguna manera, gran parte de los investigadores orientados a estudiar los futuros posibles están convencidos de que su relevamiento supone una herramienta indudable para moldear los caminos y los horizontes del porvenir.

 

No obstante, los estudios de futuro no son ejercicios de ciencia-ficción o simples planteamientos visionarios de pensadores futuristas. Tampoco son discursos proféticos o repeticiones de tendencias a partir de presentes supuestamente inmutables. Los estudios de futuro exigen manejos metodológicos específicos y controles racionales y discursivos aptos para no "caer" en simplificaciones y futuros deseados que no se puedan realizar. Son ejercicios sistemáticos y pormenorizados más que hipótesis clarividentes. Son estudios críticos y contrastables más que certezas indudables. Al igual que en el caso del conocimiento científico. Siempre dejan lugar para otros futuros o escenarios posibles. Sus resultados y sus procedimientos son compartibles con otros investigadores y no se postulan como el resultado mágico de un grupo de iluminados que son capaces de mirar el futuro en una bola de cristal.

 

La diferencia más importante entre el futurismo y los estudios de futuro radica en la contrastación permanente y el monitoreo que postulan y practican los segundos. Mientras los futuristas edifican un porvenir imaginario a partir de sus intuiciones, quienes realizan estudios de futuro contrastan sistemáticamente sus previsiones y sus sospechas con otros actores así como con tendencias, proyecciones y diferentes escenarios posibles. Esto no significa que los estudios prospectivos puedan realizarse con autonomía de las valoraciones de quienes las desarrollan. Implica que los deseos y las valoraciones pretenden ser controladas y contrastadas tanto con otros sujetos (que poseen valoraciones diversas) como con datos de la realidad que puedan refutar a los simples deseos del investigador.

 

Asimismo, la prospectiva no constituye una mera proyección de los sucesos actuales sino un punto de partida para el diseño y la elaboración de políticas y estrategias destinadas a alcanzar los objetivos de cualquier institución u organización en las sociedades contemporáneas. La prospectiva posee una orientación propositiva, es decir, que esta fuertemente vinculada con la toma de decisiones. Con la previsión de lo que puede suceder y con las acciones que se deben llevar a cabo para que los sucesos del futuro se transformen en una ayuda y no en un estorbo o en una frustración. A diferencia de otro tipo de estudios científicos, que en algunos casos pueden tener una búsqueda teórica, la prospectiva es pragmática: busca conocer para trasformar.

 

En palabras de Godet:

"El sueño fecunda la realidad; conspirar por un futuro deseado es no sufrir más por el presente. Así, la actitud prospectiva no consiste en esperar el cambio para reaccionar -la flexibilidad por sí misma no conduce a ninguna parte-, sino que pretende dominar el cambio en el doble sentido, el de la preactividad (prepararse para un cambio esperado) y el de la proactividad (provocar un cambio deseado): es el deseo, fuerza productiva del futuro."

 

Quienes hacen prospectiva están generalmente preocupados por la sustentabilidad y los senderos sobre los que se van construyendo los futuros. Consideran que las decisiones que se toman hoy generan tendencias hacia determinados horizontes. Y que las decisiones que no se toman hoy pueden impedir la posibilidad de construir determinados futuros. Esto significa que cada determinación, o la suma de ellas, van esculpiendo una serie de futuros posibles. Y decimos en plural "futuros" porque no todo es previsible y no sabemos cómo pueden actuar los individuos, los grupos y las instituciones.

 

El futuro es una construcción colectiva que no puede ser delineado indefectiblemente. Sin embargo, sabemos que existen tendencias. Conocemos, por ejemplo, que en una sociedad que asume el pluralismo, la equidad y la resolución pacífica de sus conflictos como forma de convivencia diaria es más probable que se alcancen futuros democráticos que en aquellas sociedades en donde las consignas cotidianas riman más con el autoritarismo, con la violencia, la injusticia y la corrupción. Este proceso es muy similar al refrán popular de que cada persona cosecha lo que siembra. De alguna manera el presente es la siembra y en el futuro se recolecta el resultado de lo que se ha hecho. Aunque no haya garantías (porque los desastres naturales o los imponderables son posibles) es más probable una buena cosecha en el campo de quien sembró con dedicación e inteligencia, que en otro terreno donde se diseminaron semillas sin responsabilidad ni cuidado.

 

Los estudios prospectivos suelen estar comprometidos no sólo con la sustentabilidad del desarrollo sino con la superación de los problemas del presente. Quienes estudian el futuro consideran que no hay determinaciones que impliquen condenas a repetir el presente. Creen que es posible, con voluntad y reflexión crítica, vencer las fuerzas sociales o naturales que impiden el mejoramiento de la calidad de vida. Y que algunas tendencias que hoy parecen modelar un futuro determinado pueden ser vencidas con voluntad, rigurosidad, inteligencia y trabajo. De la misma manera que no hay presentes únicos (que siempre es posible tomar más de un camino) también es verdad no que no hay futuros únicos. Que cada uno de los futuros posibles son hijos de las opciones que se deciden en el camino.

 

Otro de los beneficios que conlleva la prospectiva es que permite generar consensos, articular futuros deseables (dentro de los posibles) y contribuir desde las políticas y las acciones presentes a delinear proyectos de futuro. De esta manera, quienes realizan estudios de futuro se encuentran comprometidos con la discusión sobre agendas de políticas y la jerarquización de acciones dispuestas para encaminar los presentes. Quienes realizan estudios prospectivos comienzan por entender el pasado e interpretar cómo esos pasados dieron origen a este presente. O para plantearlo de otra forma, cuáles aspectos de esos pasados fueron verdaderamente responsables de orientar su propio futuro.

 

Las generaciones futuras dependen no sólo de las decisiones que tomemos en el presente sino de las formas en que imaginamos el futuro. Las proyecciones que hacemos sobre el mañana suelen influir o por lo menos condicionar ese porvenir; si, por ejemplo, especulamos con que el futuro nos depara sólo destrucción, aparecerá como impensable el compromiso con el porvenir. Si, por el contrario, imaginamos que en el futuro nos esperan horizontes más justos, más bellos, más humanos, el trabajo por prever algunas de sus tendencias (y orígenes en el presente) aparece como un desafío intelectual y ético indudable y estimulante.

 

Quienes ensayan estudios de futuro consideran que esas realidades de los tiempos por venir son el resultado de los comportamientos y las acciones que se realizan hoy. De alguna manera, quienes se orientan al estudio del futuro son optimistas acerca de la posibilidad del hombre y de las sociedades para construir "mundos" y "futuros".

 

La complejidad de las sociedades presentes y las consecuencias de todas las acciones que desarrollan los hombres y las instituciones plantean desafíos acerca de cómo se construye el futuro a través de las acciones presentes. Los estudios que tienen por objeto develar los futuros posibles no solo están comprometidos con el devenir sino que intentan conocer los procesos posibles que puedan llevar hacia determinados futuros deseables, no como manera de "imponer" valores o "gustos" de quienes llevan a cabo los estudios sino como herramientas para detectar cuáles son los caminos críticos y los elementos decisivos que permiten la apertura de unos u otros futuros. De hecho, uno de los beneficios indudables de estos ejercicios es la rutina creativa que implican y exigen. Quizás las utilidades de estos estudios (y su impacto social u organizacional real) puedan vincularse más con la sagacidad y agudeza que desarrollan que con la justeza del futuro descripto.

 

La prospectiva no sólo distingue tendencias y hace proyecciones; también puntualiza los acontecimientos y los hechos que orientan el presente hacia determinados futuros. Esto es lo que hace de los estudios de futuro algo más que una disciplina descriptiva: además de conocer las fuerzas históricas que pueden orientar las sociedades hacia determinadas realidades, quienes desarrollan ejercicios prospectivos plantean tanto los futuros posibles y los probables como así también lo deseables. El reconocimiento de las acciones y los procesos necesarios para orientar los destinos hacia uno u otro futuro es parte del relevamiento y de las conclusiones que todo estudio prospectivo puede llevar a cabo.

 

En este marco, las disposiciones necesarias para realizar estudios prospectivos deben poseer ciertos rasgos imprescindibles:

Una imaginación acotada, sistemática y enmarcada en lógicas fundamentadas. Esto implica diferenciarse de cualquier razonamiento solo intuitivo, alejado de los datos existentes y las tendencias arraigadas.

Una comprensión de las regularidades, las rupturas y las coevoluciones, es decir, la aceptación de que las fuerzas y las multicausalidades parten de lo existente y no de del deseo de quien realiza el ejercicio prospectivo. Comprender las regularidades supone conocer las tradiciones y todo lo que tiende a repetirse, ya sea por costumbre, por causas naturales o por voluntar de ciertos actores sociales que tienen capacidad para imponer un derrotero determinado en un momento histórico específico.

Una capacidad de detección de los "acontecimientos", es decir, aquellas situaciones que, por su influencia e importancia pueden torcer, cambiar, modificar, tergiversar o alterar ciertas regularidades, tradiciones, continuidades o procesos.

Motivación por el cambio y el liderazgo para la construcción de agendas.

Reflexividad disciplinaria (socioanálisis cognitivo) y vigilancia epistemológica.

 

1.1. Prospectiva, riesgo e incertidumbre

 

La emergencia de los estudios de futuro se relaciona con la complejidad creciente del mundo. La incertidumbre y el riesgo aparecen como el marco dominante sobre el que se montan los acontecimientos del porvenir. Si bien la contingencia y la velocidad aparecen como los rasgos más actuales de nuestra época, también sabemos que cada paso que se asume implica consecuencias, muchas de ellas no previstas. En este marco, los estudios de futuro exigen una reflexión sobre las herencias de las decisiones que se toman a diario. El pensamiento prospectivo demanda una responsabilidad sobre el presente al plantear no sólo el estudio de los futuros posibles sino también la discusión sobre los legados que implican las acciones actuales.

 

Todo estudio de futuro supone enfrentar los desafíos de la incertidumbre y prever los impactos que estos futuros deseables o no deseables deparan a nuestras sociedades. Como toda proyección, los estudios de futuro aparecen como comprometidos con la previsión y el ejercicio imaginativo de modelar dichas previsiones. Así, los estudios de futuro permiten postular problemas y soluciones futuras más allá de que esos "futuros" se consoliden realmente.

 

El hábito que supone buscar soluciones a problemáticas de futuro aparece como una capacidad inmanente a los estudios de futuro. Permite imaginar situaciones y estar más preparado para las sorpresas del porvenir. Es justamente esta característica de los estudios de futuro lo que permite acostumbrarse a la incertidumbre como rasgo indudable de la actual etapa de la modernidad. Y esa capacidad de previsión y de plantar desafíos y alternativas disímiles es lo que hace de la prospectiva un ejercicio no solo intelectual sino práctico en relación con los desafíos concretos.

 

1.2. Continuidades y rupturas

 

La dinámica social, científica y tecnológica característica de la actualidad ha planteado la necesidad de anticiparse a los cambios debido a que la evolución de las sociedades se caracteriza por la aparición súbita de eventos inesperados. Mientras que el planeamiento normativo o las proyecciones tienden a generar tendencias y extrapolaciones históricas, los estudios de futuro parten del reconocimiento de la contingencia y por lo tanto intentan plantear diversos futuros probables con el objeto de poner el énfasis en las estrategias necesarias para afrontar las consecuencias de cada uno de ellos. Algunos de los desafíos más atractivos de esta lógica de previsión se sustentan en el planteo de hipótesis acerca de las rupturas y de las consecuencias que ellas implican.

 

Haber pensado la irrupción de determinados fenómenos obliga a plantarse caminos alternativos y soluciones hasta el momento impensadas. Implica, asimismo, superar el concepto "lineal" de tiempo que postulaba una evolución directa y acumulativa entre el presente y el futuro. A diferencia de esa temporalidad absolutamente previsible, los estudios de futuro intentan identificar los "saltos" y las "rupturas" en los ejercicios prospectivos. Aspiran a plantear las variadas opciones que depara la dinámica compleja de un mundo globalizado cuya realidad responde a múltiples causas.

 

La interconexión creciente entre diferentes esferas de la vida dificulta trazar una única forma de previsión en relación al porvenir. La dinámica social, política y económica exige estar preparados para transitar caminos impensables y de alto riesgo. En el contexto de esta contingencia, los estudios prospectivos constituyen una herramienta necesaria tanto para el planeamiento estratégico como para la construcción de agendas de las políticas públicas en el marco de la detección de futuros supuestos.

 

En las ciencias sociales se asume que las ideas y las percepciones que los actores tengan acerca del futuro influyen de alguna u otra manera en él. En otras palabras, los seres humanos son los únicos capaces de influir, a través de su voluntad, en los hechos futuros. Si, por ejemplo, una sociedad comparte el consenso mayoritario de que su porvenir depende de la educación tecnológica y de la producción industrial y de servicios y además invierte en ese proyecto gran parte de su capacidad social, es harto probable que su futuro esté de alguna manera ligado a un determinado clima económico y social. No significa necesariamente que sea eficiente en el logro de sus proyectos, entre otros factores porque nunca depende sólo de variables locales y endógenas. Significa que su horizonte estará, por lo menos, sustentado en un marco de referencia tecnológico e industrial determinado. Y esto como resultado de una voluntad colectiva orientada a un horizonte. Los estudios de futuro, a priori, permiten develar qué espacios existen realmente para desarrollar determinadas elecciones.

 

Retomando el ejemplo anterior, una prospectiva tecnológica debiera brindarnos información (a partir de un seguimiento de desarrollos similares en otros países y de capacidades instaladas en el ámbito local) acerca de qué trayectorias tecnológicas son las más probables, cuáles son las más competitivas, cuáles las que permiten una mayor tasa de empleo laboral y cuáles tienen más posibilidades de sustentabilidad en el tiempo.

 

De alguna manera, las estructuras existentes y las percepciones (ideas o políticas) dominantes son las fuentes que utilizan los estudios de futuro para desarrollar sus investigaciones. Esta es la razón por la cual se requieren datos fidedignos y opiniones de actores calificados para intentar develar cuáles son las tendencias y las convicciones que impulsan, generan o condicionan determinados futuros.

 

En síntesis, la prospectiva permite el acostumbramiento a la dinámica compleja del futuro, comprendiendo la contingencia creciente que caracteriza la sociedad contemporánea. En segundo término, la escenificación de futuros pretende determinar las posibles rupturas capaces de quebrar las evoluciones lineales. Por supuesto, la prospectiva es más eficaz en manos de quiénes son los actores más dispuestos a las transformaciones. En la prospectiva tecnológica, por ejemplo, quienes mayores esfuerzos realizan en la construcción de escenarios son aquellos que postulan sus conclusiones como puntos de partida para construir futuros. La complejidad que deviene de los ejercicios prospectivos no sólo permite reducir la incertidumbre sino que, además, permite acostumbrarse a la complejidad, la multicausalidad y al pensamiento transdisciplinario.

 

Por último, desde una perspectiva del presente, los ejercicios de futuro permiten la ampliación de los horizontes posibles y, por homología, de los presentes realizables. En reiteradas ocasiones se ha afirmado que los estudios prospectivos remiten más al presente que al futuro: intentan prever para tomar las decisiones cotidianas.

 

De alguna manera, los estudios de futuro tienen dos recorridos paralelos. Por un lado pretenden describir escenarios a partir de sus características constitutivas. Por el otro, intentan inducir los pasos de la sociedad hacia algunos de ellos que son percibidos como más deseables que otros. Conocer los marcos teóricos desde los cuales se sistematizan los futuros es una exigencia de honestidad intelectual. La misma honestidad que se requiere para asumir que toda prospectiva supone un nivel de direccionalidad (el horizonte deseable y "futurible", deseable y posible, elegido para encaminarse a él), y el necesario consenso que requiere su evaluación y elección para encaminarse a su realización.

 

La direccionalidad puede ser ejemplificada en una frase como la siguiente: "Podemos y debemos orientarnos a determinado futuro planificando el acceso a ese porvenir". El consenso, por su parte, puede ilustrarse en una afirmación como la que sigue: "El futuro es una construcción colectiva".

 

Sintetizando, la prospectiva brinda la posibilidad de:

  • Comprender la contingencia, es decir, la incertidumbre que rodea la idea de futuro, y de la necesidad por estudiar los comportamientos, las tendencias y las fuerzas que permiten (o direccional hacia) uno u otro futuro.

  • Prever las posibles rupturas que pueden quebrar, reorientar, cambiar o potenciar ciertas evoluciones.

  • Acostumbrarse a la complejidad: aceptación de que los futuros son el resultado de una inmensa cantidad de factores diferentes y no el efecto de causas únicas. Y que incluso el azar y lo imprevisto juega su rol en la constitución de la historia y del futuro.

  • Ampliar los horizontes posibles y los presentes realizables: comprender que no hay futuros únicos ni tendencias unívocas y/o determinantes.

  • Aceptar que la importancia de la voluntad humana y los consensos alcanzables son factores fundamentales para modelar futuros.

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