Nota de tapa de América XXI nº 67 – Noviembre de 2010






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Balance a mitad de camino
Por Luis Bilbao
Fecha de publicación: 21/10/10


Más allá de trascendentales acuerdos económicos, de intercambio tecnológico y articuladores de un nuevo mapa energético mundial, que incluye la transferencia de tecnología nuclear para uso pacífico por parte de Rusia, resalta el hecho de que busca tomar un frente antimperialista mundial.
Al completar la visita a Irán y, con ella, la mitad del camino a recorrer en la gira comenzada en Rusia y a culminar en Portugal, el presidente Hugo Chávez puede hacer un balance provisional altamente satisfactorio.

Para comenzar, logró ubicar a la oposición interna en su exacto lugar: ladrando a la luna. En su empeño por ocultar y tergiversar los logros económicos y políticos de Chávez en esta gira es improbable que la Mud (Mesa de Unidad Democrática) tenga capacidad de persuasión más allá de su propia base en el sentido más restringido. Incluso existe la posibilidad de que una franja importante de votantes de la Mud en las elecciones del 26S, tome distancia de ella al ver la escasez de ese bloque sin principios, contrastada con lo que deberá ser una aceleración positiva de los cambios estructurales en Venezuela. La reiteración de acusaciones tales como que Chávez regala el dinero venezolano a gobiernos extranjeros es demasiado burda. Y sólo podría calar en la población si el drástico y sostenido proceso de transferencia de ingresos en favor de las mayorías se viera interrumpido.

Ocurrirá lo contrario: los pasos en materia de intercambio económico-técnico se verán a corto plazo con impacto sobre el conjunto de la población; y a la par de la reactivación económica ya en curso, redundarán en soluciones de problemas de diferente naturaleza: desde la lentitud en la producción de viviendas, hasta las penosas dificultades de transporte. Y si se cumplen siquiera la mitad de los acuerdos enhebrados por la cartera de Ciencia y Tecnología, apuntados todos, en última instancia, a aumentar la productividad media de la economía, se habrá iniciado una nueva fase en los esfuerzos por sacar a Venezuela del atraso en el que la sumió la dependencia y la corrupción de las clases dominantes durante la IV República. Sería engorroso hacer el listado de acuerdos económicos firmados en Moscú, Minsk, Kiev y Teherán (el informe completo aparecerá en la edición de noviembre de América XXI). Baste decir que la diversificación de exportaciones e importaciones de Venezuela le otorga una independencia jamás antes gozada en ese país. En cuanto a los efectos, no habrá que esperar para verlos en acción.

Eso no es todo. Las compras de material militar consolidan el esquema defensivo y disuasivo de la Fuerza Armada Bolivariana. Y el espacio geopolítico ampliado y reafirmado solidifica la sustentación del proyecto estratégico pluripolar, dando lugar a un suerte del glacís, apropiado para la transición hacia el socialismo del siglo XXI.

Este último aspecto no podrán contradecirlo los enemigos de Chávez: en Rusia quedó a la vista el afianzamiento de las relaciones con Vladimir Putin y Dmitri Medvedev; en Bielorrusia no sólo los acuerdos económicos, sino también los gestos inequívocos del gobierno presidido por Alexandre Lukachenco, aseguran un fortalecimiento notable de las relaciones políticas entre ambos gobiernos. El inicio formal de relaciones con el gobierno de Ucrania, prueba la dinámica de ampliación de la diplomacia venezolana. Con eso bastaría para afirmar que los cuatro países visitados constituyen una plataforma sólida para situar a Venezuela como socio y contraparte política latinoamericana en esa región clave en el proceso de recomposición geoestratégica planetaria.

Pero aún falta la concreción de la gira en Siria, Libia, Portugal y, una novedad de última hora aun no confirmada, Turquía.

 

La energía como eje

Un punto de particular relevancia es el anuncio formal de que Rusia colaborará con Venezuela en la adquisición y manejo de la tecnología necesaria para el manejo de la energía atómica con fines pacíficos. Tal vez es necesario detenerse un momento a reflexionar sobre el hecho de que Rusia, la gran potencia euroasiática con proyección mundial, acuerde sostener un objetivo del gobierno bolivariano de tanta sensibilidad política en la actual coyuntura mundial. Una primera medida del impacto puede tenerse al observar la reacción del Departamento de Estado, que hizo declarar al propio Barack Obama al respecto: “Venezuela tiene derecho” admitió el mandatario estadounidense, para inmediatamente señalar que también deberes: “Tenemos una política que se aplica a todos los países” subrayó Obama, quien utilizó un verbo provocativo para indicar que Venezuela “debe obedecer” esas políticas que “tenemos”. El Departamento de Estado preparó cuidadosamente esta demostración de vana altanería imperial, como lo hizo con otra frase del mismo estilo pronunciada por Obama en la misma conferencia de prensa: Raúl Castro “debe comportarse seriamente” antes de que la Casa Blanca considere cambiar su política hacia la isla. Con demócratas así… ¿a quién le hacen falta republicanos?

Es de máxima importancia que el presidente estadounidense haya admitido que Venezuela (de hecho, cualquier país) tiene derecho a investigar y poner en práctica la utilización de la energía atómica. La otra cara de la moneda debería dar lugar a una discusión mundial: quién, cómo y dónde decide qué política tiene la humanidad respecto del manejo de este instrumento tan vital como amenazante. En todo caso, es obvio que esa capacidad no puede quedar en manos de quien tiene el mayor arsenal atómico del planeta y pretende dominar al mundo mediante el terror al holocausto nuclear.

Es igualmente significativo el hecho de que Obama no haya podido iniciar el tratamiento de este tema mediante una condena sin rodeos y las consecuentes sanciones, esta vez enfiladas contra Venezuela. He allí una prueba del lugar que ocupa la Revolución Bolivariana en el concierto mundial: el imperialismo debe recorrer un sinuoso camino para llegar a su objetivo; la red de protección político-diplomática de Venezuela le impide a Washington enfilar derechamente contra el gobierno de Chávez sin pagar un carísimo precio, medido en deterioro de su propia red diplomática y riesgo de ingresar a un camino que sólo le traería mayor descrédito y aislamiento a la Casa Blanca.

Avanzará en ese sentido, pese a todo. En el horizonte cercano se vislumbra una ofensiva imperialista contra Venezuela, con el argumento falaz y ridículo de que su gobierno pretenderá crear una bomba atómica.

A este objetivo podrá esgrimir los resultados de la visita de Chávez a su par iraní Mahmud Admadynejad. Los 11 acuerdos firmados en la tarde del miércoles 20, con toda su formidable potencia en materia económica y tecnológica, empalidecen frente al discurso con que ambos mandatarios clausuraron el encuentro. Chávez moduló su línea estratégica conocida y tras describir el inexorable declive del imperialismo, se solidarizó enérgicamente con Irán frente a las amenazas del gobierno estadounidense. Ahmaynejad, no menos elocuente y enfático, denunció los intentos desestabilizadores de Washington en Ecuador y Venezuela, explicitó la necesidad de lo que denominó “un frente amplio desde América Latina hasta Medio Oriente”, para enfrentar la amenaza estadounidense contra las revoluciones en América Latina y contra su propio país, ratificando una vez más la inconmovible decisión de su gobierno de no ceder ante la amenaza estadounidense.

Como novedad en el tablero mundial, reaparece con forma y contenido diferentes a los que se pudo ver en otros momentos de la historia, un proyecto de frente unido antimperialista a escala mundial.

Estos son los datos del somero balance que puede hacerse en el trayecto entre Teherán y Damasco, más largo de lo necesario puesto que el avión debe desviarse a fin de no sobrevolar territorio iraquí.

20/10/10. En vuelo.

 

Internacional
Gira tricontinental de Hugo Chávez

Las dudas de Mr. Crowley
Por Luis Bilbao

Fecha de publicación: 22/10/10


Washington vacila respecto de cómo enfrentar en la coyuntura la ofensiva diplomática del presidente Hugo Chávez. Las relaciones de fuerzas cambian en detrimento del imperialismo.

¿Será o no será constructiva la gira tricontinental del presidente Hugo Chávez? El dilema hamletiano ya no remite a las brumas de Dinamarca. Ahora acucia en la sala de situación de la Sra. Hillary Clinton.

Hasta el momento, los asesores del Departamento de Estado no han llegado a una conclusión, a juzgar por la declaración de un portavoz de la secretaria de Estado, el Sr Philip Crowley, quien explicó en conferencia de prensa que, tras cavilar el asunto, “me resulta difícil ver cómo el actual viaje del presidente

Chávez puede ser considerado constructivo”.

Apenas 48 horas después de que Barack Obama admitiera el derecho de Venezuela a utilizar la tecnología nuclear, Clinton comenzó a trabajar sobre el segundo concepto esgrimido por el presidente: Chávez “debe obedecer” las políticas dictadas por Washington en esa materia.

Allí estriba la duda de Crowley, quien a la luz del acuerdo de Venezuela con Rusia en torno a la transferencia de tecnología para el uso pacífico de la energía atómica, se ha puesto a observar los acuerdos firmados por Chávez en los días siguientes con los gobiernos de Irán y Siria. Tampoco aquí llega Crowley a conclusiones terminantes: “Vamos a ver primero si alguno de estos acuerdos resulta en algo y, si lo hacen, estudiaremos si constituyen una violación de resoluciones del Consejo de Seguridad y de las sanciones contra

Irán”, explicó.

Estrategia de aproximación

 

La Casa Blanca confirma así que teme la onda expansiva de un paso en falso en su inexorable escalada de denuncias contra Venezuela. Las dudas de Mr Crowley expresan la vacilación de los estrategas de la Casa Blanca para afrontar esta ofensiva diplomática geoestratégica de Chávez. En rara combinación de cinismo y vacilación, el portavoz explicó que su gobierno está “abierto a buscar vías para reducir tensiones”.

Tanta apertura conmueve. Pero no confunde. Washington responde a relaciones de fuerzas concretas que van anudándose desde hace años en detrimento de su hegemonía y se hacen más visibles día a día. La gira tricontinental de Chávez tiende a plasmar esa efervescente situación política planetaria en nuevos bloques de poder eficiente.

Ayer, cuando en conferencia de prensa en el Palacio del Pueblo de Damasco el presidente Bashar al Assad anunció que Siria se incorpora al Alba, pudo pensarse que, efectivamente, un nuevo polígono de fuerzas se delinea en el horizonte. Un día antes Mahmud Admadynejad había aludido a “un frente amplio de América Latina hasta Medio Oriente”.

Es sugestivo otro concepto emitido por Crowley: “Vamos a ver primero si alguno de estos acuerdos resulta en algo”. Washington confía en que las múltiples presiones en curso se combinen con la lentitud e ineficiencia de ciertos acuerdos y desemboquen en la imposibilidad de concretar, a tiempo, un bloque suficientemente poderoso como para frenar la dinámica guerrerista de Estados Unidos.

Será a partir de esa evidencia que los estrategas imperialistas sabrán a ciencia cierta el saldo de la gira de Chávez.

América Latina
Venezuela – Brasil: dos opciones, dos eleccione
Por Luis Bilbao

Fecha de publicación: 6/10/10
De la comparación de las recientes elecciones en Venezuela y Brasil surgen conclusiones relevantes. La más significativa: una victoria en todos los planos de la estrategia revolucionaria frente a la perspectiva reformista.

A la luz de las elecciones en Brasil es más fácilmente visible el resultado de la elección en Venezuela.

El balance que hicimos de estas últimas –en la edición impresa de América XXI, reproducido en el portal de la revista- pudo sonar demasiado optimista a buenos amigos en las filas de la Revolución Bolivariana. Habrá incluso quien haya llegado a la conclusión de que se trata de ausencia de criterio crítico, por adhesión desmedida a la gesta que llevan adelante el pueblo venezolano, el Partido Socialista Unido de Venezuela y el comandante Hugo Chávez.

Califiqué el resultado en Venezuela como rotunda, superlativa victoria, al vencer a la oposición proimperialista por 98 a 65 bancas en la Asamblea Nacional y 7 a 5 en el Parlatino. Esta afirmación continuará en debate.

En el artículo citado, prolongado ahora en estas líneas, señalaba muy a grandes trazos el cuadro objetivo en el que se dieron los comicios:

-       “recesión

-       la inflación superó el 30%;

-       una sequía sin precedentes, atribuida al fenómeno del Niño, secó el caudal del río que alimenta la principal represa, de la cual depende el 80% de la energía eléctrica del país;

-       como resultado hubo racionamiento eléctrico;

-       hubo también, y por la misma causa, racionamiento de agua;

-       el país vivió durante meses bajo la amenaza de un colapso eléctrico total;

-       en ese mismo período ocurrió una devaluación de alrededor del 100%;

-       problemas severos en el transporte subterráneo, como resultado del deterioro estructural del sistema de Metro, que requiere grandes inversiones;

-       atropellos policiales contra población civil en barrios, inequívocamente promovidos por los sectores afectados por la profunda reforma policial;

-       recrudecimiento de secuestros y actos delictivos, multiplicados por el accionar de unos 14 mil paramilitares colombianos infiltrados en territorio venezolano;

-       furibunda campaña de la iglesia católica, con el cardenal actuando como candidato y sacerdotes dando misa contra Chávez.

-       como colofón, en los días previos y el mismo 26, de la sequía se pasó a las lluvias intensas que provocaron deslaves, derrumbes en los barrios, muertos y evacuados”.

En semejante contexto, es impensable en cualquier otro país –incluyendo cualquiera del Norte imperialista- la victoria de un gobierno que lleva 12 años en el poder.

Aún así, hubo una oleada de decepción y desánimo en franjas de la militancia revolucionaria, porque el Psuv no obtuvo los 110 diputados necesarios para tener mayoría calificada con los dos tercios de la Asamblea. A su vez, mostrando un distanciamiento alarmante de la realidad y la lógica más elemental, la oposición se declaraba vencedora.

Aparecieron entonces condenas de elevado tono a lacras de diferente carácter que la transición arrastra como estigma del sistema capitalista y el régimen de la IV República, todavía columna vertebral del ordenamiento socioeconómico venezolano. Se levantaron voces contra la ineficiencia, la corrupción, el burocratismo y otras calamidades indiscutibles e inocultables que acompañan, como la sombra al cuerpo, a la Revolución Bolivariana.

En el exterior, algunos intelectuales se apresuraron a condenar esas lacras, llegando incluso a calificar feamente al Psuv. Una lectura cuidadosa de tales balances, apresurados y desproporcionados, revela un rechazo implícito –acaso inconsciente- a la idea de partido y, de paso, la persistencia de nociones postmodernas en la urdimbre ideológica de quienes adoptaron tales posturas.
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