Nota de tapa de América XXI nº 67 – Noviembre de 2010






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Nota de tapa de América XXI Nº 67 – Noviembre de 2010

Inédita diplomacia socialista practica Hugo Chávez

Geoestrategia y revolución

Por Luis Bilbao

Internacionalismo: comenzó a plasmar, en escala mayor, la geoestrategia de la Revolución Bolivariana. La existencia de nuevos polígonos de poder planetario, en detrimento de Washington, ya no es un mero proyecto. La gira tricontinental de Hugo Chávez deja un saldo neto para la resolución de grandes problemas económicos al interior de Venezuela, pero sobre todo un salto cualitativo en el armado de un mapa mundial diferente. 72 horas después de culminada la gira, Cuba vencía a Estados Unidos en la ONU por 187 votos contra 2 a favor del bloqueo. Chávez continuará con otra gira a Suramérica y su cancillería apunta a conectarse con todos los posibles polos en condiciones de gravitar contra la hegemonía estadounidense. Como contracara, este mes la Casa Blanca organiza una nueva cumbre del G-20. En un mundo multipolar, la revolución socialista en Venezuela se afirma y gana espacio como polo contrapuesto al imperialismo en crisis lanzado por el camino de la guerra. El autor de esta nota integró la comitiva como invitado especial del presidente Chávez.

Son las primeras horas en la tarde del miércoles 13 de octubre. El presidente venezolano llega a Rampa 4, sector del aeropuerto de Maiquetía, donde espera el avión oficial. La comitiva ya está a bordo. Comienza una gira vertiginosa. Siete capitales, tres continentes, en 12 días: Moscú, Minsk, Kiev, Teherán, Damasco, Trípoli y Lisboa.

Difícil imaginar mayor diversidad de situaciones, gobiernos más disímiles. Hugo Chávez va en busca del punto en común que, a menudo oculto para los propios protagonistas, refulge a condición de que el observador tienda la mirada hacia el futuro fincada en dos convicciones dominantes: la crisis mundial del capitalismo se acelera; el imperialismo inicia una peligrosa agonía. Son las certezas de Chávez.

Sin ceremonias el Presidente aborda la nave, ya con las turbinas rugiendo. Según su costumbre, Chávez recorre los pasillos saludando a ministros, ayudantes, periodistas e invitados. Un comentario para cada uno; humor y optimismo. Salpicadas aquí y allá, anécdotas y reflexiones políticas, según el interlocutor. Y siempre presentes los ejes estratégicos, la razón de la travesía. Si alguien subió vacilante, ya está ganado por la confianza en los objetivos a alcanzar. Efecto de la voluntad comunicativa, sin duda. Pero ante todo, resultado de verdades simples: es preciso oponer un mundo pluripolar a la hegemonía estadounidense; frente a la crisis estructural del sistema mundial, la única respuesta es el socialismo. Ambos objetivos están en el horizonte.

La verdad, cuando se hace evidente, conquista, entusiasma. El arduo itinerario comienza con confianza y alegría.

Sin pausa

Es un gobierno el que está en gira internacional. No sólo por la cantidad de ministros y viceministros que acompañan al Presidente, sino también por el febril ritmo de trabajo. Apenas el avión alcanza altura, Chávez comienza una suerte de consejo de ministros, al que invita a periodistas del sistema de medios públicos de Venezuela. La intención de Chávez de hacer que el país sepa por qué y para qué viaja puede parecer obsesiva. También puede imaginársela dictada por la burda campaña opositora, empeñada en acusarlo de pasear por el mundo y regalar las riquezas venezolanas.

Son interpretaciones distantes de la verdad. Chávez entiende la información como punto de apoyo esencial para el conocimiento; como clave para educar políticamente a las mayorías, a las que transfiere gradualmente instrumentos de poder efectivo. La información es, en consecuencia, imperiosa necesidad política.

Y para mostrarle al mundo la fiereza de este dictador que avasalla la libertad de prensa, entre los periodistas invitados hay un equipo de Venevisión, componente vital del aparato mediático comprometido con el golpe de Estado de 2002 y la oposición permanente.

Chávez quiere mostrar aquello que no pocos se niegan a ver. A la hostilidad crecientemente beligerante del imperialismo, a las vacilaciones de sus aliados en el hemisferio y otras latitudes, a la escalada opositora interna y las dudas en zonas blandas de su propia fuerza política, Chávez le opone una vez más una ofensiva total: aceleración de la transición con una escalada de expropiaciones y un sacudimiento estructural al Partido Socialista Unido de Venezuela; contacto directo con aliados de un mundo distante para reconstruir y en algunos casos construir las columnas del aparato productivo nacional, rediseñar el esquema comercial internacional y plasmar una ubicación diferente de Venezuela en el mapamundi político y económico.

Durante décadas el internacionalismo, asociado con la idea de revolución, fue un concepto restringido a situaciones puntuales, cuando no manipulado o vaciado de contenido real. Como siempre, la excepción fue Cuba, Fidel, el Che; la epopeya de la revolución cubana en África en los años 1970/80.

Nunca sin embargo hubo una revolución tan íntimamente asociada con la geoestrategia, entendida como determinante cotidiana. Pocas veces, también, la política exterior expresa de manera tan directa una prolongación del accionar fronteras adentro, en una interacción en la que resulta difícil definir dónde está el factor dominante.

Economía y política

Esa interpretación internacional de la política y la economía es un rasgo distintivo de Chávez. Esta gira lo ratifica, ahora con logros palpables. Los 69 acuerdos firmados en las 7 escalas (ver detalles en recuadros país por país), constituyen un entramado económico poco menos que indestructible con estos y otros países y gobiernos. Venezuela está utilizando por primera vez en su historia su inmensa riqueza hidrocarburífera para reinventarse como nación, para elevar a niveles sin precedentes la calidad de vida de la población y para, literalmente, cambiar al mundo.

Eso y nada menos es el propósito de esta gira. Y lo notable, lo sobresaliente, es el altísimo grado en que estos objetivos fueron alcanzados en su primera fase: los acuerdos económicos.

La solución del gravísimo problema por falta de viviendas estuvo en el centro de las preocupaciones del presidente y su gabinete en gira. Los acuerdos alcanzados tendrán, a corto plazo, un enorme impacto social. Lo mismo vale para el transporte de pasajeros y de carga.

Desde el punto de vista interno, en realidad la Revolución Bolivariana está encarando tareas pendientes jamás asumidas por la burguesía local. Para decirlo de manera simbólica, Chávez está construyendo el Correo y el Ferrocarril, como lo hizo la burguesía hace un siglo y medio en cada país con algún grado de desarrollo capitalista. El concepto de Revolución Permanente, delineado por Marx y desarrollado por Trotsky, al que asiduamente remite el presidente venezolano, no es un capricho provocador, sino una interpretación teórica cabal –o, si se quiere, una intuición profunda y consistente– de que las tareas incumplidas de la burguesía en el desarrollo capitalista sólo puede realizarlas una revolución socialista.

Pero en un mundo macizamente capitalista, la formidable riqueza natural de Venezuela no puede plasmar en la edificación de un país desarrollado sino a través del intercambio comercial, financiero, científico y tecnológico con países sólo distantes y a menudo opuestos en términos ideológicos. Quienes creen que el internacionalismo consiste en explicar desde una oficina en Buenos Aires, Caracas, París o Londres, cómo deben comportarse las masas y sus vanguardias en Rusia, China, Pakistán o Bolivia, suelen condenar a Chávez. Tanto peor. No sólo se niegan a la comprensión del papel de Venezuela en el mundo de hoy, sino que restan la imprescindible contribución teórica que este proceso revolucionario necesita con urgencia.

Como sea, el hecho es que acuerdos como –para poner sólo dos ejemplos sobresalientes- la creación de un Banco Ruso-Venezolano (que tendrá también una sede en Pekín) y la edificación de una planta nuclear en Venezuela con tecnología rusa, constituyen una urdimbre de acero en lo económico, que tiene como primera consecuencia la asociación política de un conjunto heterogéneo de países, objetivamente confrontado con la hegemonía estadounidense y europea.

Ideología y política

Cuando en una austera sala de protocolo en Teherán, tras la firma de 11 acuerdos de trascendental importancia, Chávez primero y Mahmud Ahmadynejad después hicieron sendos pronunciamientos políticos, un estudioso de la ciencia política hubiese podido recibir la mejor lección de su vida. Tanto más un dirigente político. Chávez reiteró su línea estratégica conocida. Explicó una vez más el inexorable declive del imperialismo. Y tras explayarse en defensa de la revolución venezolana y latinoamericana, expuso con energía la solidaridad de su gobierno con Irán frente a la amenaza militar del gobierno estadounidense.

Para este testigo en representación de América XXI, pese a su convicción previa muchas veces reiterada respecto del papel geopolítico del régimen iraní en el mundo actual, resultó sorprendente la enfática elocuencia de Ahmaynejad en su posición antimperialista, pero sobre todo en su compromiso al denunciar los intentos desestabilizadores de Estados Unidos en Ecuador y Venezuela, la condena a las conspiraciones golpistas en América Latina, que habría de culminar con un llamado singular en todos los sentidos: la constitución de lo que denominó “un frente amplio desde América Latina hasta Medio Oriente”.

El presidente iraní ratificó la decisión de su gobierno de no ceder ante la amenaza estadounidense, pero fue más allá, solidarizándose con las revoluciones en América Latina. Otro tanto pudo sentir el autor de estas líneas cuando, en Damasco, en la rueda de prensa posterior a la firma de acuerdos, el presidente Bashar al Assad dijo que su país se integraría, como invitado permanente, a la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (Alba).

Para la Revolución Bolivariana esto implica ir muchos pasos adelante en definiciones ideológicas, aunque desde luego entendidas no como articulado doctrinarista sino como expresión efectiva y positiva de la lucha de clases a escala internacional. Y esto es así porque en ningún momento de la gira Chávez ocultó sus definiciones, del mismo modo que no cedió más allá de lo aceptable en materia de intercambio. Cuando en la Escuela de lenguas de Rusia (ex Academia de Ciencias de la Urss), el presidente venezolano instó a leer a Lenin y Trotsky, hasta el gélido profesor ruso que lo acompañaba dio un salto en su asiento. Pero cientos de jóvenes aplaudieron a rabiar la argumentación de Chávez. Otro tanto ocurrió en cada punto de la gira, como por ejemplo en Portugal, cuando con el primer ministro José Sócrates a su lado explicó que la Unión Soviética no había desaparecido, sino que se había transformado… para no mencionar cantidad de otros ejemplos, entre ellos el alegato socialista que hizo al recibir un doctorado Honoris Causa en Trípoli.

Tiempo y política

Otra definición reiterada por Chávez a lo largo de incontables reuniones fue la advertencia de que no se puede perder tiempo. Con la diversificación de destinos y productos de exportación Venezuela gana independencia y soberanía. Queda dicho que tales lazos económicos sostienen con solidez estratégica un realineamiento político ya palpable en la constitución de nuevos polos económico-político-financieros, actuales y potenciales. No obstante, es igualmente evidente que los estrategas del Departamento de Estado tienen no sólo planes de contraataque, sino acciones claramente encaminadas para atacar militarmente a Irán, desestabilizar al bloque del Alba y derrocar a Chávez o asesinarlo.

El tiempo es la sustancia clave del accionar político. Detener el puño atómico del imperialismo acorralado por la crisis capitalista es el eje de toda política y de cualquier estrategia. Ése es en definitiva el saldo trascendental de la gira tricontinental de Chávez: el fortalecimiento de un conjunto heterogéneo de países y gobiernos, destinado a dificultar y eventualmente impedir la demencial carrera guerrerista de Estados Unidos.

Entrevista a Rafael Ramírez

Estaba comprometida la soberanía venezolana”

En la escala en Moscú el gobierno venezolano concretó la venta a la petrolera rusa Rosneft de la refinería Ruhl Oil, que Pdvsa tenía en Alemanía. El ministro de Energía Rafael Ramírez responde a las tergiversaciones de la prensa opositora.

¿Cómo es que esa refinería en Alemania pertenecía Pdvsa?

En 1985 y durante los últimos gobiernos de la IV República se desarrolló una política que pretendía lograr la internacionalización de Pdvsa. Con el argumento de que necesitábamos adquirir refinerías para colocar nuestro petróleo en mercados externos, los gobiernos de entonces fueron adquiriendo un conjunto de circuitos refinadores en diferentes países. El primer paso se dio en Alemania, a través de la adquisición de una participación en el circuito refinador de Ruhr Oil. Se trata de cuatro refinerías en las cuales Venezuela tiene una participación de capital de un promedio de 22%.

¿De qué se trataba esa política de internacionalización?

Tenía que ver con quitarle al Estado venezolano el control de los activos de Pdvsa. Una de las maneras de hacerlo era invertir en activos fuera del territorio nacional. Cuando adquieres, como se hizo, refinerías y activos en el exterior y además suscribes contratos que no te dan ni el control ni la capacidad de incidir sobre esos bienes, sencillamente separas un pedazo de Pdvsa para ponerlo bajo el dominio de otro territorio y allí tienes una pérdida absoluta de la soberanía. Si el objetivo fundamental del plan era lograr que Venezuela colocara su petróleo en mercados externos, la realidad es que nunca se pudo procesar crudo nuestro en esa refinería. Pero además Pdvsa nunca tuvo el control de sus políticas de inversión, de expansión ni de comercialización. En todos estos años la empresa y el país estuvieron atrapados en un conjunto de contratos que no nos dejaban dividendos ni beneficios por el trabajo de estas refinerías.

¿Cuáles son los montos finales del traspaso?

Con la estatal rusa Rosneft concretamos una transacción de 1.600 millones de dólares por los activos de la empresa y 800 millones adicionales por nuestro crudo almacenado en la refinería. Logramos una valorización de unos 10 mil millones de dólares en el circuito. Se trata de un precio muy bueno. Para llegar a este acuerdo, en el año previo estuvimos trabajando con tres evaluadoras europeas independientes y de prestigio internacional. Además, logramos que la petrolera británica British Petroleum nos diera el permiso para poder vender nuestros propios activos. Esto debe darnos una señal de hasta qué punto estaba comprometida la soberanía venezolana.

¿Cuál es el significado político de esta venta?

Teníamos una situación contractual que nos convertía en financistas de negocios que no tenían ningún interés para los venezolanos: no nos daba recursos, no podíamos colocar nuestro crudo y, peor aún, nos convertía en un comprador de petróleo internacional para abastecer la refinería. Nuestros últimos estados financieros siempre denuncian que una parte importante de nuestros costos, más de 20 mil millones de dólares, tienen que ver con la compra de petróleo en el exterior.

¿Y cuál sería la lectura económica de la transacción?

Conseguimos que el dinero regrese al país como hemos hecho con las otras ventas de activos para que por primera vez el dueño de esta industria, de este petróleo, que es el pueblo venezolano, obtenga algún beneficio de las operaciones que se hicieron en la década de 1980.

Desde Moscú, Yaifred Ron
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