En el último tercio del siglo XIX las grandes potencias político-económicas de ese entonces, entre las cuales figuraban la Gran Bretaña, Francia y los Estados






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[1] para el agro mexicano en lugar del tradicional latifundio, pues se decía que el mejor productor en el campo sería precisamente el clasificado como “pequeño” propietario, ya que éste,  abandonaría entre otras cosas, la práctica de la agricultura extensiva transformándola a corto plazo por una intensiva.

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Figura 22. Obregón y calles, constructores del México moderno.

(Tomado de Enciclopedia Historia de México Tomo 2 . Pág. 2530)

Al ocupar Calles la presidencia a fines de 1924, su Plan de Reconstrucción Económica Nacional no difería en mucho al seguido por Obregón, pues se trató más bien de una continuación y reforzamiento de la obra realizada por su antecesor.

Así, Calles, durante su administración continuó con el reparto agrario por lo que se distribuyeron más de tres millones de hectáreas aunque luego, para impulsar a la pequeña propiedad agrícola se crearía todo un proyecto para efectuar la parcialización de los ejidos lo que daría cabida al surgimiento de los nuevos pequeños propietarios con una mentalidad moderna, es decir, capitalista.

En los siguientes años, el impulso a la economía capitalista en el campo consistiría en brindarles apoyo a estos nuevos pequeños propietarios mediante la creación de importantes sistemas de irrigación, además del otorgamiento de créditos y el asesoramiento técnico. Pero, el proyecto de fomento a la creación de la pequeña propiedad agrícola sería desde luego, a mediano y largo plazo, el reparto agrario debería realizarse en forma gradual; si bien la revolución iniciada a fines de 1910 y la propia Constitución de 1917 y particularmente el artículo 27 planteaba el exterminio del latifundismo en México, éste, decían los “Sonorenses” en el poder, no podía ser sustituido de la noche a la mañana por la pequeña propiedad, y más aún, si los nuevos pequeños propietarios no garantizaban todavía el conseguir rápidos niveles de productividad que aseguraran sobre todo el fomento de las exportaciones agrícolas tan importantes para la captación de divisas, que por otra parte, resultaban necesarias para continuar con el proyecto de modernidad y reestructuración de la economía nacional.

Así, entre 1920 y 1924 la administración obregonista procedió como ya se mencionó en líneas anteriores, a la restitución  y dotación de tierras a los campesinos que demandaban el reparto agrario por lo que fueron repartidas más de tres millones de hectáreas a más de 400 000 campesinos, siendo los más beneficiados los del Estado de Morelos (con esta acción la conciliación establecida entre los zapatistas y el grupo de Sonora parecía ya un hecho consumado), Sin embargo, los campesinos “beneficiados” con el reparto agrario, éstos, por otra parte, no recibieron las tierras en propiedad, sino en ejidos en donde el derecho al usufructo de la tierra podría perderse bajo diversos pretextos por lo que imperaba en los campesinos la inseguridad sobre la tenencia de la tierra.

No obstante el reparto de tierras realizado, por otro lado, también era opinión de los caudillos sonorenses que, si un hacendado mostraba productividad en sus propiedades y lograba mantener un considerable nivel de explotación con el empleo de técnicas agrícolas nuevas; entonces, sería indispensable respetarles el dominio sobre sus propiedades, ya que era evidente que se trataba de terratenientes con una mentalidad moderna y progresista que con su trabajo contribuían al impulso capitalista de la agricultura.[2]

Con estas características fue que dio el Programa de Reconstrucción Económica en el agro mexicano a partir de 1920.

Situación de la industria mexicana

En relación al impulso de la industria, las empresas existentes en este sector de la economía mexicana no sufrieron daños considerables en sus equipos e instalaciones a causa de la Revolución, por lo que la industria impulsada en el país pudo, sin graves dificultades reanudar sus actividades. Desde luego, dicho incremento en el ramo industrial seguía en su mayoría controlado por el capital foráneo por medio del incremento sobre todo, de sus inversiones directas.

Al igual que en el gobierno del Obregón, la industria impulsada en el país durante la administración de Calles se mantenía controlada por la inversión extranjera en un 98%, aún no llegaba el tiempo  para que México recibiera importantes financiamientos por la vía de los empréstitos que nos permitiera impulsar una industria nacional; para este momento, el crédito internacional se encontraba prácticamente cerrado para nuestro país, todo esto provocado por toda una serie de conflictos político-económicos aún no resueltos desde la Revolución hasta bien entrados los años veinte con el extranjero y principalmente con los Estados Unidos.

El impulso a la infraestructura económica mexicana

Para el impulso no sólo de la actividad agropecuaria, sino también de la industria se requería de acciones concretas encaminadas a mejorar el nivel de los servicios; era urgente, como parte del proyecto de Reconstrucción Nacional el contar con suficientes sistemas de comunicación y transporte, se requería de la reconstrucción de las vías férreas (fuertemente dañadas a causa del movimiento revolucionario) y la creación de nuevos proyectos para la construcción de modernas carreteras. El presupuesto destinado por Obregón al mejoramiento de la infraestructura económica del país fue escaso, no obstante esto, a principios de los años veinte el automóvil fue sustituyendo por un considerable margen a las carretas y a los tranvías tirados por mulas; el uso del teléfono y la radiotelegrafía en los sistemas de comunicación empezaron a generalizarse en el país, al mismo tiempo que se realizaban los primeros vuelos comerciales.

La principal fuente de ingreso para la recuperación económica

Con Obregón al frente de la presidencia se realizó el primer auge petrolero del país después de la Revolución así, la producción de petróleo alcanzó los 191 millones de barriles para 1921, por lo que México se convertirá en el segundo productor del petróleo a nivel mundial. Por concepto de impuestos recaudados, Obregón recibió 58 millones de pesos en 1922; producto de la recuperación económica de postguerra de los países involucrados en la Primera Guerra Mundial, el progreso de la industria petrolera mexicana continuó por lo que para 1924 se llegaron a recibir por concepto de impuestos arancelarios 291 millones más.

Calles en busca de la estabilidad económica y financiera

Para la reconstrucción económica mexicana, 1925 y 1926 fueron años clave, ello se debió a la política económica seguida por  los titulares de la Secretaría de Hacienda, primero dirigida por Alberto J. Pani y luego, por Luis Montes de Oca; asimismo, también participó Luis N. Morones quien se encontraba al frente de la Secretaria de Industria,  Comercio y Trabajo.

Una de las primeras acciones financieras del gobierno de Calles fue la relativa a la búsqueda de la reorganización y equilibrio del presupuesto federal; para el logro de esta meta se procedió a la cancelación de algunos subsidios para esto, se dejó fuera del control del Estado  a las empresas con gastos excesivos, un ejemplo relacionado con esto, sería lo referente a los ferrocarriles; así, a fines de 1925 la administración de las líneas férreas regresaba al control de las empresas privadas.

Otra medida gubernamental tomada para sanear las finanzas públicas fue la de disminuir el porcentaje de gastos, reduciendo el nivel de compras de efectos no indispensables por parte del gobierno; así como también el propiciar distintas formas para incrementar los ingresos públicos.

Otra tarea urgente del Estado mexicano estuvo encaminada al ordenamiento del sistema monetario y a la reorganización del sistema bancario. En años anteriores la emisión desenfrenada de la moneda había acelerado en forma brusca el proceso inflacionario en el país aumentado aún más por la confiscación de las reservas de oro y plata por parte de los acreedores extranjeros a causa de las negociaciones hechas entre México y los Estados Unidos entre 1922 y 1923[3], alterándose con esto gravemente el sistema monetario; por esta razón, varios bancos, especialmente los pequeños, tuvieron que cerrar sus puertas, ante este estado de cosas, reinaba la inseguridad y las dificultades para conseguir créditos tan indispensables para incrementar los niveles de la producción.

La creación del Banco de México

Era apremiante la acción directa del Estado quien debía propiciar la puesta en marcha de medidas rápidas para reorganizar a corto plazo el sistema bancario mexicano; respecto a este caso, Calles alcanzaría sus mejores triunfos al poner en práctica diversos proyectos económicos y financieros,  dentro de los más importantes  colaboradores a quienes Calles encomendó la tarea de realizar las reformas financieras pertinentes destacaron por ejemplo, los antiguos “científicos” como Miguel S. Macedo quien redactó precisamente la Nueva Ley General de Instituciones de Crédito y Establecimientos Bancarios y Enrique C. Creel quien se encargaría del proyecto para la creación de un fideicomiso.  Bajo estas bases, se procedió a la creación de una Banco Central capaz de controlar los ingresos y egresos del país funcionando como el único autorizado para emitir el papel moneda y la regulación de los créditos internos sustituyéndose así a los bancos privados que eran los que venían realizando dichas funciones.

El primero de septiembre de 1925 fue fundado el Banco de México  con un capital inicial de 50 millones de pesos oro; una vez integrada la Comisión Nacional Bancaria producto de está, surgió una importante banca oficial de fomento al crédito integrada por el Banco de Crédito Agrícola; el Banco de Crédito Ganadero y el Banco Cooperativo Agrícola.

Presas y carreteras para la modernización del país

Paralela a la acción de la Comisión Nacional Bancaria también actuaban otras dos comisiones: la Comisión Nacional de Irrigación y la Comisión Nacional de Caminos. La primera de ellas, se integró con el fin de crear nuevas zonas de riego mediante la construcción de presas para el impulso agropecuario del país. El gobierno de Calles, para apoyar al desarrollo infraestructural en el campo, asignó entre 1926 y 1928 un presupuesto de 40 millones de pesos para la construcción de obras de irrigación; para 1927 se habían construido ya siete presas, la mayoría de ellas localizadas en el norte de la República Mexicana las cuales irrigarían a casi 200 mil hectáreas. La conclusión de estas presas propiciaría el aumento de la producción en el campo y en la industria; sin embargo, habría que señalar que no todas las obras construidas para el impulso hidráulico fueron exitosas pues una de las grandes presas, la de Guatimapé en Durango resultó ser un gran fracaso al igual que la de “Don Martín” en Nuevo León ya sea debido a que estuvieron mal planeadas o por que fueron hechas tan sólo para el beneficio de los contratistas favoritos del gobierno y no necesariamente para provecho de los agricultores.

Por su parte, la Comisión Nacional de Caminos (creada el 30 de marzo de 1925) trabajaría con el fin de proporcionar una red caminera básica no sólo necesaria para impulsar al mercado interno sino también al externo. Así, el proyecto de la Comisión Nacional de Caminos se propuso construir 10 mil kilómetros de carreteras en un lapso de diez años, los proyectos carreteros tendrían como meta tocar los sitios en donde se encontraban los centros más importantes de la producción y los principales mercados, también la intención de esta Comisión sería la de comunicarse con los más importantes puertos del país y los puntos fronterizos con el fin de estimular el crecimiento del mercado externo.

Los cuatro más significativos proyectos de esta Comisión para construir las primeras carreteras pavimentadas en México fueron:

Al concluir el período de Calles a finales de 1928 se habían construido ya 700 kilómetros, esto es, los tramos de la ciudad de México a Pachuca; la de la capital del país a Puebla; y algunos sectores de la Ciudad de México a Acapulco. Así mismo se habían construido los tramos faltantes del ferrocarril de Nogales a Guadalajara.

Por supuesto que el programa para el impulso de la infraestructura económica desarrollado por Calles no avanzó recibiendo financiamientos del exterior, sino que éste fue impulsado gracias, entre otras cosas, al establecimiento de la Ley Petrolera de 1925 por medio de la cual se le cargaba un impuesto especial al consumo de la gasolina.

Plutarco Elías Calles concluiría su período de gobierno no sin antes preparar y apoyar la reelección del General Alvaro Obregón.[4]

La repercusión de la crisis económica mundial en México

Portes Gil continuaría con la Reforma Agraria y con el proyecto para el impulso de la infraestructura económica estimulada por el gobierno callista. Desafortunadamente para 1930, el proyecto de reconstrucción Económica Nacional se vio fuertemente afectado no sólo por causas de orden interno (1929-1930 fueron malos años para la producción agrícola); sino también debido a causas  externas. Debemos recordar que en el mes de octubre de 1929 la economía estadounidense se vio envuelta en un grave depresión económica, a tal suceso lo conocimos, entre otras denominaciones, como el desastre de Wall Steet y que después llegó a convertirse en un problema económico con repercusiones a nivel mundial.

Después de finalizado el interinato de Emilio Portes Gil, será el ingeniero Pascual Ortiz Rubio quien se convierta en el nuevo presidente a partir del 5 de febrero de 1930, es decir, en plena depresión económica mundial; para 1932 y, ante la renuncia de Ortiz Rubio a la presidencia ocurrida el día primero de enero, el Congreso manipulado por el “Jefe Máximo” nombró como presidente interino al sonorense General Abelardo L. Rodríguez (quien se había venido desempeñando como Secretario de industria, Comercio y Trabajo) su mandato terminaría para el 30 de noviembre de 1934. Abelardo Rodríguez procedió, para contribuir en algo a la difícil situación económica existente, al establecimiento del salario mínimo por entidad, esto se hacía como una medida que pretendía disminuir las consecuencias de la crisis económica estadounidense reflejada en México; asimismo, se llevaron a cabo varias acciones encaminadas a la creación de la Nacional Financiera, el Banco Nacional Hipotecario y de Obras Públicas; además aparecieron el Departamento del Trabajo y la empresa Petróleos de México.

Sin embargo, los efectos negativos de la crisis económica mundial sobre la dependiente economía mexicana siguió afectando significativamente a la producción nacional. Los gobiernos de Ortiz Rubio y de Abelardo Rodríguez les tocó hacer frente a la paralización de las más importantes actividades económicas del país, entre 1930 y 1933 el nivel de la producción bajo bruscamente siendo 1932 el año más difícil, ya que la crisis económica casi toca fondo pues el nivel del Producto Nacional presentó el más bajo nivel; la agricultura, sobre todo la de exportación, sufrió graves restricciones pues se apreciaron bajas considerables en la producción del henequén, algodón, tabaco, trigo y arroz; la producción de plata y la de petróleo se vieron también afectadas; la industria manufacturera (aunque fue la menos afectada por la Crisis Mundial) bajo su nivel de producción en un 7%.

Los ingresos públicos pasaron de 322 a 212 millones lo que hizo disminuir la inversión del Estado especialmente en las obras enfocadas al estímulo de la producción; el gasto público pasó de 103 a 73 millones de pesos afectando principalmente los proyectos impulsados por el gobierno de Calles en lo referente a las comunicaciones y los transportes.

El cierre de numerosas empresas y la implantación de la Ley Harris (por la cual fueron repatriados masivamente miles de mexicanos que trabajaban en los Estados Unidos como braceros), incremento drásticamente el desempleo. Las pocas empresas que siguieron abiertas tuvieron que efectuar severos reajustes de salarios y de personal. El hambre, la inflación y la devaluación crecieron alarmantemente. Ante tales acontecimientos, el Programa de Reconstrucción Nacional iniciado en 1920 parecía venirse a pique.

En espera de prontas soluciones

Una de las medidas llevadas a cabo por el gobierno de Abelardo  L. Rodríguez, con la supervisión de Calles y del Partido Nacional Revolucionario creado en 1929, fue la de proceder a la elaboración del denominado Primer Plan Sexenal para la planificación y recuperación de la economía nacional, dicho plan sería puesto en práctica durante el período de 1934 a 1940.

Otra medida de carácter externo sería esperar la pronta recuperación de la economía estadounidense dirigida por el presidente Franklin D. Roosevelt mediante su Programa del New Deal.

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