En el último tercio del siglo XIX las grandes potencias político-económicas de ese entonces, entre las cuales figuraban la Gran Bretaña, Francia y los Estados






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. Por ejemplo, a Obregón se le acredita entre otras cosas, el asesinato de Francisco Villa ocurrido en junio de 1923 realizado en previsión de una posible alianza de Villa con Adolfo De la Huerta cuando éste último -previa ruptura con el general Obregón- lanzaría primero su candidatura independiente a la presidencia de la república y luego, mediante una rebelión en contra de Obregón iniciada el 4 de diciembre de 1923 y concluida en el mes de marzo del año siguiente con un total fracaso para su líder, es decir, para De la Huerta [4] .  Éste, ante su total fracaso frente a Obregón, optó por marcharse al exilio, primero se traslado a la Habana y después a los Estados Unidos en donde se retiró a la vida privada hasta ocurrida su muerte en el año de 1954.

Con el exilio de Adolfo De la Huerta, Calles por su parte,  pudo reanudar con tranquilidad su campaña como candidato presidencial; las elecciones fueron realizadas el primer domingo del mes de julio de 1924. En estas elecciones Plutarco Elías Calles contando con el apoyo del Partido Nacional Cooperativista; el Laborista; el Nacional Agrarista; y, de Felipe Carrillo Puerto y su Partido Socialista del Suroeste; pero, sobre todo contando con el apoyo de Álvaro Obregón, obtuvo naturalmente el triunfo en las elecciones.

Durante el gobierno de Calles, otros casos de liderazgo rebelde surgieron casi al término de su administración, especialmente una vez que se conoció la candidatura de Obregón  con el fin de retornar al poder ejecutivo y anunciada para el 27 de junio de 1927; los movimientos de rebeldía fueron presentados por los candidatos de oposición apoyándose en el principio del antirreleccionismo, estos movimientos fueron los dirigidos por los generales Arnulfo R. Gómez y Francisco R. Serrano quienes se habían destacado por haber participado en contra de la rebelión De la huertista y haberse mostrado leales a Obregón; acusados de golpistas, Serrano fue fusilado en el poblado de Huitzilac en el Estado de Morelos; Gómez corrió la misma suerte del día 5 de diciembre en Coatepec (Veracruz); Obregón quedó así al frente y por supuesto con la reelección asegurada.

Meses más tarde Calles, con la muerte de Álvaro Obregón (ocurrida el 17 de julio de 1928) día en que los diputados de Guanajuato le ofrecieron una comida para celebrar su triunfo en las recientes elecciones del día primero en el restaurante La Bombilla de San Ángel en el Distrito Federal, tras lamentar la muerte de Obregón, declaró que:

“ por primera vez en su historia se enfrenta México con una situación en la que la nota predominante es la falta de caudillos lo que va a permitirnos orientar definitivamente la política del país por rumbos de una verdadera vida institucional, procurando pasar, de una vez por todas, de la condición histórica de un país de un hombre a la nación de instituciones y leyes y al establecimiento, para regular nuestra vida política, de reales partidos nacionales” [5] .

En síntesis, Plutarco Elías Calles declaraba que con el asesinato de Álvaro Obregón se debía dar fin a la era del caudillismo para dar inicio a la etapa institucional. No obstante tales declaraciones, a casi un año de distancia, en concreto, para el día 3 de marzo de 1929 un grupo de generales e incluso, de civiles obregonistas, organizarían una nueva rebelión en el norte del país abanderándose en el Plan de Hermosillo y digirida por Gonzalo Escobar; en este plan se acusaba a Plutarco Elías Calles de estar utilizando al recién creado partido oficial, es decir al Partido Nacional Revolucionario para continuar influyendo en la política nacional, este movimiento rebelde se declaraba a favor de la no reelección y por la derogación de las medidas anticlericales dictadas durante el gobierno de Calles; la rebelión escobarista fue sofocada por el general Lázaro Cárdenas quien para ese entonces, se encontraba militarmente al mando del “Jefe Máximo” [6] .

Para lograr la erradicación del caudillismo, en 1929 el ejército fue llamado a formar parte de las filas del Partido Nacional Revolucionario, de esta forma el ejército quedaba supeditado al poder ejecutivo; por lo mismo, los posibles golpes de Estado, las asonadas dirigidas por los caudillos surgidos de la revolución armada de 1910 quedaban prácticamente cancelados [7] .

Por otra parte, el otro gran problema que contribuía a la inestabilidad político–social del Estado mexicano era lo relativo al caciquismo; sin embargo, se podría decir que éste para 1929 había disminuido su fuerza pues, con la fundación del partido oficial el poder del caudillismo y del caciquismo quedaba prácticamente eliminado.

No obstante lo señalado, se tendría que aclarar que es también a partir de 1929, cuando el propio Calles, inauguraría otra forma de control e influencia política sin necesidad de ocupar la presidencia; a partir del asesinato de Obregón se iniciaría en México la etapa del “Maximato” consistente en la influencia ejercida por el “Jefe Máximo” sobre los “gobiernos” de Emilio Portes Gil; Pascual Ortiz Rubio; Abelardo L. Rodríguez y los inicios del gobierno de Lázaro Cárdenas hasta que éste último a finales de 1935 expulsó a Calles del país, cobrando a partir del cardenismo, gran impulso el régimen denominado presidencialista.

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Figura 23. Pascual Ortiz Rubio y Plutarco Elías Calles, quien intervino directamente en todos los asuntos del Ejecutivo.

(Tomada de Historia Gráfica de México.  Siglo XX.  Tomo 1, pág. 218)

c)  La solución de los conflictos existentes entre el Estado y la Iglesia Católica

Otro problema  grave que contribuía a la inestabilidad político-social era el relacionado con las difíciles condiciones existentes entre la iglesia católica y el Estado que llegaron al punto del casi rompimiento total con los gobiernos de Obregón y Calles quienes en sus respectivos gobiernos llevaron a cabo la práctica de una política francamente anticlerical [8] . El Estado imponía especialmente a la iglesia católica el respecto irrestricto a los Artículos 3º., 5º., 24º. , 27º y 130º de la  Constitución de 1917. Por su parte la iglesia católica mostraba su franca oposición a la práctica de dichos artículos. Las contradicciones surgidas entre ambas instituciones llegaron a ser tan graves que los altos dirigentes del clero católico prácticamente no se opusieron a la creación de la Asociación Católica de Jóvenes Mexicanos. 

El enfrentamiento entre el Estado y la iglesia católica aumentó aún más cuando a principios de 1923, ante la presencia de cuarenta mil peregrinos, fue colocada la primera piedra del monumento dedicado a Cristo Rey en el cerro del Cubilete en Guanajuato. El gobierno de Obregón desplegó varias acciones enfocadas a impedir la construcción de dicho monumento, además fue expulsado del país el representante papal, monseñor Ernesto Filippi.

Por otra parte, en 1925, el gobierno de Calles mostró su apoyo al surgimiento de una iglesia cismática mexicana, con esta idea, Luis N. Morones (uno de los principales colaboradores del “Jefe Máximo”) con la anuencia de Calles, impulsó la integración de una iglesia católica mexicana a cuyo frente se colocó a un sacerdote renegado, José Joaquín Pérez, quien asumió el titulo de patriarca oficiando sus misas en el templo de Corpus Christi de la Cuidad de México en donde se manifestaba como abierto opositor a la autoridad del Vaticano.

Ante las acciones anticlericales de Obregón y luego de Calles, varias organizaciones católicas como los Caballeros de Colón; la Asociación Católica de la Juventud Mexicana; las Hijas de María y otras asociaciones laicas formaron la Liga Nacional de la Defensa Religiosa (LNDLR) que se lanzó al enfrentamiento directo con el gobierno de Calles a través de la Rebelión de los Cristeros ocurrida entre 1926 y 1929 y desarrollada principalmente en los Estados de Guanajuato, Michoacán, Jalisco, Colima, Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas y Durango.

Como la rebelión cristera se prolongara sin mostrar signos de un éxito evidente tanto para los católicos sublevados como para el gobierno, lo que hacía que continuara la inestabilidad político–social del país (además de crearse una situación de inestabilidad económica principalmente en el sector agrícola en donde quedarían destruidos bienes por un valor de 25 millones de pesos y en donde era evidente la amplia participación de los campesinos, ya que la mayoría de los ejércitos cristeros se componían de peones de las haciendas); la rebelión cristera causaba efectos graves al erario ya que el gobierno destinaba más de la mitad de su presupuesto para pagar los sueldos de un ejército de 25 mil hombres, el gobierno de Calles gastó catorce millones de pesos para sofocar a la revuelta de los cristeros. Ante tal situación,  ambas instituciones, iglesia católica y el Estado, procedieron a la firma de unos acuerdos celebrados el 21 de junio de 1929, es decir, durante el gobierno provisional de Emilio Portes Gil; en dichos acuerdos se planteó como punto fundamental un estado de mutuo respeto entre ambos poderes lo que aseguraba para el Estado mexicano la posibilidad del logro de la ansiada estabilidad nacional; una vez firmados los acuerdos los templos católicos reabrieron sus puertas para el día 30 de julio de 1929, todo hacía pensar que el conflicto entre la iglesia católica y el Estado había concluido.

d)  La reorganización del ejército

La reorganización del ejército se convirtió en otra acción prioritaria del gobierno mexicano puesto que de tal reorganización dependía también la tranquilidad política y social del Estado mexicano. Por lo que hace a dicha reestructuración militar destacó principalmente la labor realizada por el gobierno de Plutarco Elías Calles quien colocó al frente de la Secretaría de Guerra al General Joaquín Amaro que inició sus acciones restableciendo el Colegio Militar con el fin de impulsar la profesionalización de los oficiales; el ejército del país fue dividido en 33 jefaturas y a la subdivisión de éstas cuando se considerara necesario; se expulsaron del ejército a aquellos militares que intentaban organizar movimientos de rebeldía; se removió a todos aquellos jefes de unidad que mostraban interés por establecer posibles alianzas o que vinieran practicando acciones con interés particular; asimismo, se tomaron medidas para impedir que cada jefe de zona o de unidad formara ejércitos propios, ya que por lógica razón, esta vieja práctica obstaculizaba la unificación del ejército a nivel nacional.

Desde luego, cabe hacer mención que las medidas tomadas para la reorganización del ejército y que acabamos de hacer mención, sólo pudieron ser realizadas en algunas zonas pues en otras de ellas, su ejecución fue difícil debido más que nada al gran poder desplegado por los generales de gran arraigo (nos referimos a los caudillos y caciques, problemas al cual hemos hecho mención en un punto anterior) por lo que era prácticamente imposible lograr su rápido sometimiento.

Era claro que para la reorganización del ejército nacional también debía modificarse las técnicas de reclutamiento seguidas hasta ese momento, para ello, era necesario erradicar la práctica de la leva y la incorporación de indígenas que habían sido vencidos en las guerras de castas; urgía la profesionalización militar, pero como ésta requería de fuertes gastos, tal profesionalización no fue del todo satisfactoria. Sin embargo,, señalaremos que se pusieron en práctica importantes medidas para tal acción y que fueron las llevadas a cabo por el gobierno de Calles quien entre otras cosas, procedió a la compra de material bélico principalmente de los Estados Unidos, tal armamento posibilitaría a nuestro país para poder hacer frente a los probables levantamientos y luchas internas que se presentasen y que impedían el logro del ansiado orden, del proyecto de estabilidad y modernidad pretendido por el Estado moderno mexicano cuyo inicio arranca, según nuestro propio punto de vista, a partir de 1920.

e) La integración de un partido oficial que resolviera el problema del      pluripartidismo exagerado existente entre 1920 y 1929

Para 1920, existían en México una gran cantidad de partidos políticos, los había tanto de representación nacional como regionales; entre los primeros, los de más renombre eran por ejemplo el Partido Laborista Nacional al frente del cual se encontraba el líder obrero Luis Napoléon Morones; el Nacional Agrarista dirigido por el zapatista Antonio Díaz Soto y Gama; el Cooperatista Nacional lidereado por Jorge Prieto Laurens; el Partido Liberal Constitucionalista; y de alguna forma,  el Comunista Mexicano. Dentro de los partidos regionales destacan el Partido Socialista del  Sureste dirigido por Felipe Carrillo Puerto y el Partido Fronterizo de Tamaulipas lidereado por Emilio Portes Gil.

Evidentemente que toda pluralidad político–ideológica existente en cualquier país, presupone la práctica de una verdadera democracia; no obstante, para el caso concreto de México, dicha democracia era sólo un mito, ya que en la práctica, la mayoría de los partidos políticos se habían formado y actuaban en torno de ciertas personalidades o caudillos surgidos a raíz del movimiento revolucionario de 1910, por lo que tales partidos servían más como un camino a la promoción de intereses particulares de sus líderes que como representantes de metas más generales y permanentes.  La mayoría de estos partidos funcionaban como partidos de “Notables” y no como los partidos de interés social que el momento histórico mexicano requería; precisamente fue este pluripartidismo exagerado el que impedía en gran medida la estabilidad primero, y luego, la consolidación rápida del Estado Mexicano.

Por esta razón Plutarco Elías Calles después de dejar la presidencia a finales de 1928 se enfocó a la tarea de integrar un gran organismo político, esto es, el Partido Nacional Revolucionario, para ello, convocó a todos los “grupúsculos” que bajo el título de partidos “revolucionarios” venían funcionando en toda la república con el propósito de que se incorporaran al futuro partido oficial, por supuesto, fue Calles quien inicialmente dirigió al Comité Organizador del Partido Nacional Revolucionario (PNR) después, dicho Comité quedó dirigido por un callista incondicional, el general Manuel Pérez Treviño.

Fue Calles entonces, quien puso fin en México a la proliferación desenfrenada de facciones partidistas y el que acordó la confederación de los numerosos partidos existentes en uno solo: el Partido Nacional Revolucionario, que al emerger a la vida política del país y una vez integrado éste, con el fin de ganar simpatía popular se manifestó como respetuoso absoluto a las instituciones y a los programas sin atender a los intereses personales e individuales. El partido del Estado se declaraba a favor de la lucha de clases bajo el lema de “Instituciones y Reforma Social” y como defensor de los principios constitucionalistas; nacionalistas; agraristas y obreristas. Bajo estas consignas presentó su programa de acción que comprendía cinco aspectos básicos: educación, agricultura, industria, comunicaciones y hacienda pública, además de referirse a la tarea del restablecimiento del financiamiento foráneo para reactivar el proceso de modernización del país.

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Figura 24. Local del Partido Nacional Revolucionario (Paseo de la

Reforma y calle del Ejido), cercano al futuro monumento a la revolución.

El Partido Nacional Revolucionario, al incorporar en un solo partido a los demás grupos políticos que se decían perseguir intereses verdaderamente “revolucionarios”, logró a partir de 1929, el control sobre la totalidad de los puestos de elección popular.

Con la fundación del partido oficial, el Estado mexicano lograba el control de la vida política del país, pues, el pluripartidismo existente entre 1920 y 1929 quedaba prácticamente cancelado, más aún, cuando la fuerza del partido del Estado, pocos años después se incrementó, ya que 1933 fueron reformados sus estatutos logrando con dichas reformas que los pequeños partidos, especialmente los regionales, quedarán liquidados.

Así, el Partido Nacional Revolucionario quedó integrado como un verdadero partido nacional “sin partidos”, mas centralizado y con más fuerza para controlar desde el poder ejecutivo, y en particular desde la presidencia, todo movimiento político y electoral que ocurriera en nuestro país después  de 1929.

f)  La Puesta en Práctica de una Política Social del Corte Populista

La existencia de un Estado Moderno basado en la estabilidad y luego en la consolidación y control de la vida política del país exigía también enfrentarse a todos los conflictos sociales que pudiesen alterar el orden. Así por ejemplo, para resolver los brotes de inconformidad en el campo, los gobiernos surgidos de la revolución pusieron en marcha la Reforma Agraria principalmente a través del reparto de tierras con el propósito de eliminar los movimientos campesinos que brotasen por aquella época.

Por lo que toca al movimiento obrero, sabemos que después de concluida la revolución maderista surgió la Confederación de Círculos Obreros Católicos basados en el principio de la “colaboración de clases”; apareció también la Casa del Obrero Mundial con planteamientos anarco–sindicalistas, ambas organizaciones desplegaron en su momento, acciones encaminadas al mejoramiento de la condición de vida del proletariado mexicano.

Pero, para 1920, la más importante organización obrera existente era ya la Confederación Regional de Obreros Mexicanos (CROM), surgida en forma cupular durante le gobierno de Venustiano Carranza en 1918; por lo tanto, la organización y militancia del sector obrero quedó supeditada al control del Estado, pues su líder Luis N. Morones (quien se había distinguido desde años atrás por integrar un grupo de elite denominado “Acción Nacional”) si bien es cierto que logró ciertas mejoras económico-sociales para beneficio de los trabajadores; por otra parte, no dejó de funcionar para los intereses del gobierno en turno, principalmente para los gobiernos de Obregón y Calles. La CROM a través de su líder Morones, apoyó por ejemplo a Obregón en su lucha contra la rebelión De la Huerta y después trabajó a favor de la candidatura de Calles a la presidencia quien una vez en el poder nombró a Luis N. Morones como su secretario de Industria, Comercio y Trabajo. La confederación obrera oficial sería una de las más fuertes bases no militar del Estado.

La CROM se mantenía de las cuotas sindicales pero también de los subsidios oficiales y de las “donaciones” de los dirigentes y empresarios que deseaban evitar posibles conflictos laborales que pudiesen alterar los avances ya conseguidos  en la reactivación de la economía nacional, especialmente en lo que se refiere a la industria.

Morones se dedico sistemáticamente a eliminar a las centrales obreras rivales que, en su mayoría venían luchando por la práctica de medidas más combativas y radicales que las propuestas por la organización obrera oficial; o a realizar ataques frecuentes a otras asociaciones obreras como la Confederación General de Trabajadores (contraria a la CROM).

Años más tarde, se integraron otras organizaciones de trabajadores como la Confederación Sindical Unitaria de México (apoyada por el Partido Comunista Mexicano) y la Confederación General de Obreros y Campesinos de México bajo la dirección de Vicente Lombardo Toledano; aunque, cabría señalar, que estas últimas, respondían más a intereses políticos que económico-sociales.

Si bien el Estado Mexicano ha declarado en múltiples ocasiones estar interesado por la práctica de una política social consistente en brindar todo tipo de apoyo y a encontrar prontas soluciones a las demandas de las mayorías sociales del país, así como también a permitir la organización del movimiento obrero, esta organización y militancia de la clase trabajadora no ha representado para el Estado alteraciones graves a la estabilidad política y social de México pues, si bien es cierto el movimiento obrero lleva a cabo sus luchas sindicales, procede a la realización de paros y no pocas huelgas, todas estas acciones fueron controladas por el Estado a través de la CROM y naturalmente de su líder, es decir, de Luis N. Morones que se distinguía por oponerse a la realización de huelgas catalogadas como “inconvenientes” para el gobierno. Por otra parte, otro factor que contribuyó al control de movimiento obrero fue sin duda, la promulgación de la ley Federal del Trabajo en 1931 por la cual quedó reglamentado el Artículo 123 de la Constitución de 1917.

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Figura  25. La Escuela de Pablo O’Higgins (Escuela, Estado de Michoacán).

(Tomado de Historia Gráfica de México.  Siglo XX Tomo I, pág. 154)

El impulso a la educación

Un último aspecto, dentro de la política social desplegada por el Estado mexicano sería lo relacionado a los avances obtenidos en materia de educación en especial para  beneficio de las mayorías sociales de la población. Al llegar a la presidencia Alvaro Obregón a fines de 1920, el Departamento de Instrucción Pública y Bellas Artes cedió su sitio a la recién creada Secretaría de Educación Pública que fue dirigida por el intelectual maderista, José Vasconcelos Calderón quien venía desplegando de tiempo atrás una importante labor en pro de la educación mexicana, la obra educativa de Vasconcelos se convirtió en una verdadera revolución cultural pues no sólo abarcó a las áreas científicas

de la enseñanza, sino también a las letras y a las artes en general. Su amplio sentido nacionalista llevó a José Vasconcelos a ocupar durante el interinato de Adolfo De la Huerta el cargo de jefe del Departamento Universitario, a él le debemos el lema universitario: “por mi raza hablará el espíritu”.

Dentro de las numerosas acciones realizadas por José Vasconcelos a favor de la educación mexicana y ya, en su condición de dirigente de la Secretaría de Educación Pública (contando con un presupuesto de 52 millones de pesos) encontraríamos las siguientes acciones: emprendió una destacada campaña para eliminar el analfabetismo; aumentó el número de escuelas para la educación elemental estableciendo, las escuelas dominicales y nocturnas; procedió al impulso de las “Misiones Culturales” para reducir el analfabetismo en el interior del país: estimuló la publicación de libros: con relación a este aspecto, se destaca la publicación de las revistas “El Maestro”, “Lecturas clásicas para la mujer” y “Lecturas clásica para niños” además de distribuir gratuitamente dos millones de libros de autores clásicos; trabajó en la idea de la creación de la educación secundaria y preparatoria en lugar del tradicional bachillerato de varios años de duración; considero importante el desarrollo del Muralismo en donde destacarían pintores de fama internacional como José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros entre otros cuyas principales obras se plasmaron en los más importantes edificios públicos del país.

Como parte de la educación integral, Vasconcelos mandó iniciar la construcción del Estadio Nacional con una capacidad para 30 mil espectadores en el cual se presentarían grandes espectáculos literarios, de música y danza, con la participación de hasta 12 mil niños; fomentó la educación técnica y apoyó el impulso a la investigación científica; se preocupó también por el intercambio cultural para ello, se otorgaron atractivas becas a destacados intelectuales latinoamericanos, por lo que México recibió a importantes personalidades de la cultura, entre algunas de ellas citaremos por ejemplo a la chilena Gabriela Mistral  (premio Nobel de Literatura en 1945) y el peruano Raúl Haya de la Torre; por otra parte, Vasconcelos procedió a la creación de varias bibliotecas y museos.

Después de la renuncia de José Vasconcelos a la Secretaría de Educación Pública (debido más que nada a factores políticos), durante el gobierno de Calles, la obra educativa fue continuada por los posteriores Secretarios entre los que destacará Moisés Sáenz.

Entre las principales acciones educativas llevadas cabo durante el gobierno de Calles destacaríamos las siguientes: impulso a la escuela rural bajo la consigna de “enseñar a vivir” como modelo de vida para los campesinos; creación de la Casa del Estudiante Indígena en el Distrito Federal; apertura de escuelas para la capacitación agrícola; inauguración de los primeros planteles de educación secundaria; creación del Departamento de Enseñanza Técnica e Industrial; y la aparición del programa de clases prácticas por radio.

La repercusión de la crisis mundial en la educación

Producto de la repercusión negativa de la crisis económica mundial de 1929-1933 sobre la dependiente economía mexicana, evidentemente este suceso hizo retrasar los programas educativos emprendidos por los gobiernos surgidos de la Revolución mexicana después de 1920; ante tal problema, durante la etapa del “Maximato” podríamos señalar que fueron mínimas las acciones educativas de relevancia, entre éstas se encuentran; la autonomía otorgada a la Universidad Nacional en 1929 durante el gobierno provisional de Emilio Portes Gil después de los movimientos de protesta realizados por los estudiantes de Derecho quienes luchaban por el logro de ciertos cambios en los métodos de evaluación para determinar el aprovechamiento escolar.

En 1934, siendo aún presidente provisional Abelardo L. Rodríguez en base a lo estipulado por el recién elaborado Primer Plan Sexenal, se procedió a la reforma del Articulo 3º. Constitucional, la reforma a dicho artículo planteó la práctica de una educación “socialista” dirigida por el Estado y enfocada al beneficio de la educación para los hijos de los obreros y de los campesinos; la educación “socialista” propuesta estaría más que nada enfocada a resolver las demandas de educación solicitadas por las clases más desfavorecidas de la sociedad mexicana.

Para reforzar tu conocimiento, realiza la siguiente:

ACTIVIDAD REGULADORA

En el cuestionario que te presentamos enseguida aplica tus aprendizajes sobre el tema, solamente encierra en un óvalo la respuesta correspondiente.

  1. Una de las primeras acciones del gobierno provisional de Venustiano Carranza para conseguir la paz política y social del país fue:




 

a. La desintegración del ejército

b. La convocatoria a elecciones

c. Firmar acuerdos con sus opositores

  1. La revuelta de Agua Prieta organizada por los “Sonorenses” se hizo con el fin de apoyar a:




 

a. Venustiano Carranza

b. Álvaro Obregón

c. Adolfo De la Huerta

  1. Estados Unidos se negaba a dar su reconocimiento al Estado Mexicano posrevolucionario pues consideraba a la Constitución de 1917 como:




 

a. Confiscatoria

b. Retrógrada

c. Inoperante

  1. La firma de un Acuerdo de Amistad y Comercio era la condición del gobierno de Washington para reconocer al gobierno de:




 

a. Venustiano Carranza

b. Victoriano Huerta

c. Adolfo De la Huerta

  1. Los Convenios Lamont-De la Huerta firmados con la Unión Americana tuvieron su complemento al realizarse los tratados de:




 

a. Buenavista

b. Buena Vecindad

c. Bucareli

  1. El Partido Nacional Revolucionario fue creado en 1929 con el fin de dar por terminado el pluripartidismo:




 

a. Inexistente

b. Exagerado

c. Limitado

  1. Al poder ejercido por Plutarco E. Calles sobre los “gobiernos” existentes en México entre 1928 y 1935 se le denomina:




 

a. Maximato

b. Presidencialismo

c. Militarismo

  1. A la rebelión de católico en contra del Estado ocurrida entre 1926 y 1929 se le conoce como movimiento:




 

a. Cristero

b. Cismático

c. Religioso

  1. El organismo oficial que controló el movimiento obrero mexicano entre 1920 y 1934 fue la:




 

a. Casa del Obrero Mundial

b. C.R.O.M

c. Alianza Obrera Mexicana

  1. La Secretaría de Educación Pública surgió en 1921 a sugerencia de:




 

a. Moisés Sáenz

b. Justo Sierra

c. José Vasconcelos

Analiza los siguientes esquemas y podrás reconocer la relación de los temas estudiados en el Tema 2.

          CONTEXTO MUNDIAL

          a)  En el sistema económico capitalista:

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 b)  En el Sistema Económico Socialista:

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