Literatura española I






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LITERATURA ESPAÑOLA I:

Material preparado y proporcionado por la Dra. Pedicone de Parellada a los alumnos de Literatura Española I, correspondiente al Tema Nº 1 del Programa Analítico de la materia: Del Medioevo a los albores del Renacimiento.

(Este panorama introductorio, debe ir acompañado por la lectura obligatoria de las siguientes obras: La Celestina, la Danza Macabra y las Coplas a la muerte de su padre de Manrique. Asimismo se sugieren textos medievales como lecturas complementarias)
La Edad Media

La unidad de la Edad Media como periodo histórico es artificial. La división tradicional sigue imponiéndose hoy y se concibe el inicio de la EM en el año 476 y su final en 1492.

El año 476 se vincula a un episodio: los hérulos (descendientes de los escandinavos) deponen al emperador romano Rómulo Augusto .Y con esto sucede en el siglo V la descomposición del Imperio Romano de Occidente, por la invasión de los pueblos bárbaros. Pasemos a 1492, que abre el Renacimiento. Colón descubre América, pero converge también en esta fecha el que la España cristiana toma Granada, el último reducto musulmán del Al Andaluz -que ocupó por siete siglos una extensa área desde el centro al sur de España- y con esto concluye la llamada Reconquista de los españoles cristianos a los territorios ocupados por los árabes.

Pero se trata de simples episodios que se toman por referencia, porque a la hora de enseñar la historia, las taxonomías, aunque resultan demasiado esquemáticas, funcionan operativamente. Mejor sería barajar la dicotomía continuidades /rupturas, porque como señala el historiador Jacques Le Goff, ¿acaso sabía el hombre europeo que se iba a costar el 31 de diciembre de 1492 siendo un hombre medieval y se iba a levantar el 1 de enero de 1493 en la mañana del Renacimiento?.Esto hace suponer que toda periodización es artificial, pero finalmente necesaria para demarcar mojones en la historia de la cultura. La enseñanza escolar y universitaria precisa fechas, marcos, puntos de referencia. Todo período se construye artificialmente. A nosotros mismos nada nos indica que estemos saliendo de una época y entrando en otra, y quizá futuras generaciones tomen la bisagra del siglo XX y XXI como un punto de inflexión para marcar nuevas periodizaciones…

Lo que ocurre es que detrás de las fechas, aparecen una serie de cambios que marcan evoluciones. Cuando un determinado número de cambios afecta a ámbitos tan distintos como la economía, las costumbres, la política o las ciencias, y estos cambios terminan interactuando entre sí, entonces afectan al sistema o mejor al “polisistema”.

Y esto justifica la tripartición de una Alta, Plena y Baja EM. En realidad la EM se divide en tres períodos culturales completamente independientes: 1-el del feudalismo, de economía natural de la Alta Edad Media 2-el de la caballería cortesana, de la Plena Edad Media,y 3-el de la burguesía ciudadana, de la Baja Edad Media. Y estos cortes internos entre sí pueden ser en todo caso -señala Hauser – tan profundos como los que establece la EM y el Renacimiento, por ejemplo.

Sin embargo, estos calificativos connotan también equívocos, como pensar que lo “alto” es lo antiguo y venerable, y lo “bajo” lo más reciente e imperfecto. En este sentido, habría que decir que en la larga edad medieval, la cultura no decae, aunque muestre direcciones diferentes. La denominación de Edad Media surge en el siglo XV con los Humanistas italianos. La “edad del medio” - el medio entre la antigüedad greco-latina que ellos veneran y a la cual tratan de volver, y la modernidad de la que se sienten parte- acarreó la idea de que esa edad del medio fuera la edad de las tinieblas, de lo oscuro, frente a la luminosidad de la antigüedad y del mundo que ellos sienten protagonizar, también luminoso. Obviamente los humanistas, precursores del Renacimiento, sentían que la civilización entraba en pleno progreso y saber con ellos.

¿Cómo justificamos la tripartición de la Edad Media?

1-La etapa de la Alta EM se corresponde con el surgimiento y auge del feudalismo. Cronológicamente se trata de un largo proceso que tiene su auge en el siglo XI. Este comienzo de la EM se basa en la tierra. Y sobre este ruralismo se articula todo el entramado social. En la Alta EM, como no existían ni el dinero ni el tráfico, la propiedad territorial era la única forma de riqueza y por lo tanto la única fuente de renta. Así, la economía se vuelve completamente agraria; la vida totalmente rústica. La sociedad urbana, el comercio y el tráfico son fenómenos que aparecerán más tarde: por el momento lo que existe son cortes feudales, con carácter regional .Se trata de muchas casas de campesinos y artesanos que forman el “pueblo” y que se erigen alrededor de un centro que es la iglesia local, o de un castillo de un señor poderoso. En torno a estos dos tipos de centros se reúnen hombres, animales, cosechas, herramientas y como siempre existe la posibilidad de una invasión , estos poblados se fortifican y fortifican a su vez el castillo del señor ( o la misma iglesia, como lo muestra Salzburgo en Austria: iglesia y fortaleza real a la vez, amurallada, que preside desde lo alto toda la ciudad como se ve hoy).Por esto se habla del fenómeno de “encastillamiento” o “encelulamiento”.Como se puede apreciar, tanto la aristocracia secular como el clero favorecieron la aparición del fenómeno del feudalismo, transformándose ambos en una clase señorial .Los monasterios, situados en medio de extensas propiedades, con muros macizos, construidos como baluartes, eran también moradas señoriales tan inabordables como los burgos y castillos de príncipes y barones [mostrar imágenes]. Esto sucedía porque existía un vacío de poder: el rey no tiene más poder que el que le corresponde a sus propiedades privadas (en todo caso, es considerado un señor más), es un punto abstracto en la cúspide social. Hace la guerra pero no gobierna; gobiernan los señores territoriales y de manera independiente (cada uno dentro de su feudo) y no basan su poder como procedente de un soberano como fuente de derecho, sino más bien con un poder efectivo, directo y personal. Con esto, aparece una casta dominante con un influjo inusual, que reclama para sí todas las prerrogativas del gobierno, todo el aparto administrativo, todos los puestos importantes del ejército, todos los cargos superiores en la jerarquía eclesiástica. Y retomando el concepto de polisistema, este principio de “dominium” o autoridad, se veía refrendado en la concepción metafísica-religiosa, por la cual se entendía que el cosmos terrenal debe equipararse al celestial y por lo tanto el señor es una réplica del poder de Dios.

La palabra “feudo” es de origen germánica, y no significa tierra, sino arraiga en la jerga jurídica y alude a un “contrato”: el don o contradon que intercambian las partes al concluir un conflicto. Desde luego, como estamos en una sociedad netamente rural, la tierra pasa a ser siempre este contradon o beneficio. Se trata entonces de una donación ocasional (al comienzo) de propiedades pertenecientes a los dominios reales como pago por servicios prestados (por servicio militar, por servicio administrativo), que genera un “señor”.Pero así surge una cadena de señores con mayor o menor poderío, porque estos a su vez ceden territorios a otros que se transforman en señores [En el poema del Cid se ven estas gradaciones: el Cid es vasallo del rey Alfonso VI, pero también el Cid es señor de sus propias huestes, de sus hombres, de sus vasallos]. Y lo nuevo verdaderamente no es la donación de tierras a cambio de servicios (que ya existía antes del siglo IX), sino la relación de “vasallaje” que surge con los favorecidos: esta relación contractual implica una “alianza de lealtad”: genera un sistema de mutuos servicios y obligaciones, un principio de recíproca fidelidad y lealtad personal, que sustituye a la antigua subordinación. Y el feudo, que al comienzo era sólo un usufructo concedido por tiempo limitado, se convierte en hereditario en el curso del siglo IX, y con esto se va forjando una clase de señores que basa su poder fundamentalmente en la tierra heredada (enfeudación hereditaria).

La unidad económica y social, sobre cuya base se organiza todo ahora, es la corte feudal (sea de carácter secular o religiosa). Como no existe el dinero ni los medios de tráfico, no hay ni ciudades ni mercados. La gente se ve forzada a renunciar a productos ajenos como a la venta de los propios. Así se desarrolla una situación en la que no existe ningún estímulo para producir bienes que excedan las propias necesidades, por esto se habla de una “economía doméstica cerrada”, de una economía “natural”, donde no existe ni el dinero ni el cambio. Esto trae aparejado un fenómeno espiritual y cultural: la falta de todo estímulo para la producción hace que lo que se produce se haga dentro de métodos tradicionales, sin preocuparse de inventos técnicos ni de innovaciones en la organización. No existe por lo tanto el afán de lucro ni el sentido del ahorro, ni el cálculo ni la especulación. A esta economía se corresponde, como se deduce, un estatismo e inmovilidad en las barreras sociales. Los estamentos están ordenados por Dios, no existe la posibilidad de ascenso de una clase a otra y todo intento de trasponer la barrera social es la vulneración de un principio divino.

Y en el campo de la cultura, sólo florece lo vinculado a lo religioso. Podemos hablar de una “clericalización” de la cultura: brillante arquitectura sagrada (el llamado arte “románico” de este período se manifiesta con formas pesadas, paredes anchas, que hablan de un encerrado espíritu de casta y de iglesias construidas para Dios con grandes donaciones de los fieles), florecimiento de la filosofía escolástica (Aristóteles interpretado por los padres de la Iglesia) y una tendencia “figurativa” o alegórica que remite y recuerda el sentido alegórico de las palabra de los evangelios.

Sin embargo, esta tendencia a la clericalización, no es privativa de la Alta EM pues aparece como una constante en el largo periodo medieval: la fundamentación metafísica de la imagen del mundo: el carácter profundamente religioso y espiritual de una sociedad completamente cristiana en sus sentimientos y el predominio espiritual del clero. Aún cuando se puedan visualizar momentos de menor o mayor presencia de la Iglesia. Aún en obras como la del Cid –en donde el valor es propagandístico y netamente terrenal- se advierte un sentido trascendentalista , ya que la invocación a la Virgen y las misas en su honra, son permanentes en la persona del héroe. Además, resulta elocuente que ante un conflicto tan humano como el del Cid y el rey, en donde nadie puede vulnerar la orden de este último de no ayudar al Campeador, sea el monasterio de Cardeña y su obispo Jerónimo el único que pueda desoír el mandato del rey y dar albergue a la esposa del cid Doña Jimena y sus dos hijas, doña Elvira y doña Sol. Y ya ubicados en la Baja Edad Media, El Libro de Buen Amor, de Juan Ruiz, arcipreste de Hita, se debate todavía entre la parodia y escarnios religiosos y los loores y alabanzas a María.

Esta concepción metafísico-religiosa consistía en considerar que todo lo terrenal estaba relacionado con el más allá; todo lo humano estaba referido a lo divino. Por supuesto que esto acarrea para la Iglesia una teocracia jerárquica, donde ella se ubica el cúspide de la pirámide social, como lo es Dios con respecto a la creación.

Y lo religioso no es independiente de otros ámbitos en el polisitema. Veamos cómo el sentimiento cristiano cambia la función del “arte”.Para la antigüedad clásica, la obra de arte tenía todo un sentido estético; para el cristianismo este sentido era extraestético. Para el pensamiento de la EM no existen, en relación con la religión, ni un arte existente por sí mismo, despreocupado de la fe, ni una ciencia autónoma. El arte, por lo que se refiere a su efecto de difusión, es incluso el más valioso instrumento de la obra educativa de la Iglesia. La finalidad de la educación moral es el rasgo más típico de la concepción cristiana del arte. Es cierto que griegos y romanos veían en el arte también un medio de propaganda, pero no le daban un valor didáctico puro.

En este sentido, los caminos de la antiguedad y la EM eran desde el principio, muy diferentes. Con la EM, el arte tiende a emanciparse de la realidad, para ser más “trascendental” y espiritual. Abandona la representación imitativa de la realidad y para lograr este efecto, reduce la profundidad espacial, realiza un dibujo plano con frontalidad de las figuras y con esto la forma se vuelve más rígida, más desvitalizada, pero tiende a la “esencialidad”: muere el hombre vivo y carnal de la antigüedad para dar lugar al hombre espiritual. Y sólo cuando la Iglesia llega a ser plenamente soberana, se crea un estilo artístico, que nada tiene que ver con la antigüedad , que es el Arte Bizantino (recibe este nombre por que se lo importa desde Bizancio, la capital del imperio oriental, que no había visto destruida su cultura con la invasión de los bárbaros, como le ocurrió a Occidente).Así, en el arte bizantino, Cristo es representado como un rey, la virgen como una reina; ambos van vestidos de preciosos hábitos reales y aparecen sobre sus tronos, distantes. La larga comitiva de los santos y los apóstoles se aproxima a ellos con ritmo lento y solemne, como en una comitiva de emperador y emperatriz.. Los ángeles forman procesiones, ordenados, como los dignatarios en las comitivas imperiales. Lo humano, casi aparece suprimido.[Ver esto en un ej de Berceo, a diferencia de Juan Ruiz, dos siglos después donde se percibe un gran vitalismo]

Este mismo espíritu solemne y autoritario se manifiesta en la arquitectura de la EM. La “iglesia” cristiana se diferenció desde un principio del “templo” pagano por ser ante todo la casa de la comunidad, no de la divinidad. De lo exterior, se vuelca a lo interior. Pero esto no debe hacer pensar en una disposición democrática dentro del espacio arquitectónico de la iglesia, sino todo lo contrario: si el templo pagano prestaba atención a la fachada exterior (adentro sólo habitaba la divinidad), la iglesia cristiana da privilegio al interior, pero marcando de forma notoria las diversas partes interiores (la comunidad debe ocupar lugares que se diferencian del coro, del púlpito, del altar).Todo esto bajo el común manto de la “cúpula”.

Se sabe que la EM es la del culto a las imágenes, religiosas por supuesto. Mientras el imperio bizantino acusó dos graves crisis iconoclastas (prohibición y destrucción de la imágenes,. por ver en ellas una suerte de idolatría), en Occidente la Iglesia fue mucho más flexible, aunque hubo algunos períodos de prohibición de imágenes. Para la Iglesia, la función litúrgica de las imágenes fue ser intermediarias entre el hombre y Dios. No hay nada pagano ni idólatra en dar un rostro a Dios; se trata de un acto de devoción. A su vez, con esto, la Iglesia cristiana se diferenciaba aún más de las religiones “anicónicas” (Judaísmo, islamismo) al presentar a las imágenes como un instrumento de salvación. [ver ej. de Berceo]

Relacionado al culto de la imágenes, aparece vinculado un factor político (nuevamente la idea de polisistema), ya que la Iglesia, es decir el monacato (monjes que habitan monasterios) quieren hacer del Monasterio un centro hegemónico de poder, para oponerse a clases poderosas como la aristocracia que aunque cristiana, es laica. La larga disputa que lleva la Iglesia (poder espiritual) contra el poder temporal de un señor o príncipe, es canalizada por el acercamiento al pueblo que hace el clero a partir del culto y devoción de las imágenes. Así, los monasterios se convierten en centros de peregrinación a los cuales acudían las gentes con sus preguntas, sus preocupaciones y oraciones, trayendo sus ofrendas. La máxima atracción de los monasterios eran los íconos milagrosos. Una imagen famosa era para el monasterio que la poseía fuente inextinguible de gloria y riqueza. Los monjes favorecían de buena gana los usos religiosos: el culto a los santos, la veneración de las reliquias y a las imágenes, y ello no sólo para aumentar sus ingresos, sino también la autoridad.

Las reliquias, son restos físicos –corporales- de personas reconocidas como santos o santas. Por extensión, un objeto que haya estado en contacto con el cuerpo del santo, constituye igualmente una reliquia (túnica, velo, etc.).La Antigüedad grecorromana sólo tenía apego a los objetos que pertenecían a los héroes o grandes hombres. Además, al igual que el judaísmo, la cultura helénica consideraba una mancilla el contacto con un cadáver. Con los cristianos, esto se invierte. El santo resucitará, figurará entre los elegidos en el juicio final; podrá intervenir a favor de los suyos. Por lo tanto es preciso que se mantenga inserto en la comunidad. Por eso hay que visitar su tumba como si fuese un patrón o protector. Todos desean que se los entierre cerca de su tumba. Los objetos del santo, sus restos, son el propio santo, que puede interceder ante Dios obrando con un milagro y hasta conseguir indulgencias en el más allá (la idea del purgatorio, también aparece en la EM) [Los milagros de Berceo]

[Un caso interesante es la famosa Catedral de Colonia en Alemania: semejante iglesia gótica, bellísima, que lleva siglos construirla, se erige para albergar el Arca de oro , donde se dice, están los restos de los tres reyes magos] .[Otro caso, desde la ficción , es la que recrea Federico Andahazi, en “La ciudad de los herejes”: en la Francia medieval, un duque hace uso de su maléfica inteligencia para pergeñar un plan que le asegurará el poder y la gloria: propone revivir el carácter milagroso del santo sudario (con una tela apócrifa) para construir una iglesia que lo albergue y sacar provecho, pag. 168]

Entre tanta imagen de veneración, cobra gran importancia el culto a María. Se habla en la EM de una “mariolatría”. Esto tiene que ver con la forma en que va conformando el dogma la Iglesia, a través de las discusiones teológicas en los Concilios y de los decretales que de ellos emanan. Así se la imagen plástica de María alcanzó su máximo esplendor con las vírgenes bizantinas en el siglo XI; se instituyó oficialmente el rezo del Ave María en el siglo XII; también en el XII se afirma la idea según la cual la madre del Salvador, una vez muerta, no puede haber sufrido corrupción : sube al cielo en cuerpo y alma lo que se conoce como la “asunción”; en el siglo XIV se debate acerca si María nació con pecado como todos los hombres, o si Dios la había eximido para que Cristo naciera de una inmaculada concepción (finalmente se impone lo último).El “dominium” de María se expresa de grado supremo en la extraordinaria colección ilustrada de miniaturas que le dedica, en el siglo XIII, Alfonso el Sabio, rey de Castilla: Cantigas de Santa María[escuchar].

En lo que atañe a la disputa política que establece la Iglesia con los aristócratas, el planteo lo centra la Iglesia en la frase bíblica :
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