El hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la






descargar 236.54 Kb.
títuloEl hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la
página5/6
fecha de publicación12.08.2017
tamaño236.54 Kb.
tipoDocumentos
e.exam-10.com > Historia > Documentos
1   2   3   4   5   6

Bibliografía


Velasquez, A. S. (1969). Ética. Barcelona: Critica.

http://es.scribd.com/doc/57142809/Sanchez-Vazquez-Adolfo-Etica-1969#fullscreen

LA ÉTICA CÍVICA DE ADELA CORTINA

Valores mínimos de la ética cívica (tomado de su libro Ética, Editorial Santillana, Madrid, 2000).

Que una sociedad sea pluralista, no significa que no tengan nada en común. Una sociedad es moralmente pluralista cuando en ella conviven personas que tienen diferentes concepciones morales de lo que es la vida buena, diferentes proyectos de felicidad, es decir, diferentes máximos de felicidad; pero precisamente logran convivir pacíficamente porque al mismo tiempo tienen unos mínimos de justicia, que todos comparten y que todos respetan. Esos mínimos componen lo que se llama una ética cívica:

  1. La libertad, entendida como autonomía moral (cada persona es libre de querer unas cosas y no otras, siempre que no dañe a los demás) y como autonomía política (cada ciudadano puede participar activamente en la vida política de su comunidad).

  2. La igualdad, entendida como igualdad de oportunidades para alcanzar unos mínimos materiales y unas mínimas condiciones sociales y culturales para desarrollar una vida digna.

  3. La solidaridad, entendida como una acción para apoyar al débil para que alcance la mayor autonomía y desarrollo posibles. En un mundo con tantas desigualdades, difícilmente se puede lograr la libertad y la igualdad sin unas acciones solidarias.

  4. La tolerancia, o mejor dicho, el respeto activo: la sola tolerancia puede llevar a la indiferencia, por tanto, es mejor hablar de respeto activo (no solo permito que el otro, el diferente a mí, pueda convivir conmigo, sino que además procuro entenderlo, preocuparme por él, apoyarlo, e incluso aprender de él).

  5. El diálogo, como la mejor manera de resolver los problemas que supone la convivencia plural. La violencia trae resentimiento, odio y deseos de venganza, mientras que el diálogo permite buscar una solución pacífica que satisfaga a las partes y crear unas normas básicas de convivencia.

http://www.aleph0.info/cursos/ces/bib/Cortina,_Adela-Etica_minima.pdf

http://ciudadanosyfuturo.aprenderapensar.net/2010/02/22/la-etica-civica-de-adela-cortina/

INTEGRANTES:

ALDO IBARRA MARTINEZ

ITZEL MARGARITA IRETA VAZQUEZ

MARIANA ESCAMILLA ALDANA

ADELA CORTINA

ETICA MÍNIMA

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA PRÁCTICA

La ética de mínimos habla del conocimiento de nuestros derechos y deberes como un mínimo para vivir como seres humanos. De la misma forma es denominada ética civil, proponiendo mínimos de moral y justicia, requeridos para vivir en una sociedad pluralista.

"La ética mínima se requiere un mínimo de legalidad y orden que una sociedad necesita para los principios de convivencia"

Que la moral democrática es una ética de mínimos y la ética es filosofía moral.

En las sociedades que constitucionalmente tienen la estructura de democracias liberales, como es el caso obviamente de los países de América Latina y el Caribe, existe una doble forma de pluralismo, más o menos encarnado en la vida social: un pluralismo político y un pluralismo moral.

El pluralismo político consiste en la convivencia de distintas ideologías políticas que comparten una misma base constitucional. El pluralismo moral, por su parte, consiste en la convivencia de lo que desde Ética mínima me he permitido llamar distintas "éticas de máximos", y de alguna manera John Rawls entendería como "distintas doctrinas comprehensivas del bien". Las distintas éticas de máximos consisten en distintas propuestas de vida buena, de vida feliz, que comparten unos valores y orientaciones comunes a los que podemos denominar "los mínimos éticos", o bien una ética mínima.

Este tipo de ética es el que une a las personas en tanto que ciudadanas, aceptando la distinción que viene haciéndose desde la Modernidad entre "la persona" y "el ciudadano". Las personas tienden a una vida feliz y plena, pero, como ciudadanas, aspiran a desarrollar una convivencia justa. La ética de los ciudadanos, la ética cívica, contiene aquellos valores y principios de justicia que comparten las distintas éticas de máximos de una sociedad pluralista, mínimos por debajo de los cuales no se puede caer sin caer en inhumanidad.

Los contenidos de esa ética cívica serían los valores de libertad, igualdad, solidaridad, respeto activo y recurso al diálogo como camino para resolver los conflictos frente a la violencia; se referirían al respeto a los derechos humanos de las tres primeras generaciones, y a la idea de que los ciudadanos deben considerarse como ciudadanos sociales, en el sentido que dio a este término Thomas S. Marshall. A mi juicio, sin embargo, en un mundo global el mínimo de justicia que exige una ética cívica consiste en conseguir la "ciudadanía social cosmopolita", es decir, que todos los seres humanos vean protegidos y respetados sus derechos de primera y segunda generación. Y como las cuestiones de justicia son cuestiones de exigencia, éste es un mínimo exigible para no caer en inhumanidad. ¿A quién es exigible? Habitualmente se ha entendido que los deberes de justicia deben ser asumidos por el poder político, en el nivel nacional, transnacional e internacional. Sin embargo, desde los años setenta del siglo XX un buen número de voces recuerda que las tareas de justicia no son sólo obligación del poder político, sino también de los otros dos sectores que componen una sociedad: el Sector Económico y el Sector Social.

De facto la convivencia de distintas morales que pretenden universalidad ha sido, y es, posible sobre la base de una ética cívica, que se compone de unos mínimos compartidos entre las distintas ofertas de «máximos», entre las distintas propuestas de felicidad. A la felicidad se invita, mientras que los mínimos de justicia de la ética cívica se exigen. Nadie puede exigir a otro que viva según un modelo de felicidad: puede invitarle a seguirlo. Pero una sociedad sí puede exigir a los ciudadanos que vivan según unas orientaciones de justicia. Por eso es posible de facto el pluralismo moral: porque ya hay unos mínimos de justicia (libertad, igualdad, diálogo, respeto) compartidos por las morales de máximos. Y esta moral cívica orienta la legalidad, que no sólo se exige, sino que se impone, si es necesario, mediante sanción. Sin embargo, si los mínimos fueran acordados en pactos fácticos, en condiciones de deformación, desigualdad y coacción, no pasarían de constituir un provisional equilibrio de intereses que no pueden legitimar la moral. Por eso, de iure el pluralismo es posible, como muestra la ética discursiva, porque las reglas de una situación ideal de habla funcionan como criterio para la crítica y como idea regulativa de los acuerdos fácticos

El criterio de lo bueno, es una sociedad plural —decíamos en Ética mínima, allá por su primera aparición—, tiene al menos dos lados. Uno de ellos es el de esos valores éticos que una sociedad pluralista puede exigir en justicia, otro es el de las propuestas de felicidad y sentido a las que invitan las diversas éticas de máximos. Los «mínimos éticos» —recordemos— no son «minimalistas», no consisten en una especie de moral de rebajas para cuestas de enero. Más bien nacen de la conciencia de que socialmente sólo podemos exigirnos mutuamente esos mínimos de justicia, a los que al menos verbalmente ya hemos dado nuestro asentimiento y que tienen su fundamento en una razón sentiente. Los máximos no pueden exigirse, pero son el suelo nutricio de los mínimos, a ellos puede invitarse y deben hacer tal invitación quienes realmente crean que son una respuesta al afán de felicidad.

Una moral cívica que limite sus esfuerzos a la legitimación de normas, degenera al cabo en un mecanismo de legitimación jurídica. Pero, frente a lo que piensen los actuales representantes de las éticas democráticas del diálogo, no es lo mismo moral que derecho. A la moral le preocupan también los máximos, no sólo los mínimos normativos; le preocupan también los valores en los que merece la pena empeñar la vida.

De facto la convivencia de distintas morales que pretenden universalidad ha sido, y es, posible sobre la base de una ética cívica, que se compone de unos mínimos compartidos entre las distintas ofertas de «máximos», entre las distintas propuestas de felicidad. A la felicidad se invita, mientras que los mínimos de justicia de la ética cívica se exigen.

Pero una sociedad sí puede exigir a los ciudadanos que vivan según unas orientaciones de justicia. Por eso es posible de facto el pluralismo moral: porque ya hay unos mínimos de justicia (libertad, igualdad, diálogo, respeto) compartidos por las morales de máximos. Y esta moral cívica orienta la legalidad, que no sólo se exige, sino que se impone, si es necesario, mediante sanción.

Diseñar ofertas de filosofía moral, política y de la religión que permitan conciliar las insobornables exigencias de universalismo ético con la rica pluralidad de las éticas de máximos; cómo es posible pensar y vivir adecuadamente exigencias universales de justicia e invitaciones a la felicidad, proyectos de sentido para la vida y la muerte, enraizados en culturas, tradiciones e historias diversas.

EL TRIUNFO DEL CAMELLO: ETICA DE MÍNIMOS

El artículo de Marcuse del que venimos tratando («Crítica del hedonismo») fue publicado en1938. Han pasado casi 50 años. ¿Cuál es ahora el status quaestionis? ¿Se ha producido la transformación política y económica esperada, que debería transformar a su vez las necesidades humanas? ¿Es superflua la moral del deber porque los hombres disfrutamos de nuestras relaciones mutuas, sin someterlas al juego mercantil del cálculo y la estrategia, sino al juego placentero, desinteresado?

La respuesta a tales preguntas no puede ser sino negativa: ni la revolución esperada ha venido ni parece estar por venir. Porque ciertamente hay recursos técnicos suficientes como para que todos pudiéramos gozar de las excelencias humanas, pero los recursos técnicos no bastan.

Porque caminamos —y en ello llevaba razón Marcuse— hacia una sociedad que no hace del trabajo su centro, pero estamos convirtiéndola en una sociedad de parados, que no de ociosos. La felicidad continúa, pues, en manos de la lotería, de la anarquía.

El juicio «el hombre virtuoso es feliz» es sintético a posteriori porque la conexión de ambos términos está a merced de la más pura casualidad. En el sistema en que nos ha tocado vivir si un hombre virtuoso es feliz ya puede decirse que ha tenido suerte, porque desde luego las condiciones no están puestas.

Pero, ¿qué significan ya «virtud» y «felicidad», tras esta intrincada historia?

Dejando el tema por imposible en una sociedad totalmente desfigurada en sus deseos y aspiraciones, las éticas de nuestro momento suelen limitarse, o bien a calcular juicios de bienestar social que sean aceptables por todos (lo cual no cambia gran cosa el sistema), o bien a ocuparse en justificar normas. Las éticas deontológicas, contra lo que cabía esperar a principios y mediados del siglo, están de nuevo en auge y renuncian a hablar de la felicidad.

Tanto Apel como Habermas han ofrecido algunas de las razones de semejante reducción, que podrían resumirse en las siguientes:

1) una ética crítico-universalista no puede ni quiere prejuzgar dogmáticamente la felicidad de los individuos, sino dejar la decisión en sus manos; 2) una ética crítico-universalista tampoco se conforma con el relativismo al aceptar la pluralidad de formas de vida nacidas de los diferentes ideales de felicidad, porque admite y potencia las diversas ofertas de «vida buena», pero no acepta diversos principios de la justicia; en caso de conflicto entre distintas formas de vida, han de someterse a las restricciones impuestas por principios universales, legitimadores de normas; 3) no son únicamente los filósofos quienes se plantean la pregunta por la vida feliz, sino también los psicoterapeutas, los teólogos, los literatos, los creadores de utopías imaginarias. Los modelos de felicidad no pueden, pues, universalizarse ni exigirse y, por ello, trascienden el dominio de la ética.

Pero yo añadiría a estas razones otras que considero no menos convincentes a la hora de comprender, e incluso justificar, el deontologismq reinante, y voy a someterlas dialógicamente al juicio del lector para dar fin a este trabajo.

A nadie se oculta que resulta más atractivo el homo ludens que el homo faber, el niño que juega que el camello cargado de fardos. A nadie: ni siquiera a los partidarios de una ética deontológica. Pero es tiempo de construir, no sólo de preferencia estética, y para construir en una sociedad ideologizada, desde una perspectiva felicitante, es menester enfrentarse a algunas cuestiones ineludibles: ¿qué podría significar el término «excelencias» en una sociedad inmisericorde y competitiva?, ¿cuáles serían las virtudes envidiadas por una sociedad consumista, estratégica y corporatista?, ¿cuál sería el ideal de felicidad, el ideal de una imaginación bombardeada por todo género de propaganda? Y, junto a todas estas preguntas de «ética-ficción», se abre el gran interrogante: si un hombre animado por semejante ideal de felicidad, conformado por semejantes virtudes, respetaría el elemental principio de igualdad y solidaridad, que constituye la más preciada de las conquistas morales.

Por eso algunos éticos nos hemos refugiado humildemente en una ética de mínimos, y nos limitamos a decir a nuestros oyentes y lectores: al decidir las normas que en su sociedad van a regular la convivencia, tenga en cuenta los intereses de todos los afectados en pie de igualdad, y no se conforme con los pactos fácticos, que están previamente manipulados, y en los que no gozan todos del mismo nivel material y cultural ni de la misma información; porque —por decirlo con John Rawls— usted está convencido de la igualdad humana cuando habla en serio sobre la justicia; o cuando ejecuta actos de habla con sentido, por decirlo con la ética discursiva; haga, pues, del respeto a la igualdad una forma de discurso normativo y de vida. La felicidad... A la felicidad todos los hombres aspiran, pero no la entienden de igual modo ni el vulgo ni los sabios, ni los jóvenes ni los adultos, ni las distintas sociedades entre sí. Tal vez porque sea un concepto vacío. Tal vez porque no sea la filosofía quien haya de ocuparse

Bibliografía:

© Adela Cortina, 1986

© EDITORIAL TECNOS, S.A., 2000

Juan Ignacio Luca de Tena, 15 - 28027 Madrid

ISBN: 84-309-3471-5

Depósito legal: M. 573-2000

RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL (RSE)

Hasta hace relativamente poco tiempo, se asumía que la responsabilidad de las empresas era únicamente generar utilidades. Actualmente, esta concepción no es suficiente ni aceptable. Además de generar utilidades para sus accionistas, la empresa debe tomar en cuenta que sus actividades afectan, positiva o negativamente, la calidad de vida de sus empleados y de las comunidades en las que realiza sus operaciones.

Como consecuencia, un número creciente de empresas perciben que la responsabilidad social es un tema que no está restringido solamente a las acciones sociales o ambientales desarrolladas por la organización en la comunidad, sino que implica también el diálogo y la interacción con los diversos públicos relacionados con la empresa. Para que ésta actúe con responsabilidad social, desde una perspectiva sistémica y amplia, es necesario que ese concepto sea incorporado a sus procesos de gestión y, por lo tanto, que pase a formar parte integral de sus estrategias de negocio y de su sistema de planeación interna.
1   2   3   4   5   6

similar:

El hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la iconResumen Si aceptamos que existe una estrecha interrelación entre...

El hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la iconNingún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre...

El hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la iconEl hecho religioso es una parte de la historia humana porque es una...

El hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la iconJames m. Cooper una gran época ha comenzado. Existe un nuevo espíritu…
«Existe un gran desacuerdo entre el estado moderno de la mente, el cual es una amonestación para nosotros, y la ríjida acumulación...

El hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la iconLos nuevos medios no son nexos entre el hombre y la naturaleza: son la naturaleza”

El hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la iconConsiste en que la mayoría de las generaciones esta ante la ignorancia...
«amor» cambia de sentido en un contexto religioso y en uno profano; y una declaración de amor no tiene el mismo sentido de verdad...

El hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la iconEl objetivo de este estudio es estudiar la relación que existe entre...

El hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la icon1. ¿Qué relación existe entre los conceptos de producción potencial y eficiencia?

El hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la iconRelación entre hombre, trabajo y tecnología (subtitulo)

El hombre es parte de la naturaleza y al mismo tiempo la trasciende, es por eso que existe una estrecha relación entre la antropología y la filosofía de la iconLa ecología es la ciencia que estudia las relaciones existentes entre...




Economía


© 2015
contactos
e.exam-10.com