1. 1 El Entorno del comercio y el desarrollo de las sociedades comerciales desde la edad media a los siglos XVI xviii en España y Chile






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SOCIEDADES EN COMANDITA

ALUMNOS
Alejandro Vergara H.

Winton Rowlings O.


INDICE

( en contrucción)

1-.RESEÑA HISTORICA
1.1 El Entorno del comercio y el desarrollo de las sociedades comerciales desde la edad media a los siglos XVI - XVIII en España y Chile

El mundo empresarial moderno cada vez se está imponiendo más este tipo de empresa colectiva, en que dos o más personas unen sus capacidades económicas, profesionales, laborales o de cualquiera naturaleza, pero susceptible de apreciación pecuniaria, con el fin de realizar mejor una actividad económica y percibir las utilidades derivadas de ello, formando una persona jurídica distinta de ellos.
Así se han posicionado progresivamente los distintos tipos de sociedades mercantiles o comerciales. Pero detrás de ellas y de la que nos atiende – La Sociedad en Comandita- hay un resabio interesante d e historia que buscamos rescatar en este presente trabajo d e investigación y que sin lugar a dudas va de la mano con la historia del comercio , y principalmente con la historia del comercio en España ,principalmente de la época Medieval ,donde se reunen prácticas mercantiles que traerán los conquistadores a América ,y al que sera luego el Reino de Chile con posterioridad. Por tanto haremos un viaje por el comercio medieval y previo a la conquista de Chile, como además veremos el desarrollo de la actividad mercantil en un Chile ya emancipado.
La vida económica en la Edad Media tenía como centro el mercado y algunos locales, donde los miembros de las diversas corporaciones celebraban sus actividades. La riqueza no se ostentaba y hasta los grandes mercaderes y banqueros realizaban sus negocios en sedes bastante modestas, casi bodegas. A finales del siglo XIV, la vida económica se hizo más compleja y activa: triunfaba la nueva economía de intercambio. Las grandes compañías diversificaron sus inversiones y pusieron sus capitales en varias empresas. Al poseer los medios de producción, pudieron enriquecerse a sí mismos y a sus compañías, pero también favorecieron a varias categorías de trabajadores.

1.2 Comercio marítimo de Castilla y Aragón (s.XVI):
1.2.1 El comercio con el norte de Europa (s.XVI):


Las relaciones comerciales entre los puertos del norte de España y Flandes son muy anteriores a la época de Carlos V. , Enciclopedia Encarta menciona "los mercaderes que comerciaban en Flandes poseían ya un gremio en 1336". En 1494, la Universidad de Mercaderes de Burgos, se convierte en el Consulado de Burgos, que tanta actividad comercial desarrolló durante años como elemento de exportación de lana, a través de las puertas del Cantábrico, fundamentalmente por el de Bilbao (su Consulado se creó en 1511) en cuya construcción (desviando el río) participó financieramente el Consulado de Burgos. El gran desarrollo que adquiere la Mesta tiene su culminación en 1526 en la que alcanza 3,5 millones de ovejas. Una buena parte de la lana obtenida era exportada a través de los puertos de Bilbao, Santander, Santoña, Laredo y Castro Urdiales con destino a Buedeos, Nantes, La Rochelle, El Havre, Amberes, Brujas y los de la Hansa. El 60 por 100 de la lana exportada se transportaba a Flandes y el 40 por 100 restante a Portugal, Italia y Berbería. Sobre la existencia de buques mercantes en Bilbao, existe una Cédula de 1504 en la que se estima la marina bilnbaína en quinientos navíos; Alcalá Zamora cifra el monto de la flota vizcaína en al menos 25.000 toneladas. Cerezo señala que hasta el último cuarto del siglo XVI el comercio de la región castellana del norte era el de mayor incidencia en la economía española. El pujante comercio de las lanas (que algunos cifran en 6.000 balas anuales y un valor medio anual de más de 600.000 ducados) tenía como flete de retorno grandes partidas de trigo y bastimentos navales procedentes del norte de Europa, así como productos manufacturados: tejidos, tapicerías, libros, naipes, papel, etc. El mineral de hierro y el acero son sin duda otros productos importantes de la exportación vizcaína. Se exporta también cochinilla, añil, y cueros procedente de las Indias. Unos años después de la muerte de (Carlos v) se produce un descenso brutal de este comercio.


1.2.2 El comercio con el Mediterráneo (s.XVI):
Como ha escrito Alcalá-Zamora acerca de la marina de Corona de Aragón, es evidente que no había prolongado su prosperidad comercial de los siglos XIII y XIV. Las causas hay que buscarlas en la crisis del reino de Aragón en el siglo XV. La inseguridad de la navegación mediterránea como consecuencia de la piratería berberisca, alentada por la expansión turca, la exclusión del tráfico comercial indiano y, como señala Cerezo, las concesiones hechas por Carlos V a los genoveses. No obstante, Barcelona y Valencia siguen manteniendo un activo comercio de cabotaje con Francia e Italia. Por Barcelona se exportan artículos de coral, papel, cordelería, vidrio, loza, armas de diferentes tipos, miel, aceites y azafrán. En Valencia se comerciaba con arroz, vino, aceite, pasas, melazas, dátiles, azúcar, almendras y, sobre todo, seda. Gonzalo Anes afirma que Valencia fue el emporio de la seda del levante español.


El Honrado Concejo de la Mesta de la Corona de Castilla fue la corporación europea de ganaderos más importante de la Edad Media, e incluso de la Edad Moderna (permanecerá activo hasta el siglo XIX). Gracias a la magnífica gestión de esta institución, los españoles logran mantener el monopolio lanero en los mercados internacionales nada menos que durante cinco siglos. Llega a ser la principal fuente de divisas del Reino, y se cotiza en la bolsa de valores de Amsterdam. Efectivamente, será por mucho tiempo la institución mercantil española más admirada en Europa. El éxito de la Mesta se debe, sobre todo, a su carácter gremial, a su buena organización interna y al reconocimiento y la protección que recibe por parte de los monarcas.(Castiñeira)

Con las exportaciones citadas, tanto Barcelona como Valencia equilibraban el gasto constante que suponían sus importantes importaciones de trigo de Sicilia. Según Usher, el tonelaje de la marina mercante española en 1585 se cifraba en 175.000 toneladas, la segunda flota de Europa (Holanda 232.000 toneladas), pero como ha señalado el profesor Alcalá-Zamora, la coexistencia durante el quinientos de varias unidades de medida con idéntica o parecida denominación y distinto contenido, dificulta el cálculo. A pesar de lo cual, Chaunu estima en 157 por 100 el aumento del tonelaje unitario en la Carrera de Indias durante la primera mitad del siglo XVI, pero incluso aceptado este notable crecimiento de la flota mercante, el resultado no satisface las necesidades . Como ha escrito Vázquez de Prada, desde 1530 a 1540 los barcos flamencos y holandeses acaparan el 85 por 100 de la navegación entre los Países Bajos, España y Portugal. Bretones y vizcaínos se repartían el 15 por 100 restante. Este dato, unido a la ocasional participación extranjera en la Carrera de Indias y a las frecuentes requisas de barcos para empresas bélicas, confirma la insuficiencia de embarcaciones de la marina mercante española que, como ha señalado Vives, "llegó a ser angustiosa en tiempos de Carlos V", y que se haría más patente con el paso del tiempo, con lo que se pone de manifiesto que tanto la implantación del monopolio sevillano como las insuficientes medidas de política marítima adoptadas, contribuyeron a que no se produjera el desarrollo de la marina comercial que España precisaba para atender a las necesidades de sus dispersos y vastos territorios. (Ricardo Arroyo)

2-.LAS DISTINTAS SOCIEDADES COMERCIALES Y EL COMERCIO DE ULTRAMAR DURANTE LOS SIGLOS XVI-XVII

2.1  La Carrera de Indias

Tiene importancia revisar éstos aspectos porque la influencía del comercio español de la edad media y posterior será el precedente histórico que convergerá como antecedente la formación de las posteriores sociedades comerciales en nuestro país y precisamente la que nos preocupa que e sla Socedad en comandita, cuya esencia proviene de los mercaderes árabes que llegan a España y trasmiten su cultura mercantil. Siglos después el espiritú codificador de las naciente nación chilena absorverá éste precedente que describimos.

        La denominada Carrera de Indias incluía todo el comercio y navegación de España con sus colonias, y se fue configurando en la primera mitad del siglo XVI, hasta lograr su definitiva organización hacia 1561. Desde los viajes de Colón, la Corona había manifestado que el derecho a comerciar con las Indias debía estar reservado únicamente a los súbditos de la monarquía española. Este derecho respondía a unos principios aceptados por los estados europeos de la época: los intercambios con las colonias pertenecían a la metrópoli. Además, la Corona tenía que impedir el acceso a las colonias a personas indeseables, política o religiosamente, que pudiesen minar la integridad ideológica y económica. Es la época de la monarquía autoritaria de los Reyes Católicos. Otro aspecto de esta política fue la implantación del monopolio comercial por la Corona. En ello influyó uno de los principios del mercantilismo: la retención y acumulación de riqueza, por parte del Estado, en forma de metales preciosos, que tan abundantes se encontraron en América. Pero la explotación de todo un continente era una tarea desmesurada para ser realizada sólo por el Estado. Pronto quedó al descubierto la necesidad de extender la participación a todos los súbditos de la Corona, tanto para comerciar como para residir, mientras, por otra parte, toda la navegación y el comercio se canalizarían a través de un solo puerto, Sevilla; un poco más tarde se incorpora Cádiz. Todo ello será controlado por un organismo, la Casa de Contratación. Esta se convirtió en el órgano destinado a inspeccionar y fiscalizar el tráfico indiano. Dependía del Consejo de Indias. Fue notable su labor en lo que respecta a las técnicas de navegación y a la ciencia náutica.

        España realizó un modelo de organización para sus flotas con el Nuevo Mundo, sistema muy valioso para lo prematuro de la época. Pero su error consistió en no advertir que lo que servía para cubrir las necesidades iniciales de 100.000 españoles en América, no serviría siglos después para una población de 4.000.000. Otras razones de su fracaso son: la disminución de la llegada de plata y el abastecimiento del mercado americano mediante el contrabando de productos manufacturados, por parte de los países europeos que habían emprendido la primera revolución industrial.

2.2 El comercio exterior canario durante los siglos XVI-XVII

        Creemos que estudiar el comercio en Canarias durante los siglos XVI-XVII, es un tema casi obligado para nosotros, no sólo por razones de curiosidad sobre el espacio en que vivimos, sino por las relaciones de intercambio de personas y mercancías con Génova y Portugal durante estos dos siglos.

        La situación de las Islas Canarias en la ruta hacia tres continentes las convierte en un lugar de abastecimiento en la navegación por el Atlántico. El tráfico comercial con América está marcado por razones geográficas, al estar el archipiélago en la zona de los vientos alisios, y por motivos comerciales, al ser la última plaza castellana donde se abastece la flota de Indias. Canarias consigue para comerciar con América algunas excepciones al monopolio de la Casa de Contratación. Desde 1508 se autorizó a los mercaderes españoles poder registrar mercancías en Canarias, y a partir de 1607, se permitió a los navíos canarios viajar fuera de las flotas.

        El comercio con América generó la emigración de colonos y sus familias, hasta el punto de llegar a prohibirla en 1579, debido al peligro que existía de despoblamiento de estas islas. Otro efecto negativo del comercio indiano fue la llegada a las islas de piratas y corsarios franceses, ingleses y holandeses, sobre todo en el siglo XVI.

        Los productos importantes para la exportación fueron: el azúcar, el vino y la orchilla. El cultivo de la caña de azúcar se inicia inmediatamente después de la conquista. El proceso del cultivo y la transformación de la caña era muy costoso, lo que potenció la introducción de capital extranjero, sobre todo genovés y holandés. En el último tercio del siglo decayó su producción.

        El viñedo, cultivo destinado a la exportación, coincide con la crisis azucarera, en la segunda mitad del XVI. La expansión vinícola rompió la vinculación comercial con el Mediterráneo y la Península, y se relacionó más con el noroeste de Europa. Los vinos de buena calidad (los malvasías isleños) se intercambiaban por productos manufacturados de Francia, Flandes, Portugal e Inglaterra. Durante el siglo XVII, los comerciantes ingleses tuvieron gran importancia en estos intercambios. Llegaron a crear en 1665 una Compañía de Monopolio que impuso precios ruinosos para los viticultores canarios, lo que generó "el derrame del vino" en Garachico. A estos desfavorables hechos se une la competencia con el jerez y el oporto.

        Estos intercambios comerciales los realizaba sobre todo una clase mercantil extranjera, naturalizada en las islas, que hacía también de intermediaria financiera. A los comerciantes europeos ya mencionados se une un grupo minoritario de flamencos y portugueses.
3-.LA ECONOMIA DE CHILE EN LA COLONIA

En los inicios de la colonia, en el siglo XVI, la economía se basaba en la Encomienda. Este sistema consistía en que a un encomendero se le asignaban un grupo de indígenas que trabajaban para él y defendían el territorio de la Corona. A cambio, el encomendero les daba protección, evangelización, vestuario y alimento. Por la progresiva disminución de indígenas este sistema ya no era sustentable, por lo que La Hacienda, en el siglo XVII, se transforma en la base de la economía rural. Estos grandes terrenos, en que se realizaban actividades agropecuarias, tenían talleres para la fabricación de los elementos que necesitaban, por lo que la hacienda era capaz de autoabastecerse. El hacendado, generalmente criollo, estaba a cargo de su hacienda. Él se encargaba de contratar inquilinos y peones como mano de obra. Los primeros trabajaban en faenas productivas y protegían los límites del territorio, a cambio, recibían una tierra para vivir, cultivar y criar ganado. Los segundos, solían vagabundear por los campos, buscando trabajo en las haciendas durante los tiempos de cosecha.

En el siglo XVI el mercantilismo, sistema económico optado por la Corona, fomentó la minería, específicamente, la obtención de metales, para poder enriquecer a la Metrópoli. Se encontraron numerosos lavaderos de oro en diferentes lugares de Chile, pero a finales de la 1580, las minas se comienzan a agotar y además, por la disminución indígena, se produjo falta de mano de obra, por lo que la producción decae. La explotación de cobre en (Copiapó y Aconcagua), oro y plata continúa, pero en mínimas proporciones, utilizándose para fabricar monedas, vajillas, joyas, cañones, campanas y utensilios domésticos.

En cuanto a la actividad agrícola-ganadera, en el siglo XVI era bastante avanzada, se cultivaba papa, maíz, quinoa y zapallo, y habían caballos, vacuno y chancho, animales agregados por el español, como ganado. En el siglo XVII y XVIII la ganadería y su industria adquiere mayor importancia. Además, aumenta la producción de trigo y cereales para abastecer al mercado peruano. Con al aprobación de la ley de liberación de impuestos al trigo y harina, se fomentó la exportación. Aquí surgen de manera organizada grupos que comienzan a tener mayor participación en áreas mas circunscritas de éste todavía comercio relativamente primario y básico

3.1Chile Emancipado : su incipiente economía

3.1.1El marco histórico de la codificación comercial chilena Y la formación de las primeras sociedades comerciales en Chile

Diego Portales es un actor histórico importante a la hora de hablar del origen del comercio y las sociedades comerciales en nuestro país . De hecho en el epistolario portaliano son constantes las referencias a que si algo movió a Portales a intervenir en política, es que hacía falta el orden necesario para dedicarse a los negocios.

Mario Góngora por su parte, al fundamentar lo que él considera el elemento sociológico que sería el "principal resorte de la máquina" a que se refiere Portales en alguna de sus cartas, tomando un lenguaje propio de Montesquieu, sustento del nuevo régimen, insiste en que este se apoya en una clase de propietarios, con interés en gozar de un sistema que les asegure el orden suficiente para dedicarse a los negocios.

A conclusiones similares llegábamos nosotros cuando, más adelante, investigábamos la obra de uno de los más representativos políticos conservadores chilenos de la primera mitad del siglo XIX, don Antonio García Reyes. Es evidente, el pensamiento de éste giraba en torno a lo económico, como era bastante típico en mentalidades ilustradas como la suya. Así por ejemplo Jovellanos, uno de los autores y políticos ilustrados más leídos en Chile en esos años, había escrito: "No nos engañemos. La grandeza de las naciones ya no se apoyará, como en otro tiempo, en el esplendor de sus triunfos, en el espíritu marcial de sus hijos, en la extensión de sus límites ni en el crédito de su gloria, de su probidad o de su sabiduría... Todo es ya diferente en el actual sistema de la Europa. El comercio, la industria y la opulencia, que nace de entrambos, son, y probablemente serán por largo tiempo, los únicos apoyos de la preponderancia de un Estado"

En nuestra opinión, el programa de García Reyes, como es común a la gran mayoría de los políticos conservadores de la primera mitad del siglo XIX, "está pensado desde la perspectiva de los negocios. Más que grandes ideales -que también naturalmente los hay-, o política de principios, los móviles inmediatos son de naturaleza radicalmente práctica y positiva. Se busca organizar la sociedad de tal manera que los negocios puedan desarrollarse de la mejor manera posible y sin interferencias. Asegurado este mínimo, el resto debía venir casi por añadidura. Por eso el orden fue siempre para los pelucones un bien tan preciado. El desorden y la anarquía generan un ambiente en que el comercio y los negocios en general no pueden prosperar". La realidad parece mirarse desde la perspectiva de un negociante no demasiado arriesgado que cifra su máximo afán en ir aumentando poco a poco sus ganancias.

Por lo demás las loas al comercio y al espíritu comercial eran una constante en la prensa de la época. Por ejemplo, en un editorial de El Progreso de 11 de noviembre de 1842, se decía: "Los varios rumbos que el comercio ha seguido en las diversas épocas del mundo han levantado en los focos de donde partían, o en los puntos forzosos de comunicación y de escala, naciones poderosas, cuyas artes y descubrimientos han formado los primeros eslabones de la cadena de progresos que durante una larga serie de siglos han elaborado la civilización de la especie humana. Más que las lucubraciones de los sabios, más que la libertad civil de algunos pueblos, el comercio, sirviendo de vehículo por donde se han comunicado los pueblos sus ideas, sus necesidades y sus luces han derramado la civilización por todas las extremidades de la tierra".

Relación entre comercio y civilización en la cual se insistía más adelante en El Mercurio, cuando daba a conocer su nueva línea editorial: "A lo que consagraremos sobre todo una especial atención es al comercio y a la industria, porque reconocemos en ambos, más que en los libros y en los periódicos, una influencia civilizadora"

El mismo Araucano, con toda su moderación, unía la ilustración y el comercio como elementos que servirían de base para cimentar la unión del género humano. E incluso en El Siglo, se llegaba al extremo de sostener que el desarrollo del comercio y de la industria terminarían por hacer innecesarios los ejércitos

Como puede fácilmente constatarse, dominaba ya en esos años una visión del mundo y de la vida en que los ideales ilustrados se estaban viendo complementados y en ciertos círculos hasta superados por los avances del positivismo. Y este venía a reforzar ese centrarse en el comercio y en el bienestar material que, como hemos visto, parece una constante del nuevo régimen.

Muy indicativo al respecto es el tenor de un artículo publicado en el segundo número de la Revista Sud - América, donde se afirmaba que a esas alturas del desarrollo histórico "la política no puede significar otra cosa que el conato constante de los encargados de ellos, para allanar en el interior y en el esterior de su país las dificultades que embarazan la acción de los gobernados, a fin de procurarles mayor suma de bienestar y riqueza. La política tiene por blanco objetos de utilidad pura"

Y en forma casi grotesca reflejaba el positivismo dominante un editorial de El Mensajero en el que se sostenía la historia habría llegado a un punto en que "los hombres parecen desprenderse más del carácter metafísico y espiritualista de otros tiempos, poniendo su pensamiento en los bienes materiales cual en la única satisfacción positiva y cierta de la vida", momento en que "la importancia social y las más altas aspiraciones del hombre rinden feudo a la riqueza"

En un ambiente como éste, dominante ya de manera absoluta durante el gobierno de don Manuel Montt -en que aparecían como valores supremos la producción de riqueza y el bienestar material y en que se tenía una tan alta estima de la actividad comercial- no puede extrañar que apareciera como cada vez más imperiosa la necesidad de modernizar el derecho comercial.

Habría que agregar además que también era muy común en el período la exaltación del espíritu de empresa y el de asociación con esos mismos fines, como palanca fundamental para impulsar el progreso del país. Y esto era también un antecedente importante para dar impulso a un perfeccionamiento de la legislación comercial.

Por ejemplo, en su Mensaje al Congreso Nacional de 1 de junio de 1854 el Presidente de la República, Manuel Montt, destacaba como "en un estremo de la República, ayer desierto e inculto, se ha dado principio a un madero carril de 5 leguas por bosques y terrenos fangosos y construido ya una buena parte. El espíritu de asociación y empresa de los colonos de Llanquihue ha sido bastante poderoso para acometer con escasos recursos" una obra de tal envergadura10. Y en un editorial de El Progreso, y luego de abogar por la colonización por Chile del Estrecho de Magallanes, se afirmaba que si bien en estos casos, el primer paso correspondía al gobierno, "todo lo demás está en manos del espíritu de empresa tanto nacional como extranjero, que allana las dificultades y que sabe aventurar capitales cuando el proyecto de una utilidad inmediata se ofrece luminoso a su vista. El espíritu de empresa y la organización en sociedades , ha realizado en nuestros días los prodigios más asombrosos".

Y más adelante, y al momento de ser presentada al Congreso la primera parte que entró en vigencia del trabajo codificador de José Gabriel Ocampo -el proyecto de ley que reglamentaba las Sociedades Anónimas-, el presidente Montt explícitamente hacía ver la relación existente entre espíritu de empresa y nueva legislación que hemos venido destacando. En efecto, señalaba que las sociedades anónimas "han llegado a ser el medio más eficaz y en muchos casos el único de llevar a cabo las grandes empresas", y su falta de reglamentación aparecía como una traba en el desarrollo del "espíritu de asociación de que tanto debemos prometernos".

La intervención de José Gabriel Ocampo y el proyecto de Código

El espíritu mercantil que dominaba entre las clases dirigentes chilenas a mediados de siglo y que hemos reseñado en el párrafo anterior, explica que ya en la década de los cuarenta y bajo el gobierno de don Manuel Bulnes, se plantee la necesidad de modernizar el derecho comercial vigente, que seguía siendo el castellano y fundamentalmente las Ordenanzas de Bilbao. Y, en ese momento modernizar era prácticamente sinónimo de codificar.

En efecto, en diciembre de 1846 y dentro de las múltiples iniciativas que caracterizaron el ministerio presidido por Manuel Camilo Vial, se procedió a nombrar una primera comisión encargada de elaborar un proyecto de Código de Comercio. En el decreto correspondiente se señalaba: "Haciéndose sentir cada día más los vacíos y defectos de la Ordenanza de Bilbao, y la necesidad de su reforma y habiéndose ejecutado este difícil trabajo de una manera ventajosa en el nuevo Código de Comercio Español, al cual será sin embargo preciso hacer modificaciones adecuadas a nuestra actual situación; he venido en acordar y decreto: Art. 1º. Nómbrase una comisión compuesta por don Diego José Benavente, don Pedro Nolasco Mena, don Santiago Salas y don Santiago Ingram, a la cual se encarga la formación de un proyecto de Código Comercial, tomando por base el que rige actualmente en España. Art. 2º. La Comisión podrá llamar a su seno a los comerciantes y jurisconsultos que puedan suministrarle ideas útiles; y deberá presentar al Gobierno su proyecto en el término de 6 meses".

Sin embargo, este intento codificador no prosperó

Pero el Presidente Bulnes no se da por vencido y en el mes de julio de 1851 decreta la formación de una nueva comisión, integrada fundamentalmente por comerciantes. Sus miembros serían Manuel Hipólito Riesco, Carlos Lamarca, Jorge Lyon, Alfredo Ward, José Cerveró y Ambrioso Sánchez, los que deberían examinar el Código de Comercio español, indicando luego al Gobierno las modificaciones que consideraran oportunas "para hacerle adaptable a las necesidades del comercio chileno"

Pero tampoco esta comisión avanzó en el cumplimiento de su cometido.

Recién bajo el gobierno de don Manuel Montt el proceso codificador en materia de derecho comercial empezó a tomar un rumbo más decidido a partir de una ley de 14 de septiembre de 1852 que facultó al Presidente de la República para nombrar con remuneración a las personas a quienes se les encomendara la redacción de un Código.

En virtud de esa autorización el 24 de diciembre del mismo año se encomendó al jurista argentino don José Gabriel Ocampo15 la tarea de elaborar un proyecto de Código de Comercio para la República de Chile.

Al Dr. Ocampo ya le había correspondido alguna participación en el proceso codificador chileno pues, en cuanto miembro de la Facultad de Leyes, le había correspondido formar parte, a partir de octubre de 1852, de la Comisión Revisora del Proyecto de Código Civil de Andrés Bello, y tomó su nuevo encargo con absoluta seriedad. De hecho se concentraría en esta tarea durante los próximos siete años de su vida, estudiando primero la doctrina comercial más moderna, sobre todo española y francesa y familiarizándose con los principales códigos vigentes en ese entonces en el mundo, para luego comenzar la redacción de una serie de borradores, que se conservan en la biblioteca del Colegio de Abogados y que han servido de base para nuestra investigación.

De acuerdo a lo que se ha visto en el número anterior, y ante la importancia que se atribuía por las clases dirigentes chilenas al espíritu de asociación, Ocampo avanzó muy rápidamente en la elaboración de un proyecto de ley de Sociedades Anónimas que se promulgó en 1854, mientras que el resto del Código, una vez terminado el período de revisión, terminaría por ser promulgado recién en septiembre de 1865.

3.1.2SOCIEDADES CHILENAS COMERCIALES SIGLO XX
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