Resumen Los procesos de integración aparecen cada vez con más fuerza, como una lógica respuesta colectiva frente a la necesidad de una concertación para encarar colectivamente los desafíos que entraña el complejísimo proceso de inserción de las economías de los países subdesarrollados en la economía






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Base: Marco General para la Negociación de la Unión Aduanera Centroamericana

 

 Principales Resultados en el Proceso de la Unión Aduanera:

  • Como paso intermedio y durante el período de transición hacia la Unión Aduanera se ha logrado establecer aduanas integradas y periféricas. Estas aduanas permiten mayor agilización en el tránsito de personas y mercancías, se reducen los costos y el tiempo en los trámites aduaneros.

  • Por otra parte ha permitido que los funcionarios aduaneros, homologuen y simplifiquen los procedimientos aduaneros, habiéndose aprobado por los Directores de Aduanas el Manual Único de Procedimientos Aduaneros, aplicado por Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua.

2.4.-La dependencia económica de Centroamérica con respecto a los EUA

Históricamente ha habido una estrecha relación política y comercial entre los EE.UU. y la región Centroamericana. En los últimos años esta relación se ha consolidado aún más, dados los esfuerzos hechos por ambas partes. Desde 1983 los EE.UU. concedió tratamiento comercial preferencial unilateral a los países de la región a través de la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC), a la vez que los países centroamericanos lograron avances significativos en la liberalización unilateral del comercio mediante reformas de comercio profundas emprendidas durante los años noventa.

Hemos señalado que Centroamérica, al estructurar su crecimiento dependiendo de la demanda externa, sigue ligado al circulo “tortuoso” de la relación negativa de los precios de intercambio por los productos primarios que todavía exporta, pero además se ha ligado estrechamente al ciclo económico de sus principales socios comerciales, en este sentido de la reactivación de la economía norteamericana y en menor medida de la de México, depende la reactivación de su comercio exterior.

Cuatro países de los que conforman el espacio regional del MCCA, han constituido ya, como hemos señalado, una Unión Aduanera, forman parte del Proyecto Regional denominado Plan Puebla-Panamá y han firmado el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos; todo lo cual los hace más vulnerables ante el gran capital y los intereses de Norteamérica.

Mediante el Plan Puebla Panamá (Anexo Nº 3) y el mayor acercamiento con los Estados Unidos, la regionalización de América del Norte empieza a adoptar una mayor delimitación de la zona de influencia de los Estados Unidos en la que participa México, Centroamérica y eventualmente parte del Caribe, ya que en el Plan Puebla Panamá participarán Belice y Panamá. Con ello se van adoptando políticas comunes que determinan el funcionamiento de un mercado regional, que comercia, acepta similares condiciones de inversión y liga más su dinámica económica a las necesidades del mercado estadounidense, lo que sin dudas podría debilitar a los esquemas regionales de integración, como el MCCA.

Por otra parte, la firma del tratado de libre comercio es mirado con recelo por el eventual impacto que este acuerdo podría tener en dos áreas fundamentales: sus condiciones de acceso al mercado de ese país y la desviación de inversiones, especialmente en el sector textil y de la confección.

Luego de nueve rondas de negociaciones durante un año, Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Honduras concluyeron su Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, mejor conocido como CAFTA, por sus siglas en inglés. Las autoridades comerciales estadounidenses esperan que Costa Rica se reintegre pronto a este proceso, pues este país se retiró de la mesa de negociación al considerar que se necesitaba otra ronda de conversaciones para completar su parte del convenio. Si bien los ministros de Economía de la región saludaron este tratado como un documento benéfico para sus países, a juzgar por los acuerdos alcanzados Washington se llevará la parte del león. Al anunciar este acuerdo, el representante comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, aseguró que se trata de un mecanismo para "fortalecer la democracia" en Centroamérica y consideró que el CAFTA servirá de cimiento al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el proyecto comercial más ambicioso de Washington. El objetivo del ALCA es liberalizar los mercados desde Canadá hasta Tierra del Fuego; pero ante la resistencia de Brasil, Argentina y Venezuela a aceptar las condiciones de negociación de Washington, este ha optado por negociar acuerdos regionales o bilaterales, en lugar de un gran acuerdo continental.

El acuerdo significa que las exportaciones estadounidenses a la región aumentarán hasta en unos 11. 500 millones de dólares. Más del 80% de las exportaciones de bienes de consumo e industriales de Estados Unidos tendrán un arancel cero desde el momento en el que el convenio entre en vigor; el resto de las tarifas se eliminarán en un plazo de 10 años. Esa medida también se aplicará a las exportaciones agrícolas estadounidenses hacia Centroamérica, incluyendo cortes de carne, algodón, trigo, soya, frutas y verduras, vino, productos procesados y lácteos, entre otros; los demás aranceles se eliminarán en 15 años.

En contraparte, Estados Unidos eliminará la mayoría de sus aranceles agrícolas en un plazo de 15 años. La asimetría se hace aún más evidente si se toma en cuenta que Bush ha inyectado fuertes subsidios a los grandes agricultores. Los textiles dejarán de tener cuotas siempre y cuando cumplan con las reglas de origen del tratado. Inversionistas estadounidenses podrán entrar al mercado de servicios de telecomunicaciones, mensajería Express, computación, turismo, energía, transporte, construcción, ingeniería y servicios financieros.

Por otra parte, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Guatemala concederán "protección de avanzada" y "trato no discriminatorio" a los productos digitales estadounidenses, como software, música, textos y videos, y fortalecerán las patentes, marcas registradas y secretos comerciales de Estados Unidos.
Por último, el CAFTA obliga a los gobiernos centroamericanos a adoptar medidas contra la corrupción en las compras estatales para garantizar a las corporaciones estadounidenses procesos justos y transparentes en las licitaciones gubernamentales. Se abre el paso al libre flujo de mercancías, sobre todo de norte a sur, pero no se establece nada sobre el demandado libre flujo de personas. Los países implicados en el acuerdo son importantes exportadores de mano de obra hacia Estados Unidos, trabajadores de todas las edades que se aventuran a viajar como indocumentados hacia aquel país atravesando, si lo logran, las fronteras sur y norte de México. La emisión de visas estadounidenses a estos ciudadanos está severamente restringida.

Un espacio regional, como lo ha sido el Mercado Común Centroamericano, muestra la posibilidad de construir vínculos de intercambio significativo. Basta considerar que da cuenta de cerca del 20% del comercio de la región, sin embargo, al ubicarse como un espacio complementario desvirtuado por una estrategia de crecimiento volcada a los mercados externos, responde a la dinámica que este le impone, crece el comercio intrarregional porque disminuye su demanda externa, pero al no ser los mismos productos los que se intercambian, entonces ello nos habla de la posibilidad de incentivar una oferta que tiene un mercado local y regional. Pero al no haber políticas ni estrategias dirigidas a incentivar a estos sectores, la construcción de un posible “regionalismo abierto” se queda en la expresión de la construcción de una región de completa influencia y orientación hacia los intereses y dinámica de la economía de los Estados Unidos. Los proyectos se siguen entrecruzando, a veces tirando para direcciones totalmente contrarias, a veces encuentran vértices. La definición de la orientación depende de la posición de los actores sociales, de que conozcan los alcances de la integración regional e impulsen la inversión en pequeña y mediana industria, para así dinamizar el mercado local y regional. Entretanto seguiremos observando cómo se expresan los actores que representan a estas propuestas y proyectos, ya que de sus acciones dependerá el mantenimiento de esquemas regionales, de otra manera sólo se avanzará en la construcción del mercado hemisférico, con las consecuencias que este podría traer y que por los resultados de la economía de mercado que ha prevalecido en la región, la pobreza, la falta de empleo, el énfasis en lo externo, la exclusión social y política, será lo que seguirá prevaleciendo.

Capítulo IIl: Desafíos y perspectivas de la integración en la región centroamericana

Lejos de haber mejorado, la situación de pobreza y exclusión social en Centroamérica después de terminados los conflictos armados, continúa siendo dramática. Más del 70% de los habitantes del Istmo viven por debajo de la línea de la pobreza; el analfabetismo regional promedio todavía supera el 50%, y los niveles de mortalidad infantil y maternal no han mejorado. Cuatro de los siete países de la región (El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua) se encuentran entre los más pobres del Hemisferio según los datos del Informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, situación que explica los continuos flujos migratorios que desde la década de 1980 se han intensificado tanto hacia el norte (principalmente los Estados Unidos) como hacia el sur (Costa Rica).

La evolución del ingreso real por habitante, desde el inicio de la década de los años sesenta hasta la actualidad, indica que con la excepción de Costa Rica y Panamá, el PIB real Per. Cápita se mantiene más o menos constante (o hasta disminuye). Con esta evolución económica modesta, la vulnerabilidad social de la región sigue siendo muy alta, como lo muestran sus niveles de pobreza y distribución desigual de la renta. Se evidencia, pues, la necesidad de lograr mayores tasas de crecimiento económico para poder hacer frente a los desafíos sociales de las naciones centroamericanas, cuya población crece aún a elevadas tasas, así como políticas apropiadas para mejorar la cohesión social. Un reto importante para la región es reducir las asimetrías internas, al igual que las asimetrías entre los países.

El objetivo fundamental de la integración regional es constituir una región de paz, libertad, verdadera democracia y desarrollo.

La existencia de problemas similares a lo largo y ancho de la región, no nos impide visionar además la existencia de brechas de notable importancia entre países:

-En logros de desarrollo humano.

-Entre enclaves privilegiados y amplias zonas pobres y de baja productividad.

-En cuanto a marcos jurídicos.

-En la mejor o peor colocación ante los mercados internacionales.

Pero es toda la región de 35 millones de habitantes, la que tiene desafíos comunes en cuanto a la consolidación de los procesos de paz, de la democracia, de la libertad y del desarrollo. El reto de construir una comunidad plural y multiétnica, basada en la equidad social, la ciudadanía centroamericanista y el desarrollo humano sostenible.

De hecho nos encontramos con dinámicas distintas de construcción nacional, ninguna de las cuales parece lo suficientemente fuerte: 

 1. Una dinámica interestatal, constituida por la acción de los gobiernos en el plano regional, y que se ha centrado en la restauración de las antiguas instituciones de integración económica y política de Centroamérica, y cuya  expresión más clara está representada por la creación del Sistema de Integración Centroamericana (SICA).

  • Esta dinámica carece de claridad y voluntad política de los gobiernos, pues el proyecto que sostienen, es por encima de todo económico y comercial, teniendo como prioridad la Unión Aduanera para mercancías y servicios; pero el incumplimiento de acuerdos, la firma de tratados bilaterales de los países con Estados Unidos,  la ausencia de un acuerdo para la libre circulación de fuerza laboral, hace que la integración económica sea lenta, unilateral, y que esté erosionada por la deslealtad entre gobiernos.

  • Esta dinámica pasa por alto el PARLACEM,  el SICA y a la propia Corte de Justicia Centroamericana, ya que concentra el poder en las reuniones de presidentes.

2. La regionalización es sobre todo de carácter transnacional, que surge de la conformación de segmentos cada vez mayores de la economía regional, sometidos a la acción de los capitales transnacionales, o bien que dependen de su vinculación con los mercados transnacionales para su mantenimiento y supervivencia. La regionalización por la vía de la transnacionalización de la actividad productiva es un proceso creciente, que está cobrando cada vez mayor relevancia que la dinámica intergubernamental como mecanismo para orientar los procesos regionales. Tiene como actores fundamentales a los capitales transnacionales y también a ciertos capitales que han tenido origen en la propia región y que se han transnacionalizado.

 3. La conformación de procesos regionales que están propiciando la construcción de nuevos actores transfronterizos, regionalizados y transnacionalizados, con un rostro pobre, con expresión creciente de niña y de mujer, una regionalidad popular subsumida por la desarticulación política. Los actores de este proceso son muy heterogéneos, pero entre ellos resaltan los emigrantes y las emigrantes transfronterizos y transnacionales, así como diversidad de grupos articulados regionalmente a través de redes de supervivencia como los trabajadores y trabajadoras informales. También cobran cierta expresión regional las comunidades indígenas, movimientos de mujeres, las pandillas juveniles, los productores rurales.

Sin embargo la unidad geográfica y las similitudes culturales, han propiciado una serie de intentos previos de integración económica y política, que han sido a su vez interrumpidas por las constantes intervenciones de potencias extra regionales, desde la ocupación colonial europea hasta la dominación geopolítica de los Estados Unidos, cuya definición de Centroamérica como región, está subordinada a su delimitación como parte de su esfera de influencia “casi natural".

Como sabemos los intentos de construcción de instituciones regionales, tanto económicas como políticas, han sido bastantes desde la independencia de la región en 1823. Pero también la crisis económica y la inestabilidad político militar de la década de los ochenta, marcaron huellas imborrables sobre un nuevo desarrollo regional. No es casualidad entonces que la búsqueda de la paz y de la estabilidad en la región, fueran los primeros movimientos hacia una nueva reconfiguración regional de América Central que no acaba de cuajar entre otras razones debido a las históricas políticas entreguistas de los gobiernos del área y a su gran dependencia respecto a los EE.UU.

3.1.-Desafíos que enfrenta la integración

Ante todo es necesario señalar algunos de los obstáculos a los que se enfrenta actualmente América Central para incrementar su nivel de desarrollo, los que se pueden agrupar sintéticamente en cuatro categorías principales:

a) Baja calidad democrática, sobre todo en términos de insuficiencias en la protección de las libertades fundamentales, la eliminación de la impunidad, la falta de transparencia en la gestión pública y el funcionamiento del sistema electoral y de partidos políticos, lo que hace peligrar los relativos logros democráticos conseguidos hasta la fecha.

b) Fragilidad económica, cuya base está en la deformación económica estructural, que origina, entre otras consecuencias, la falta de competitividad de los países centroamericanos y la persistente vulnerabilidad de los mismos ante los cambios de los mercados internacionales, lo que acaba manifestándose en sendas moderadas, volátiles y heterogéneas de crecimiento económico.

c) Débil cohesión social, materializada esencialmente en los altos niveles de pobreza y en la distribución muy desigual de la riqueza, lo que dificulta la extensión de los beneficios del crecimiento económico a una parte sustancial de la población centroamericana en la que se reproduce un círculo vicioso entre estancamiento económico, pobreza y la búsqueda de opciones alternativas de sobre vivencia (migración, criminalidad,…)

d) Vulnerabilidad medioambiental, determinada por las condiciones naturales de la región que la predispone a ciertos desastres naturales (terremotos, inundaciones, sequías,…), y que se ha visto acentuada en las últimas décadas por el creciente uso irracional de sus recursos naturales (deforestación, contaminación,…), y sin la voluntad política necesaria de los gobiernos de la región para contribuir a la solución de dichos problemas.

Estos cuatro grupos de problemas se encuentran entrelazados, de manera sistémica, en una red de interdependencias. Se manifiestan, sin embargo, de forma desigual en la región, ya que existen marcadas asimetrías entre algunos de los seis países que la conforman. Esto es particularmente visible en el caso de los indicadores de la fragilidad social. Con la excepción de Costa Rica, la pobreza afecta a prácticamente la mitad de la población (o más, en algunos casos), el peso de la informalidad laboral se sitúa en torno al 40%, el gasto social es claramente insuficiente para mejorar el capital humano y la región sigue siendo una de las que posee los mayores niveles de desigualdad al interior de sus sociedades nacionales.

Los desafíos de la integración regional son tanto sustantivos como procedimentales.

Entre los primeros sobresale la ausencia de voluntad política en los Estados centroamericanos para dotar al Sistema regional de capacidad supranacional real. Esta renuencia, que se expresa en la permanente subordinación de la agenda regional a las prioridades nacionales y en el abandono manifiesto del proceso de integración debido al recambio en las élites del poder de la región después de 1990, sólo ha sido superada de manera esporádica en algunos períodos recientes. En materia administrativa y procedimental, el Sistema de Integración carece de los recursos financieros y humanos necesarios para un funcionamiento eficaz, además de su mal uso.

Por lo tanto, entre los principales factores que están inhibiendo y podrían impedir en el futuro un desarrollo pleno de la integración regional en Centroamérica se pueden mencionar los siguientes:

  • El predominio en las estructuras de poder de toda la región de élites económicas y políticas históricamente opuestas a la integración, cuyos intereses no se ven beneficiados de manera directa por el Mercado Común y más bien propugnan por el desarrollo de vínculos bilaterales de sus países con contrapartes externas.

  • La debilidad manifiesta del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), cuya solvencia institucional y financiera es imprescindible para la consolidación del proyecto regional.

  • La resistencia de los países miembros del SICA de otorgarle grados crecientes de supranacionalidad.

  • La marcada preferencia de los gobiernos de la región por esquemas parciales de integración orientados por criterios de competitividad, que se apartan de la visión integral establecida en la Alianza para el Desarrollo Sostenible (ALIDES).

Existe una resistencia de los gobiernos centroamericanos de concretar la reforma del SICA en los términos acordados en Panamá en 1997. Esos debates no tienen que ver sólo con aspectos organizativos o de procedimiento (que parecieran ser los que más preocupan a las burocracias del SICA y a algunos tecnócratas que las asesoran), ni siquiera con los temas financieros e institucionales. En realidad y principalmente tienen relación con el tipo de integración y el grado de cesión de soberanía que los Estados están dispuestos a tolerar, en aras de la construcción de una comunidad regional capaz de competir exitosamente en un mundo de grandes bloques económicos y políticos. Esa circunstancia constituye una de las más graves amenazas para el SICA en el plazo mediato, pues no es concebible una integración viable en Centroamérica sin un consenso esencial de los Estados de la región en torno al tema de la supranacionalidad de las instituciones que lo conforman.

Durante todo el período anterior a 1991 la experiencia regional estuvo muy limitada por un factor preponderante: la ausencia de gobiernos democráticos en la mayoría de los países miembros del Mercado Común Centroamericano. El advenimiento democrático, ha cambiado de manera decisiva la naturaleza de la integración regional precisamente porque, por primera vez en su historia, gobiernan en todos los países del área mandatarios civiles que han sido sucedidos en la presidencia repetidamente por otros, también electos popularmente en comicios periódicos, e internacionalmente supervisados. Esta nueva circunstancia debía permitir a la integración regional constituirse en un marco de normalidad nacional. Sin embargo la integración no ha llegado en proporción apreciable.

Los avances, retrocesos y estancamientos de la integración centroamericana tanto en un sentido general como en la actitud de los distintos países miembros del Mercado Común en coyunturas específicas, tiene entre las diversas explicaciones, el predominio o no de los distintos grupos de la élite económica en el poder. En este caso las justificaciones económicas tendrían menos peso que otras de naturaleza política, cultural y hasta ideológica, pues habría países y bloques económicos y sociales que opondrían resistencia a la integración, pues la verían más como una limitación a sus expectativas de vinculación con los EE.UU. y el mundo, que como una oportunidad para el desarrollo.

La voluntad política para avanzar en la integración, independientemente de los beneficios económicos que ésta genere a un país o grupo empresarial particular, no se manifiesta porque hay en el Sistema de Integración países que – aún siendo minoría en el conjunto -simplemente no desean avanzar con igual celeridad que el resto.

La integración centroamericana es de mala calidad, entre otras razones, porque los Estados miembros del SICA no han estado dispuestos a fortalecer las instituciones de la integración, independientemente de los beneficios que ello pueda conllevar para sectores económicos específicos. La renuencia de los Estados de ceder “soberanía” o autoridad supranacional a entidades multilaterales, impide el avance del proceso de integración. Sin instituciones regionales fuertes, bien financiadas y autónomas, el proceso de integración no puede avanzar porque la lógica nacional y los intereses particulares de los Estados no se lo permiten. Mientras los Estados perciban sus márgenes de maniobras individuales como más eficientes o productivos que los regionales – tanto en lo económico como en lo político - no será posible que se profundice la integración

La toma de conciencia y percepción de la realidad global centroamericana por parte de una Cooperación Alternativa, se da en torno a distintas esferas conectadas entre sí:

a) La constatación de una altísima concentración del poder dentro de cada país, con rasgos fuertemente autoritarios y excluyentes que permiten considerar a los Estados como instituciones al servicio de unas élites secularmente dominantes, y unas sociedades disociadas de la participación política.

b) La constatación de que la finalización de las guerras en Guatemala y El Salvador y el cambio de régimen en Nicaragua, han instalado en la región unas democracias inciertas, frágiles, con escasa capacidad de autodeterminación respecto de centros de poder externos y atravesadas por la fuerte presencia de fuerzas oligárquicas tradicionales.

c) La verificación de la existencia de una polarización y fractura social extrema que permite hablar de dos ciudadanías y de dos naciones (la de los de arriba y la de los de abajo). Comprobamos la existencia de una pequeña elite oligárquica de poco más del 2% de la población, con un sector de la clase media a su servicio del 20% de la población total, que monopoliza los beneficios de la época de bonanza económica y está inserta de manera dependiente en la economía transnacionalizada.

d) La comprobación de que la región vive bajo el gobierno de agentes económicos y políticos externos. Dependencia históricamente ligada a la omnipresencia de Estados Unidos en todo el istmo, que lesiona gravemente la soberanía y coloca a los países centroamericanos bajo vulnerabilidad permanente y siempre condicionados a los planes de las multinacionales y de las administraciones norteamericanas.

e) La verificación de que las economías de la región son de muy modestas dimensiones, como consecuencia de la manera histórica como fueron insertadas en la división internacional de la producción y del trabajo. Centroamérica cuenta con desventajas específicas en:

  • atraso tecnológico;

  • escasez de recursos humanos técnicamente capacitados;

  • modelo fracasado de agro-exportación;

  • ausencia de políticas de inversiones para una industria nacional y regional;

  • falta de infraestructura física;

  • economías de espuma apoyadas en las remesas familiares;

  • penetración del narcotráfico en las instituciones estatales, principalmente militares.

Todo ello acentuado por el carácter periférico de la región en el sistema económico y político internacional, lo que le hace quedar al margen de toda agenda en un mundo crecientemente globalizado.

f) La comprobación de una enorme vulnerabilidad social, puesta de manifiesto de modo particular en los momentos de grandes catástrofes naturales. La pobreza en Centroamérica no es un simple problema de distribución, es un asunto estructural del sistema que afecta a la propiedad.

El llamado patio trasero de la primera potencia mundial no ha podido autodeterminarse para elegir su modelo económico y político, sometido como está a las razones de la seguridad nacional norteamericana y a los intereses de grandes corporaciones. Así es como constatamos que en Centroamérica la nación no ha podido aún construirse a sí misma. Déficit democrático atribuible en buena parte a las conductas de las oligarquías de cada país que secularmente se apropiaron del Estado para sus intereses particulares, estando estos últimos subordinados a centros de poder externos.
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