Un contraste entre masas anchas horizontales y superficies estriadas verticales que puede ser visto como una abstracción del paisaje Finlandés






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Conferencia anual de 1957 en el RIBA
La revolución arquitectónica que está teniendo lugar en estas últimas décadas ha suscitado mucho interés y entusiasmo por la arquitectura, pero como todas las revoluciones, empieza con mucho entusiasmo y acaba en alguna forma de dictadura. Se desvía de su camino. Hoy subsiste aún alguna cosa buena: por todas partes del mundo, ya sea en Uruguay, en Escandinavia, en Inglaterra, en Africa del Sur —en todos esos países—, encontramos grupos bien organizados de gente creativa une se llaman a sí mismos arquitectos, con una nueva, real —¿cómo diría?—, dirección par; el mundo. De los artistas formalistas que eran, se han desplazado lentamente hacia un nuevo campo; hoy son la garde d’honneur, el escuadrón que combate duramente para humanizar la técnica contemporánea.

Hace unos días, en París, tuve una discusión con un cliente sobre un tema tan simple como la ventilación. Dijo: «La técnica sin espiritu es la peor cosa del mundo» —lo cual es cierto.

Veamos cómo realizamos ese trabajo. ¿Lo hacemos correctamente? Tomemos dos extremos. Si, cuando bajase en la estación central de Nueva York o en una estación de Chicago, algunos de los jóvenes arquitectos allí presentes me preguntara al no conocerme: (“¿Es usted partidario de lo antiguo o de lo moderno?», no me extrañaría porque se me ha planteado esta cuestión en todas las lenguas; la última vez en Portugal, en Estoril. Pienso que no existe una fórmula más naïve ni más corriente —«¿Es usted partidario de lo antiguo o de lo moderno?». Si analizamos esta pregunta más a fondo, en seguida nos damos cuenta de que está desprovista de todo sentido. En arte, no existen más que dos alternativas: la humanidad o no.

La sola forma o algún detalle no pueden, por sí mismas, crear algo auténticamente humano. Tenemos, hoy en día, suficiente arquitectura superficial y bastante mediocre, y sin embargo es moderna. Sería ciertamente difícil encontrar a un arquitecto capaz de diseñar hoy un detalle gótico o georgiano.

Tomemos una capital de la distracción o del espectáculo —Hollywood, por ejemplo. Naturalmente todas las casas son modernas. Encontraremos muy pocas casas que proporcionen a los seres humanos el espíritu de una vida física real.

Tomemos el otro polo. Hace unos meses un arquitecto hindú llegó a Finlandia, cubier­ta de nieve —creo que era de Bombay o de Nueva Delhi—, y llevaba un libro en el que haba escrito todas las preguntas que considera más importantes en el arte de construir. Sentándose tras los buenos días formuló su primera pregunta: «¿Cuál es el módulo de esta oficina?». No le contesté, porque no lo sabia. Uno de mis asistentes estaba sentado a mi derecha. Contestó: «Un milímetro mas o menos».

Esos son dos extremos que demuestran, primero, el tipo de discusión más corriente, y, llego, esa preocupación sin sentido —la búsqueda de un módulo que debería cubrir el mundo. Esto representa al mismo tiempo la dictadura en la que acaba la revolución, la esclavitud de los seres humanos por las futilidades técnicas que en sí mismas no contienen ni un ápice de humanidad real.

¿Cómo deberíamos plantear nuestra lucha - ¿ En qué dirección? ¿ Cuál debería ser la comunión real entre todos los arquitectos del mundo y qué deberíamos decirle a la gente? Creo que deberíamos volver a la línea horízontal que separa los buenos de los malos trabajos arquitectónicos. El Instituto de Arquitectura Finlandés presentó hace unos días, antes el Secretariado General de la Unión Internacional de Arquitectos en París, la sugerencia de que deberíamos consignar los obstáculos que impiden las buenas producciones. ¿Por qué hay tan pocas ciudades bien planificadas, por qué se desaprueban tantas planificaciones correctas, por qué es tan pequeño el porcentaje de buenas edificaciones, y por qué casi parecemos en nuestros días de edificios oficiales que sean símbolos de la vida social, símbolos de lo que podría llamarse democracia —edificios que pertenecen a todos?

Las razones que en verdad detienen la cultura al nivel del 2 por ciento, 4 por ciento o 5 por ciento del total son profundas sin duda, y muy difíciles de analizar. Esa es la pre­gunta de nuestro tiempo; es una pregunta sobre el significado más profundo de la civilización y la cultura, una cuestión sobre la actividad total desde, digamos, la sociedad de 1700 hasta nuestro industrialismo. Hoy se hace cualquier pieza con diferentes métodos a los usados anteriormente. Nuestra vida ha asumido una forma completamente diferente. Esto debe, por supuesto, perjudicarnos; no puede ser un movimiento apacible. Existen obstáculos naturalmente para lograr una mayor cantidad de buenas realizaciones; pero también existen cosas que podrían ser eliminadas si se quisiera, y si estudiásemos esos detalles creo que conseguiríamos más y mejores productos para el pobre hombre de la demo­cracia de nuestros días.

Una cosa más añadirla; deberíamos abrir una discusión a un nivel tolerante. Existe hoy una tendencia no muy agradable. Se organizan exposiciones de arquitectura, de arte industrial o artes en general. No sólo aquí sino en i continente también. Y dicen los periodistas: ((Hoy Suecia va a la cabeza de los paises productores de cristal; mañana Finlandia ocupara el primer puesto en la producción de cristal, este país es el primero en cerámica; Brasil lleva ventaja en la coloración de fachadas». No creo que ése sea un camino correcto. Deberíamos poner todas las cartas sobre la mesa y discutir juntos, planificar juntos y hablar sinceramente sobre nuestros puntos débiles. No tendríamos que ser como títeres x afirmar: «Si, vamos a la cabeza de los paises productores de cristal)). Deberíamos recordar las grandes épocas de la literatura, la época de Voltaire, Rousseau, o incluso mas tarde. Ahí tienen ustedes a Bernard Shaw. Striidberg, o Anatole France. ¿Cual fue la gloria de esos hombres? Fue el criticismo, el estile más elevado del arte y también la lucha. No pueden ustedes recordar a Bernard Shaw sin asociarlo a la vez con un luchador. En su significado más profundo considero que la lucha y el estilo más elevado del arte están de acuerdo y se corresponden. Puede que nunca exista un elevado estilo de arte sin esta combinación misteriosa.

Creo que la comunión arquitectónica, la discusión y el contacto, y nuestras comunicaciones con el público, debieran ser idénticas a las de estos literatos. Por supuesto, la literatura y la arquitectura están muy alejadas una de otra, a veces fuera del alcance de la vista.

¿Cuáles son los principales obstáculos que nos detienen en la consecución de una producción al ciento por ciento? No puedo referirlos todos pero detallaré unos cuantos de los que pueden eliminarse. Existe la enorme dificultad de educar a la gente hacia la arquitectura- Requiere el dominio de muchas materias, un elevado nivel cultural poco usual antes de poder obtener una respuesta o el entendimiento de la gente. Me sentí muy orgulloso cuando vi aquí, en Inglaterra, un librito publicado para las escuelas que incluía un capitulo dedicado a la educación preliminar en arquitectura. Iba dirigido a niños muy pequeños de la escuela elemental. Creo que es una buena iniciativa, pero temo que la arquitectura que abarca todo el mundo estructural y formal que nos rodea resulta demasiado complicada para convertirse en materia de educación a un nivel infantil. Probablemente, si damos clases de arquitectura a niños de siete u ocho años, resultará algo similar a la enseñanza del sexo en el primer nivel de una escuela primaria.

Creo que podríamos proporcionar una educación bastante buena en los niveles superiores, pero no considero conveniente que se leve a cabo del mismo modo que la critica Le arte corriente. Podríamos perdernos por el amino si síguiéramos ese método. La crítica de arte cumple ahora unos cien años. La costumbre de escribir artículos críticos sobre artistas individuales no debe ser mucho más antigua. Se está desarrollando en la prensa y continuará en forma similar. Sólo existirán las críticas de casos individuales y se perderá la un a real. La línea real consiste en planificar y construir para el hombre de la calle y en su beneficio.

Hallaríamos que los mejores métodos son ejemplos reales. Es decir, deberíamos construir un grupo reducido de casas y así sucesívamente, como experimentos permitiendo a la gente que las viera. Trabajamos en un campo muy poco agradecido, en el sentido de que no disponemos de un tiempo de pruebas antes de construir.

Constituimos el único sector del mundo industrial moderno que se ve forzado a diseñar y construir directamente. Debería existir un periodo de prueba entre besas dos actividades Eso puede hacerse individualmente, pero cualquier país civilizado deberla disponer siempre de programas para ciudades y edificios experimentales.

Inglaterra dispuso de algo parecido desde hace muchos arlos. Podríamos hablar de Raymond Unwin, o del Weissenhof en Alemania, donde se daba el arte culminante, el arte individual, pero donde no se pretendía realmente un período de prueba. No creo que sea posible una verdadera educación de la gente sobre el modo en que debiera vivir sin disponer de una institución de este estilo.

Tomemos como segundo ejemplo, la mecanización, la estandarización de nuestro tiempo. Todos ustedes conocen la mecanización de nuestras vidas; es una parte de la democracia. Es el único camino que permite dar más cosas a más gente. Pero sabemos que al mismo tiempo la mecanización y la estandarización disminuyen a menudo la calidad. Eso significa que, biológicamente la democracia es un proceso muy difícil. No podemos ofrecer a todos la misma calidad que procuramos para unos cuantos como se hacía en la antiguedad.

En una ocasión, la señora Aalto tuvo una discusión con un importante industrial más allá de los siete mares. El afirmó disponer de una magnífica nueva idea acerca de cómo racionalizar realmente en un país en el que nunca había existido la estandarización y la racionalización, con anterioridad. Dijo: «¿Ha notado cuántos buques transportan café desde Brasil a otros paises? Es un sistema poco práctico. El café es un producto natural y no un producto racionalizado)). Tenía treinta patentes registradas de un método que permitía reducir un metro cúbico de café al tamaño de una píldora, de tal forma que reduciría el tonelaje requerido para su transporte al cinco por ciento del que se utilizaba. Realmente suponía una maravillosa racionalización. Era un gran resultado del pensamiento humano. Pero la señora Aalto replicó: «¿Y qué ocurre con el café, a qué sabe?». Y la contestación fue: «Oh, ése es el único problema, no sabe a nada)).

Esto demuestra, en resumidas cuentas, las enormes dificultades que se nos presentan al intentar dar a todo el mundo lo mismo. Y alli resulta todavía más difícil si en lugar de cantidades materiales se trata de cualidades del espíritu. En este aspecto el mundo aparece hoy desastroso, a nuestros ojos, al menos.

Existen, sin embargo, algunas posibilidades de estandarización y racionalización para mayor beneficio del género humano. La pregunta es, ¿qué cosa debe racionalizarse y que debemos estandarizar? Podríamos procurar estandards que elevasen no sólo el nivel de vida sino también el espiritual. Un aspecto muy importante sería la creación de una estandarización elástica, una estandarización que no nos dominase, y a la que pudiéramos dominar. Lentamente, la dictadura de la técníca se va imponiendo a nuestras vidas.

Nos agarramos a métodos filosóficos y, en este caso, si dominásemos el material el nombre de la filosofia sería únicamente arquitectura, y podríamos crear un tipo de estandarización que tendría cualidades humanas. Podríamos intentar realizaciones que favorecieran más a las personas- No se trata de la cantidad de cables o ruedas de coches estandarizadas; se trata de que, cuando llegamos a los aspectos que nos tocan de cerca, el problema resulta diferente —se convierte en una cuestión del espíritu, se convierte en una cuestión intelectual en la estandarización.

En una ocasión intenté realizar la estandarización de cajas de escalera. Esa es probablemente una de las estandarizaciones más antiguas. Naturalmente, diseñamos nuevos escalones cada día en todas nuestras casas, pero un escalón estandarizado depende de la altura de los edificios y de un montón de cosas más. No podemos usar el mismo escalón en cualquier caso, porque tendría que ser suficientemente elástico como para poder usarse no importa donde. Intentamos resolver el asunto por medio de un sistema elástico en el cual los escalones iban uno dentro de otro, pero de tal forma que la proporción del plano horizontal con el vertical mantenía siempre la fórmula que hemos venido usando desde el tiempo del Renacimiento, creo, desde Giotto, e incluso antes del período Pericleo. Debido a que el movimiento del ser humano requiere una forma ritmica especifica. No puede construirse un escalón arbitrariamente; debe tener una proporción especial. Hablé sobre este tema en la universidad de Gothemburg. El rector dijó: -«Deténgase un momento, tengo que ir a la biblioteca». Bajó a la biblioteca y volvió con ‘un libro —La Divina Comedia’ de Dante: Lo abrió por la pagina en la que dice que lo peor del Infierno son las erróneas proporciones de las escaleras. Con esas cosas pequeñas podriamos construir un mundo armonico para la gente. Existen posibilidades si cada uno intentase actuar de este modo, y se intentase tambien que quienes estan en la Administración siguieran esa linea.

Tratare un asunto mas: estamos trabajando siempre con grandes sumas de dinero. Todo lo que hacemos significa una gran inversión. La planificación de las ciudades es quiza la mayor. Un simple cambio del trafico rodado supone algo tan costoso que políticamente resulta imposible. Hoy sabemos que el hombre de la calle esta constantemente rodeado de automóviles. Cada instante, incluso en las ciudades mas pequeñas, hay cientos de maquinas de motor adelantando al peaton.

Este se halla en una posicion mucho peor que la de los trabajadores que pasan ocho horas diarias en una fabrica de papel. Generalmente no hay motores en las fabricas de papel, solamente hay transmisiones electricas, y si hay motores son muy pocos. Sin embargo, en la calle pasan a cientos continuamente. Nuestras calles y ciudades se diseñaroan para propósitos completamente diferentes –como la hermosa avenida italiana para trafico de carruajes. Ahora esta repleta de automóviles y sabemos que no son neutros. Desprenden un gran pesado muy peligroso que queda en la atmosfera de las calles. Casi todos mis amigos medicos creen que hoy estamos pagando un precio muy alto por nuestra incapacidad de idear un nuevo sistema de trafico en el que los peatones y los automoviles, se hallen muy separados, para no hablar de las casas y las viviendas –que debieran estar muy alejadas de todo esto. La contestación es el cancer. El precio que pagamos por nuestras calles son las facturas de los enormes hospitales que construimos en todo el mundo.

Luego, está nuestro viejo enemigo, el especulador del suelo. Ese es el enemigo número uno del arquitecto. Pero existen otros enemigos, incluso más difíciles de vencer. Por ejemplo, se da en mi país —y se da de otra forma en otros países, pues en este terreno estamos todos al mismo nivel— la línea teórica de economía de la construcción, que se expresa popularmente de este modo: «¿Cuál es la forma más económica en la construcción de una casa?». Si tenemos, por ejemplo, un bloque de cinco pisos, seis pisos, ocho pisos, surge la pregunta: «¿Qué ancho debe tener? ¿Qué largo? ¿Cuál es el método más barato que permita dar a la gente las viviendas que necesitan?». Naturalmente, eso debiera llamarse ciencia. Pero no lo es. La contestación es muy, muy simple: cuanto más ancha la casa, más barata. Esto está claro. Se podría ir mas lejos y afirmar que la casa más inhumana es la más barata, que la luz más cara de que disponemos es la luz del día —dejemos eso aparte, y entonces conseguiremos casas mas baratas. Lo más caro es el aire puro, porque no sólo es una cuestión de ventilación, sino también una cuestión de planificación de la ciudad. El aire puro para las personas cuesta muchas hectáreas de suelo y buenos jardines y bosques y tráfico y prados.

No puede conseguirse una auténtica eco-no mía de construcción de ese modo ridículo. La economía de la construcción resulta de la cantidad de buenos artículos que podemos ofrecer a bajo precio. Lo mismo resulta en cualquier economía —la relación entre la calidad del producto y el precio del mismo. Pero sí prescindimos de la calidad del producto, la totalidad de la economía no tiene sentido en ningún terreno, y lo mismo ocurre con la arquitectura.

Ese tipo de planteamiento es muy apropiado para la propaganda; propaganda en la que la palabra “economía” se usa equivocadamente, y es antihumana. En algunas ocasiones la cosa llega tan lejos que el sentído es completamente opuesto. Conozco escuelas que producen material en esta línea de propaganda que resulta probablemente barata en cifras pero muy cara por niño.

Vamos a considerar algo más sobre ello. Paso de las consideraciones económicas al tema de la decoración. Todos sabemos que la decoración es una actividad independiente de la arquitectura. Existe el arte industrial que no tiene ninguna relación con su matriz, la arquitectura. Es la decoración que podríamos colocar en cualquier parte.

Resulta algo muy cómico que la racionalización errónea, la racionalización antihumana, el uso erróneo de la palabra «economico)), y la decoración, sean como los «tres cerditos» —trabajan juntos.. Hace una semana pude ver en Suiza grandes alineaciones de edificios construidos según un estandard mecánico sin ningún espíritu, pero bien emparejado con la decoración. La decoración desempeñaba la función de cubrir los elementos que de otro modo hubieran aparecido demasiado duros y demasiado inhumanos.

Pero esa actividad triangular conduce a una sociedad desculturalizada y a la construcción de edificios sin cultura —esta combinación de tres elementos que no comulgan entre sí. De este modo conseguimos una sociedad inorgánica. Deberíamos esforzarnos en la producción de artículos sencillos, buenos, sin decoración, pero artículos que estuvieran en armonia con el ser humano y que se adaptasen organicamente al hombre de la calle.

EL ERROR HUMANO
El concepto de error humano hoy nos resulta familiar exclusivamente en el marco del accidente tecnico; por ejemplo, el conductor de una locomotora falla en el momento critico como consecuencia de la fatiga. En las investigaciones de cualquier accidente se llega siempre al dilema del fallo humano o el error tecnico.

Sin embargo, el error humano no es un problema sencillo ni mucho menos. Se trata de uno de los conceptos mas antiguos del mundo, al menos si lo entendemos en cierto sentido. Las religiones antiguas, que se remontan a muchos miles de años, en todo momento tuvieron muy en cuenta lo que se conocia como error humano. Y creo que esto se manifiesta con la maxima claridad en la religion cristiana.

El error humano no figura en la terminologia tecnica actual, pero la idea de la debilidad humana (que tambien podemos llamar pecado) ha sido siempre una nocion fundamental en la discusion de las cuestiones basicas de la existencia humana. Lo que hoy conocemos como error humano es solo una version pueril de los esfuerzos por expresar la tragedia entera del hombre.

En nuestro tiempo se ha intentado llegar a la verdad absoluta tambien para el futuro con la ayuda de los computadores y los denominados pronosticos.

Pero es imposible que tal sistema, si es que cabe llamarlo asi, se vea libre de las equivocaciones humanas. Por el contrario, el error humano forma parte de la vida humana por doquier y en cualquiera de sus formas.

En los calculos absolutamente precisos hay tanto error humano como en los sistemas anteriores, basados en la fe y el sentimiento. Por ello tener en cuenta el error humano es hoy tan importante como en otros tiempos. Somos incapaces de expresar en terminos de porcentaje el grado de participacion del error humano en nuestros proyectos actuales, pero es poco probable que sea mayor o menor que otrora.

Por esta razon hemos de ser extremadamente cautos: el calculo exacto no es mas cierto que la creencia o el sueño, pero tenemos que prevenir, mediante analisis mas precisos, los dañinos efectos del error humano.

No es tarea facil corregir las equivocaciones del hombre, pues  aparentemente el error humano constituye un fenomeno constante del que no es posible escapar.

Es mas facil rectificar un error tecnico, aunque lleve cierto tiempo, es una constante a corto plazo y por lo tanto mas facil de alterar dentro de un intervalo de tiempo razonable.

El error humano, en cambio, constituye probablemente un fenomeno constante y absoluto cuya rectificacion no tendra exito si nos limitamos a modificar sus efectos.

En muchas religiones no se intenta eliminar el error humano, ni siquiera corregirlo, pero si se procura descubrir medios para poder vivir con el error, del mismo modo que un buen jardinero se las ingenia para convertir las equivocaciones en resultados positivos.

Y asi, el empeño en evitar el error humano con la ayuda de calculos es una especie de impotencia, una forma de apologia preventiva, por la cual pretendemos transformar la sensacion de inseguridad en seguridad absoluta o en una especie de verdad. Con todo, las consecuencias de esta aspiracion a lo absoluto son que ese mismo error que estaba presente en una actividad puramente intuitiva se convierte en una forma de calculo, y, en consecuencia, su eliminacion con metodos absolutos resulta una pura fantasmagoria.
LA HUMANIZACIÓN DE LA ARQUITECTURA
En contraste con aquella arquitectura cuya principal preocupación consiste en el estilo formalista que deben reflejar los edificios, existe la arquitectura que conocemos por funcionalista.

El desarrollo de la idea funcional y su expresión en las construcciones constituye probablemente el acontecimiento mas vigorizante de la actividad arquitectónica de nuestros di s y, sin embargo, la función en arquitectura —y también el funcionalismo— no resulta algo precisamente fácil de interpretar acerta­da mente. «La función» es el uso característico tarea o acción de un objeto. «La función» es también una cosa que depende de otra y va mía en función de ella. «El funcionalismo según la definición atrevida de los diccionarios— es «la adaptación consciente de la forma al uso» —es a la vez más y menos que ambas cosas, pues debe admitir y contar con ambos significados de la palabra «función».

La arquitectura es un fenómeno sintético que abarca prácticamente todos los campos de la actividad h mana. Un objeto en el campo arquitectónico puede ser funcional desde un punto de vista. y no serlo desde otro. Durante la última decada, la arquitectura moderna era funcional desde el punto de vista técnico, principalmente, acentuando su énfasis en el aspecto economico de la actividad constructiva. Este énfasis es deseable, naturalmente, pues la producción de refugios apropiados para las personas ha constituido un proceso muy caro en comparación con la satisfacción de otras necesidades humanas. Ciertamente, si la arquitectura ha de tener un valor humano más amplio, el primer paso debe consistir en la organización correcta de sus aspectos económicos. Pero si la arquitectura abarca todos los campos de la vida humana, el verdadero funcionalismo de la arquitectura debe reflejarse, principalmente, en su funcionalidad bajo el punto de vista humano. Si analizamos más profundamente los procesos de la vida humana, podemos constatar que la técnica es solamente una ayuda, y no un fenómeno permanente y definitivo. El funcionamiento técnico no puede definir la arquitectura.

Si existiera un método para desarrollar la arquitectura paso a paso, empezando por los aspectos económicos y técnicos para cubrir luego las otras funciones humanas de mayor complicacion, entonces el funcionalismo puramente técnico seria aceptable; pero no existe tal posibilidad. La arquitectura no sólo cubre todos los campos de la actividad humana, tiene incluso que desarrollarse en todos esos campos al mismo tiempo. Si no ocurre así, obtenemos; solamente resultados unilaterales y superficiales.

El término (racionalismo) aparece tan a menudo en conexión con la Arquitectura Moderna como el término «funcionalismo». Se ha racionalizado la Arquitectura Moderna, principalmente desde el punto de vista técnico, del mismo modo como se han acentuado las unciones técnicas. Si bien durante el período puramente racional de la Arquitectura Moderna se crearon construcciones en las que se exageró la técnica racional y no se recalcaron suficientemente las funciones humanas, esa no es razón suficiente para descartar el racionalismo de la arquitectura.

No era la racionalización en sí misma lo erróneo del primer periodo, ahora concluido, de la Arquitectura Moderna. La equivocación consiste en la insuficiente profundización de dicha racionalización.

En lugar de desechar la mentalidad racional, la nueva fase de la Arquitectura Moderna intenta proyectar los métodos racionales desde el ambito técnico al terreno psicológico y humano.

Veamos un ejemplo: una de las actividades típicas de la Arquitectura Moderna ha consistido en la construcción de sillas y en la adopción de nuevos materiales y nuevos metodos para este fin. La silla tubular de acero es, con seguridad, racional desde el punto de vista técnico y constructivo: es ligera, adecuada para la producción masiva, etc., pero las superficies de acero y cromo no son satisfactorias desde el punto de vista humano: el acero es demasiado buen conductor del calor. Las superficies cromadas reflejan exageradamente el brillo de la luz, e incluso acústicamente no resultan apropiadas para una habitacion. Los métodos racionales que llevaron a la creación de estas sillas iban por buen camino, pero sólo se consiguen resultados correctos si se extiende la racionalización a la elección de los materiales más apropiados para el uso del hombre.

La fase presente de la Arquitectura Moderna es, sin duda, una nueva fase movida por el interés especial de resolver los problemas en el campo psicológico y humanitario.

Este nuevo período no está en contradicción con la primera etapa de racionalización técnica, sino que debe entenderse, más bien, como una ampliación de los métodos racionales con el fin de abarcar los terrenos mencionados.

A lo largo de las décadas pasadas, se ha comparado a menudo la arquitectura con la ciencia y se han hecho esfuerzos para cientificar sus métodos e incluso para convertirla en ciencia pura. Pero la arquitectura no es un. ciencia. Sigue siendo el gran proceso sintético de combinación de miles de funciones humanas definidas, y sigue siendo arquitectura.

Su propósito sigue consistiendo en armonizar el mundo material con la vida humana.

Hacer más humana la arquitectura significa hacer mejor arquitectura y conseguir un funcionalismo mucho más amplio que el puramente técnico. Sólo puede conseguirse esta meta por medio de métodos arquitectónicos

Por medio de la creación y combinación de diferentes técnicas, de modo que proporcione al ser humano una vida más armónica.

Los métodos arquitectónicos se asemejan, a los científicos, en ocasiones; y en la arquitectura puede adoptarse un proceso de investigación como los que utiliza la ciencia. La investigación en la arquitectura puede ser cada vez más metódica, pero su esencia nunca llegará a ser exclusivamente analítica. En la investigación arquitectónica siempre se dará mas el instinto y el arte.

Los científicos utilizan con mucha frecuencia exageradas formas de análisis para obtener resultados más claros y visibles —se tiñen bacterias, etc. También pueden adoptarse en arquitectura métodos parecidos. He podido experimentar personalmente en la construccion de hospitales que las reacciones psíquicas y psicológicas de los pacientes proporcionalmente indicaciones válidas para la construcción d viviendas ordinarias. Si llevamos adelante el funcionalismo técnico, descubriremos que gran cantidad de factores de nuestra arquitectura actual no son funcionales desde el punto de vista psicológico o de la combinación flsiopsicológica. Para analizar las reacciones de las personas ante formas arquitectónicas determinadas, resulta práctica la utilización de seres especialmente sensibles para la experimentación, como por ejemplo los pacientes de un sanatorio.

En el Paimio Tuberculosis Sanatorium, de Finlandia, se llevaron a cabo varios experimentos de este estilo, primordialmente en dos campos específicos: 1) la relación entre el individuo y su habitación; 2) la protección di individuo de grandes grupos de personas, y de la presión de la colectividad. El estudio de la relación entre la persona y su alojamiento, abarcaba la utilización de habitaciones especiales, y en él se analizaba la forma de la habitación, los colores, la luz natural y artificial, sistemas de calefacción, ruidos, etc. Este primer experimento se realizó con una persona en la condición más débil posible, una paciente en cama. Uno de los resultados especiales descubiertos consistió en la necesidad de cambiar los colores de la habitación. En muchos otros sentidos, el experimento demostró que la habitación debía tener una forma diferente a las habitaciones ordinarias. Esta diferencia puede explicarse del siguiente modo: la habitación ordinaria esta concebida para una persona de pie; una habitación para enfermos es una habitación para personas en estado horizontal, y los colores, iluminación, calefacción, etc., deben diseñarse teniendo en cuenta este concepto.

Este hecho significa, prácticamente, que el techo debe ser más oscuro, pintado de un color celeste especial, apto para ser la única visión de un paciente reclinado durante semanas. La luz artificial no puede venir de un aplique ordinario fijado en el techo, sino que el principal centro de luz debe provenir de un lugar situado fuera del ángulo de visión paciente. Para el sistema de calefacción de la habitación experimental, se utilizaron radiadores de techo de forma que las radiaciones de calor eran lanzadas a los pies del paciente, quedando la cabeza fuera del alcance directo de los rayos caloríficos. Asimismo se consideró la posición del paciente para el emplazamiento de las puertas y ventanas. Para evitar los ruidos, una pared de la habitación era absorbente de sonido, y los lavabos (en las habitaciones dobles cada paciente tiene su propio lavabo) se diseñaron especialmente para que el chorro de agua incidiera en la porcelana en ángulo agudo, evitando el ruido de este modo.

Esto son sólo ilustraciones de una habitacion experimental en el sanatorio, y se mencionan aquí como meros ejemplos de método arquitectónicos que siempre están en combinación con los fenómenos técnicos, físicos psicológicos, nunca con uno de ellos aisladamente.

El funcionalismo es correcto, sólo si puede ampliarse hasta abarcar incluso el campo psicofísico. Ese es el único método de humanizar la arquitectura.

El mobiliario de la Biblioteca Municipal de Viipuri, en madera flexible, es el resultado de los experimentos llevados a cabo tambies en el sanatorio Paimio. En la época de esos experimentos, se empezaban a construir -en Europa los primeros mobiliarios tubulares cromados, pero esos materiales no cumplen los requisitos psicofísicos del ser humano. El Sanatorio necesitaba un mobiliario ligero, flexible, fácil de lavar, etc. Tras una larga experimentación con madera se descubrieron las ventajas del sistema flexible a la hora de producir un mobiliario adaptado al tacto humano y más apropiado, como material, a la vida larga y dolorosa de un sanatorio.

El problema más importante en relación a una biblioteca es el del ojo humano. Una biblioteca puede estar bien construida y ser incluso funcional desde el punto de vista técnico, sin haber por ello resuelto este problema, pero no puede considerarse arquitectónica y humanamente completa a menos que resuelva satisfactoriamente la función humana del edificio, la de la lectura del libro. El ojo es solamente una parte diminuta del cuerpo humano, pero es la más sensible y quizá la más importante. El concebir una luz natural o artificial que destruya al ojo humano o sea inapropiada para su utilización, es hacer arquitectura reaccionaria, incluso si por otro lado el edificio tiene un alto valor constructivo.

La luz del día a través de las ventanas ordinarias sólo cubre una parte de una sala grande e incluso si la habitación está suficientemente iluminada, la luz será desigual y variara sobre los distintos puntos del suelo; por esta razón se han usado preferentemente claraboyas en las bibliotecas, museos, etc. Pero la claraboya que cubre el área completa del sucio, produce una luz exagerada, si no se realizan arreglos adicionales. En el edificio biblioteca de Viipuri, se resolvió el problema con la ayuda de numerosas claraboyas cónicas construidas de forma que la luz pudiera ser denominada luz diurna indirecta. Las claraboyas circulares son técnicamente racionales por su sistema de vidrio monopieza. (Cada claraboya consiste en una base cónica de cemento de seis pies de diámetro, y una pieza circular de cristal grueso sin juntas, en su parte superior, sin ninguna construcción de estructuras.) Este sistema resulta humanamente racional porque proporciona un tipo de luz apropiado para la lectura, armonizado y su; virado por su reflexión en las superficies conicas de la claraboya. En Finlandia, el mayor ángulo de incidencia de la luz del sol es casi de cincuenta y dos grados. Los conos de cemento están diseñados de forma que la luz de sol incida siempre indirectamente. Las superficies de los conos expanden luz en millon de direcciones. Teóricamente, por ejemplo la luz alcanza a un libro abierto desde todas esas diferentes direcciones evitando de este modo la reflexión al ojo humano de las paginas blancas del libro. (La reflexión brillante de las páginas de un libro es uno de los fenómenos más fatigantes de la lectura). De la misma manera, ese sistema de iluminación el runa el fenómeno de la sombra al margen de posición del lector. El problema de la lectura de un libro es algo más que el problema del ojo; una luz apropiada a la lectura debe permitir diferentes posiciones del cuerpo humano en todas las relaciones adecuadas entre el libro y el ojo. La lectura de un libro requiere una concentración especial tanto cultural como físicamente; la ‘arquitectura tiene el saber de eliminar cualquier elemento perturbador.

Científicamente, resulta imposible asegurar qué clase y qué cantidad de luz es la idealmente apropiada para el ojo humano, pero cuan lo se trata de construir una sala, la solución debe hallarse con la ayuda de los diferentes elementos que la arquitectura abarca. El sistema de claraboyas surgió como producto combinado de la problemática de una cubierta (la sala tenía un ancho de cerca de sesenta pies que requería una construcción con vigas suficientemente altas para la colocación de los conos) y limitaciones técnicas especiales por la construcción horizontal del cristal.

Una solución arquitectónica debe tener siempre una motivación humana basada en el análisis, pero esa motivación se ha de materializar en la construcción, la cual es probablemente el resultado de circunstancias extrañas.

Los ejemplos mencionados son sólo problemas sin importancia. Pero están muy relacionados con el ser humano y por esta razón adquieren más importancia que otros problemas de mayor envergadura.
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