No es tarea fácil encerrar en reducido número de páginas las líneas fundamentales de la evolución moderna de la Economía. Es evidente que, al hacerlo, no puede






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PRÓLOGO

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No es tarea fácil encerrar en reducido número de páginas las líneas fundamentales de la evolución moderna de la Economía. Es evidente que, al hacerlo, no puede tratarse más que de un estudio de lo esencial del proceso. La benévola acogida que se ha dispensado a las ediciones precedentes es prueba de que he logrado mi propósito, hasta cierto punto. Lo que de modo particular me ha satisfecho ha sido la aprobación de Schmoller, quien, no obstante, ha debido reconocer que mi posición, que parte de la teoría económica, se corresponde con la suya política de modo totalmente independiente.

En la presente edición ha sido modificada especialmente la primera parte. La polémica pudo reducirse y la exposición ampliarse. Para los capítulos restantes ninguna razón me movió a introducir cambios de importancia, y así sólo se hallara en ellos algunos aditamentos. En la corriente de los hechos, la única misión de la Historia consiste en exponer los procesos ultimados, pero sin dejar de referirse a las tendencias del presente. En este punto el autor creyó deber limitarse, tanto más cuanto que ya en otros lugares ha expuesto su posición con respecto a los problemas teóricos y prácticos de la actualidad.

EMA: "Ya que tanto se arremete sin cesar contra las hipótesis, hora sería de intentar adentrarse en la Historia, prescindiendo de ellas".

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FED. SCHLEGEL, Athen. I, 2.

Un estudio histórico científico puede arrancar de la población de un país y seguir las oscilaciones que determinan el aumento de ella y el crecimiento de las necesidades en punto a la organización económica. Pero como sea que las diversas economías particulares se articulan y conjugan entre sí por el tráfico y que la posición que en él adoptan, así como la que la economía de cada región sostiene con respecto al extranjero, son otros tantos factores decisivos para la propia estructuración del orden económico, resulta que puede partirse también de los hechos del intercambio universal y de su organización. Lógicamente, el primer método será más indicado para la historia primitiva de un pueblo, siéndolo el segundo para las épocas más modernas de él. La Economía alemana, independiente y orientadora en ciertos aspectos, no puede comprenderse, sin embargo, más que como una parte del desenvolvimiento europeo. Debido a haber perdido Alemania, en el siglo XVI, el lugar hegemónico que había mantenido hasta entonces en la vida del tráfico, la vemos renacer bajo múltiple dependencia de las potencias directrices de la economía del intercambio. Las posibilidades de la organización no fueron impuestas solamente desde el exterior, sino que también tuvieron origen extraño las orientaciones volitivas e ideológicas de los dirigentes modernos de la Economía. Por eso la Historia de la Economía moderna debe arrancar del desenvolvimiento de los pueblos bajo la égida del comercio.

Para la Historia de la Economía, la Edad Media tiene una importancia especial por la lucha entre el trabajo organizado y la propiedad territorial. En las ciudades, el comercio y el artesanado logran elevarse a la categoría de potencia independiente, frente a la propiedad señorial. En las villas los terratenientes urbanos alcanzan una influencia decisiva aun cuando álzanse frente a ellos los trabajadores, organizados en gremios, y en el campo los labradores consiguen conquistar determinados derechos, amparados, ora en asociaciones libres, ora en corporaciones cortesanas. En oposición a la Antigüedad, en las ideas de santo Tomás de Aquino ya se concede al trabajo el lugar primero en la determinación del valor.

Paralelamente aparece, ya en la Edad Media, un nuevo factor el capital. Es imposible explicar el capital sencillamente como una secuela de la producción, como pretendió hacerlo Marx, quien, por otra parte, defiende repetidamente el concepto de que el capital mercantil ha sido un precursor del de producción. El revolucionamiento de la producción por el capital no se produce hasta el siglo XVIII. Los métodos capitalistas, empero, se habían estructurado ya anteriormente; el capitalismo es una determinada ordenación jurídica que, en sus comienzos, supieron utilizar ciertos circulos mercantiles. Pero ¿cuáI es la misión del comercio? ¿Acaso debe concretarse únicamente a cuidar de la colocación de la producción y a realizar su valor? ¿No sirve más bien el comercio a los consumidores, satisface del modo más completo y variado? Kuske opina que los mercaderes de los primeros tiempos de la Edad Media salieron, en parte, de las gentes del séquito de los palatinos, para el abastecimiento de ellos (1). En todo caso, el mercader libre aparece como proveedor de los grandes, particularmente de la Iglesia, cuyo crédito sabe utilizar. No tiene objeto contraponer, como quiso Hildebrand, el Medioevo, como era de la economía monetaria, a la Edad Moderna, como era de la economía de crédito (2). Precisamente fué en los comienzos cuando el tráfico se fundamentó especialmente en el crédito. El comerciante fiaba a los demas y se procuraba para sí esta confianza. La importancia decisiva del sistema capitalista empezó, como con tanta clarividencia comprendió Ehrenberg, con el incremento de la demanda.

Una caracteristica importante del capitalismo moderno consiste en no descansar, como el de la Antigüedad, en la propiedad territorial (no pudiendo, por lo tanto, ser considerado como mera continuación del capitalismo antiguo) (3), sino en haber surgido de las condiciones corporativistas de la Edad Media.

Por rica y variada que se desenvolviera en el Norte la vida económica, no cabe duda que el centro de gravedad del nuevo proceso se halló en las "comunas" italianas independientes. A los libros de cuentas, cuya existencia se revela ya en el siglo XIII y que desde el XIV llenan, en apretadas hileras, grandes salas de Génova y Florencia, no puede equiparárseles nada semejante. Dichas ciudades no podían cubrir ya con impuestos las cargas de las guerras, y así creáronse entre los burgueses, según el catastro tributario, empréstitos forzosos cuya renta debía pagarse con los ingresos arancelarios que se establecian al efecto. En Génova los acreedores tuvieron desde 1274 una organización que cuidó, hasta la desaparición de la República, de la continuidad de aquella institución. Las deudas contraídas en ocasión de las luchas contra Venecia quedaron consolidadas en 1409 en la "Casa di San Giorgio", cuyo capital se había elevado en 1597 a la cifra de 43 770 870 liras, de las 2 938 462 que había poseído anteriormente. Como fuera que por transferencia podía disponerse de los intereses y del capital, año tras año iban redactándose nuevos libros. A este tráfico se asoció un Banco. La constitución de la Casa había sido copiada de la del Estado; como en éste la comunidad, así en aquélla la última decisión correspondía a la totalidad de los acreedores. Sin embargo, los negocios, dirigidos en el Estado por el Consejo, lo eran en la Casa por los "Protectores". Sólo por privilegio especial podían los forasteros conseguir participación en la deuda del Estado. De modo idéntico fueron organizadas las Sociedades coloniales, las Maonas de Quíos, Chipre y Córcega, fundadas en el siglo XIV y absorbidas más tarde por la Casa di San Giorgio (4). De idéntico modo que aquí de la comunidad de los burgueses, desarroIIáronse en el Norte las formas del tráfico capitalista, surgiendo de las asociaciones de los copartícipes a los bosques y a las minas, de los propietarios de molinos y barcos.

El Estado utilizó esos elementos adventicios organizándolos para sus propios fines. Allí se encierra la esencia del mercantilismo, en el que no fué necesario estimular al comerciante de un modo especial, sino que todos fueron incorporados a la economía del tráfico. El campesino hubo de poner a la venta sus cereales y el tejedor sus tejidos, sin esperar a que nadie se los pidiera; él mismo había de acudir al mercado. El poder creciente de los príncipes había podido ver abrirse ante sí otro camino todavía: el de la creación de un Estado patrimonial con administración propia y economía estatal exclusiva, tal como lo encontramos en el antiguo Egipto, tal como se realizó en Bizancio y como intentó imponerlo Federico II de Hohenstaufen (5) en sus dominios sicilianos. El desenvolvimiento económico de Occidente vióse determinado por el hecho de haber fracasado el intento del Emperador, como consecuencia de haberse malquistado con la Iglesia. Nápoles tocó en suerte a la casa de Anjou, la cual, sin embargo, solamente logró sostenerse abandonando a los florentinos la explotación económica del país, particularmente la exportación de coreales. De este modo los florentinos del siglo XIV supieron hacerse indispensables a los soberanos de Francia e Inglaterra (6). En adelante, el poder del Estado vió su propio sostén en el impulso de las empresas privadas. La era mercantilista cifró su objetivo en la estructuración racional de estos dos factores: el Estado con su burocracia y la Empresa particular con su contabilidad.

Ha sido mal enfocado el conocimiento de la época de los Fugger, al ver en ella un florecimiento especial de la economía del crédito. Cierto que puede hablarse, en este punto, de una supremacia de la organización capitalista sobre la corporativista de la Edad Media; no obstante, este capitalismo vino determinado principalmente por las necesidades financieras de los monarcas, por lo que podría denominarse capitalismo financiero. Strieder (7) nos ha descrito con todo detalle la naturaleza de esa economía, ligada al arrendamiento del impuesto. Los Habsburgos, necesitando reunir dinero para sus empresas (o sea un fondo de consumo), conceden a las casas augsburguesas derechos sobre explotaciones mineras contra la entrega de determinadas sumas. Para utilizar esos derechos, los Wesler y los Fugger deben colocar su capital mercantil en las minas, pasando a convertirse en grandes productores de plata y cobre. Los préstamos que hacen a los príncipes consisten, en su mayor parte, en mercancías, en el aprovisionamiento de la Corte y de las tropas, para procurarse las cuales organizan el comercio y, como detallistas, la producción, pensando, naturalmente, al hacerlo, en su colocación en el mercado. También hay comerciantes alemanes que prestan su apoyo al rey de Portugal en los viajes que organiza a las Indias. Sin embargo, tan pronto como esas expediciones quedan aseguradas, el monarca se reserva el monopolio de los viajes a Oriente y cuida de que los mercaderos extranjeros se provean de pimienta india en Lisboa y aun en Amberes (8). http://eumed.net/cursecon/textos/sieveking/s1.htm1.jpg

En conjunto, la marcha del proceso fué diferente. Particularmente en Holanda e Inglaterra cada día adquirió mayor independencia la empresa privada. Mientras en la era del mercantilismo los principes impulsan el aumento del tráfico con el fin de dar a sus finanzas una estructura económico-monetaria, la nueva época que se abre en el siglo XVIII quiere abandonar por completo el campo de la Economía a la iniciativa de los particulares ligados por las actividades del tráfico, las cuales dejará desarrollar el Estado.

Por oposición a las restricciones autoritarias de su época, Adam Smith consagró el concepto del "Mercantilismo", contra el cual se situó, no viendo que tanto la economía libre que él defendia como el mercantilismo que combatía se basan en el tráfico. Held describe el sistema de Smith como "producto natural de la evolución del sistema mercantil progresivo" (9).

Equivocaríase quien se imaginara la Edad Media como una época de escaso intercambio comercial, tal como nos ha sido descrita por Bücher (10). Cierto que, en el Medioevo, el campo nos aparece las más de las veces sujetado por el feudalismo. Cierto también que la ciudad favoreció el intereambio directo entre el productor y el consumidor, y que el artesano trabajó con mayor intensidad que más tarde a sueldo directo del cliente, como hoy es todavia corriente en la industria de la construcción. Sin embargo, no debemos representarnos los países poblados únicamente por campesinos que trabajan exclusivamente para el propio consumo y el de sus señores, con ciudades rurales que sólo truecan sus artículos manufacturados por los productos agrícolas de la comarca. Los testimonios que nos han llegado, no solamente de las ciudades italianas, sino también de Colonia y Lübeck, para no citar sino las principales villas hanseáticas, muestran, desde la época de las Cruzadas, un activo tráfico a grandes distancias. En sus principios ese tráfico realizóse con gran libertad; las restricciones a que se refieren Bücher y Sombart corresponden esencialmente a períodos posteriores, cuando las ciudades, estrechadas por el mismo desarrollo alcanzado, se vieron obligadas a delimitar recíprocamente sus áreas de actividad. Pero si alguna que otra pequeña ciudad, cuyos habitantes rebasaran en otro tiempo sus muros, descendió a la categoría de villa rural, otras, en cambio, que supieron concentrar el comercio en el interior de su recinto, adquirieron una importancia tanto mayor. En Flandes reuniéronse el comercio italiano y el hanseatico, y con razón puede Häpke hablar del "mercado mundial de Brujas".

En tanto la era del mercantilismo viene a continuar la economía intervenida desarrollada en las ciudades medievales, puede oponerse dicha era, junto con la Edad Media, a la Edad Moderna, tal como lo hacen Roscher (11), v. Below (12), Sombart (13), mientras que Bücher, Schmoller, Cunningham (14) consideran de gran importancia el cambio habido en el siglo XVI. También nosotros podemos hablar de una nueva época de la Historia de la Economía en cuanto que en este tiempo se ensancha la del tráfico y se van perfilando los métodos de la era capitalista.

1.2. La expansión ibérica y los adversarios del imperialismo español

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A la era de las Cruzadas siguió la de los descubrimientos. AI arremeter todo el mundo occidental de entonces de una manera directa contra el Islam, era natural que las expediciones de los portugueses a las costas africanas y más allá del Cabo de Buena Esperanza, camino de las Indias, tendieran a eludir a los árabes. Mediante el viaje directo a las Indias Orientales perdieron los países islámicos el monopolio de intermediarios del comercio. Un efecto derivado de dicho estado de cosas fué el descubrimiento de un nuevo Continente; en sus expediciones en busca del camino de las Indias, los españoles se posesionaron de las Occidentales y del Continente, el cual dividieron en los virreinatos del Perú y México, mientras los portugueses adquirían la más importante de sus colonias, el Brasil. http://eumed.net/cursecon/textos/sieveking/f1.gif

El mundo quedó repartido entre Portugal y España, pero las inmensas regiones nuevamente adquiridas quedaron sujetas a la coerción de un sistema económico intervenido. No quedó solamente transferida al Nuevo Mundo la constitución feudal al ser asignados a los conquistadores, por el sistema de las encomiendas, determinados territorios con sus habitantes, sino que el dominio del suelo y la mano de obra, al ser incorporados a Ias transacciones comerciales y al condicionar la economía a la ganancia, adoptaron una forma especial. La cultura de plantaciones que explotaba el suelo americano por medio de los cultivos de azúcar, café, algodón y tabaco, vióse pronto supeditada a la importación de esclavos negros, rama del abastecimiento que se convirtió en lucrativo negocio, en el cual la Corona supo obtener una participación al monopolizarla y ceder luego este derecho al mejor postor. Primero los genoveses, más tarde los franceses y en último término los ingleses intentaron entrar en este pacto (Pacto de Asiento), valiéndose incluso de medios políticos. Los tratantes de esclavos del Nuevo Mundo hallaron en los productos coloniales un artículo remunerador que expidieron a Europa. Knapp está en lo cierto al sostener que allí se creó una forma del capitalismo. Pero no fué la única ni la más prometedora. Por su reglamentación podemos denominar esta forma (que se sostuvo desde el siglo XVI al XIX) la feudal-capitalista. http://eumed.net/cursecon/textos/sieveking/s1.htm3.jpg

Así como Portugal concentró su tráfico indio en Lisboa, así lo hizo España primero en Sevilla, después en Cádiz. Siguiendo el ejemplo de Venecia, los Estados ibéricos montaron el tráfico transoceanico sobre la base de la dirección estatal. De las flotas nacionales que España expedía anualmente, dirigíase una, por Santo Domingo y la Habana, a Veracruz, donde se celebraba la feria de Nueva España. Un barco iba de Acapulco, con rumbo Oeste, hasta Filipinas. La otra flota, más numerosa (27 veleros contra los 23 de la anterior), se dirigia a Portobello por Cartagena. Allí, en el istmo de Panamá, tenía lugar la feria del Perú. En ella los países meridionales, Chile y la misma Argentina, tenían su punto de conexión con la metrópoli. Claro es que esta organización oficial veíase turbada por un activo contrabando. Los establecimientos coloniales de los holandeses, franceses e ingleses en América tuvieron su origen en otros tantos refugios de aquellos contrabandistas. En el siglo XVIII inicióse un relajamiento del sistema, el cual, no obstante, fué mantenido, en su esencia, hasta la emancipación de las colonias. http://eumed.net/cursecon/textos/sieveking/s1.htm4.jpg

Los yacimientos de metales preciosos del Nuevo Mundo, cuya producción, en la segunda mitad del siglo XVI, sebrepasó en mucho la de las minas de plata alemanas, determinaron en Europa una verdadera revolución en los precios, si bien éstos no se elevaron en proporción al aumento de la cantidad de dinero. Mientras ésta se quintuplicaba o sextuplicaba, el nivel de los precios no se elevó sino al triple, según D'Avenel, y aun esta alza no se verificó de manera gradual y uniforme. Los obligados a compras en firme quedaron rezagados, en tanto que los que participaron en la diferencia de los precios ya aizlados o en curso de alza pudieron realizar magníficos beneficios.

No obstante, esas ventajas beneficiaron menos a España que a los países que de ella dependían. Ranke ya observó que, para el imperialismo hispano, era de mayor importancia el dominio de las regiones de tráfico más activo de Europa que los tesoros de América, y Ehrenberg confirma aquella opinión. Carlos V pudo apoyarse sobre la capacidad financiera de los bancos de Augsburgo, particularmente de los Fugger. Los Países Bajos, Milán y Génova colocáronse a disposición de Felipe II al comenzar éste su reinado. Además, el mundo católico contaba con la técnica, avanzadísima, del tráfico mercantil y de crédito. Ranke nos describe la administración financiera del Vaticano. El servicio de deudas forestales podía estudiarse en la administración municipal, que, desde la Edad Media, supo utilizar este sistema crediticio. Ranke se admira de que Sixto V reuniese un tesoro fundado en deudas. Y sin embargo lo mismo encontramos en otros tiempos, bajo Alberto Achilles, por ejemplo. No siempre era posible, y menos en épocas de complicaciones bélicas, dirigirse al mercado de capitales, al cual se había ya recurrido con anterioridad, en horas más tranquilas.

El tráfico europeo se había concentrado en Amberes, en sustitución de Brujas, cuyo puerto se arramblaba. Guicciardini nos da sobre él algunos datos (1560), demonstrativos de su volumen y composición. De los 15 935 000, escudos a que aseendía el valor de la exportación, correspondían así: 

Telas inglesas......................................................................5.000.000    31,4%

Tejidos de seda italianos................................................... 3.000.000   18,8%

Fustán alemán....................................................................     600.000      3,8%

Artículos manufacturados.................................................. 8.600.000    54,0%

 

Lana española....................................................................    625.000       4  %

Lana inglesa........................................................................    250.000      1,6%

Colorantes franceses.........................................................    300.000      1,8%

Materias primas.................................................................. 1.175.000      7,4%

 

Granos de Alemania del Norte.......................................  1.680.000    10,5%

Vino alemán......................................................................  1.500.000      9,4%

Vino francés......................................................................  1.000.000      6,3%

Vino español.....................................................................     800.000      5   %

Especias portuguesas..................................................... 1.000.000       6,3%

Sal francesa......................................................................     180.000      1,1%

Artículos alimenticios y de desgustación.......................  6.160.000    38,6%

Pirenne considera muy verosímiles estas cifras, equivalentes a 31,8 millones de florines o 50 millones de marcos aproximadamente, en valor monetario. Schanz evalúa la exportación de telas inglesas, bajo Enrique VIII, en 98.000, piezas, igual a 294.000 Iíbras esterlinas, de las 427.830 a que asciende la cifra total de exportación. Según Ludovico Falier, el valor de ésta, en 1531, elevóse a 2 millones de ducados, igual que el de la importación. En 1612, las cifras que se dan para Inglaterra son 2.487.435 libras esterlinas para la exportación, contra 2.141.151, valor de la importación (15). Sirva de dato de comparación el hecho de que hacia fines del siglo XIV, el intercambio comercial entre Lübeck y Génova se cifraba en 5 contra 20 millones de marcos, respectivamente, y que Mocenigo, en el siglo XV, evaluaba el tráfico entre Venecia y Lombardía (aunque sólo lo hiciera para hacer resaltar su importancia) en 2,8 millones de ducados, es decir, 28 millones de marcos. Ya entonces los paños desempeñaban importante papel. La Lombardía pagaba con telas el tercio de sus importaciones.  El balance de Venecia con el Oriente, Egipto y Siria era pasivo: Venecia tenía que remitir allí de 300 a 500 mil ducados, la mayor parte en plata alemana. En camblo, el balance de Inglaterra, a pesar de la importación continua de vinos, era activo, al principio gracias a la exportación de lanas y, más tarde, a la de paños (16). Los valores elevados se explican en parte por la desvalorización de la moneda; Schanz tasa el paño inglés en 3 libras esterlinas, en tanto que Guicciardini lo hace en 6. Todo, empero, confirma el incremento del tráfico. Contra la evaluación de Guicciardini puede oponerse el argumento de que en sus apreciaciones no incluye una serie de mercancías, tales como los artículos de hierro, que ya se elaboraban en aquella época (17). No obstante, la gran importancia del paño destaca perfectamente.

Este comercio supo crearse nuevas formas. Abrióse en Amberes una Bolsa, tomándose por modelo la de Brujas, y en ella desenvolvióse, no solamente la labor del establecimiento de precios que debían regir para el intercambio de mercancías, sino que se formó también un mercado de capitales que concertaba empréstitos con los monarcas extranjeros. Para las necesidades financieras de España tuvieron todavía mayor importancia las ferias que en 1552 celebraron los genoveses en Besançon. En esas ferias (que a partir de 1579 fueron trasladadas a Placencia) concentróse todo el tráfico de pagos de Occidente. El cambio estipulado en ellas dió la pauta para todas las transacciones, con excepción de las efectuadas en Francia, cuyo centro era Lyon (18). Las ferias servían a la Corona de España para convertir en disponibles, en el teatro de la guerra de los Países Bajos, capitales no vencederos hasta más tarde, procedentes de impuestos, de bienes públicos napolitanos o de la flota de la plata americana.

A pesar de todo este conjunto de recursos económicos, a pesar de la nueva ordenación administrativa del tráfico, España no pudo mantener su posición. La causa de ello hay que buscarla en la exageración de sus objetivos políticos y en la crisis económica motivada por las medidas que su realización exigía. Ya en 1560 Felipe II debía el importe de dos anualidades de salarios atrasados. Las cargas fiscales impedían toda aportación al desenvolvimiento de la vida económica. La desconfianza que inspiraba la administración financiera y sus repetidas bancarrotas paralizaban el crédito del país. Y así vemos cómo en una época de máxima potencia política y militar decaen las industrias ciudadanas, el país debe acudir a la importación extranjera y la clase campesina se ve reducida, por los rebaños nómadas de ovejas, a los derechos de pasturaje consignados en la Mesta. El intento de realizar la unidad religiosa fracasa. En el país se mantiene por la expulsión de los laboriosos descendientes de árabes y judíos. Para el español, el ideal sigue siendo el guerrero asceta; la dirección de la vida económica ha de ser abandonada a los herejes, quienes la manejan con mayor desembarazo.

Si en la dirección económico-racional de estos circulos aparece un rasgo característico del desenvolvimiento accidental, el origen del fenómeno debe buscarse remontándose muy a lo lejos. Sombart ve la fuerza impulsiva en la naturaleza psicológica de los judíos pero son muchos los que han impugnado sus afirmaciones. La primera objeción que se nos ocurrre es que en los judíos, como en todo grupo humano, al lado de la actitud vital racional está la entusiástica. En los circulos artesanos de los judíos orientáles la tendencia mística del Chassidim se subleva contra el rabinismo oficial. Es cierto, empero, que en la religión judaica lo mágico pierde pronto terreno; incluso los profetas subrayan únicamente la simple doctrina moral de los sacerdotes. Los rabinos se sitúan reflexivamente frente a los hechos de la vida.

Mientras en las esferas de las culturas china e india lo mágico se mantiene en las masas, en la cristiana retrocede. El mismo Jesucristo invocó explícitamente la doctrina de los antiguos (Moisés y los profetas). El monacato occidental ve en el trabajo, a la par que en la oración, el servicio de Dios; y del mismo modo que la campana divide el tiempo, así también las Ordenes monásticas que cultivan y explotan la tierra y llevan sus productos al mercado (como los Cistercienses) han desarrollado un notable sentido especulativo.

La audacia y el sentido ponderativo caracterizan a los emprendedores. Encuéntranse en la época de las Cruzadas. Desde el siglo XIV Italia desarrolla los principios de la partida doble. Más tarde, calvinistas y anabaptistas hermanan la osadía con la exacta contabilidad. Así como el Renacimiento exige del Soberano una actitud reflexiva frente a los poderes existentes, así también la ilustración estipula por doquier como objetivo la comprensión racional de la situación. Holanda e Inglaterra pasan a ser los centros principales de esa actitud racional de la vida, y de ellas irradiará y se extenderá por Francia y Alemania. Cuando Sombart, en su Bourgeois, admite, en oposición a su libro sobre los judíos, a escoceses y florentinos entre los agentes de aquel desarrollo, reconoce, al nombrar valiosos representantes del Norte y del Sur, que se trata de un movimiento general, definido por Ranke como la unidad de los pueblos latinogermánicos.

Para caracterizar a los modernos maestros de la Economía, precisa añadir un tercer factor al sentido de empresa y ponderación: la limitación exclusiva a esta tarea. Esta limitación se encuentra especialmente en los excluídos de la vida política. Los Cistercienses fueron mejores calculadores que los Benedictinos, quienes hicieron de su inmunidad una fuerza estatal, mientras aquéllos se sometían quietamente a los príncipes terrenales que los protegían. Los excluídos del gobierno de la ciudad ocupáronse con preferencia de la vida económica, como los nobles de Asti o de Génova, donde, desde 1339 a 1528, no lograron llegar a la cumbre del poder, reservado al Dux popular. Los Médici y los Strozzi acumularon sus fortunas en el destierro. Así encontramos más tarde en la Holanda calvinista, a los mennonitas y remonstrantes desplegando gran actividad en el sector económico. En Inglaterra, los puritanos y los cuaqueros alcanzaron gran prosperidad económica bajo un gobierno nada benévolo para con ellos.

El forastero no se siente ligado por consideraciones sociales. Los hugonotes no necesitaban sujetarse a preceptos gremiales; en cuanto a los judios, el precio tradicional les era indiferente.

Inglaterra, donde el movimiento religioso ha tenido efectos más persistentes que en cualquier otro país, estaba destinada a asumir la dirección económica más adelante, en el período de la transición a la Economía moderna. No obstante, la primera nación entre las protestantes que entabló la lucha contra España, fué Holanda, país modélico, cuyo ejemplo iban a seguir, no sólo las mercantilistas Inglaterra y Francia, sino también Prusia, Austria, Rusia (Pedro el Grande), Suecia (Götheburg) y Dinamarca. Los mismos campeones del Catolicismo, como Austria, hubieron de avenirse a tolerar a los herejes para hacer posible el florecimiento del comercio y la manufactura (19).
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