Las vanguardias han intentado explicar la Moda desde dicotomías totalmente abstractas e idealistas. Estas inflamadas proclamas contra la Moda y el mercado en






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MODA Y VANGUARDIAS

Raúl Angulo Díaz

Las vanguardias han intentado explicar la Moda desde dicotomías totalmente abstractas e idealistas. Estas inflamadas proclamas contra la Moda y el mercado en general se han convertido en un elemento importante del marketing del mercado del Arte

Este artículo pretende ser una respuesta al artículo, manifiesto divertido, De la moda a la guerra. Sobre democracia y algo de frivolidad, de Eduardo Robredo Zugasti. Desde ahora aclaro que no pretende ser una respuesta punto por punto de las tesis defendidas en ese artículo. Confieso que la razón es que no acabo de entenderlo del todo. Creo que allí se mezclan, con frivolidad dogmática, demasiadas ideas y adornos retóricos. En el fondo, lo que allí se defiende es una especie de pensamiento débil, una apología de la fluidificación del ser, de la sustancia y de la razón. Y entre medio actúan el Arte y la Moda, el primero con fracaso y la segunda con éxito. Porque el Arte, y sus secuaces elitistas, se ha puesto de lado de una metafísica y epistemología duras, mientras que la Moda, y sus risueños sátiros y bacantes, se ha decantado por el lado blando. Se supone que un ser y una razón sólidos dividen a la gente en buenos y en malos, en sabios e ignorantes, mientras que una razón y un ser fluidos son incapaces de aportar criterios de distinción, con lo que todos serán igualmente buenos y sabios (así como igualmente malos e ignorantes). Siendo más exactos, en este segundo caso hablar de bondad o de sabiduría, así como de maldad o ignorancia, no tendrá ningún sentido. Como el Arte se encuentra en el lado duro, y por tanto es partidario de la división, será un elemento elitista y aristocrático, mientras que la Moda cultiva la democracia de la igualdad.

Esto es, creo, lo que pretende decirnos el autor de dicho artículo sobre la moda. Si es así, juzgo que es un análisis demasiado basto. En primer lugar, establecer una división entre «duro» y «blando», o entre «serio» o «frívolo» que abarque ámbitos tan dispares como la razón, la metafísica o la ética, fracasa en su aplicación. No sabemos muy bien qué significa «duro» o «blando» respecto a la razón. ¿Quiere aplicarse la dureza a las ciencias de la naturaleza o la blandura a las ciencias del espíritu o hermenéuticas, como algunos epistemólogos pretenden? Si esto es así, el artículo nos exhorta a erradicar las ciencias duras, tales como la física o la matemática, como ciencias que propugnan una división entre sabios e ignorantes y, por tanto, una aristocracia, y dar primacía a la Hermenéutica como ciencia democrática, lo que equivaldría, según el artículo, a una ciencia sin episteme, sólo doxástica. ¿La aplicación de «duro» / «blando», «serio» / «frívolo» a la ontología nos daría una ontología monista por un lado y otra pluralista por otro, y aplicados estos términos a la ética, nos darían una ética formalista/materialista, o a una ética deontológica/utilitarista, &c.?

En segundo lugar, hablar de duro y blando, serio y frívolo, &c. de modo tan general, condena al análisis a ser falso, puesto que no faltarán razonamientos que hagan ver que la Moda no es tan frívola y blanda como parece; que tiene normas duro de adecuación castigadas con el ridículo; que posee un elemento agónico de rivalidad; que puede ir asociada a ideologías más o menos duras (sobre todo en el mundo de las llamadas contraculturas), &c.

Todo esto lo veremos algo más detenidamente a lo largo del artículo. Mi conclusión será que los análisis de Eduardo no son más que una vuelta «del revés» de los análisis metafísicos de las vanguardias.

El sistema de sistemas de la Moda

Empecemos por dilucidar a qué nos referimos cuando hablamos de Moda, algo que la bibliografía corriente no se molesta en hacer. Para ello voy a circunscribir el término Moda mediante dos operaciones, muy discutibles ciertamente. En primer lugar, delimito el ámbito de aplicación del término Moda al vestir o adornar el cuerpo. Con ello evito hablar de modas artísticas, musicales, literarias, culturales, &c. e incluso de modas políticas, modas éticas, modas filosóficas. Cuando se extiende a estos ámbitos, se emplea una Idea de Moda (definida en términos de sustancia/modo, realidad/apariencia, eterno/efímero, &c.) que es metafísica y, además, deudora de una filosofía de la historia, como veremos. La segunda circunscripción que voy a aplicar es la distinción entre el Vestir (y Adornar) y la Moda. El Vestir es una parte constituyente de toda sociedad, como la religión o la caza. La Moda es un sistema especial para la producción y consumo de ropa y adornos que nació de los desarrollos históricos y tecnológicos en Europa. El Vestir parece que es un elemento universal de todas las sociedades. Como rasgo universal, ha sido estudiado por la etología (según Lorenz el vestirse y el adornarse aumenta los rasgos de atractivo sexual, como las plumas que agrandan el trasero en grupos primitivos y los vaqueros en nuestras sociedades); y como rasgo presente también en las sociedades no civilizadas, ha sido estudiado por la antropología (Kroeber, por ejemplo), centrándose sobre todo en sus funciones de identidad y distinción en las relaciones de los grupos. La Moda, en cambio, como fenómeno moderno ha sido estudiada preferentemente por la historia y por la sociología. Con la distinción entre el Vestir y la Moda nos aseguramos la posibilidad de que haya vestires que no sean Moda, y ello nos proporciona un instrumento valioso de estudio. Podemos decir que en el siglo XIX amplias capas de la sociedad (campesinos y obreros, sobre todo) vestían sin ir a la moda, mientras que después de la segunda guerra mundial lo demodé no existe: no hay un vestir que no haya sido tocado por la moda.

La Moda es una organización que incluye la extracción de materias primas, la creación y diseño de ropas, adornos y perfumes, su fabricación, la publicidad y la comercialización. La Moda necesita de toda esta organización porque se trata de un negocio de muchos millones de dólares; para conseguir estos beneficios astronómicos necesita vender, cosa imposible sin esa compleja organización. Su carácter de negocio es lo que critican precisamente las supervivientes vanguardias y las neovanguardias. Se critica su carácter meramente económico (unidimensional) y la tiranía ejercida por la Moda, ambas críticas del todo punto incorrectas, como veremos. En el fondo, lo que se cree es que el mercado de la Moda es un atentado contra la autenticidad, elemento constantemente perseguido por las vanguardias.

Esta organización compleja ya nos indica que la Moda no es tanto un sistema cuanto un sistema de sistemas, en parte independientes y en parte interrelacionados. La fabricación de tejidos, el diseño, el marketing y la publicidad, &c. son sistemas parcialmente independientes con su propio funcionamiento. No cabe, por tanto, hablar de una tiranía unidireccional de la Moda (y, para algunos, del Poder, aliado extrañamente a la Moda). La Alta Costura trabaja con formas de producción, técnicas de marcado, distribución y consumo distintos de los del pret-a-porter, y no digamos nada de la submundo de la confección de marcas imitadas. También el marketing, las revistas de moda, la publicidad, trabajan con distintos elementos, y pueden oponerse a lo que estén haciendo en ese momento los otros sistemas de la moda. Las industrias de la confección pueden oponerse a ciertos diseños por ser de difícil reproducción masiva; lo mismo que los grupos editoriales de las revistas de moda. Nos encontramos, pues, en la Moda con el mundo complejo del mercado.

Quisiera ver, por separado, diversos sistemas de la Moda.

La Alta Costura

La Alta Costura produce vestidos exclusivos hechos a medida, para no más de 1.500 clientes selectos, a precios que no bajan de los 5.000 dólares (que en Francia subvenciona el Estado, con el pretexto de que es «arte», pero con la finalidad de mantener a París en situación hegemónica respecto a la Moda). La Alta Costura en su nacimiento era exclusivamente femenina, dirigida a esas «mujeres muebles» de esposos adinerados, y era un potente instrumento diferenciador de las clases poderosas. Es el sistema, dentro del conjunto de la Moda, más cercano al Arte y a la idea-fuerza de Cultura, con sus propiedades de salvación y elevación.

Tradicionalmente, ha sido la Alta Costura la que ha llevado la voz cantante en el sistema de sistemas de la Moda; era la que marcaba los estilos, el tipo de tejidos, las imágenes del marketing, la ideología asociada a una temporada, &c. Pero a partir de la segunda guerra mundial, con la universalización de la organización en el vestir que llamamos Moda, queda relegado a un plano muy marginal. Su principal función es la de asociar la Moda a las Ideas de Arte y de Cultura; en el diseño de vestidos, su inspiración ha sido sustituida por otras fuentes, muchas de las cuales son contraculturales.

La universalización del mercado del vestir que llamamos Moda, así como la pérdida del liderazgo en el diseño, ha hecho que la Moda (en cuanto Alta Costura) haya dejado de ser un instrumento eficaz de distinción de las clases superiores. Las industrias del vestido, adornos y perfumes han descubierto que es más rentable dirigirse a las clases medias, y surtir los jugosos mercados contraculturales. De hecho podemos constatar cómo las clases acomodadas mantienen actualmente una tendencia a no llamar la atención, lo que les hace moverse dentro de un acentuado conservadurismo respecto a la moda. Tienen su propio traje antimoda para ir a la ópera o a fiestas de etiqueta. Las únicas clases acomodadas (en ningún modo «superiores») que siguen empleando la Alta Costura son las que pertenecen al espectáculo. Porque en eso se ha convertido la Alta Costura (que, hasta hace poco, era la Moda a secas), sus desfiles y personajes, en espectáculo para el resto de consumidores medios.

El pret-a-porter

Frente a al exclusividad de la Alta Costura, el pret-a-porter fabrica en serie vestidos y adornos de la Moda. Al principio, el pret-a-porter reproducía los estilos de la Alta Costura, adaptándolos a costes menores. Y confecciones más baratas imitaban al pret-a-porter. Pero, como hemos visto, la Alta Costura ha perdido su lugar como el centro de la moda. Más bien, la situación es la contraria; las colecciones pret-a-porter, junto con la influencia de la música popular y de las contraculturas juveniles, se han convertido en las nuevas fuentes de estilos en la Moda. Por eso la «teoría de la filtración descendente» se ha demostrado inservible en las circunstancias actuales. Según esta teoría, los gustos de la Moda van de arriba abajo, de las elites a las masas. Las elites intentan distinguirse de las masas con nuevos vestidos, las masas intentan imitar a las elites en el vestir, lo que provoca la adopción de una nueva moda por parte de las elites. Hay que decir, sin embargo, que los gustos y estilos de la moda tienen ahora distintos puntos de partida, y se mueven por distintas direcciones. Las fuentes son múltiples, desde la Alta Moda (que, aunque en un papel relegado, puede seguir administrando algunos estilos), hasta las contraculturas juveniles más radicales. Consecuencia de esto ha sido la multiplicación de la Moda en diversos géneros; se ha convertido en un mercado pletórico a elección de los consumidores.

Promoción de la Moda

Ya en el siglo XVIII comienza el sistema de promoción de la Moda (junto con la hegemonía francesa) mediante dos muñecas, la gran Pandora y la pequeña Pandora, que desde París recorrían Europa con la última moda. En el período de supremacía de la Alta Costura, esta promoción la realizaban las revistas de Moda, o los apartados de Moda en las revistas. En nuestro presente se recurre a todos los medios de comunicación y propaganda, y se emplean todos los elementos noticiables y de imagen, desde películas y actores famosos, hasta fenómenos de actualidad como una guerra. Todo para asociar una idea a la mercancía (lo que se llama imagen), y así potenciar la función de indentidad y distinción que cumple el vestir.

Muchos pensadores («críticos») han creído que el sistema de promoción de la Moda es el elemento más importante en lo que se ha llamado tiranía de la Moda. Según estos pensadores la Moda (el Poder, en este tipo de literatura) emplea la propaganda para controlar los gustos e ideas de la gente. Aparte de la noción totalmente errónea de propaganda como determinación mecánica (a más tiempo de exposición a un anuncio, y cuantos más anuncios vea, un individuo estará más convencido-alienado), estos pensadores no tienen en cuenta que existe una multiplicidad de creadores y de marcas, y que las revistas, y otros medios de comunicación, favorecerán a unos más que a otros, o a unos y no a otros, de acuerdo a sus intereses; en todo caso, no cabe asumir, por principio, que publicistas, críticos, periodistas y exponentes de la moda acaten por entero las disposiciones (en ideas y en diseños) de creadores y marcas. Se trata de dos sistemas relativamente independientes, y uno puede marchar de modo distinto a lo previsto por el otro.

Creador o diseñador de modas

Al actual creador de modas, heredero de los modistos de Alta Costura del siglo XIX, continuamente se le intenta equiparar al artista genial. Esto es un fenómeno nuevo. Tradicionalmente se le ha considerado como costurero, o modisto; esto es, más que artista era un artesano, como lo era el carpintero o el cerrajero respecto al arquitecto. Esto ha sucedido porque, como hemos visto, la Alta Costura juega con la idea de ser Arte (y Cultura), y con ello garantiza para toda la Moda el prestigio inmenso de tales ideas. A tal fin, los grandes diseñadores de vez en cuando se inspiran en el arte «de calidad», en algunos estilos sacados de la vanguardia (como Mondrian, Gaudí, el mismo Kandinsky, &c.). Y, como los grandes artistas, los diseñadores quieren ser vistos como aquellos que sienten el momento, lo expresan e incluso lo salvan. Con todo ello el creador o diseñador de modas se convierte en marca. El acercamiento de la Moda al Arte no es más (ni menos) que cuestión de imagen y marketing. Por eso este guiño al arte «de calidad» queda reducido al ámbito de la Alta Costura y algunas de sus pasarelas. Los diseñadores de la ropa reproducida en serie (la ropa que efectivamente va a llevar la gente), que son la mayoría de «creadores» en la Moda, no llegan a alcanzar celebridad y estatuto de artista genial.

Estilista y modelos

En la Moda, el estilista es, por lo general, quien selecciona a las y los modelos que serán soporte de la oferta. El modelo es algo más que Belleza que seduce y fascina para así vender la ropa. Se le elige por un look determinado que se quiere impulsar, por una identidad que quiere inspirar, por una ideología que se le quiere asociar. Los y las modelos son auténticos símbolos de la ropa que llevan en las pasarelas. Aunque, por supuesto, símbolos estilizados e idealizados. En cierto sentido, la gente ha asumido que forman parte del espectáculo de la Moda, que para llamar la atención debe convertir las pasarelas en auténticos shows. Se percibe que el vestir de las pasarelas y el vestir de la calle no son lo mismo, y lo que vale en uno no vale en otro. Nadie se atreve a salir a la calle con las transparencias con la que salen a la pasarela las y los modelos. Es incorrecto, por tanto, hablar de imitación mecánica de los modelos. Éstos, más bien y tal como hemos dicho, se encargan de la imagen de la marca, de promocionar en general ideales de juventud, belleza, hedonismo que los diseñadores quieren asociar a sus prendas, y en particular potenciar identidades específicas según al mercado al que se quiere dirigir.
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