“El revolucionario cabal, el miembro del Partido dirigente de la Revolución deberá trabajar todas las horas, todos los minutos de su vida, en estos años de lucha tan dura como nos esperan, con un interés siempre renovado y siempre creciente y siempre fresco. Esa es una cualidad fundamental.”






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Consideraciones del Che acerca de las características de los militantes del Partido



2011.04.01 / web@radiorebelde.icrt.cu / Víctor Pérez Galdós

La Habana, Cuba.- Acerca de las condiciones y características que debían tener los militantes del Partido Comunista de Cuba se refirió el Ernesto Che Guevara en la intervención que realizó en la Asamblea General de los obreros de la Textilera Ariguanabo para hacer la presentación de los trabajadores de ese centro con condiciones para ser miembros de la organización partidista.
En esa asamblea efectuada el 24 de marzo de 1963, el Che expresó: “El revolucionario cabal, el miembro del Partido dirigente de la Revolución deberá trabajar todas las horas, todos los minutos de su vida, en estos años de lucha tan dura como nos esperan, con un interés siempre renovado y siempre creciente y siempre fresco. Esa es una cualidad fundamental.”
Y aseguró de inmediato: “Eso significa sentir la Revolución. Eso significa que el hombre es un revolucionario por dentro, que siente como revolucionario. Y entonces el concepto de sacrificio adquiere nuevas modalidades.”
Precisamente en esta intervención  recordó la significación y vigencia de la vida y la obra de José Martí al señalar: “Nosotros, militantes de un partido nuevo, en una nueva región liberada del mundo y en nuevas situaciones, debemos mantener siempre en alto la misma bandera de dignidad humana que alzara nuestro Martí, guía de muchas generaciones, presente hoy con su frescura de siempre en la realidad de Cuba: “Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre.”
El Che también resaltó el simbolismo que tenía la realización de esa asamblea en la textilera Ariguanabo, el centro industrial del país con mayor cantidad de trabajadores en ese momento.
Y  de manera esencial destacó el método que se seguía para el ingreso en el Partido que como paso previo se requería la consulta a las masas en torno a las condiciones de los propuestos.
Acerca de ello él incluso enfatizó: “¿Cuáles son las cualidades que se han buscado en ellos? Ustedes las saben, porque ustedes mismos los han elegido. Ustedes conocen del espíritu de sacrificio, de la camaradería, del amor a la Patria, del espíritu de ser vanguardia en cada momento de lucha, el espíritu de conductor mediante el ejemplo, de conductor modesto, de conductor sin estridencias, que debe tener un miembro del Partido. Pero, además, el miembro del Partido nuevo tiene que ser un hombre que sienta íntimamente en todo su ser las nuevas verdades, y que las sienta con naturalidad, que aquello que sea sacrificio para el común de la gente sea para él simplemente la acción cotidiana, lo que hay qué hacer y lo que es natural hacer.”
El Che manifestó que precisamente un trabajador de vanguardia, un miembro del Partido siente la realización de esos trabajos que se pueden asociar con el sacrificio con un interés nuevo, como parte de su deber no impuesto, sino como un deber interno y lo hace con interés.
“Y las cosas más banales y más aburridas se transforman –agregó-, por imperio del interés, del esfuerzo interior del individuo, de la profundización de su conciencia, en cosas importantes y sustanciales, en algo que no puede dejar de hacer sin sentirse mal: en lo que se llama sacrificio. Y se convierte entonces no hacer el sacrificio en el verdadero sacrificio para un revolucionario. Es decir, que las categorías y los conceptos ya van cambiando.”

Ante los trabajadores de la textilera Ariguanabo el Che planteó que como aspiración se pretendía que todo el pueblo marchara hacia delante y que su destacamento de vanguardia tenía que luchar y caminar muy rápido para superar al destacamento más fuerte, al destacamento entero del pueblo.
Y al enfatizar que esa es la tarea y referirse de inmediato al ejemplo que debían dar los miembros de la organización partidista, precisó que tenían la obligación de ser la vanguardia.
“Esa es nuestra tarea –detalló-, es muy difícil y muy sencilla, todo depende de cómo la encaremos, todo depende cómo nos situemos frente a la realidad revolucionaria y de lo que seamos capaces de hacer, desprovistos al máximo de las tareas de la sociedad que ha muerto.”
Con antelación a esta intervención realizada en la asamblea de los trabajadores de la Textilera Ariguanabo, el Che se había referido a las motivaciones que debían poner de relieve los revolucionarios a la hora de actuar en forma cotidiana.
Por ejemplo el 20 de marzo de 1960 al ofrecer una conferencia inaugural en el programa de televisión “Universidad Popular”, expuso que como soldados de la Revolución “vamos directamente a hacer la tarea que el deber nos impone” y también manifestó que los hombres de la Revolución “deben ir conscientemente a su destino, pero no es suficiente que los hombres de la Revolución lo hagan, es necesario también que el pueblo entero de Cuba comprenda exactamente cuáles son todos los principios revolucionarios…”
Y el 6 de enero de 1962 en un discurso pronunciado en la asamblea general de trabajadores portuarios igualmente señaló: “Es decir, de todas las tareas revolucionarias, la primordial, la fundamental,  la fundamental, es cumplir cada uno con su deber, el mejor adoctrinamiento revolucionario que puede  existir es mostrar, por las vías del ejemplo, el camino del cumplimiento del deber.”
También el Che expuso sus consideraciones en torno a las características y el papel del Partido en la sociedad cubana y cómo debía estar directamente relacionado con las masas.

En el prólogo que escribió en 1963 al libro “El Partido marxista-leninista”, publicado por la Dirección Nacional del entonces identificado como Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba,  el Che planteó al respecto que el partido estará íntimamente unido a las masas y absorberá de ellas las grandes ideas que después se plasmarán en directivas concretas, y añadió: “…un partido que aplicará rígidamente su disciplina de acuerdo con el centralismo democrático y, al mismo tiempo, donde existan, permanentes, la discusión, la crítica y la autocrítica abiertas para mejorar el trabajo  continuamente.”



Que es ser COMUNISTA



Ser COMUNISTA es la asunción de una posición de clase firme cuya meta es luchar por acabar con el sistema de explotación del hombre por el hombre (capitalismo) e instaurar la sociedad justa y equilibrada (Comunismo Científico) donde, no exista ni opresores ni oprimidos, ni ricos ni pobres; donde el fruto del trabajo social y colectivo satisfagan las principales necesidades materiales y espirituales, y, donde el soñar, crear y amar sea la gran realización del genero humano.

 

Ser COMUNISTA es la convicción de la rebeldía consciente y con conocimiento contra este sistema de cosas injustas (capitalismo) que favorece a una minoría y, somete a la miseria y dolor a la inmensa mayoría del pueblo trabajador, mutilándole el principio de la creatividad y productividad del ser humano para su propia emancipación.
Quienes asumimos el comunismo como ideología y como teoría de la revolución social estamos convencidos de la inevitabilidad de la sustitución del capitalismo, sistema basado en la explotación y la opresión del trabajador, por otro donde desaparezcan ambas para dar paso a otro nuevo, sin explotados ni explotadores, basado en la justicia social, la igualdad, la solidaridad, la plena libertad: el socialismo.
Los comunistas obramos en la teoría y práctica de acuerdo con los objetivos que perseguimos. El que de palabra es comunista pero actúa como un canalla no es comunista.
Los comunistas no toleramos la explotación ni la injusticia.
Los comunistas odiamos toda clase de opresión y explotación. Odiamos a los opresores y explotadores. 
Los comunistas somos marxistas, porque analizamos la sociedad y sus contradicciones bajo las ideas de Marx, no por fanatismo religioso, sino porque encontramos en ellas la posibilidad de entender como cambiarla, identificando a nuestros aliados entre los desposeídos, privados de libertad y explotados, y reconociendo a nuestros adversarios en quienes usufructúan del trabajo de otros y destruyen el medio ambiente, por el afán de lucro que les permite el derecho a la propiedad, los medios de producción y los recursos naturales.
Los comunistas nos organizamos para cambiar la realidad en base a principios como la disciplina consiente, la unidad de acción, la crítica y autocrítica, y el centralismo democrático, de manera de conjugar la libertad de opinión en la discusión para la construcción colectiva, con la efectividad en la acción de una dirección única y solida como el acero.
Los comunistas somos revolucionarios porque creemos que podemos y debemos cambiar la sociedad por completo. No es sostenible la vida en la tierra si no concebimos la propiedad, la producción, el desarrollo o la educación de una manera radicalmente distinta, no en base a lo que hay, sino en base a lo que debiera haber si realmente queremos el bienestar de todos y la armonía con la naturaleza.

 

No luchamos para mejorar este sistema, sino para destruirlo y reemplazarlo por otro al servicio de los oprimidos. Luchamos por destruir lo viejo e injusto y construir lo nuevo y justo.
El medio para lograrlo es la lucha de clases del proletariado y la violencia revolucionaria de este, clase antagónica de la burguesía, cuyos intereses generales y concretos asume el Partido Comunista.

 

Pero el dominio que ejerce la burguesía en la sociedad no se limita al ámbito económico; es también así en el terreno de la política, la ideología y la cultura. Lo nuevo que nace y está en desarrollo debe enfrentar, pues, una inmensa fuerza protegida desde el Poder estatal establecido, que nunca cederá un milímetro sin resistencia ni aceptará la pérdida de sus ventajas y privilegios.
 
A ello hay que sumar el imperialismo y su desbocado expansionismo que no tolera el derecho de los pueblos a la autodeterminación y menos a que se instale el socialismo.


La lucha es, pues, enconada y sin tregua. En todos los terrenos y en todas las formas. No pocos ceden a las ventajas que le ofrecen a cambio de la abdicación de sus convicciones,  a la tentación de la torta burocrática, a los privilegios que les ofrece el capital,  o se someten al chantaje y la represión. Resquebrajada su fortaleza ideológica todo lo demás vendrá por añadidura. Así surgen los oportunistas o los tránsfugas del socialismo.

 

El comunista no es tal por razones solamente éticas o morales, porque le indigna los abusos, la explotación o la pobreza. Sus convicciones nacen de la constatación de que el capitalismo no está en condiciones de resolver las contradicciones fundamentales que aquejan a la sociedad ni de satisfacer las necesidades humanas ni la preservación del medio ambiente. Que un mundo mejor y superior es posible. Marx advirtió con lucidez que el capitalismo creaba las condiciones materiales para ese cambio, pero también la clase social que la haría posible: el proletariado.


Asumir el comunismo es marchar siempre contra la corriente, someterse a riesgos y asumir una voluntad de entrega a un ideal justo sin pedir nada en recompensa personal. Entender la vida de una manera distinta a la que la entienden la burguesía o el pequeño burgués que se mueven por intereses personales.


No es, pues, fácil ser comunista. Como no lo es todo lo que significa cambiar la realidad económica y social. De un lado, porque existen fuerzas poderosas que buscan perpetuar lo establecido recurriendo a todos los medios: legales e ilegales, ideológicos y coercitivos, de presión o corrupción. Del otro, porque ser comunista equivale a cambiar él mismo, a dejar de lado concepciones, hábitos y tradiciones decadentes que vienen de atrás, a ir construyendo nuevos valores, estilos, métodos de trabajo propios del proyecto histórico que aspira construir.


El comunista entiende la política no como ventaja, como aspiración personalista o privilegio a ganar, sino como entrega a una causa justa al servicio del pueblo.


La política comunista es ajena a toda forma de oportunismo o arribismo.


Los comunistas encuentran siempre inmensas dificultades y retos, amenazas y reveses transitorios, o también trampas y cantos de sirena ofrecidos por el adversario para disuadirlo o corromperlo. Y nada hay más legítimo, noble y elevado que asumir sus banderas, que son las de la humanidad oprimida dueña de su destino, liberada de la explotación del hombre por el hombre.




Los militantes son como “la levadura del pan”

¿Qué sería del mundo sin militantes? ¿Qué sería de la condición humana sin militantes?”

Encontrar un equilibrio razonable entre satisfacción personal y deber militante”.

La militancia es una elección importante de la vida llena de dificultades, riesgos y plagada de contradicciones pero también de satisfacciones y alegrías”.

el progreso de la condición humana requiere que exista gente que se sienta feliz en gastar su vida al servicio del ‘progreso’ humano”.
Pepe Mújica.

EL MILITANTE COMUNISTA



Extractos del documento: “Cuestiones sobre la Construcción del Partido”
“El problema de las militancia del Partido es uno de los factores cardinales de la teoría y la práctica de la construcción del Partido, pues ella predetermina la naturaleza clasista de esta organización, que sólo podrá cumplir su misión histórica si logra la condición de ser realmente la vanguardia de la clase obrera y acoge en su seno a los mejores representantes de esta”.
“Lenin señalaba que el concepto de militancia debe ser definido con absoluta precisión, pues de ello de pende la capacidad del partido proletario de encabezar la clase obrera y conducirla a la victoria; o que esta sea incapaz de emprender acciones revolucionarias, que se convierta en un partido reformista, de puertas abiertas”.
“Lenin definió: “Se considera miembro del Partido a todo el que reconozca su programa y ayude al partido con los medios materiales y participe personalmente en una de las organizaciones del Partido”.
“La formulación leninista … crea la posibilidad de una selección y regulación dirigida a la composición partidista en correspondencia con sus fines y tareas. Establece claramente los limites que debía existir entre el Partido y la clase, así como la idea de que el Partido se estructura sobre la base de la unidad ideológica y organizativa, lo cual supone una lucha activa para la realización práctica del Programa”.
Los principios leninistas de la militancia en el Partido.
Ellos determina el criterio acerca de quién puede ser miembro del Partido. Tales principios son:
“1. Aceptación del Programa y los Estatutos, documentos rectores de la vida partidaria.
El reconocimiento del Programa como condición de ingreso a las filas del Partido, hace posible la unidad ideológica de todos sus miembros. De esta forma, todos saben cuáles son los objetivos y tareas que hay que resolver, cuáles son las causas de su lucha. El programa también es importante porque permite a los comunistas atacar y desenmascarar la propaganda y agitación del enemigo, porque hace posible movilizar no sólo los efectivos del Partido, sino también a la clase obrera y sus aliados.
Otro documento que exige ser aceptado por la militancia son los Estatutos. El propio Lenin señalaba que para la unidad del Partido no era suficiente reconocer el programa sino trabajar activamente en la consecución de las tareas científicamente fundamentadas en él, por lo que era necesaria además de la unidad ideológica la unidad de organización, inconcebible sin los Estatutos.
Los Estatutos, atendiendo a su papel rector, expresan la obligatoriedad del miembro del Partido a luchar por la consecución de los objetivos propuestos.
La aceptación del Programa y los Estatutos evidencia que la persona emprende conscientemente el camino de la lucha revolucionaria, se entrega por completo a la causa del Partido, se compromete a vivir y actuar en correspondencia con las necesidades de este.
“2. El pago de la cotización es un deber que cada miembro del Partido debe cumplir conscientemente; ello asegura una relación material entre el comunista y su organización y tiene una significación organizativa y educativa.
…apoyar materialmente al Partido es una necesidad puesto que sin medios financieros no es posible organizar la vida regular del Partido ni realizar su multifacética actividad, en cualquier situación…
El incumplimiento de este principio es un índice de que el miembro del Partido no siente la organización como algo cercano a él. Quien no cumple esta obligación tampoco será capaz de ejecutar otros deberes partidistas con la responsabilidad debida”…
“3. La participación del miembro del Partido en una de sus organizaciones… Este principio leninista expresa la idea de que la fuerza de la clase obrera y su Partido, está en su unidad y organización. La participación del miembro del Partido en la vida y actividad de un organismo fortalecen en él los sentimientos de que es parte de un colectivo y que sin el esfuerzo conjunto de todos los miembros de la organización no es posible superar las dificultades en la lucha. En el miembro del Partido se crean, de esta forma, hábitos de disciplina consciente…
Sólo cuando un comunista trabaja en una organización y cumple su decisiones, es posible el proceso leninista de que este responde ante el Partido y el Partido responde por cada uno de sus miembros.
Trabajando en una de sus organizaciones del Partido donde existe un colectivo unido ideológicamente, el comunista crece como combatiente político y adquiere hábitos de vida orgánica”…
“4. La estricta observancia de las resoluciones del Partido. Lenin señalaba que es “defensor del Partido quien, de hecho, aplica la línea táctica del Partido”. Las tareas planteadas por el Programa del Partido se concretan en las resoluciones de sus órganos dirigentes, y la realización exitosa de estos depende de su consecuente aplicación por cada organización del Partido, por cada órgano dirigentes, porcada militante…”
“5. Activa participación en la defensa de las conquistas de la revolución. Este principio de la militancia se convierte en uno de los requisitos de importancia para quien solicite el ingreso al partido después de la victoria de la revolución socialista; ello implica que el militante debe cumplir ejemplarmente sus obligaciones en la producción, dar su ejemplo en la solución de las tareas planteadas ante las masas trabajadoras y ser capaz de conducirlas al cumplimiento de las tareas políticas y económicas”…
Editora Política/La Habana, 1982



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