Resumen : El siguiente ensayo tiene como propósito acotar algunos de los temas que contextualizan en el inicio del nuevo siglo al campo de la Orientación Educativa, así como la manera en que inciden sobre esta disciplina.






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títuloResumen : El siguiente ensayo tiene como propósito acotar algunos de los temas que contextualizan en el inicio del nuevo siglo al campo de la Orientación Educativa, así como la manera en que inciden sobre esta disciplina.
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fecha de publicación07.10.2016
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Entre el Empleo y el Desempleo


Ya en los años setenta-ochenta tratábamos desde la Dirección de Orientación Vocacional de la UNAM o en el Colegio de Bachilleres, de discernir acerca de la problemática del empleo y subempleo profesional en México. Advertíamos entonces que representaba un problema mayúsculo tanto para el país como para la educación, que atravesaba núcleos sensibles de la Orientación Vocacional, pues dejaba sin base la intención de sugerir a los jóvenes caminos asequibles para alcanzar el éxito profesional. Veinticinco años después, podemos decir que la problemática es mucho más grave y la labor vocacional del orientador de esta manera, se encuentra virtualmente agotada5.

Esto es así porque el desempeño de los mercados laborales es más inestable ahora, pues el empleo responde a la lógica y a las necesidades que le plantean dichos mercados, pero sin que ello se traduzca en más puestos de trabajo para todos, dado que la idea en boga durante los noventa en el sentido de que el camino era abrir las economías para que la inversión extranjera fluyera y creara empleos suficientes para todos, no se compadeció finalmente con la realidad6. Y las cifras más recientes son menos halagadoras; y paradójicamente, lo son menos aún para quienes sí alcanzan una carrera universitaria y se encuentran mejor preparados para hacer frente a la vida. Hoy el desempleo se halla en el nivel más alto del sexenio; según revela el INEGI, de diciembre de 2000 a julio de 2003 este desempleo aumentó en un 90.4 por ciento, pero en el mismo periodo la desocupación abierta se centró principalmente en la población con estudios de bachillerato y universitarios (casi 41 por ciento del total).

Así, según las cifras oficiales el número de desocupados con estudios de bachillerato y de nivel superior era en junio de este año 8.3 veces superior al de aquellos buscadores de empleo “sin instrucción”; su dimensión fue equivalente a 5.4 veces al universo de desempleados con primaria incompleta7. No por menos el 5 de agosto del año anterior una joven estudiante galardonada del IPN, alertaba ante el presidente de la República sobre las dificultades para encontrar trabajo porque, decía, “se ha roto la cadena entre educación, capacitación y empleo”, agregando que muchos no tienen escuela y otros tienen libros y maestros, pero cuando terminan su educación no hallan dónde trabajar. A la vez, reclamaba que “sería muy triste desperdiciar la estructura educativa acumulada... sólo para producir desempleados con diploma...”8 

Ni las 54 universidades tecnológicas, que inician en el sexenio de Salinas de Gortari como la panacea al encuentro del empleo, han podido revertir el hecho, y hoy enfrentan una baja aceptación social y el subempleo de sus egresados, aparte de los tradicionales problemas de deserción, reprobación, pocos estudiantes de tiempo completo, escasa titulación y altos niveles de abandono por las necesidades económicas familiares. De acuerdo con un reporte oficial, al año 2000 sólo se había titulado 52.7 por ciento de los 21 mil 155 egresados en 10 años9. De más está decir que todo este panorama ofrece al joven universitario una futuro incierto y frustraciones que a pesar de una labor que intenta contrarrestarla, repetidamente golpean las intenciones del orientador educativo.

El Cambio, Coadyuvante de la Crisis

de la Orientación Educativa


En este cuadro tan complicado, una mayor problemática en la Orientación Educativa se manifiesta, cuando se toman en cuenta otros factores adyacentes que inciden de manera inevitable en el proceso educativo. El mundo actual está signado paradójicamente tanto por una mayor unilateralidad en las decisiones como por una mayor apertura y pluralidad en la vida, que crea más desigualdades pero a la vez abre mayores posibilidades de resolverlas, sin que esto quiera decir que sea fácil su solución; a la vez la reformulación de la ciencia, de la investigación y el desarrollo tecnológico de punta, resulta de y promueve un profundo cambio en la estructura económica y social que bosqueja para el hombre un nuevo momento en su historia. El curso de la educación se ve impactado por un mundo más sofisticado y prometedor, en el que una nueva cultura responde a las nuevas circunstancias (Hernández, 1991).

Los mismos hechos, la misma necesidad de pensar en otro México que alcance a resolver los graves problemas que se sufren, siembran por ejemplo entre los mexicanos y de manera más particular entre los jóvenes, la fresca visión de una nueva generación más abierta y audaz, más inteligente y participativa, así como una mayor atención a la búsqueda de formas democráticas, a la lucha por sus derechos, al combate a la corrupción y a maneras innovadoras de hacer la vida. Y a estas circunstancias se agregan nuevos vientos que, como la lucha de grupos resueltos de jóvenes estudiantes o de los barrios empobrecidos, y la de una ciudadanía más capaz y decidida, quieren construir desde abajo los pisos de un edificio mejor diseñado (Hernández, 2002a: 148 y ss.) Y es que el México actual vive cambios en la esfera no sólo económica sino a la vez social y cultural. Ese nuevo entramado es consecuencia de transformaciones en la estructura social de los últimos cincuenta años, modificada por continuas crisis, creciente desigualdad social, sectorial y regional, nuevos vientos en el sistema político, la relación campo-ciudad y la inserción internacional de la nación, entre otros aspectos (Hernández, 2002b).

Tales cambios, junto a una mayor educación y más amplia participación de los mexicanos en un vasto panorama en el que la pobreza y el hambre obligan a tener que interesarse cada vez más por lo que pasa, inciden en las representaciones culturales del país. En el seno familiar cambian los roles, exhibiendo una nueva problemática que impacta las tradicionales relaciones entre la mujer y el hombre; los temas íntimos y las costumbres se comparten en talk shows y reality shows, y descolla la exigencia de un mayor respeto a la diversidad en una sociedad distinta a la de anteriores décadas, donde la gente alerta la conciencia en una ciudadanización sin precedente, y surgen desde el fondo de la contracultura, amasadas por jóvenes generaciones de fértiles movimientos y lozanas visiones, inéditas formas de entender el qué hacer y cómo hacerlo10.

Así, toda esta juventud entreverada con la desilusión por el futuro incierto o de plano cerrado a sus aspiraciones, que en otros momentos sufría las desdichas del desempleo, la cárcel, el deterioro personal o la marginación, ahora en los conciertos y las marchas, en la música y el arte tanto como en sus proyectos y realidades organizativas, encuentran momentos de exaltación que vigorizan el entusiasmo por un mejor mundo que cada vez más insisten en hacerlo posible, pues la ilusión de que hoy lo alcancen se pierde en las limitaciones del vigente. Lo cual entrampa tanto a las instituciones educativas como a sus actores, sobre todo en la medida en que siguen aquellas y estos pensando que tratan con un adolescente resentido y pasivo, en crisis de identidad, y no con una generación en búsqueda más activa que antes de respuestas a su presente y a su futuro.

Estas inéditas circunstancias ponen también en entredicho a la Orientación Educativa, que desde hace décadas y en forma tradicional considera al sujeto de la Orientación en México como un adolescente estático, al cual caracteriza bajo concepciones psicologistas extranjeras del segundo tercio del siglo pasado, cuyas supuestas necesidades no son sino las de un imberbe ser ignorante y despreocupado al cual pretende orientar bajo razones moralistas y con recursos atrasados, cuando lo que más requiere son frescas explicaciones de la vida y de su sociedad, del presente y del futuro, de los nuevos tiempos y circunstancias, del complejo y cambiante mundo que le rodea, de novedosas estrategias que le reconozcan no sus deficiencias sino sus potencialidades, le fomenten el desarrollo de su inteligencia y le muestren el entorno en forma crítica, y no pedante y embustera.

Las Tareas en el Nuevo Siglo

En estas condiciones, ¿qué tendría que intentar el orientador para hacer frente a aquello que amenaza con hacer de plano irresoluble la crisis que sufre desde hace un tiempo la Orientación Educativa? Ya en los años recientes lozanos elementos vienen siendo considerados y otros viejos revalorados; la influencia de la psicología psicometrista o clínica, rebasada por la necesidad de explicaciones más objetivas, ha abierto la posibilidad de nuevos instrumentos en apoyo a la labor orientadora. Nociones como aptitud y vocación son revaloradas pues la realidad por cruda es contundente, al resultar conceptos insuficientes en una sociedad donde la educación está más condicionada por la anarquía laboral, que por lo acertado de cualquier medida psicológica. El uso de la psicometría es críticamente reapreciado, no sólo por los cuestionamientos hechos desde la comunidad científica a la invalidez y desactualidad de muchos de esos instrumentos (Rose, 1979), sino por el creciente uso de nuevas alternativas11.

En este panorama que le plantea a la Orientación ser un gris entorno que antes de nacer plenamente ya desaparece poco a poco, como lo he mencionado insistentemente, el orientador educativo se enfrenta a una disyuntiva: o pretende seguir desarrollando con ingenuidad una labor selectiva y diferenciadora según las características individuales de sus alumnos, aunque en muchas ocasiones el conocimiento de éstas no valga mucho en la vida real; o lleva a cabo mejor una labor de verdadero promotor de las potencialidades viables de sus educandos (Hernández, 1996a), en la perspectiva de que estos se formen un pensamiento crítico que les permita tomar mejores decisiones en el presente y para su futuro12.

Así, en este ambiente de crisis en el que ha devenido la Orientación Educativa en México, hay retos que podrían generar posibilidades de cumplir otro papel, uno digno frente a los mismos, en virtud de hechos vinculados al quehacer del orientador, tales como los siguientes:

1. Valorado en sus justos términos, el aporte a la educación de la Orientación tendría una importancia mayor que no alcanzan otras áreas escolares al constituirse un vínculo entre las mismas, un virtual puente entre los distintos figurantes de la escuela: institución, docentes, alumnos y padres de familia; es este papel de intermediario educativo el que le permitiría acometer una función que ningún otro actor del proceso está en condiciones de jugar; y puede ser éste uno de sus principales capitales.

2. No obstante, para cumplir este papel central de vinculante educativo, la Orientación tendría que llegar a ser un verdadero instrumento totalizador de conocimiento y comprensión crítica y genérica del entorno del estudiante, no solamente personal, escolar o familiar sino incluso regional, nacional y hasta internacional, no solamente psicológico sino a la vez social de su tiempo, aspecto que ninguna otra materia por sí misma podría llegar a cumplir dentro de la escuela.

3. En tal virtud, la Orientación podría llegar a convertirse en proveedor de valores democráticos y humanistas, a la vez que de recursos epistémicos y conceptuales que le permitan al alumno comprender en mejor forma su mundo y sus circunstancias inmediatas, desarrollar un mejor código de conducta ciudadana y coadyuvar así al desenvolvimiento escolar y profesional de jóvenes mexicanos más sanos en todos los sentidos de la palabra, con mayores herramientas y una mejor comprensión crítica de su medio.

4. Desde el punto de vista metodológico y aún técnico, la Orientación Educativa puede coadyuvar al desarrollo personal, cognoscitivo e intelectual del alumno, en la medida en que trabaje áreas particularmente problemáticas en el curso del proceso de enseñanza-aprendizaje: mejoramiento de técnicas de lectura, organización racional de las actividades diarias, manejo conciente de los procesos de memoria, atención, concentración y procesos creativos, aumento de la productividad y en general estrategias para el desarrollo del pensamiento y de las habilidades intelectuales (Hernández, 1998).

5. Con mayor amplitud que en ninguna otra asignatura escolar, la Orientación Educativa podría trabajar en el alumno métodos idóneos para el desarrollo de su inteligencia, en un medio que lo que más requiere es de instituciones que eduquen para “enseñar a pescar” y crear eficaces “pescadores” de conocimiento, más que educandos pasivos a expensas de la cátedra tradicional (ver Machado 1979 y 1981), lo que puede y debe ser nutrido por los avances de nuevas propuestas pedagógicas como el constructivismo y otras (Elosúa y García, 1993).

6. A través de sus programas la Orientación Educativa podría ser un factor de mayor comprensión y entendimiento de las características psico-sociales de las nuevas generaciones y los cambiantes procesos de la adolescencia en el entorno contemporáneo, sobre todo en la medida en que se esfuerce por clarificar las particularidades del estado actual de la cultura y las maneras como la cambiante realidad concreta modifica las percepciones colectivas e individuales psicológicas y sociales (Hernández, 1996b).

7. La Orientación Educativa podría coadyuvar a la vez a que el joven logre un conocimiento más exacto y mejor, tanto de su país como de su región o ciudad específica, así como del potencial medio laboral como en particular de su mercado de trabajo profesional, que le permita prepararse mejor para enfrentar, entender y coadyuvar a modificar las vicisitudes por las que atraviesa su entorno, a través de su eventual práctica profesional y actitud crítica ciudadana.

El problema sin embargo, no termina aquí. Si bien hay mayores posibilidades provistas por la tecnología, una nueva revolución educativa en la que necesariamente tendría que insertarse la Orientación Educativa en este nuevo milenio implica terminar de entender que el centro del proceso social no es otro sino el ser humano de carne y hueso; entender que la tecnología tiene que estar mediada por el uso racional de la misma para beneficio del propio ser humano. Pero para cumplir con todas las exigencias que le propone el nuevo siglo, el orientador educativo requiere despojarse de ancestrales prácticas y creencias que en otro momento fueron importantes, pero que ahora ya no lo son más13, y lograr una verdadera transformación hacia aquellas que le permitan sentar las bases de una nueva práctica profesional y educativa, en distintos sentidos:

1. El de alcanzar un perfil verdaderamente multidisciplinario y no simplemente psicologista o parcial, sino integral y más acorde a la riqueza de la compleja y cambiante realidad social, económica, política, cultural, colectiva, familiar e individual.

2. El de lograr un acercamiento permanente a la investigación y los recursos informáticos, al aprovechamiento de los nuevos medios (Internet, correo electrónico, etc.), que permitan delinear nuevas posibilidades, aplicar conocimientos y entender las circunstancias concretas en las que se desenvuelve el educando y su futuro profesional.

3. El de incidir en un cambio radical de las concepciones del profesional de la Orientación, en torno a los procesos que se desarrollan en su medio y en las decisiones escolares y profesionales.

4. El entender que no es la vocación sino los intereses, la motivación y no la fatalidad, lo más importante en el proceso de la toma de decisiones de un estudiante en su desarrollo escolar.

5. Que temas como el proyecto de vida, el desarrollo de las habilidades intelectuales y cognoscitivas, el manejo de las nuevas tecnologías, el conocimiento más amplio y profundo de su entorno, de su localidad, de su país y su universo, el aprender a pensar con una actitud crítica frente a la vida, el construir su educación, son aspectos obligados para el joven del nuevo siglo.

6. De más está decir que es necesario modificar entonces, esa insuficiente visión que prioriza pruebas vocacionales que dejaron de cumplir su función hace más de tres décadas y resultan engañosas frente a la mucho más compleja realidad actual.

7. Todo ello para dejar de ser en esencia, un pretendido selector y distribuidor de los educandos en la pirámide educativa y el mundo ideal, para convertirse en promotor eficaz de todas las posibilidades y potencialidades de los mismos, en una perspectiva crítica hacia el mundo real.
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