Primera sesióN: el problema del conocimiento y el enfoque científico primera parte: exposición del material






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PRIMERA SESIÓN: EL PROBLEMA DEL CONOCIMIENTO Y EL ENFOQUE CIENTÍFICO




Primera parte: exposición del material





  1. Conocimiento: ordinario y científico

  2. El método científico: Reglas obvias

  3. ¿Qué es la ciencia? Definiciones aun más obvias

  4. Diferencias entre ciencias sociales y ciencias naturales

  5. Un momento de repaso: Más definiciones del conocimiento

  6. Teoría del conocimiento

  7. Conocimiento de sentido común

  8. Otro repaso: ¿Qué es el método científico?

  9. Método comparativo

  10. Método hipotético-deductivo

  11. Último repaso: Al fin, ¿qué es la metodología en las ciencias sociales? Hacia el moderno pluralismo científico.


Segunda parte:


  • Reconstrucción de proyectos de investigación concluidos en todas sus fases.


Tercera parte:


  • Formulación de grupos de trabajo: Discusión, comentario, respuesta, crítica o disonancia con los once puntos planteados.



I. Conocimiento: ordinario y científico
1 Como ante toda creación humana, tenemos que distinguir en la ciencia entre trabajo –investigación- y su producto final, el conocimiento.
Parte del conocimiento previo de que arranca toda investigación es conocimiento ordinario, esto es, conocimiento no especializado, y parte de él es conocimiento científico, o sea, se ha obtenido mediante el método de la ciencia y puede volver a someterse a prueba, enriquecerse y, llegado el caso, superarse mediante el mismo método. A medida que se progresa, la investigación corrige o hasta rechaza porciones del acervo del conocimiento ordinario. Así se enriquece este último estudio con los resultados de la ciencia: parte del sentido común de hoy en día es resultado de la investigación científica de ayer. La ciencia, es resolución, crece a partir del conocimiento común y le rebasa con su crecimiento: de hecho, la investigación científica empieza en el lugar mismo en que la experiencia y el conocimiento ordinarios dejan de resolver problemas o hasta de plantearlos.

2 La discontinuidad radical entre la ciencia y el conocimiento común en numerosos respectos y, particularmente por lo que hace al método, no debe, de todos modos, hacernos ignorar su continuidad en otros respectos, por lo menos si se limita el concepto de conocimiento común a las opiniones sostenidas por lo que suele llamar sano sentido común o, en otras lenguas, buen sentido.
3 Los enunciados científicos, al igual que los de la experiencia común, son opiniones, pero opiniones ilustradas (fundadas y contrastables) en vez de dicta arbitrarios o charlas insusceptibles de contrastación o prueba. Lo único que puede probarse hasta quedar más allá de toda duda razonable son o bien teoremas de la lógica y la matemática, o bien enunciados fácticos triviales (particulares y de observación).
4 Si la “sustancia” (objeto) no puede ser lo distintivo de toda ciencia, entonces tienen que serlo la “forma” (el procedimiento) y el objetivo: la peculiaridad de la ciencia tiene que consistir en el modo como opera para alcanzar algún objetivo determinado, o sea, en el método científico y en la finalidad para la cual se aplica dicho método. (Prevención: “método científico” no debe construirse como nombre de un conjunto de instrucciones mecánicas e infalibles que capacitaran al científico para prescindir de la imaginación; no debe interpretarse tampoco como una técnica especial para el manejo de problemas de cierto tipo). El enfoque científico, pues, está constituido por el método científico y por el objetivo de la ciencia.
II. El método científico: Reglas obvias
5 Cada método especial de la ciencia es, pues, relevante para algún estadio particular de la investigación científica de problemas de cierto tipo. En cambio, el método general de la ciencia es un procedimiento que se aplica al ciclo entero de la investigación en el marco de cada problema de conocimiento. Lo mejor para darse cuenta de cómo funciona el método científico consiste en emprender, con actitud inquisitiva, alguna investigación científica lo suficientemente amplia como para que los métodos o las técnicas especiales no oscurezcan la estructura general.
6 ¿Existen reglas que guíen la ejecución adecuada de las operaciones que hemos indicado? O sea ¿hay instrucciones concretas para tratar los problemas científicos? Seguramente hay algunas, aunque nadie ha establecido nunca una lista que las agote y aunque todo el mundo deba resistirse a hacerlo, escarmentado por el fracaso de los filósofos que, desde Bacon y Descartes, han pretendido conocer las reglas infalibles de la dirección de la investigación. Pero, a titulo de mera ilustración, vamos a enunciar y ejemplificar algunas reglas muy obvias del método científico.
R1 Formular el problema con precisión y, al principio, específicamente.
R2 Proponer conjeturas bien definidas y fundadas de algún modo, y no suposiciones que no complementan en concreto, ni tampoco ocurrencias sin fundamento visible.
R3 Someter a las hipótesis a contrastación dura, no laxa.
R4 No declarar una hipótesis satisfactoriamente confirmada; considerarla, en el mejor de los casos, como parcialmente verdadera.
R5 Preguntarse por qué la respuesta es como es, y no de otra manera.
7 Además, no debemos esperar que las reglas del método científico puedan sustituir la inteligencia por un mero paciente adiestramiento. La capacidad de formular preguntas sutiles y fecundas, la de construir teorías fuertes y profundas y la de arbitrar contrastaciones empíricas finas y originales nos son actividades orientadas por reglas.
8 La regla que manda “formular el problema con precisión” presupone claramente que no hay que buscar más que respuestas únicas (aunque puedan ser complejas, tener varios miembros): si fueran aceptables una pluralidad de supuestos recíprocamente compatibles, no se habría estipulado la condición de precisión del problema. Por su parte el desiderátum de la solución única está exigido por el principio lógico de no-contradicción. En este punto puede detenerse la tarea de justificación de esa regla, porque la investigación científica presupone los principios de la lógica, no los discute.
9 En la mayoría de los casos los científicos adoptan una actitud de ensayo y error respecto a las reglas de la investigación, y las que les resultan eficaces se incluyen sin más en la rutina cotidiana de la investigación, tan implícitamente que la mayoría de los científicos ni las registran conscientemente. Nadie, por lo visto, llega a ser conciente en cuestiones metodológicas hasta que el método dominante en el momento resulta fracasar.
Audacia en el conjeturar, rigurosa prudencia en el someter a contrastación las conjeturas.
10 Resumamos. El método científico es un rasgo característico de la ciencia, tanto de la pura como de la aplicada: donde no hay método científico no hay ciencia. Pero no es ni infalible, ni autosuficiente. El método científico es falible: puede perfeccionarse mediante la estimación de los resultados a los que lleva y mediante el análisis directo. Tampoco es autosuficiente: no puede operar en el vacío de conocimiento, sino que requiere de algún conocimiento previo que pueda luego reajustarse y elaborarse; y tiene que completarse mediante métodos especiales adaptados a las peculiaridades de cada tema.


  1. Hasta hace muy poco, todo el mundo consideraba como indiscutible que la regla principal del método científico era la siguiente: “Las variables relevantes deben modificarse una a la vez”. Se suponía que sólo de este modo era posible un control efectivo de los diversos factores que intervienen en un problema. Pero en la cuarta década del siglo XX quedó claro que nunca tenemos un conocimiento completo de todas las variables relevantes, y que, aunque lo tuviéramos, no podríamos alterar una en un momento dado, congelando al mismo tiempo, por así decirlo, todas las demás: pues hay entre algunas de ellas relaciones constantes (leyes). Se plantearon, consiguientemente, experimentos que suponían cambios simultáneos de los valores de cierto número de variables y a esto se llamó esquema factorial.




    1. ¿Qué es la ciencia? Definiciones aun más obvias


12 Del latín scientia, saber racional, objetivo y desapasionado de las cosas, y del verbo correspondiente scire, saber a ciencia cierta, con discernimiento y conocimiento de causa. Alude normalmente a un conjunto de saberes o conocimientos explícitos, relativamente formalizados en un sistema o conjunto de proposiciones o enunciados, y que representa, modela o refleja un aspecto de la realidad. En este sentido usual, la palabra ciencia alude, pues, a enunciados o proposiciones que se saben ciertos y se diferencia de toda forma de error o ignorancia. No obstante, la realidad de la ciencia es más amplia de lo que ésta concepción usual permite percibir.
13 Ya Francis Bacon cuando sienta en su Novum Organum (1620) los cimientos teóricos de la ciencia moderna, distingue en ella tres aspectos. En primer lugar, y como es obvio, los conocimientos científicos propiamente dichos. En segundo, el método para adquirir y generar esos conocimientos nuevos, método que él considera sólo inductivo y experimental, olvidando el relevante papel que desempeñan la deducción y la lógica. Finalmente los recursos materiales y humanos necesarios para generar esos conocimientos que utópicamente ejemplifica en su proyecto de casa de la sabiduría (la Casa de Salomón), antecedente directo de la Royal Society, fundada pocos años más tarde por Carlos II.
La ciencia, en sentido pasivo, no es sino el conjunto de conocimientos ya contrastados, que son presuntamente ciertos. Pero es además – y sobre todo— un modo sistemático de generar conocimientos nuevos, una actividad que se realiza constante y rutinariamente a través de un método y mediante la utilización de recursos materiales y humanos. Por ello en la ciencia deben distinguirse las tres dimensiones siguientes: (a) En primer lugar, el método experimental o, con más precisión, el método inductivo-deductivo, que sirve para garantizar, al menos, la refutabilidad de los conocimientos y que es, por así decirlo, el filtro de la verdad. Se trata, pues, del conjunto de prácticas teóricas, argumentos lógicos o empíricos que discriminan la verdad de lo que no lo es y que conforman los criterios que otorgan validez o credibilidad a los conocimientos. (b) En un segundo lugar, los recursos puestos a disposición de la producción de saberes nuevos, la ciencia como institución social, progresivamente autonomizada de otros sectores institucionales (la economía, la política, la educación) y formada por especialistas (los científicos). Organizados de algún modo y con determinados recursos materiales y económicos. (c) Y finalmente la producción científica, el conjunto de conocimientos tenidos por ciertos, el acervo total del saber aceptado como científico.
14 Así como toda sociedad, incluso la más primitiva, tiene ciencia en el tercer sentido, es decir, como conjunto de saberes tenidos por ciertos (lo sean o no), la característica de la cultura occidental –quizás no sólo la característica, sino que incluso la variable definitoria y constituyente de esa específica civilización o cultura, de alcance universal— radica en la ciencia en su sentido activo. Sólo Occidente ha desarrollado a partir del siglo XVII la ciencia como ansia generalizada por conocer más y más, por adquirir, de modo sistemático y constante, conocimientos nuevos según los criterios de la indagación científica. Y esto es de extraordinaria importancia, pues esa curiosidad universal se ha transformado en uno de los motores más poderosos del cambio social.
15 La visión tradicional de la ciencia ha establecido como criterio de demarcación entre ella y otros saberes la combinación del método inductivo (defendido por Bacon) y del deductivo (ejemplarizado por el cogito ergo sum del Discurso del método de Descartes1637). Efectivamente la ciencia debe estar formada por enunciados al tiempo ciertos y nuevos, no sabidos. Y si la inducción permite formular enunciados nuevos pero en relación con los cuales cabe dudar de su generalidad y certeza, la deducción proporciona enunciados ciertos pero no nuevos, pues están ya contenidos en el enunciado del que se deducen. La mezcla de ambos métodos (iniciada por Galileo en Il Saggiatore, ejemplarizada por Newton en los Principia y teorizada por Kant La critica de la razón pura) debe proporcionar enunciados al tiempo nuevos y ciertos. La revolución científica del siglo XVII, que se inicia en Inglaterra y Holanda, vinculada al puritanismo, y que pronto se extendió a toda Europa confirmaba ese planteamiento. Así, la visión canónica de la ciencia heredada del positivismo del XIX y formulada por el neopositivismo lógico del circulo de Viena (sin duda la visión ortodoxa de la epistemología científica hasta la crisis de fundamentación de los años sesenta) parte de una teoría científica o red sistematizada de proposiciones o enunciados (hacer posibles nomotéticos, es decir, leyes) de tales enunciados se deducen hipótesis que son empíricamente contrastadas (vía experimentación u observación controlada), que modifican la teoría inicial o la refutan. Ello da origen a nuevas hipótesis, en un circulo virtuoso retroalimentado y acumulativo, que es el sustento del progreso científico. Este, a su vez, puede ser sustento del progreso material.
16 No obstante, si la fe en la ciencia como motor del progreso ininterrumpido es la característica del optimismo positivista decimonónico, será igualmente típico del siglo XX el progresivo desmoronamiento de esta creencia. En lo que interviene, en primer lugar, el abuso de la propia ciencia, como ocurre en la utilización de la física nuclear para la construcción de la bomba atómica y otras tecnologías letales. En segundo lugar, la conciencia creciente de los efectos perversos o no deseados de la ciencia, como, por ejemplo, sobre el medio ambiente, o en su destrucción de otros tipos de saber a causa de la ideología científica. (El cientificismo es la creencia de que todo, incluso la ética o los significados trascendentales puede explicarse por la ciencia) pero también entra en juego la propia crisis de fundamentación del saber científico. En efecto, si el positivismo del XIX creía en la posibilidad de fundar no sólo una teoría sino también una práctica (ética o política) racionales y científicas, el neopositivismo ya renunció a la posibilidad de generar un discurso científico sobre los valores, para limitarse a hablar de aquello de lo que es posible hablar y contrastar. Son ejemplos los juicios de hecho (Wit-Genstein), el falsacionismo de Popper. Prueba de que no se puede demostrar la verdad en ningún enunciado sino sólo su falsedad (de modo que sabemos lo que es falso pero no, de modo definitivo, lo que es cierto). Finalmente, el influyente libro de Thomas Kuhn La estructura de las revoluciones científicas (1962) ha hecho entender la ciencia como producto de las perspectivas de un grupo o comunidad científica (paradigma), que muda su foco de atención de acuerdo con cambiantes intereses no necesariamente científicos, sin que pueda habarse de un progreso lineal o una acumulación simple del conocimiento. Así, la ciencia se aproxima cada vez más al discurso cotidiano sin que sea fácil establecer criterios de demarcación nítidos, al menos con validez general, entre lo que es y no es científico. Esto ha supuesto la aparición de una tendencia claramente relativista, que la epistemología de una parte y la sociología de la ciencia de otra, han contribuido a reafirmar, pero que ambas disciplinas se esfuerzan por matizar, es decir, por establecer el alcance real de estos problemas relativos a las fronteras del saber científico y a los criterios de fiabilidad de sus hallazgos.
No obstante la nueva revolución científico-técnica, iniciada en los años sesenta del siglo XX, ha dado lugar a la <> actual y atestigua un considerable progreso de los conocimientos que contrasta con el descrédito sufrido por su fundamentación teórica por parte de ciertas escuelas.
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