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LA VIGENCIA DEL ‘LIBRO DE TEXTO’ EN EL SIGLO XXI. ALGUNOS INDICIOS PARA EL DEBATE.

AUTORA: ADRIANA FERNÁNDEZ REIRIS.

(Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación - Universidad de Valencia – España). Actualmente, se desempeña como Profesora Adjunta Ordinaria del área Didáctica en la Universidad Nacional de la Patagonia Austral – Argentina.

e-mail:adrireiris@hotmail.com










ABSTRACT.
Inicialmente presentamos algunas reflexiones sobre el lustre de importancia y propagación que ha revestido al libro de texto desde la conformación de los sistemas educativos nacionales y acerca de los tipos de investigaciones que lo han convertido en un objeto de estudio pluridisciplinar y complejo. Luego, exponemos una síntesis de algunas conclusiones del estudio que hemos desarrollado sobre el circuito integral de libros de texto en editoriales y escuelas de España y Argentina.
Nuestra intención es abrir una discusión acerca de las funciones que cumple el libro de texto en las aulas y sobre la viabilidad de sus mejoras, lo que remite, en última instancia, interrogarse por una genuina reforma educativa.
1) UN INCESANTE PROVOCADOR DE POLÉMICAS.
Como pórtico queremos evocar algunas imágenes. En primer lugar dos chistes gráficos del humorista y educador italiano Francesco Tonucci quien dibujó, en una viñeta a una sonriente profesora que recibe el abrazo paternal de un libro de texto que le dice: “No te preocupes” y, en otra caricatura, una docente sosteniendo en sus brazos un libro, presumiblemente “de texto”, en actitud de amamantarlo que exclama emocionada y con los ojos cerrados: “He adoptado un libro”. En segundo lugar, una de las pocas travesuras que vimos cometer a Lisa Simpson en su serie televisiva: esconde en un armario todos “los libros del Maestro” que utilizan los profesores, imposibilitándolos para desarrollar sus clases y quedando al borde de la expulsión cuando es descubierta. En tercer lugar, dos refranes populares que ilustran los muros, a menudo, inexpugnables de las aulas: “Cada maestrillo con su librillo” y “Quítale su librillo y cata muerto al maestrillo”. Y, en cuarto lugar, la famosa escena de la película “La sociedad de los poetas muertos” en la que el profesor incita a sus alumnos a arrancar las páginas de los libros de texto como una invitación a pensar por sí mismos.
Estas imágenes sintetizan, en nuestro criterio, aspectos que se han resaltado en diversos estudios. En los chistes de Tonucci, la dependencia que suelen tener muchos docentes respecto de los manuales escolares y, con ello, su alta incidencia en la determinación del curriculum real, situación que es, en cierta medida, un reflejo de la desprofesionalización y pauperización de sus condiciones materiales de trabajo. En el episodio de Lisa, la resistencia que, a pesar de todo, sostienen algunos niños frente a la uniformidad, empaquetamiento y fetichización del conocimiento y del aprendizaje. Los refranes españoles denuncian la actitud individualista, de “autonomía” como “autosuficiencia”, que frecuentemente se cristaliza en las prácticas docentes. Y la escena del film mencionado, el aluvión de críticas sobre el libro de texto que casi lo sindican como “El Enemigo Público Número Uno” de la renovación pedagógica.
En distintos ámbitos e, incluso, entre académicos bibliófilos se expresa desprecio a los “libros de la escuela” pero mantienen una gran importancia al punto de ser “los libros de la sociedad”, los únicos que son obligatorios (van Dijk;2000:29). Para criticarlos, como indicó Umberto Eco (Bonazzi / Eco;1974:9), debemos hacer un esfuerzo de extrañamiento porque han sido fuente de nuestros prejuicios morales e intelectuales y de nuestras ideas comunes más retorcidas, banales y difíciles de abandonar.
Recurrentemente, en los medios de comunicación masiva de distintos países explotan debates y polémicas sobre su calidad pedagógica, sus mensajes ideológicos y la supervisión estatal sobre ellos en los lugares en que se ejerce y hay asociaciones de padres y de distintas filiaciones religiosas, políticas, culturales, que vigilan sus contenidos.
Tampoco son ajenos a adjudicarle relevancia a los libros de texto, como potente herramienta de control curricular, los organismos internacionales de financiamiento, como el Banco Mundial que, en los documentos en los cuales prescribe principios para las reformas educativas que se están efectuando en muchos países, los coloca entre las prioridades (antes que los conocimientos y la experiencia del profesor) para acompañar la transformación de los sistemas educativos (Coraggio / Torres;1997:85).
2) UN OBJETO DE ESTUDIO SEDUCTOR Y ELUSIVO.
El devenir histórico nos sugiere la identificación de libro y educación casi como una entelequia y, dentro de ella, la aparición masiva del libro de texto se produjo en el siglo XIX (Westbury,1991:3670; Choppin,1992:103; Escolano, 1993:27 y 1996:344-345; Mínguez / Beas,1995:17;). Su historia parece seguir un movimiento paralelo y dependiente del sistema educativo que lo contiene y le ha otorgado su designio. En este sentido, puede considerarse como hijo pobre de la Enciclopedia de la Ilustración, una versión vulgarizada y simplificada del saber que debe ser accesible a las masas para la formación del ciudadano.
Como objeto de estudio, numerosas y diversas investigaciones históricas, de educación comparada, de exámenes ideológicos, sociológicos, antropológicos, psicológicos, lingüísticos, de política cultural y economía, epistemológico-disciplinares, pedagógicos, etc. colocan en la mirilla a los libros de texto pero, a pesar de la cantidad de trabajos, no existe una teoría científicamente comprobada sobre ellos (Johnsen,1996:276 y Martínez Bonafé;2002).
La falta de sintonía entre los investigadores de la educación y los profesores es un lamento proverbial. Pero, respecto de los libros de texto hay dos limitaciones adicionales: por un lado, el abordaje multidisciplinar, con la consecuente publicación en revistas de diversas especialidades, obtura el conocimiento recíproco incluso entre investigadores y, por otro lado, debido a que suelen ser un producto nacional los informes pocas veces son divulgados en países vecinos. Estas características tornan indispensable la cooperación internacional (Choppin;1992:211-214).
En varias naciones como Japón, Suecia, Austria, Alemania, se han fundado instituciones especializadas en la investigación de libros de texto y existen redes internacionales especializadas en el análisis como las organizadas por el Instituto alemán Georg Eckert y la Unesco, el grupo británico de la revista Paradigm, o la vinculación entre grupos académicos de Francia, España, Argentina y otros países con sus proyectos de estudio e inventario de los libros escolares desde una perspectiva histórica, etc.
Todos los problemas sociales son multidimensionales y hay que integrar las parcelas que se fragmentan en los análisis. Al respecto, Johnsen (1996:293-296), utiliza la analogía del calidoscopio para ilustrar la necesidad de considerarlos como expresiones interpretables desde todos los ángulos y propone que la investigación del libro de texto se convierta menos en una actividad “posterior al acontecimiento” y más en una parte integrada y sincronizada con el uso y desarrollo sin pasar por alto los otros eslabones de la cadena, aunque esté afiliada con uno especialmente. Ian Westbury (1991:3683-3685) juzga que el uso del libro de texto, en términos holísticos, es un componente escurridizo de la enseñanza desde el punto de vista de la teoría educativa convencional. Aduce que las fuertes identidades disciplinares de los sistemas escolares circunscribieron seriamente la forma en que la investigación educativa ha definido sus problemas conllevando que las indagaciones se hayan encarado con mayor frecuencia por eruditos de distintas disciplinas que por pedagogos.

Subsiste el desafío, expuesto por Michael Apple (1989:108), de una agenda de investigaciones etnográficas a largo plazo, sobre bases teórico-prácticas que reconstruyan el circuito total del libro de texto en sus contextos de elaboración, comercialización y utilización. Es imprescindible que equipos interdisciplinares se aboquen al examen crítico de sus contenidos y también se deslicen por los contextos de diseño, de producción, de comercialización y de utilización. Las universidades, en interrelación con las escuelas, tienen mucho por hacer en este área (Martínez Bonafé;2002)
Revisando el inventario de la mayoría de las investigaciones que se han realizado acerca de los textos escolares, hemos relevado casi seiscientos estudios, podemos observar que la mayor parte se han centrado en la textura (formal, lingüística, psicopedagógica) del texto, en la ideología que portan o en la trama económica, cultural y política en la cual están insertos pero no abundan los estudios que integren a estos aspectos la dinámica escolar. Así, vislumbramos cuatro tendencias:
La primera línea integra los estudios críticos, históricos e ideológicos acerca del contenido y procura develar la ideología que portan los libros de texto y para profundizar el cotejo se indaga en lo que se dice, cómo se dice y, especialmente, aquello que se omite por eso ha abonado y enriquecido el campo de la reflexión sobre el currículum latente u oculto de las escuelas. Dentro de esta línea, coexisten distintas orientaciones: un conjunto numeroso de estudios que analizan los textos desde una perspectiva de género sobre el sexismo y la estructura androcéntrica de los mensajes y / o las ilustraciones; otras investigaciones que indagan los prejuicios étnicos, los estereotipos, los sesgos ideológicos y de clase social y su formato homogenizador que obstaculiza el tratamiento de la diversidad cultural; otro grupo que compara el abordaje de determinadas materias, temáticas o problemáticas en forma diacrónica o en dos o más países y otro que se aboca a la evolución del libro de texto en sí mismo. En la metodología empleada aquí predomina el análisis de contenido y también se aplica el análisis del discurso que aportan una importante luz sobre cuestiones invisibles ante una mirada ingenua.
La segunda línea está compuesta por los estudios formales, lingüísticos y psicopedagógicos referidos a la legibilidad y comprensibilidad, su presentación y adecuación didáctica general y / o específica. Aquí la preocupación no es la crítica ideológica sino el mejoramiento de la eficacia del lenguaje empleado, de los aspectos del diseño, especialmente, las ilustraciones, el tratamiento informativo y científico de las temáticas y la evaluación psicopedagógica de la calidad de sus contenidos y actividades así como la evaluación de proyectos que incorporan las nuevas tecnologías presentando libros de texto en Internet o en soporte de disco compacto digital. Prevalece una metodología de tipo experimental junto con ensayos sin base empírica.
La tercera línea reúne los estudios sobre las políticas culturales, editoriales y la economía que se cristalizan en sus procesos de diseño, producción, circulación y consumo. Esta visión “macro” de los libros de texto como literatura política y de la red comercial que los envuelve se ha incrementado en las últimas décadas y nos permite conocer las controversias y las políticas de selección, adopción y / o censura en torno a los libros de texto; las políticas de desarrollo editorial, de traducción o adaptación de libros escolares, especialmente, en países del Tercer Mundo, la presentación de modelos del proceso editorial o de alguna de sus etapas y las tendencias de investigación sobre los libros de texto y de nuevas propuestas de análisis o indagación. Aquí, metodológicamente se aplican ensayos con indagaciones bibliográficas, análisis estadísticos, entrevistas y encuestas, así como también relatos de experiencias.
La cuarta línea aglutina los estudios centrados en el papel del libro de texto en el diseño y desarrollo curricular y analiza las prácticas con los textos en las escuelas, los distintos modos que adopta su uso en las aulas, la exploración de las percepciones, opiniones y demandas de profesores sobre los materiales curriculares, el análisis de la toma de decisiones de los docentes sobre los medios de enseñanza y la evaluación del vínculo entre el material curricular y la autonomía profesional del profesor. En esta línea la metodología empleada es fundamentalmente cualitativa con técnicas de observación y entrevistas para el estudio de casos.
3) ALGUNOS SONDEOS DE NUESTRA INVESTIGACIÓN.
En el estudio de casos que realizamos con motivo de nuestra tesis doctoral defendida en la Universidad de Valencia en el mes de febrero de 2003, pretendimos explorar el circuito integral de la elaboración y el uso de libros de texto desde su concepción en las editoriales (entrevistando a editores y autores) y el análisis de sus mensajes y propuestas pedagógicas hasta su utilización en cuatro escuelas (dos de Valencia, España y dos de Caleta Olivia, Argentina).
3.1. EL LIBRO DE TEXTO COMO PRODUCTO COMERCIAL .
Luego de un buceo bibliográfico, hemerográfico y documental sobre los procesos de diseño, desarrollo y comercialización de los libros de texto y de haber analizado las entrevistas a editores y autores constatamos, entre otras cuestiones que:


  • Los principales objetivos de la publicación comercial son la facilidad de venta y la rentabilidad y esto se potencia con el fenómeno de la centralización y concentración del campo editorial en grandes corporaciones que pone en peligro la subsistencia de las pequeñas casas editoras. En el escenario actual, la publicación, la circulación y el acceso a las ideas y bienes simbólicos tienden a hallarse cada vez más restringidos.




  • La edición escolar constituye un subsector editorial muy lucrativo y destinado a un público semicautivo dentro de un mercado amplio y homogéneo que no alienta las innovaciones ni la pluralidad de la oferta. Por el contrario, desde la lógica mercantil que impera en los grandes grupos editoriales la publicación de libros de texto es atractiva, especialmente, si es global porque abarata los costos al demandar grandes tiradas de ejemplares.




  • El campo editorial se encuentra en tensión entre la lógica comercial y la lógica pedagógica prevaleciendo la primera en la toma de decisiones de los agentes editoriales pues la concepción de los destinatarios descansa en perfiles abstractos del alumno y del profesor “medios”, delineados, fundamentalmente, a partir de los sondeos que bucean en las necesidades del comprador para promover sus ventas. Más allá de esos trabajos de los Departamentos de Marketing no existe una tradición de investigación e innovación en el sector. Hay un modelo estándar del libro y se observa mucho a los productos de la competencia para diseñar el propio.




  • Aunque en las investigaciones que hemos relevado la producción editorial no ha sido muy explorada, allende las diferencias individuales y distintos hábitos profesionales, el proceso parece caracterizarse por una estructura de toma de decisiones muy formalizada y previsible en tanto los formatos no se modifican de manera esencial de una disciplina a otra. En estas condiciones, según la índole del proyecto editorial, la elaboración de un libro puede exigir, aproximadamente, entre seis y quince meses en total pero difícilmente alcance los dos o tres años que propone la Association of American Publishers (2001) para la edición de libros de texto de calidad, ni puedan seguirse las secuencias de pruebas prolongadas de modelos experimentales de libros escolares que se implementaban en las escuelas soviéticas (Zuev;1987).




  • Los siete editores que entrevistamos no reconocieron una oposición entre el interés comercial y el pedagógico definiendo como libro de calidad aquel que logra mayor venta y reconociendo que sus diseños apuntan a satisfacer las demandas de los profesores sin proponer innovaciones que no tendrían buena acogida porque la última palabra la tiene el mercado.




  • En referencia a la figura del autor de libros escolares, en Estados Unidos se divisa la propensión al desdibujamiento de su identidad a tono con lo sucedido en los nuevos soportes electrónicos (Sewall;2000). Con el agregado de un conglomerado de otros componentes digitales junto al texto principal, se va acentuando el difuminado de la autoría en manos de equipos de plantilla de las casas editoriales y el autor titular sólo es responsable, en algunos casos, de una supervisión general (Westbury;1991:3680). En España y Argentina, desde la segunda mitad del siglo XX, el prestigio de las marcas o logos editoriales también despunta sobre el de la autoría. Aunque hay distintos cauces para la contratación de equipos autorales, los concursos no son la vía predilecta. Pueden distinguirse aquellos que pertenecen a la planta permanente con una posición más dependiente en la negociación de criterios y los autores contratados que cuentan con el respaldo de su trayectoria académica y el consecuente mayor grado de autonomía. Por lo común, el fundamento para la selección de equipos autorales es aglutinar la experiencia en las aulas y la especialización en cada materia pero no hay adhesión a corrientes disciplinares o pedagógicas particulares, inclusive algunas de las grandes editoriales sostienen dos líneas para atender distintos nichos del mercado.




  • Aplicando el modelo de Basil Bernstein (1993:60-63) para el análisis del proceso editorial puede decirse que la producción de libros escolares tiene una fuerte clasificación vertical (grado de separación de la relación entre agentes que pertenecen a categorías diferentes: diseñadores gráficos, ilustradores, maquetadores, autores, correctores, promotores comerciales, impresores, etc.) y una clasificación horizontal (grado de separación de la relación entre agentes que pertenecen a categorías similares) menos fuerte. Es el editor el encargado de coordinar las tareas que realizan separadamente todos los agentes y es quien regula los valores del enmarcamiento del acto de producción, es decir, el grado de fragmentación- división o integración que lleva consigo, el ritmo de trabajo, etc. De todos modos, estas regulaciones no pueden ser flexibles porque los tiempos de ejecución son ajustados por la necesidad de responder, con celeridad, a las demandas del mercado.




  • Con los avances de los medios audiovisuales e informáticos el futuro del libro en general y del libro de texto en particular es impreciso pero casi todos los editores, autores y profesores consultados coincidieron en opinar que, independientemente del soporte, continuará ejerciendo sus funciones. Revisando la historia del libro no sería la primera vez que transforme su soporte y formato. Está extendiéndose la instalación de libros de texto virtuales en la red de Internet y algunas editoriales han comenzado a publicar libros con discos compactos digitales o disquetes adjuntos y, ante todo, estos cambios irán gradualmente acompañando la evolución del mercado. Pero, en la actual época de transición, lejos de haberse reducido, se ha incrementado la utilización de papel. Todavía se necesita mucho perfeccionamiento para hacer más amigables y abaratar las tecnologías de los libros electrónicos junto con las discusiones para definir un nuevo orden jurídico en cuanto a los derechos de propiedad intelectual.


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