Hacia un nuevo sistema de gobernanza en gipuzkoa






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HACIA UN NUEVO SISTEMA DE GOBERNANZA EN GIPUZKOA

Markel Olano, Diputado General de Gipuzkoa

2010/09/02

Egunon guztioi eta mila esker ekitaldi honetara etortzeagatik.

Benetan pozgarria da niretzat kultura politiko berriari buruzko ikastaro honi hasiera ematea. Hirugarren aldiz, Euskal Herriko Unibertsitateak eta Gipuzkoako Foru Aldundiak kultura politiko berriaren ardatz nagusi bat aztertzen dute elkarrekin. Aurtengo ikastaroaren gaia kultura politiko berriaren eta balioen arteko harremana izango da, hain zuzen.

En esta intervención de hoy quisiera abordar cuatro reflexiones fundamentales:

- Una primera reflexión sobre los valores como esencia de la política.

- Una segunda, sobre el sistema de gobernanza por el que estamos apostando desde la Diputación Foral de Gipuzkoa, en estrecha colaboración con las principales instituciones, empresas y asociaciones de nuestro territorio.

- Una tercera reflexión sobre mi visión personal de la política.

- Y, finalmente, una cuarta sobre el momento político que vivimos en nuestro territorio y en Euskadi.

Balioak politikaren oinarriak dira. Baliorik gabe, ez dago bidezko politikarik. Legealdi honetan gipuzkoarren aurrean hartu genuen konpromisoa hauxe izan zen: balioetan sustraitutako kultura politiko berria sustatzea gure lurraldean.

Gure konpromisoarekin eta gure ekintzekin politikatik aldendu diren pertsonen konfiantza berreskuratu nahi dugu.

Cuando hablamos de valores en el ámbito de la política, tenemos que tener en cuenta tanto los valores individuales como los colectivos. Los valores de todas y cada una de las personas. Empezando por el derecho a la vida. Nadie puede disponer sobre la vida de las personas.

Y por ello, es fundamental el blindaje ético de nuestra sociedad frente a ETA y nuestro compromiso total con el reconocimiento y el apoyo a todas las víctimas de la violencia y el terrorismo. Más tarde o más temprano (esperemos que muy pronto) la violencia tocará a su fin en Euskadi.

El final de la violencia va a permitir a nuestro país desplegar todo su potencial en el ámbito social, económico y cultural. Va a permitir un auténtico “renacimiento” de nuestro pueblo. Es una oportunidad única que tenemos que aprovechar al máximo.

Junto a nuestro compromiso total con los valores individuales de las personas, tenemos también que reconocer y defender los valores de los colectivos y naciones en las que se integran.

Yo creo firmemente en el derecho que tienen todos los pueblos a decidir su propio futuro. Con el máximo respeto a los principios democráticos que configuran cualquier sociedad plural y avanzada. Sin admitir jamás ningún tipo de interferencia o presión por parte de los que recurren a la violencia. Pero hoy, el derecho a decidir (y su plasmación jurídica) constituye uno de los valores colectivos fundamentales que es necesario impulsar.

Vivimos tiempos de incertidumbres y transformaciones. La actual crisis económica está siendo más profunda y prolongada que las anteriores. Y el origen de esta crisis está directamente relacionado con la pérdida de referencias éticas fundamentales en el ámbito financiero.

Afortunadamente, en Gipuzkoa hemos sabido preservar un tejido empresarial no especulativo y asentado en valores como la satisfacción por el trabajo bien hecho, el esfuerzo, la constancia, la responsabilidad y el enraizamiento social.

Estamos comprometidos con el apoyo a este tejido empresarial generador de riqueza y empleo a largo plazo y que muestra su clara superioridad moral respecto a los que han priorizado el beneficio a corto plazo.

Durante las últimas décadas, la extensión del individualismo en nuestra sociedad también está erosionando algunos de nuestros valores comunitarios fundamentales.

No es un fenómeno específico de Gipuzkoa, sino que es común al conjunto de las sociedades avanzadas. Desde hace años, destacados expertos como Robert Putnam (que por cierto, estará con nosotros el próximo 14 de septiembre) vienen también alertando sobre el debilitamiento del capital social en Estados Unidos.

Fenómenos como la privatización del espacio público y del tiempo de ocio o la creciente separación entre los entornos residenciales y de trabajo, plantean nuevos retos y oportunidades para el desarrollo de redes sociales.

Desde la Diputación, y a través de la iniciativa Gipuzkoa Sarean, estamos colaborando con los principales actores de Gipuzkoa en el aprovechamiento de las oportunidades para fortalecer nuestro capital social.

En este sentido, con la participación de las universidades, las empresas y las asociaciones queremos realizar una utilización innovadora de las tecnologías y la planificación urbana, y territorial para reforzar las redes sociales y la competitividad de Gipuzkoa.

El nuevo Centro de Innovación Social, promovido en colaboración con la EHU/UPV y la London School of Economics nos va a permitir avanzar más rápidamente en esta dirección.

En definitiva, las instituciones públicas debemos prestar una atención fundamental a los valores de nuestra sociedad. Tenemos que colaborar estrechamente con el conjunto de los actores públicos y privados en el ámbito de los valores, porque son el fundamento de todas las políticas públicas, proyectos empresariales o iniciativas sociales que pongamos en marcha.

La segunda reflexión de esta intervención es sobre nuestro sistema de gobernanza.

La globalización plantea nuevos retos de gobernanza a nivel internacional y local, que requieren un sólido liderazgo y una respuesta política.

La superación de los retos de la globalización y el aprovechamiento de sus oportunidades demandan también un nuevo modelo de gobernanza en Gipuzkoa.

La competitividad de nuestro territorio y el bienestar de todos los guipuzcoanos requieren un nuevo sistema de gobernanza, en el que las instituciones públicas y la sociedad civil compartan una visión de futuro y las acciones para hacerla realidad.

Un nuevo sistema de gobernanza que aúne la máxima eficacia y eficiencia en la acción de los poderes públicos, con una intensa participación ciudadana en el diseño, ejecución y evaluación de las políticas públicas.

Un nuevo sistema de gobernanza que a través de la colaboración pública-privada, integre la acción de las instituciones públicas, de las empresas y del conjunto de la sociedad civil en la consecución de unos objetivos compartidos.

Un nuevo sistema de gobernanza basado en nuestra identidad: abierta, plural, compleja, moderna y diferencial, que nos conecta con la globalidad.

Un nuevo sistema de gobernanza, basado en la cooperación de todos los diferentes actores de Gipuzkoa, en lugar de en la competencia entre ellos.

A través de iniciativas como la alianza estratégica Gipuzkoa Aurrera o la nueva Norma Foral de Participación Ciudadana, la Diputación Foral de Gipuzkoa está dando pasos decididos e innovadores hacia este nuevo modelo de gobernanza. Un modelo de gobernanza, una nueva cultura política, basado en el liderazgo compartido.

Elinor Ostrom, la primera mujer galardonada con el Premio Nobel de Economía en 2009, ha dedicado su vida al estudio de la cooperación, mientras que la mayoría de los economistas se han dedicado al estudio de la competencia. Nos ha mostrado el éxito y enorme potencial futuro de las instituciones de acción colectiva. Para ello se necesita comunicación, confianza y el desarrollo de redes sociales, en definitiva capital social.

El éxito de la experiencia cooperativa de Mondragon es una plasmación clara de este potencial en nuestro entorno. En Gipuzkoa hemos sido pioneros y contamos con realidades internacionalmente reconocidas en el ámbito de la cooperación.

Yo creo firmemente que el presente y el futuro de Gipuzkoa pasan por un nuevo sistema de gobernanza basado en el liderazgo compartido.

Tenemos los mejores activos para construirlo. Y estamos trabajando día a día para impulsarlo.

En tercer lugar, me gustaría realizar una reflexión sobre mi visión personal de la política. Creo que es un deber de los políticos explicar sin pudor los motivos que nos impulsan en nuestra labor diaria, especialmente en estos tiempos de descrédito de la clase política.

Creo en la política como un compromiso con mi pueblo. Un servicio para transformar la realidad y desarrollar un proyecto compartido que mejore nuestra convivencia y bienestar. Un servicio que obliga a dejar las ambiciones personales al margen superando las injusticias y las imposiciones.

Creo en un nacionalismo vasco moderno e integrador, que preserve y desarrolle nuestra identidad en un entorno global. En un nacionalismo vasco que no renuncie ni a los principios esenciales ni al derecho que nos asiste a materializar legítimamente estos proyectos políticos.

Gipuzkoa es una sociedad compleja, abierta y plural. La política es responder a un voto de confianza de nuestra comunidad, de todos sus miembros. Nos debemos a ellos y no podemos defraudarles. A los que nos votaron, a los que votaron a otros y a los que no pudieron o no quisieron votar.

Creo en liderazgos compartidos y abiertos, que inspiren y movilicen al conjunto de la sociedad. Creo que los liderazgos particulares no permiten afrontar con éxito nuestros retos comunes.

Creo en la austeridad, en la transparencia y en la tolerancia cero ante la corrupción, como principios fundamentales de la acción política. Estoy plenamente convencido de que la política es una actividad honorable y fundamental para nuestro país.

Creo que una sociedad sana es la que observa en sus ciudadanos altas dosis de compromiso y solidaridad. Y que la política es uno de los principales instrumentos para encauzar ese compromiso.

Creo en la participación ciudadana, como un activo fundamental a impulsar desde las instituciones públicas. La democracia no es votar cada cuatro años, sino participar los 365 días del año. Las nuevas tecnologías nos permiten avanzar mucho más rápidamente en esta dirección.

Creo en gobernar en red, colaborando con las demás instituciones, empresas y entidades de nuestro territorio. Ejerciendo cada uno sus responsabilidades en beneficio de un proyecto común. Desarrollando la capacidad cívica necesaria para superar nuestros retos de futuro.

Creo que la responsabilidad política es el máximo honor e ilusión para cualquier persona. Merece la pena dedicarle lo mejor de nosotros pues la calidad de vida no se mide por lo que tenemos sino por el sentido que damos a nuestras vidas.

Creo que la política es la ética de lo colectivo. La ética de lo que nos une a todas y a todos. La ética de este apasionante proyecto común que llamamos Gipuzkoa y en Euskal Herria.

Euskadi vive realmente un momento de transición. Todos queremos pasar la página de la violencia. El oxigeno de legitimación de la violencia se acaba; esa es la verdadera aproximación al final del terrorismo.

Pero cómo se visualice y se produzca el final de la violencia de ETA tiene mucho que ver con el futuro que queremos construir.

Creo en una Euskadi plural y abierta en el que todos los proyectos políticos se puedan materializar; por eso no creo que el final de la violencia deba constituirse en la derrota de un proyecto político (en este caso el de la Izquierda Abertzale) sino en la incorporación al sistema democrático de todas las opciones políticas sin exclusión.

Lo cierto es que la violencia nos ha secuestrado la normalidad política, pero también ha impedido abordar con solidez el conflicto político vasco que no es otro que la falta de reconocimiento de la existencia del pueblo vasco y su derecho a decidir y el encaje de este derecho en el ordenamiento jurídico.

Algunos han identificado “la normalidad política” con la desactivación popular de esa demanda mayoritaria y con la exclusión política de la dirección política del sistema institucional del nacionalismo democrático.

Obviamente, no comparto esta visión; no por mi adscripción nacionalista; sino porque mi visión sobre la democracia está orientada a la aceptación de la pluralidad real en términos individuales y colectivos. Todas las personas deben tener los mismos derechos y esta máxima debería de ser exactamente igual para todas las identidades colectivas que quieran ejercer sus derechos.

Creo que la estrategia de Estado, materializada en Euskadi por parte del Partido Popular y del Partido Socialista para desbancar al nacionalismo del sistema institucional, constituye una “distorsión democrática” que busca normalizar al país no reconociendo los problemas reales, y un “empobrecimiento de la diversidad” en cuanto que busca encajar una realidad plural y compleja en los límites exclusivos de la visión de Estado de los partidos constitucionalistas.

Las encuestas realizadas demuestran, una y otra vez, que la sociedad vasca desconfía claramente de la validez de esta formula, porque las soluciones nunca han venido de la mano de procesos de exclusión; más bien al contrario; el diálogo y el acuerdo deben ser la herramienta y el objetivo básico de todo juego democrático. La pretensión de extender está formula no cuajará en Euskadi y estoy convencido de que, para construir su futuro, Gipuzkoa va a rechazar de forma contundente esta opción.

Creo que en el momento político actual hay dos objetivos nucleares en Euskadi. El primero es el final de la violencia y el final de ETA, al mismo tiempo que se produce la incorporación de la Izquierda Abertzale al sistema democrático y, en segundo lugar, es necesario desarrollar una labor democrática de reconstrucción de nuestro sistema institucional basado en tres pilares: la inclusión democrática, la conexión con la demanda real de la sociedad vasca y orientar la labor del actual sistema institucional a estrategias que permitan en un futuro la inclusión del derecho a decidir en nuestra estructura normativa.

Esta gran tarea no la puede desarrollar un solo partido político y no se puede realizar de espaldas a la sociedad vasca ni a las condiciones sociales que lo pueden hacer posible; es necesario, por tanto, una intensa colaboración a todos los niveles entre todos aquellos que comparten esta visión.

Una transformación de nuestro sistema institucional que aborde la inclusión definitiva de todos los aspectos derivados de los derechos que nos asisten como pueblo no pueden pivotar exclusivamente sobre intereses políticos coyunturales, sino que además ha de ser abordados en términos de una negociación más estructural. Esto solo será posible si la sociedad vasca lo demanda con contundencia, con continuidad y con un comportamiento cívico activo y democrático que impulse una transformación en la dirección señalada. La tarea que nos queda por delante es enorme y no es sólo responsabilidad de los partidos políticos sino del conjunto de la sociedad vasca.

Voy a terminar. Los valores que condicionan nuestros comportamientos constituyen la base de nuestra cultura democrática; Euskadi ha estado demasiados años en un cuarto en el que se respiraba violencia, enfrentamiento e incapacidad para el acuerdo. Es hora de abrir las ventanas y desde un escenario de paz abrir sin miedo los debates que merece una sociedad madura como la vasca.

Desde este compromiso vamos a seguir trabajando día a día.

Mila esker.















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