El impuesto a refrescos para combatir obesidad y diabetes divide a México






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El impuesto a refrescos para combatir obesidad y diabetes divide a México

el economista.es 20/10/2013
El Gobierno de México busca combatir los altos índices de obesidad y diabetes con un impuesto a las bebidas azucaradas, una medida que fue aplaudida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) pero que se enfrenta al rechazo de los productores de refrescos.

Esta medida, incluida en la iniciativa de reforma fiscal presentada por el presidente Enrique Peña Nieto en septiembre pasado, responde a una situación calificada por Naciones Unidas como de "emergencia nacional".

"Sale más caro comprar agua que refresco en México", dijo el director de la agrupación civil "El poder del consumidor", Alejandro Calvillo. La organización forma parte de la Alianza por la Salud Alimentaria, que engloba a una veintena de asociaciones que, preocupadas por la epidemia de sobrepeso y obesidad que padece el país, piden al Gobierno una política integral que desincentive el consumo y genere recursos para crear alternativas.

Calvillo explicó que si bien el impuesto de un peso (0,08 dólares) por litro de la bebida azucarada es adecuado, coincide con la recomendación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de aumentar el gravamen al 20 % porque el consumo se reduciría en un 25,8 %. Además, se pasaría de los 284 a los 214 mililitros de ingesta de refresco por persona al día, según un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y de la Universidad de Michigan (Estados Unidos).

México es el segundo país con el mayor número de adultos con obesidad, detrás de Estados Unidos, y el primero en sobrepeso infantil, según la OCDE.

El consumo per cápita de refrescos en el país es de 160 litros al año frente a 38 litros de leche, según el presidente del Frente Nacional de Productores y Consumidores de Leche, Álvaro González Muñoz.

De ser avalado por el Senado en los próximos días, el gravamen a las bebidas azucaradas permitirá recaudar al Gobierno 13.000 millones de pesos (alrededor de mil millones de dólares) que serán destinados a fomentar el acceso al agua potable en las escuelas públicas del país.

"El objetivo del impuesto es desincentivar el consumo de estas bebidas que son nocivas para la salud e inciden en el aumento de la obesidad y la diabetes", precisó el director de la Fundación Mídete, Luis Manuel Encarnación, asociación encargada en la consulta y evolución de la obesidad en el país.

Los principales detractores, entre los que figuran la Asociación Nacional de Productores de Refrescos y Aguas Carbonatadas (ANPRAC) y la Unión Nacional de Cañeros (CNPR), principales productores de azúcar, alertan de que el impuesto aumente el desempleo y merme la economía del país.

"La industria embotelladora está en contra porque afecta a los niveles más bajos de la población", explicó a Efe el portavoz de la ANPRAC, Jorge Romo. Romo dijo que con la aplicación del impuesto se perderán un 20 % de empleos, y afectará especialmente a los pequeños establecimientos, cuyas ventas dependen en un 30 % o más de las bebidas azucaradas. El refresco "sólo contribuye en un 5 % de la dieta de 3.000 calorías que representa lo que come el mexicano", adujo Romo.

En este sentido, la doctora Ruth Pedroza Islas, especialista en Ingeniería en Alimentos de la Universidad Iberoamericana, explicó a Efe que "no es ninguna garantía" que la gente cambie sus hábitos alimenticios con la subida de los precios. Agregó que se trata de una medida "simplista" y que la obesidad, por tratarse de un problema multifactorial, requiere de una visión completa que incida en la prevención, educación y en analizar los hábitos alimenticios de la población mexicana. El impuesto ocasionará un descenso en el consumo de azúcar en el país en un momento en que los ingresos de los productores de caña cayeron casi un 37 % en el último año, señaló a Efe el presidente de la Unión Nacional de Cañeros, Carlos Blackaller.

Síntesis
El problema alimentario relacionado a la obesidad se ha puesto tan grave en México que el gobierno toma cartas en el asunto (s’attaquer au problème), abriendo esto polémica.
El gobierno de Peña Nieto, siguiendo las recomendaciones de la OMS y OPS (Organización Panamericana de la Salud), prevé gravar con un impuesto las bebidas azucaradas, los refrescos que los mexicanos consumen en abundancia (160 litros al año) y usar los ingresos recaudados en alternativas preventivas como sufragar máquinas expendedoras de agua en los centros escolares.

La medida se impone porque el gobierno ha identificado los refrescos como causante de la obesidad (dado que son más consumidos que el agua o la leche), que genera a su vez enfermedades como el diabetes. Dada la alarma sanitaria que plantea la obesidad en el país centroamericano, segundo con mayor tasa de obesos en el mundo, primero en obesidad infantil, con un número de obesos que no deja de crecer, parece que es urgente bajar la tasa de obesidad.

Sin embargo, la medida no cuenta con la aprobación de todos (ne pas faire l’unanimité): las industrias que fabrican las latas de refrescos alertan de la pérdida de empleos que puede acarrear para poblaciones ya pobres, como los gerentes o empleados de pequeños establecimientos de los que un tercio de la cifra de negocio depende de la venta de los refrescos. Los productores de azúcar también perderían mucho en la jugada, cuando ya están bajando sus ingresos. La medida tampoco sería disuasoria para generar un profundo cambio de costumbres alimenticias.


Transición y comentario
El mundo está mal nutrido, dividido entre dos tendencias opuestas pero tan inasumibles:

-el exceso de comida grasa, azucarada, basura (=malbouffe) que provoca una obesidad costosa a nivel sanitario y económico (ONU 2013: se engulle el 0,5% del PIB mundial, cada persona del 70% de mexicanos con sobrepeso –surpoids- necesitará 18 años de seguimiento médico).

-el defecto, la carencia de alimentación, que provoca la hambruna, que consiente que millones de personas estén al borde de la agonía por no poder alimentarse.
Por cierto –certes-, esas divisiones existen también en el seno de un mismo país: México, ONU 2013: 33% obesos ≠ 45% de hambrientos, famélicos –affamés-, en un país que, ironía del destino, tiene inscrita su cocina en el Patrimonio Inmaterial de la Unesco desde 2010.
Pero, viendo que México es un país emergente, en vías de desarrollo, una de las primeras economías del continente, con una previsión de crecimiento para los próximos años mayor a EEUU, Brasil, Chile,… conviene preguntarse si la obesidad es el precio que pagar por el desarrollo (est-ce le prix à payer en échange du développement?), si es “la otra cara de la moneda” (revers de la médaille).

  1. La obesidad, plaga (plaie, fléau) de los países ricos: cuanto más próspero se vuelve un país, más obeso es (plus…plus).



  1. La hambruna es más bien el pan de cada día (lot quotidien) de los países pobres.



  • Es inútil recordar que las poblaciones desheredadas suelen pasar hambre. En total en el mundo, casi 900 millones están en dificultades para el acceso a alimentos. En la India, sin embargo país de los BRICS, el 40% de los niños de menos de 5 años son desnutridos.

  • De ahí que –ainsi- en el África subsahariana y en Asia meridional, regularmente desde 2007 en particular (año de los motines –émeutes- del hambre en más de treinta países), asistamos a rebeliones de las poblaciones más pobres.

  • Las causas de tal desnutrición y hambruna (famine) son numerosas:

catástrofes naturales que devastan cultivos (cultures), generan caos en la distribución de alimentos,…;

están sometidos a la fluctuación de los precios de alimentos básicos provocadas por la especulación alimentaria (cotización ­–cours- del arroz –le riz-, el trigo –le blé-, el maíz –le maïs-,…). Los especuladores venden indirectamente los alimentos no producidos aún, es decir que comercializan cosechas (récoltes) futuras, de manera anticipada. Hoy, hay muchos especuladores financieros, negociantes (traders) en los mercados alimentarios. La especulación sobre estos “futuros” productos alimentarios genera alzas de precio cuyos beneficios sólo sirven para enriquecer a los intermediarios financieros y los distribuidores, pero no los consumidores ni los agricultores.

conocen guerras civiles y étnicas, que devastan zonas enteras, matan a las fuerzas vivas trabajadoras, y ven alternar en el poder gobiernos corruptos que se apoderan del poder a la fuerza y no distribuyen la ayuda humanitaria.

tampoco estos gobiernos están muy comprometidos en desarrollar políticas alimentarias y agrícolas eficientes. Son las ONG (la de Bill y Melinda Gates) u Organismos Internacionales (FAO), los que se encargan de formar a las poblaciones rurales para incentivar técnicas que mejoren los rendimientos,…


  1. La obesidad y la otra cara del exceso, el despilfarro (le gâchis), son la enfermedad de la sobreabundancia.



  • Las cifras son desorbitadas, astronómicas, demoledoras: 1 300 000 de obesos en el mundo, imaginar un país del tamaño de China donde todos los habitantes tendrían sobrepeso; 3 millones de muertes cada año por las enfermedades que genera. Según la ONU, es la epidemia del siglo XXI.

  • ¿Cómo se ha llegado a tal magnitud?

es un síntoma de esa uniformización de las culturas que tienden a homogeneizar las culturas sobre el modelo occidental, americano en particular (y en el caso de México, la cercanía geográfica es un incentivo más de ese contagio cultural). En México, esa inclinación a creer que todo lo que procede del extranjero es mejor que los productos nacionales se llama “el malinchismo”. La comida basura, chatarra (malbouffe) gana terreno.

son sociedades que, conforme van desarrollándose (à mesure qu’elle se développent), combinan un alza (une hausse) del poder adquisitivo y el sedentarismo. La sociedad de consumo secreta obesos.

  • Ejemplo: Si bien los mexicanos rurales se conformaban antes con una dieta sana basada en los frijoles (haricots), hoy día los urbanos se compran televisor (sedentarismo) + comen a diario carne o proteínas animales,…

  • Antes, la gente humilde (humble, défavorisée) podía vivir decentemente, su prioridad era la alimentación, representando en torno al 20% de sus gastos; pero hoy, la comida en muchos hogares apenas representa el 5% de los gastos de los hogares, dando ellos la prioridad a telefonía, pantallas planas,…

sus poblaciones, que viven en una comodidad que dan por sentada (aquise), que tienen un acceso fácil a cualquier alimentación (multiplicación de centros comerciales, restaurantes,…), ya no se mentalizan (n’ont plus conscience) del valor de los alimentos (la nourriture). Viven en la opulencia y se olvidan de las problemáticas actuales (el cambio climático con sequías –sécheresse-, desertificación, que puede amenazar la seguridad alimentaria, el aumento poblacional mundial (9 mil millones de habitantes previstos en 2050) con una concentración en centros urbanos, que puede plantear problemas de abastecimiento (approvisionnement),… Por eso el despilfarro es tan ingente (énorme): en Europa, asciende a 179kg por persona al año.

  • la pobreza también secreta obesos, y en las sociedades desarrolladas, la pobreza y las desigualdades no dejan de aumentar: las desigualdades nunca han sido tan patentes y sangrantes (criantes): en España, se ha duplicado desde 2007 número de personas en pobreza extrema (que viven con menos de 300 euros al mes), mientras que el número de millonarios aumentó un 13% entre mediados de 2012 y la primera mitad de 2013 (estudio del banco suizo Credit Suisse); la tasa de pobreza ha pasado del 19,7% de los hogares españoles en 2007 al 21,1 en 2012 (el país, 10/10/13).




  1. Esta situación alarmante y gravosa no es una fatalidad, no debería ser irreversible, pero el caso es que (le fait est que) no se ataja el problema de raíz (régler le fond du problème), todas las políticas acometidas son estériles.



  1. Las medidas de castigo financiero son contraproducentes.


¿De qué sirve aumentar el precio de las bebidas (México,…) o gravar con impuestos (Francia, Dinamarca,…) la comida rápida si no se facilita el acceso a productos sanos de calidad? Comprar agua es más caro que comprar refrescos en México, comer en Mac Do asegura una salida al restaurante a muchas familias humildes que no podrían pagarse una dieta equilibrada en un buen restaurante.

Ese tipo de medidas, lo único que pueden hacer, es estigmatizar aún más a los obesos, y empobrecer más aún a unos hogares ya pobres.

Por lo demás, el aumento del tabaco no disminuye el número de fumadores, pero sí el contrabando…


  1. Los gobiernos aplican prohibiciones con doble rasero (interdire avec deux poids deux mesures).


Los Estados democráticos se vuelven corecitivos, promulgan cada vez más interdictos en nombre de la salud y de la convivencia pública: fumar en lugares públicos, dejar que los niños de menos de 6 años jugueteen con un teléfono móvil,… Tratan de intervenir en la esfera privada para ayudarnos a tener costumbres más saludables.

Para luchar contra la obesidad, en EEUU, una ley prohíbe incluir juguetes en la comida rápida de los niños, en España en marzo de 2011 una ley sanitaria obligó a los centros escolares a dar la programación del menú del comedor a las familias y prohibió las máquinas expendedoras (distributeur) de chuches en los centros escolares, ahora México prevé gravar los refrescos,…

Pero, si realmente quisieran atajar el problema, ¿no sería más valiente –courageux- y eficiente prohibir la comida chatarra, prohibir la instalación de un Mac Do en cada esquina (en la actualidad, esas empresas tienen toda latitud para implantarse dónde les da la gana -où elles en ont envie), prohibir el procesamiento de platos preparados que añaden más productos químicos y sal o azúcar, prohibir que haya tantos anuncios televisivos en horarios infantil que acribillan a los niños con (abreuver de) publicidades de chuches (friandises): los niños españoles ven la tele 4 horas al día, entre las cuales 1H de anuncio televisivo (réclame, pub),…

Por otra parte (d’ailleurs): ¿por qué gravar los refrescos y no la mayonesa, los bombones (barres chocolatées), el embutido (la charcuterie)…?

Los gobiernos son pues laxistas, dejan que vivamos en un clima obesógeno (obésogène).



  1. Los gobiernos no ayudan a revertir la tendencia atacándose a las reales causas del problema, el sedentarismo y el consumismo característico de nuestras sociedades.



Ningún gobierno acomete una política global de creaciones de carriles para bicicletas (pistes cyclables) en las ciudades o crea aceras más amplias para que la gente vaya al trabajo andando o montando en bici… Ningún gobierno crea parques infantiles para que los niños se desfoguen (se défouler) y espacios verdes públicos para la actividad física, a donde ir a hacer footing,…

Al contrario, no ven ningún inconveniente en legislar (légiférer) para permitir que los domingos sean días trabajados (jours de travail, ouvrés) como en Francia, para fomentar el consumo en vez de invitar a las familias a disfrutar de placeres no vinculados al consumo. En México o Ecuador y otros países latinoamericanos, cada espacio urbanizable se destina a la creación de enormes centros comerciales con plantas enteras dedicadas a la comida rápida, al cine,…los Moll, como el Moll del Sol en Guayaquil (Ecuador), única diversión que se plantean miles de ciudadanos, en vez de ir a hacer ejercicio, tomar aire,…

Las soluciones pueden parecer fáciles, pero tardan en implementarse con eficacia: educar sobre cómo alimentarse adecuadamente, informar sobre la peligrosidad de tal o cual alimento, bajar el precio de los alimentos sanos,…

A modo de conclusión, nadie puede eludir los factores que hacen de la obesidad una epidemia que afecta esencialmente a los países ricos y emergentes. El problema es colosal, complejo, y lo cierto es que un impuesto más no ayudará a resolverlo.


Preguntas de entrevista


  • ¿Es el precio siempre una medida disuasoria eficaz para modificar costumbres, generar cambios de hábitos?

  • ¿Cuáles son los problemas vinculados a la alimentación que conocerá el futuro?

Escasez de alimentos si la población no deja de aumentar, problemas de abastecimiento hasta lo centros urbanos que concentran la población, seguridad alimentaria con cambios climáticos,…

¿Le parece que medidas simbólicas como la inscripción de una cocina tradicional sana en el Patrimonio Inmaterial de la Unesco (México 2010, Francia,…) pueden ser herramientas útiles en la lucha contra la mala alimentación?

  • ¿Son dos problemas distintos lo obesidad y la hambruna?

  • ¿Representa para usted la alimentación una partida prioritaria de su gasto mensual?

  • ¿Piensa que comer, y comer adecuadamente, es una prioridad para todo el mundo?

  • Para prevenir la obesidad, se ha de luchar contra las causas de tal plaga. ¿Cuáles son las causas modernas de la obesidad? ¿Cómo fomentar la actividad física en vez del sedentarismo?

  • ¿Ha oído hablar del estudio científico llevado sobre ratas que demuestra que las galletas Oreo son tan adictivas como la cocaína? ¿Qué piensa usted de semejante revelación?

  • En Japón, las empresas que cuentan con trabajadores obesos deben pagar severas multas. ¿Le parece normal y moral considerar que un obeso es un “infractor”, un “delincuente”, y que su empresa debe pagar por tenerlo en su plantilla?

  • El despilfarro es otra cara del mismo problema (el exceso de alimentos que caracteriza las sociedades ricas). Europa en 2013 se fijó el objetivo de reducir a la mitad el desperdicio generado. ¿Tiene una idea de cómo?

Adaptar el tamaño de los envases (la taille des emballages) para que personas solteras puedan comprar cantidades razonables, informar mejor sobre la diferencia entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente, bajar drásticamente los precios de los alimentos frescos que se aproximan a su fecha de caducidad, mejorar los circuitos de redistribución a organizaciones caritativas de los alimentos no consumidos en restaurantes, centros escolares, supermercados,…




Documentos adjuntos

  1. Un estudio asegura que las galletas Oreo son tan adictivas como la cocaína



abc.es, 17/10/13
«Nuestro estudio apoya la teoría de que los alimentos altos en grasas y azúcares estimulan el cerebro de la misma forma que las drogas», explica el investigador. «Esto podría explicar por qué algunas personas no pueden resistir este alimento a pesar de que saben que es malo para su salud». Schroeder agrega que el verdadero peligro para la salud es que, a diferencia de las drogas, las galletas ricas en grasa y azúcar están disponibles al público.

El estudio surgió porque los investigadores estaban interesados en analizar cómo la prevalencia de los alimentos altos en grasas y azúcares en los barrios de bajos ingresos contribuía a la epidemia de obesidad en el país. «Elegimos las galletas Oreo no sólo porque son las favoritas de los estadounidenses -y también son muy sabrosas para las ratas-, sino también porque los productos que contienen altas cantidades de grasa y azúcar son agresivamente promocionadas hacia las comunidades de los menores niveles socioeconómicos», afirma Jamie Honohan, otro de los autores del estudio.

Para probar los niveles de adicción de estos compuestos los investigadores decidieron analizar las galletas Oreos y con éstas medir la asociación entre «la droga» (la galleta) y el ambiente (el nivel socioeconómico).

Para medirlo utilizaron un laberinto en el que colocaron, de un lado Oreos y del otro una torta de arroz (un bocadillo bajo en grasas y azúcares). Y dejaron que las ratas (souris) hambrientas eligieran hacia dónde dirigirse en el laberinto y midieron el tiempo que pasaban con cada alimento. «Igual que los humanos, las ratas no sentían mucho placer al comer estas tortas de arroz», dice el profesor Schroeder.

Y sorprendió a los investigadores la forma como las ratas comían la galleta. «Las abrían y se comían el relleno primero», explica Honohan. Posteriormente, las ratas recibieron una inyección de cocaína o morfina de un lado del laberinto, o una inyección de solución salina del otro lado. informa BBC Health.

Los resultados, dicen los investigadores, mostraron que «las ratas que habían quedado condicionadas a comer Oreos pasaron tanto tiempo en el lado del laberinto donde estaba la galleta, como las ratas condicionadas a la inyección de la morfina o la cocaína».

Para medir la adicción hicieron un análisis de la actividad neuronal en el nucleus accumbens, el llamado centro de placer del cerebro.

«Las prueba básicamente nos indica cuántas neuronas se activan en una región específica del cerebro, como respuesta a la droga o a las Oreos», dice el profesor Schroeder. Los resultados, agrega, mostraron que las Oreos activaban «significativamente más neuronas que la cocaína o morfina».

«Esto confirma nuestros resultados conductuales y apoya la hipótesis de que los alimentos altos en grasas y azúcares son adictivos», expresa el investigador. Y lo más problemático, agrega, «es que estos alimentos altos en grasas y azúcares pueden ser incluso más peligrosos (que las drogas) debido a su enorme disponibilidad y accesibilidad».

El estudio será presentado el próximo mes en la conferencia anual de la Sociedad de Neurociencia en San Diego, California. La empresa productora de las galletas no ha hecho comentarios al respecto.



  1. Vídeo “la obesidad, un problema tan grave como el hambre”


tve, la 2 noticias, marzo 2012
http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-2-noticias/obesidad-problema-tan-grave-como-hambre/1343337/



  1. América Latina: ¿Somos los más pesados del mundo?


ROBERT VALLS, El País, 12/11/13
Casi la cuarta parte de latinoamericanos -unos 130 millones de personas- son obesos y algunas de las mayores economías regionales como México, Chile y Argentina muestran los porcentajes más altos de adultos con sobrepeso.

La obesidad ya no es un problema exclusivo de los países ricos. La proliferación de dietas poco saludables y con exceso de calorías, el escaso ejercicio y los estilos de vida sedentarios, han provocado que Latinoamérica sea cada vez más obesa, un aumento que amenaza los cimientos de sus sistemas de salud.

Los costos son también una pesada carga para el desarrollo de la región. Según este estudio de la Organización Panamericana de la Salud, solo el gasto en salud que resulta de la diabetes –la principal enfermedad relacionada con la obesidad- alcanza los 65.000 millones de dólares al año.

Si no se pone freno a esta tendencia, para el 2030 el número de obesos latinoamericanos llegará al 30% de la población, según datos del Banco Mundial. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad se ha convertido en una epidemia global que se cobra la vida de al menos 2,8 millones de adultos cada año.

Para Latinoamérica estas cifras suponen un aumento poco deseable de consultas médicas, gasto en salud y de poblaciones con más riesgo de padecer enfermedades no transmisibles como la hipertensión, diabetes o padecimientos cardiovasculares.

Uno de los países latinoamericanos más afectados es México. De acuerdo a un informe de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) 32,8% de la población mexicana es considerada obesa, una cifra que catapultó al país al primer puesto del mundo, relegando a Estados Unidos al segundo lugar. Otros países de la región que afrontan problemas de similar magnitud son Chile y Argentina con 29.1% y 29.4 % de población obesa respectivamente.

¿Qué se hace al respecto (à ce sujet)?

México lanzó recientemente una campaña nacional contra la obesidad y la diabetes, que contempla medidas como aplicar una tasa de un peso (impôt de un peso) a las bebidas azucaradas, o aplicar un impuesto del 8% a la comida chatarra. Sin embargo, en general, la respuesta de los gobiernos de la región a la epidemia de obesidad ha sido pobre.

En otros países se ha optado por castigar directamente a los “infractores”. En Japón, por ejemplo, se castiga con severas multas a las empresas cuyos trabajadores exceden ciertas medidas corporales.

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Las sociedades desarrolladas y emergentes se vuelven cada vez más obesas. ¿Es una tendencia irreversible?

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