C omentarios sobre la Escuela Sabática (Abril-Junio 2002)






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Comentarios sobre la Escuela Sabática (Abril-Junio 2002)
ESTUDIOS SOBRE EL APOCALIPSIS
Dr. Alberto R. Treiyer

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Lección 1.

 

La interpretación apocalíptica.

 

En los días de Jesús había mucha confusión con respecto al verdadero Mesías debido a las tantas teorías que el diablo había levantado sobre los pasajes bíblicos que lo anunciaban (Mat 16:13-17). Dos milenios más tarde, en las postrimerías del mundo, la confusión con respecto a la hora en que vivimos parece ser mayor debido a las tantas teorías que el diablo ha levantado con respecto a las profecías que predicen su venida. Siendo que tenemos el privilegio de vivir en una época científica en donde todos los datos necesarios se saben con respecto al orígen de las diferentes ideas, convendrá repasar brevemente los principios de interpretación que se levantaron en determinados épocas de la historia cristiana. Lo haremos en forma cronológica para luego considerar el impacto que tienen hoy en el mundo.

 

1. Los problemas que encontramos en el Nuevo Testamento con respecto al verdadero Mesías o Cristo prometido, tuvieron que ver con la identificación del Mesías, no con el escepticismo moderno que niega que se haya tratado de profecías reales.

 

2. Para cumplir con el mandato evangélico de predicar el mensaje a todo el mundo, los primeros cristianos recurrieron a las profecías de Daniel para probar la autenticidad de la Palabra de Dios. Con el propósito de debilitar su mensaje, Celso, Porfirio y otros sabios paganos declararon que las profecías de Daniel fueron escritas por otro autor que, en el S. II antes de Cristo, usó su nombre para hacer creer que sus visiones eran una profecía. Las visiones del presunto Daniel, por consiguiente, eran una "vaticinia post-eventum", es decir, una fábula escrita después que los hechos se dieron. Los así llamados "padres" del segundo y tercer siglos fueron llamados "apologistas", porque tuvieron que defender la fe cristiana de todos esos ataques paganos.

 

3. Tanto los judíos como los cristianos (los así llamados padres y doctores de la iglesia en los primeros siglos), entendieron que el cuarto imperio anunciado por Daniel era el de Roma. De manera que no solamente esperaban su derrumbe, sino también la venida del anticristo que sucedería a los césares o emperadores (la única excepción fue Agustín de Hipona, por creer que el milenio había comenzado con el triunfo del cristianismo sobre el paganismo).

 

4. Esto continuó así durante toda la Edad Media, pero en forma retrospectiva. En lugar de esperar el anticristo para el futuro, fueron identificando cada vez más al anticristo en el levantamiento del papado romano, hasta pasar a ser esa la interpretación dominante de todos los movimientos religiosos opuestos a Roma, ya desde mucho antes de la Reforma del S. XVI.

 

5. Para desviar el golpe, J. Henten primero en 1547, y luego el jesuita Luis de Alcázar en 1614, fundaron la interpretación preterista aduciendo que el anticristo fue Nerón que había sido prefigurado en la historia de Antíoco Epífanes (gobernador griego seléucida que profanó el atrio del templo de Jerusalén a mediados del S. II AC). Notemos que lo que estos autores hicieron fue, en realidad, retomar la crítica pagana contra los cristianos de los primeros siglos, para negar el cumplimiento de la profecía que se refería a sus días).

 

6. Dándose cuenta de que el preterismo jamás iba a poder explicar todo el cúmulo de profecías bíblicas, otro jesuita español, Francisco Rivera (1590) fundó el futurismo, que consiste en postponer toda profecía histórica hacia el futuro. En realidad, ya Tomás de Aquino, el forjador de la teología católica del segundo milenio, había sugerido que el anticristo vendría en el futuro, y reinaría por tres años y medio literales.

 

7. Con el racionalismo de los S. XIX y XX, y el escepticismo típico que se originó con la Revolución Francesa, comenzó a negarse la posibilidad de toda profecía bíblica y a adoptarse el preterismo también dentro del protestantismo y, en general, en toda la cristiandad.

 

8. Con el existencialismo del S. XX, y el sentimentalismo que se originó con el cansancio de los razonamientos intrincados de los eruditos escépticos, volvió a ponerse el énfasis en el futurismo. Todo lo sensacional, que apelase a los sentidos y extasiase la imaginación, comenzaría a tener lugar aún con respecto a las profecías. Siendo que el futuro no cumplido da más posibilidades para este campo de acción, se fue perdiendo interés en el cumplimiento histórico de las profecías bíblicas, para proyectarlas a un futuro mediato o inminente, según la imaginación del autor.

 

9. Hoy muchos autores combinan el preterismo con el futurismo, debido a que captan que ni el uno ni el otro pueden aprobar un examen serio de las profecías apocalípticas. Pero al quitar la espina dorsal que une los dos polos (el pasado y el futuro), revelan el mismo escepticismo de siempre. Al hombre moderno le cuesta encontrar un punto fijo por el cual decir:  "Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros" (Luc 4:21).

 

10. Una nueva escuela de interpretación que deja de preocuparse por ubicar en el tiempo las profecías de la Biblia, se ha denominado como "idealista". Su único objetivo es tratar de extraer el mensaje que el apóstol trata de dar, sin importarle el contenido histórico futuro al que se dirije. Nos preguntamos si las palabras con las cuales Juan concluyó el Apocalipsis no se aplican indirectamente a ellos también, cuando dijo:  "A todo el que escuche las palabras del mensaje profético de este libro le advierto esto...:  si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro" (Apoc 22:18-19).

 

11. Al comenzar el S. XXI, los adventistas son prácticamente los únicos que se atienen todavía al método historicista. No podemos negar que haya incursiones preteristas, futuristas e idealistas en nuestro medio, debido a que las semillas del escepticismo moderno de las que está impregnada la literatura religiosa fuera de nuestra iglesia, no dejan de ejercer su poder mágico en algunos de nuestros hermanos.

 

¿En qué consiste el método historicista?

 

En ver toda una secuencia profética, ininterrumpida, desde los días de los escritores bíblicos hasta el fin del mundo. En el caso del cristianismo, este principio consiste en creer realmente en las palabras que Jesús dejó al irse al cielo:  "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat 28:20). Jesús no estuvo sólamente con los discípulos en el primer siglo. No estará únicamente con sus discípulos en el fin del mundo, sino también en toda la etapa intermedia. Esto lo demostró especialmente en el Apocalipsis en el mensaje de las siete iglesias (número que indica algo completo y que, como en las siete fiestas de Israel que abarcaban el período completo del año litúrgico, comprenden en el caso del Apocalipsis un mensaje simbólico que abarca toda la dispensación cristiana).

 

Así como Jesús anunció para el futuro la "abominación asoladora" de la que había hablado el profeta Daniel (Dan 9:27; 11:31; 12:11; Mat 24;15: ubicado por los autores modernos en el pasado macabeo del S. II AC), también anunció los 1260 días-años para el futuro mediante Juan en el Apocalipsis (Dan 7:25; 12:7-9; Apoc 11:2-3; 12:6,14; 13:5:  infructuosamente ligados para el pasado macabeo por los preteristas de hoy).

 

Conclusión.

 

Dios quiere que sepamos que Jesús es el mismo "ayer, hoy y por los siglos", y que estará con su pueblo hasta el fin. Quiere que confiemos en sus promesas, mostrándonos que así como cumplió las que tenían que ver con el pasado, cumplirá también las que faltan. En especial en la época final en la que vivimos, quiere que prediquemos convencidos y convertidos, el mensaje adventista del pronto regreso el Señor. A un mundo que duda o divaga fantasiosamente con sueños irreales, quiere que le hagamos ver el gran plan de salvación, el propósito divino en la historia humana, y el desarrollo final del conflicto que terminará para siempre con este mundo de maldad.

Comentario de la Escuela Sabática: Lección 2.

Daniel 2 y 7: el ABC apocalíptico.

En la catedral de Estrasburgo hay un reloj enorme que, a las 12 del día, hace desfilar a los doce apóstoles delante del Señor. En la base de tal reloj aparecen en cuatro partes los cuatro animales feroces de Dan 7, con la inscripción: Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma. Cuando uno averigua la época en que se agregó esa inscripción, descubre que corresponde a la Reforma. La ciudad de Estrasburgo fue una de las primeras en aceptar la reforma protestante y sólo en tiempos modernos devolvió esa catedral a la Iglesia Católica. La inscripción de esa interpretación apocalíptica no ha sido borrada, sin embargo, y continúa siendo llamativa para los turistas que prestan atención en ella.

Los cuatro reinos y sus críticos.

Hoy, la mayoría de los intérpretes modernos hacen desembocar la estatua de Daniel 2 y las bestias feroces de Dan 7, así como el resto de las profecías de Daniel, en la época en que suponen haber sido compuesto el libro de Daniel, es decir, en la época del rey griego seléucida Antíoco Epífanes del S. II AC. Siendo que los documentos de Qumran y otros manuscritos antiguos del libro de Daniel, prueban una antigüedad mayor por el estilo de escritura, los comentarios más recientes admiten que trozos de las historias y profecías de Daniel existían antes, pero que fueron recompuestos por un autor posterior, siempre en el S. II AC. [Así como la vieja poesía española: “Moza tan fermosa non vi en la frontera..., faciendo la vía de cada traveño...”, revela características en el lenguaje hispano que hoy no se dan y que pertenecen a determinada época de la historia, así también los manuscritos más antiguos del libro de Daniel revelam características en la escritura que preceden al S. II AC].

Todos hacen partir los imperios de Babilonia, pero para poder desembocar el cuarto en el gobierno griego de los seléucidas, los críticos escépticos dividen en dos el reino de los Medos y Persas (recordemos que aparecen unidos por los dos brazos a la altura del pecho). En Dan 8:20, sin embargo, se describe al carnero con dos cuernos como un reino, el de los Medos y Persas, lo que prueba que Daniel no los vió como dos reinos diferentes. Los críticos hablan también de las uniones matrimoniales entre los reyes seléucidas y los reyes ptolomeos que, a pesar de eso, no lograron la unión en un solo reino. Pero no explican que después vino otro imperio, el romano, y que el Dios del cielo no haya levantado ese reino del que habló en la época de esos reyes griegos. Para adoptar esa interpretación tienen que pasar por alto, además, lo que creyó la iglesia cristiana sobre esas profecías en toda su historia. Una excepción es la época moderna con su escepticismo característico. Aunque en algunos siglos de la historia cristiana se haya ignorado esa profecía, en nuestra época no se la ignora, sino que se la rechaza con una interpretación que no toma en serio el texto bíblico.

2. Diez reinos.

Algunos han objetado que, en diferentes períodos de la historia, hubo más y menos de diez reinos que sucedieron al de Roma, según la ocasión. Inclusive nuestros pioneros estaban divididos en 1888, frente al gran congreso de Mineápolis que definió mejor el tema sobre la Justificación por la Fe, tocante a la inclusión de los hunos o de los alamanes dentro de los 10.

No necesitamos entrar en esta discusión. Hubo 12 tribus de Israel y, aunque de José salieron dos, Efraím y Manasés, siguieron siendo considerados como doce debido a que Leví no recibió herencia como las demás (Núm 1-3). Incluso en el libro del Apocalipsis, los dos hijos de José son mencionados como dos tribus separadas, y falta la tribu de Dan. El que después se sumen o se resten no quita su identificación con el número inicial.

Algo semejante podemos decir de los doce apóstoles. Después del suicidio de Judas quedaron once, hasta que los discípulos eligieron a Matías para reemplazar a Judas, y el Señor escogió a Pablo en su lugar. Pero el número 12 continúa siendo significativo en el símbolo junto con las 12 tribus de Israel, ambos teniendo su lugar en la ciudad de Dios. ¿Habría de extrañarnos que hoy, el Mercado Común Europeo esté compuesto por más de diez naciones?

Lo mismo podemos decir con respecto a los tres cuernos que fueron quitados para que pudiese comenzar a reinar el papado romano (“cuerno de pequeños comienzos”), según lo indicado en la profecía (Dan 7:7,20,24). El lugar dejado por los hérulos, por ejemplo, fue ocupado por los ostrogodos que eran arrianos también, de manera que su desaparición no tiene nada que ver con el levantamiento del papado. El primer reino que salió en defensa del papado y se vió implicado en la desaparición de los visigodos fue Clodoveo. Fundó París como su capital (antiguamente era una aldea romana), en el año 508, año en que, según estudios más recientes, se bautizó como católico. Ese es el punto de partida para el comienzo de los 1290 días-años (Dan 12:12).

De Clodoveo se dice que “restauró la unidad cristiana y estableció en París la monarquía franca a base de una estrecha alianza entre el rey y la Iglesia”, J. Pirenne, Hist. Univ., 432. Fue el mismo reino el que le dio el golpe de muerte al papado 1290 años después, conforme a la predicción de varios autores de la época ya antes de 1798. Los intérpretes historicistas de fines del S. XVIII argumentaron que siendo que los francos habían sido los primeros en defender y apoyar al papado, debían ser ellos los que le diesen la herida mortal al concluirse los 1290 días-años. Hoy son todavía los franceses los que más se oponen a los intentos papales de lograr la unión europea con el reconocimiento oficial de las tradiciones cristianas de Europa (el papado romano y las iglesias que lo apoyan). ¿Serán ellos los últimos en sanar la herida?

El emperador Justiniano, por su parte, sería quien libraría al papado del reino ostrogodo, último de los tres cuernos opositores, en el año 538. Con su decreto daría autoridad al pontificado romano por sobre todas las demás iglesias.

3. “Se mezclarán con simiente de hombre” (Dan 2:43).

¿Se trata de un cumplimiento literal que implique la unión matrimonial de príncipes y princesas europeas durante la época de los diez dedos o diez cuernos del cuarto reino? ¿O se trata de un símbolo de alianzas hechas entre dos partes desiguales—iglesia y estado—como lo fueron siempre el hierro y el barro? ¿Podría servir el símbolo para proyectar ambos hechos que se dieron en la historia?

La mayoría de los intérpretes adventistas tomó el símbolo de Dan 2:43 como prueba de que Europa no se unirá jamás. Carlomagno en el S. VIII, Carlos V en el S. XVI, Napoleón en el S. XVIII, y Hitler en el S. XX, intentaron unir a Europa pero todos fracasaron. Los intentos por unir Europa en un Mercado Común fueron pronosticados por algunos también como imposible.

¿Qué podemos decir de una interpretación tal? Que aunque es buena y sólida desde la perspectiva histórica, es audaz al volverse categórica con respecto a sucesos que no se han cumplido y que no necesariamente están implicados en la visión. Por ejemplo, puedo aceptar que las naciones europeas continuarán con sus gobiernos propios, pero no negar o descartar un intento de confederación final que resalta en Apoc 17:14, donde aparecen unidos para guerrear contra el Señor en ocasión de su venida.

4. Hierro y barro: Iglesia y Estado.

Para E. de White, el doble símbolo del hierro y del barro que se da antes de llegar a los diez dedos, a la altura del pie (Dan 2:33,41-43), tiene que ver con la unión de la iglesia y el estado que se dio durante toda la Edad Media y se volvería a dar al final. Aunque los dos poderes se mantuvieron unidos en propósitos comunes, no dejaron de existir como entidades separadas. Tampoco se dio una fusión absoluta entre iglesia y estado en ninguna época de la historia. Así como el barro no puede soldarse con el hierro, tampoco esa unión que se dio sería sólida y estable. De W. Goets, Historia Universal (Espasa Calpe, madrid, 1946), III), 9-13, leemos la siguiente descripción en relación con esta paradoja de unión separada o reino dividido:

“Románticos e ilusos han celebrado la Edad Media como una edad de oro. Nunca fue la Edad Media lo que se ha dicho de ella. Nunca fue esa vida piadosa de los hombres, esa unidad de Estado e Iglesia, esa armonía en la economía y en la vida de las clases sociales... La concepción medieval del universo no dio la paz a los pueblos occidentales, ni tampoco pudo impedir las sinrazones y las violencias en la vida diaria... Desenvolviose por doquiera una división de clases y estamentos con rigurosa jerarquía, con servidumbre del débil bajo el fuerte, con inseguridad en la vida continuamente amenazada por robo y pillaje, con desenfrenados instintos en los grandes como en los pequeños. El número de las mujeres que en la Edad Media fueron sencillamente muertas o brutalmente repudiadas por sus maridos, desde los príncipes hasta los aldeanos, es infinito...

“La Iglesia no consiguió educar en una vida ideal ni a los legos ni a sus propios servidores. La crónica escandalosa de la Edad Media en lo referente a clérigos y claustros es de una considerable extensión. El Estado y la Iglesia no condujeron a la Humanidad a su salvación, sino que se complicaron uno y otra en cuestiones y discusiones, y aun choques, que condujeron al envenenamiento de la vida y a desmedidas pretensiones de ambas partes. En estas luchas y sus consecuencias arruináronse el imperio y el pontificado de la Edad Media.

“La Edad Media posterior cosecha la siembra de la Edad Media anterior... El imperio cristiano... había nacido sobre un supuesto religioso: que por obra de la voluntad divina habían de regir el mundo el emperador y el papa, aquel en lo profano, y éste en los asuntos espirituales de la Humanidad. Pero en vez de una pacífica división de actividades, habíase producido una apasionada lucha del emperador y del papa por el poder. Y ambas partes se habían destrozado política y moralmente”.

De J. Pirenne, Historia Universal (Ed. Éxito, Madrid, 1961), II, 60, leemos, además, que “bajo esta ficticia unidad [la de las instituciones laicas y religiosas del imperio carolingio], siguieron conservando una diversidad fundamental...”.
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