Resumen esta investigación se divide en dos partes diferenciadas. Una primera dedicada al análisis del periodismo de catástrofes: características y tratamiento, extrapolado a los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001.






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Periodismo de catástrofes: el 11 de septiembre
Análisis de un suceso y experiencias vividas

Rosa Rodríguez Cárcela
Periodista, miembro del Grupo de Investigación en
Estructura, Historia y Contenidos de la Comunicación
M. Ángeles Martín Ruiz
Licenciada en Ciencias de la Información, Universidad de Sevilla
RESUMEN
Esta investigación se divide en dos partes diferenciadas. Una primera dedicada al análisis del periodismo de catástrofes: características y tratamiento, extrapolado a los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001. En la segunda parte, se cuentan las experiencias vividas, en el centro de Nueva York, de una periodista sevillana que estuvo el mismo día del atentado y cubrió la noticia. En los anexos se incluyen copias de las portadas que publicaron los diarios Abc, El Mundo y El País el día siguiente, así como un reportaje publicado en el Diario de Sevilla, con motivo del primer aniversario del 11-S y una entrevista en exclusiva con el doctor Manuel Trujillo, director de Psiquiatría del Centro Hospitalario Bellevue de Nueva York.

ABSTRACT
This investigation is divided in two parts. One is dedicated to catastrophe journalism analysis: characteristics and treatment related to the September 11th terrorist attacks. The second part narrates the experiences lived by a journalist from Seville covering the news from the centre of NY the day of the attacks. In the attached annexes there are front cover copies for the “Abc”, “El Mundo” and “El País” daily journals the day after the attacks. There is also an article published in “El Diario de Sevilla” to commemorate the first anniversary of the 9-11 attacks and one exclusive interview with Doctor Manuel Trujillo, director of the Mental institute in the Bellevue Hospital Center of New York.

Palabras claves: Periodismo de catástrofes/Terrorismo/Atentado 11 de septiembre/Nueva York.
Key words: Catastrophe journalism/Terrorism/9-11 Attack/New York.

1ª PARTE:
PERIODISMO DE CATÁSTROFES
Rosa Rodríguez Cárcela

Las informaciones sobre catástrofes publicadas en los medios de comunicación son siempre espectaculares, debido al elevado número de víctimas que causan y los daños materiales que provocan. Las catástrofes podemos dividirlas entre aquellas de origen natural, generadas por fuerzas de la naturaleza, como los terremotos, lluvias torrenciales, huracanes, maremotos o erupciones volcánicas; y las provocadas por la acción del ser humano, como los incendios forestales, los atentados al medio ambiente, las contaminaciones masivas y, sin duda, los grandes atentados terroristas.

La Asociación Española de Lucha contra el Fuego (ASELF) también establece una clasificación parecida al diferenciar entre catástrofes masivas de origen natural, como un terremoto; o provocadas, como un atentado terrorista(1).

Los actos de terrorismo masivo tienen resultados catastróficos por los múltiples muertos y heridos que se producen, así como por las destrucciones de bienes inmuebles y muebles que tienen lugar. Sin olvidar el hecho del impacto social, psicológico, económico y político que ocasionan. En cualquier caso se trata de sucesos que originan verdaderas tragedias y tienen un gran impacto en los medios de comunicación.

A veces se producen hechos catastróficos que, por su carácter excepcional, se imponen a los condicionamientos informativos y periodísticos, acaparando los lugares más destacados del periódico o de cualquier otro medio de comunicación. Manuel Bernal los denomina «hechos-ruptura»(2), caracterizados por su gravedad y centralidad.

Para Lorenzo Gomis un grupo especial de estos hechos-ruptura son las «explosiones», cuya importancia se mide por el número de muertos. Estos acontecimientos se convierten en portada por sí mismos, ya que la sociedad entera se moviliza y los propios medios actúan como agentes «profesionalmente interesados». Las personas se preguntan cuáles son sus posibles repercusiones, una vez que se han producido. Por este motivo, Gomis, considera que ocupan los primeros puestos de la atención informativa(3).

Se trata, como los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York y contra el Pentágono en Washington cometidos el 11 de septiembre de 2001, de noticias excepcionales e imprevisibles que se imponen a la «compleja burocracia informativa», como indica Grossi(4). Pero además conviene decir, tomando como referencia a Rodrigo Alsina, que el carácter excepcional de un acontecimiento se define también en función de las convenciones sociales vigentes en cada lugar y momento(5). Es decir, que el acto terrorista conocido mundialmente como 11-S, hay que situarlo en un conjunto de circunstancias sociales, ideológicas y culturales que contribuyeron a potenciar su impacto. En este aspecto abundaremos posteriormente, al analizar las portadas de tres diarios nacionales de gran tirada.

Que los actos de 11 de septiembre de 2001 no fueron una catástrofe natural es evidente, pero sus efectos y consecuencias han sido como los de un gran terremoto en las mismas entrañas, en el centro neurálgico, de la primera potencia mundial. A primera vista se puede considerar como una gran catástrofe provocada por un grupo terrorista islámico perfectamente organizado. Ya veremos que se trata de algo más, desde el punto de vista de la información, la comunicación y en general de las relaciones internacionales.

Ha sido una gran catástrofe provocada que posee unas características que la convierten en un suceso periodístico de primera magnitud; no sólo por el lugar emblemático donde se produce y el numeroso porcentaje de víctimas, sino por las implicaciones políticas, sociales y económicas que tiene. Uno de los elementos más impactantes visualmente de este suceso catastrófico fueron las explosiones que provocaron el choque de los dos aviones contra las citadas torres gemelas. Ese momento ha sido una imagen reiteradamente televisada en todas las cadenas del mundo y publicada en las primeras páginas de los diarios más importantes. Fue un suceso repentino y alarmante, propio de las grandes catástrofes. En este sentido, Gomis matiza que las explosiones «son el término imprevisto de procesos inesperados» y representan la irrupción de la alarma en la sociedad(6).

Otro elemento que no conviene nunca olvidar, y que es consustancial del periodismo de catástrofes, es el elevadísimo número de víctimas que provoca y que en el caso de actos terroristas se le denominan masacres. En este caso, el término no se equipara con una mortandad fortuita o catástrofe natural, sino que, tal y como recoge el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), sólo cabe hablar de masacre en situaciones de matanza de personas por ataque armado o causa semejante. Y puntualiza sobre las víctimas: «por lo general indefensas»(7). Esta matización académica encaja perfectamente en la consideración de la masacre provocada el 11-S. Fue un ataque premeditado y realizado sobre personas indefensas, sin ninguna opción para defenderse frente a sus verdugos, los cuales, paradójicamente, también se convirtieron voluntariamente en víctimas al actuar como camicaces.

El Mundo, en un editorial publicado un año después del atentado, expresa su opinión sobre cómo esta masacre ha cambiado la concepción del mundo: «El 11 de septiembre marca una nítida frontera entre el pasado y el futuro, de suerte que no es exagerado decir que la masacre de Nueva York es el último acontecimiento del siglo XX y el primero de una época cuyos perfiles son todavía poco nítidos»(8).

Características periodismo de catástrofes:

En opinión de los periodistas Sibila Camps y Luis Pazos, las noticias de siniestros y catástrofes en general se sitúan entre las más complejas del trabajo periodístico, debido a varios motivos: “Con frecuencia repercute en varios planos de la vida de una comunidad y hasta de un país (social, sanitario, económico, político). La emergencia se prolonga y va modificándose a lo largo de varios días. Lo dramático de las circunstancias implica situaciones de caos, urgencia y estrés para los afectados y para quienes intervienen en las tareas de auxilio, y por lo tanto, también para el periodista”(9).

El 11-S ha sido un hecho excepcional, provocado por un grupo terrorista que, debido a las dimensiones del desastre, del lugar y de la importancia de las consecuencias, ha despertado un interés periodístico y social que ha quedado marcado como uno de los hechos más relevantes después de la II Guerra Mundial, como así lo han reconocido numerosos articulistas, periodistas y directores de periódicos.

Las catástrofes naturales ocasionan, especialmente en países en vías de desarrollo, gran número de víctimas y daños, que son objeto de las primeras páginas de los periódicos. Son los terremotos, huracanes e inundaciones los tres sucesos más graves referidos a este tipo de noticias, sobre todo por el elevado número de fallecidos, los efectos causados por los desastres y la movilización nacional e internacional de ayuda civil que suponen.

Como dato a tener en cuenta hay que señalar que entre las catástrofes naturales más graves acontecidas a finales del siglo XX sobresalen, entre otras, el terremoto de Afganistán (9.100 muertes), el huracán Mitch en Centroamérica (9.200), el huracán George en el Caribe y EE.UU. (más de 4.000); o las inundaciones en Bangladesh, India y Nepal, con un balance de 4.759 muertos(10). Las estimaciones de muertos del 11-S sitúan la cifra en cerca de 3.000 personas. Concretamente, la Oficina del Jefe de Servicios Forenses de Nueva York sitúa el número en 2.823 fallecidos y se considera el recuento oficial más completo difundido hasta el momento(11).

En estos casos, la información que se facilita sobre los muertos es relativa, ya que con frecuencia sólo es posible determinar el número de forma aproximada. No obstante, Camps y Pazos opinan que, aunque a veces la falta de datos se debe al caos producido por la catástrofe, cuando ocurre un siniestro de estas características es frecuente que, a causa de intereses políticos, la información sobre su magnitud sea ocultada o falseada. En opinión de los dos autores argentinos, esto suele suceder especialmente en lo referido al número de víctimas, a la eficacia de las tareas de auxilio, a las consecuencias económicas del desastre y a los pronósticos sobre evolución de la emergencia. En uno u otro caso, las dificultades para cubrir estos sucesos son casi siempre las mismas para el periodista, como ha ocurrido con el 11-S.

En cuanto al género narrativo de la catástrofe, se manifiesta un modo específico de hacer en donde los periódicos elaboran y muestran la tragedia y la muerte, con representaciones y manifestaciones de la sociedad y los gobiernos afectados. En este caso, el 11-S también reflejó en los medios de comunicación un modo de hacer periodístico marcado por la catástrofe. De este modo, se observa la aparición de elementos comunes en los medios de comunicación, especialmente en la prensa escrita y digital, así como en la televisión.

En primer lugar, hay que constatar la importancia de lo visual, de la fotografía y de la imagen en general en una distribución equilibrada con las portadas de la información textual y fotográfica, destacando lo gráfico frente a lo textual. La información básica se sintetiza a través de un título de catástrofe y una foto de grandes dimensiones, a manera de ventana o pantalla que abarca la mitad o la totalidad del espacio de la portada. La fotografía, en sí misma, funciona como noticia y testimonio para ver o mirar la magnitud del hecho y comprobar la veracidad de los hechos. Asimismo, actúa como ventana o portada de acceso al interior informativo de los diarios.

En segundo lugar se observa en las informaciones de catástrofes los titulares a grandes cuerpos, en negrita y muy gráficos, de estilo opinativo e interpretativo, frente al preponderante titular informativo. Se utilizan los títulos catástrofe («Más de 10.000 muertos”/ “Miles de víctimas…”). Es una narración abreviada de los hechos, pero muy gráfica y espectacular, de llamada al lector.

En tercer lugar, la terminología utilizada en la explicación de los hechos. Existe una preponderancia del campo semántico vinculado con la tragedia, consustanciales con los rasgos lingüísticos empleados en el género de catástrofes (“Desolador aspecto”, “Alerta máxima”, “Crisis”, “Miles de muertos entre los escombros”, Infamia”, “Tragedia”…).

En cuanto a las fuentes empleadas en la elaboración del discurso periodístico referido a catástrofes, en este caso aplicado al 11-S, se observa una preponderancia de fuentes de agencias extranjeras y de la CNN de EE.UU. Las fotografías provienen sobre todo de agencias extranjeras, mayoritariamente: Dpa, Ap, Epa, Reuters, NBC; o bien propias del diario (de archivo o de fotógrafos del periódico) y el recurso de la infografía.

Las informaciones periodísticas provienen de enviados especiales y de los cronistas que están en Washington o Nueva York, que recopilan las informaciones de la todopoderosa cadena CNN, así como de fuentes propias. Testigos de la calle, teletipos, declaraciones de políticos y cuerpos de seguridad (bomberos, policías, etcétera), sin olvidar la radio como fuente casi instantánea.

En este tipo de situaciones extremas las fuentes utilizadas se basan tanto en las informaciones confidenciales, como en los rumores. Un buen ejemplo de ello lo plasma Pedro Rodríguez, corresponsal de ABC en EE.UU., en su crónica publicada el mismo día 11: «El pánico hizo multiplicar aún más la magnitud de la tragedia. Si en un primer momento se informaba de un coche bomba en el Departamento de Estado, testigos presenciales lo desmentían posteriormente. Poco antes de esos informes, un periodista de la AFP que abandonaba el edificio del Departamento de Estado tras las órdenes de evacuación, escuchó dos explosiones pero no pudo identificar su origen. El ruido pudo haber sido causado por las explosiones en el Pentágono»(12).

La información, por tanto, se organiza en este tipo de periodismo de catástrofes sobre la base de testigos, supervivientes, las agencias informativas, otros medios de comunicación, estimaciones extraoficiales, rumores, policía, bomberos, protección civil y fuentes sanitarias. Se entrelazan caóticamente todos los discursos informativos como un reflejo de la situación excepcional.

Como última nota característica añadamos que el periodismo de catástrofes tiene un reflejo destacado en los medios de comunicación, ya que ocupa espacios importantes en las portadas de los periódicos, las tertulias radiofónicas o los informativos televisivos. Este hecho es perfectamente constatable, sobre todo si tenemos en cuenta que las consecuencias derivadas de las catástrofes, especialmente de las masacres terroristas, se han incrementado notablemente en los últimos 30 años(13). Por este motivo, y especialmente tras los atentados del 11-S, se ha puesto en evidencia la necesidad de aplicar los instrumentos legales existentes contra el terrorismo(14). Los periodistas que trabajan en estos temas tampoco deben desconocer ni olvidar la existencia de estas normativas garantizadoras de los Derechos Humanitarios Internacionales.

Cobertura de las noticias de catástrofes: el 11-S

El 11-S cogió por sorpresa a las redacciones de todos los periódicos. Nadie podía imaginar un acto terrorista de tal calibre y además en el centro económico y militar de la primera potencia del mundo. Como explica el catedrático de Derecho Internacional, Juan Antonio Carrillo Salcedo: «El atentado terrorista que golpeó a Nueva York y Washington supuso la entrada en escena de un nuevo tipo de agresores desconocidos e invisibles, y puso de manifiesto la vulnerabilidad del mayor poder bélico, económico y político del mundo»(15).

Todas las catástrofes, al ser inesperadas, ya sean naturales o provocadas, generan gran incertidumbre en el momento de tener que cubrir este tipo de informaciones. En el caso del 11 de septiembre esa incertidumbre y sorpresa se eleva a la enésima potencia, debido a su gravedad y sus consecuencias.
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