Sesión 9: Formas de lo económico






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fecha de publicación12.07.2015
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Francisco Gachet

Sesión 9: Formas de lo económico

Prof. Cristina Cielo

Meditación: Antropologías del mundo económico

En la sesión 9 la discusión en clase no alcanzó a debatir acerca de las distinciones entre Callon y Bourdieu en las respectivas antropologías económicas que cada autor plantea. Con la intención de cerrar esta discusión quisiera desarrollar brevemente los conceptos y reflexiones planteadas por cada autor. Aunque ambos autores ofrecen miradas críticas sobre una misma teoría económica dominante (neoclásica), sus diferencias radican en: [1] el nivel de análisis donde cada uno se ubica para extender el entendimiento sobre “lo económico” por fuera del paradigma neoclásico, [2] la capacidad de cálculo y acción estratégica del agente económico y [3] la importancia del Estado y la ciencia económica para definir y delimitar (incluso estructurar) la actividad económica.

Para empezar, el objetivo general de ambos autores es poner en cuestión los fundamentos de la teoría económica neoclásica. Para Bourdieu, tanto el mito del homo economicus como la teoría de la elección racional están en el núcleo de esta teoría: ambas nociones son “una ilusión escolástica que lleva al científico a poner su pensamiento pensante en la cabeza de los agentes actuantes, y a situar en el principio de las practicas de estos (es decir en su conciencia) sus propias representaciones espontaneas o elaboradas o, peor aún, los modelos que tuvo que construir para dar razón de sus practicas” (2001: 21). Para Callon el problema de la teoría neoclásica se ubica en un momento anterior al delimitado por Bourdieu en tanto la ciencia económica contemporánea carece de debates y de trabajos antropológicos que sustenten sus elaboraciones teóricas, sobre todo aquellas relacionadas con el mercado, “una institución central que subyace a la economía neoclásica del mercado” (North, 1977; citado en Callon, 2008: 11).

Es a partir de este agujero teórico y empírico que está en el centro de la ciencia económica neoclásica donde podemos empezar a delimitar los diferentes objetos de estudio por medio de los cuales cada autor plantea su propuesta. Por su parte, ý después de un extenso análisis sobre el mercado de viviendas en Francia, Bourdieu esboza los “Principios de una Antropología Económica” que supere la capacidad explicativa, analítica y crítica de la economía neoclásica. Para ello utiliza, como de costumbre, el marco teórico que lo caracteriza: primero, Bourdieu diferencia al campo económico como aquel conformado por un número limitado de empresas o firmas con diferentes cantidades de capitales acumulados (2001: 221); cada empresa, a su vez, puede/debe ser analizada como un campo autónomo subordinado al campo económico en donde interactúa con otros agentes (rama de actividad económica), y dentro de este segundo nivel constitutivo del campo económico ubica el concepto de habitus para discutir tanto las disposiciones de las personas que de manera conjunta conforman la empresa y para discutir la capacidad de calculo y acción estratégica por parte de un agente (ídem: 236-242). El aporte crítico de Bourdieu consiste en teorizar, desde su perspectiva de campos y capitales, el proceso de reproducción de los agentes económicos a lo largo del tiempo como un proceso que, en la mayoría de los casos, tiende hacia la acumulación de poder (o capitales) en pocas manos. A esto se refiere cuando asegura que “la tendencia a la reproducción de la estructura es inmanente a la estructura misma del campo: la distribución de as cartas de triunfo gobierna la distribución de las posibilidades de éxito y de ganancia a través de mecanismos diversos, como las economías de escala o las barreras a la entrada” de diferentes agentes” (223). Más aún, Bourdieu advierte en repetidas ocasiones que son justamente “las fuerzas del campo [las que] impulsan a los dominantes a adoptar estrategias cuyo fin es perpetuar o redoblar su dominación” (ídem: 230).

Para Callon el “objeto de estudio” que nos debe interesar al plantear una crítica a la ciencia económica dominante es menos general que el de Borudieu, en la medida en que los mercados y el calculo racional son dos nociones centrales que, dentro del paradigma dominante, son entendidos como un hecho mas que como una construcción social. Así, Callon inicia el planteamiento que lo llevará a una “Antropología de los Mercados” preguntándose qué es y qué no es una “agencia calculadora” (2008: 14). Desde una perspectiva exclusivamente teórica, Callon explica que los agentes (entendidos más como individuos “enredados” que como empresas o firmas) pueden volverse calculadores y, más aún, que necesitan ser calculadores en un contexto de incertidumbre radical. En tales circunstancias, que no son para nada una excepción, solamente las redes de relaciones y las interacciones sociales trilaterales son capaces ofrecer información suficiente para que el agente elabore de manera abstracta los “posibles estados del mundo” sobre los cuales el cálculo racional se puede dar (ídem: 20-21). Paralelamente, para que una transacción mercantil pueda existir y, en consecuencia, para que los mercados aparezcan como instituciones autónomas de intercambio de mercancías, Callon insiste en la necesidad de diferenciar a éstas del “don”.

Aquí podemos ubicar una segunda diferencia entre ambos autores: mientras que en Callon la capacidad de cálculo del agente depende de la red de relaciones sociales al menos trilaterales, Bourdieu prefiere apartarse del concepto mismo de “cálculo” con el concepto de habitus. Muy distinto al planteamiento de Callon, para quien el homo economicus “realmente existe” en circunstancias de incertidumbre diversas y “en la forma de muchas especies y linajes múltiples y ramificados” (2008: 65), el concepto de habitus según lo utiliza Bourdieu es, al mismo tiempo, un acto “espontáneo” que delimita una estrategia frente a un porvenir estructuralmente dado:

Si hay una propiedad universal es la de que los agentes no son universales porque sus propiedades y en particular sus preferencias y gustos son el producto de su emplazamiento y sus desplazamientos en el espacio social, y por lo tanto de la historia colectiva e individual […] el habitus es un principio de acción muy económico, que asegura una enorme economía de calculo […] produce previsiones razonables (y no racionales) que, por ser el producto de disposiciones nacidas de la incorporación insensible de la experiencia de situaciones constantes y recurrentes, se adaptan de inmediato a situaciones novedosas pero no radicalmente insólitas” (2001: 239-241)

El tercer y último punto que quisiera comparar entre ambos autores es cómo integran a su discusión la labor política/económica del Estado. Quisiera empezar por los planteamientos de Bourdieu, para quien el Estado tiene mucho que ver en la delimitación de las fronteras del campo económico y en los posibles causantes de su transformación. En primer lugar, las fronteras del campo económico son un espacio de perpetua disputa, sobre todo si consideramos la posible entrada de sustitutos que reconfiguren la estructura del campo. En segundo lugar, dichas fronteras son delimitadas fuertemente por el Estado, en la medida en que el juego de la competencia entre empresas, según lo define Bourdieu, es “una competencia por el poder sobre el poder del Estado, en especial sobre el poder de reglamentación y los derechos de propiedad […] aranceles preferenciales, patentes, créditos para investigación y desarrollo…” (ídem: 231-232). Otros factores externos que podrían transformar las reglas de juego del campo pueden ser cambios demográficos que alteran la demanda, estilos de vida o las fuentes de aprovisionamiento (energía). Como vemos, el énfasis de Bourdieu está en analizar al Estado como un factor de delimitación y transformación tanto interno como externo al campo económico: externo, en tanto regula las transacciones de mercado y los derechos de propiedad, e interno en tanto el Estado es capaz de generar y modificar tanto la oferta como la demanda que afectan las decisiones del conjunto de agentes económicos (ídem: 232).

En Callon la relación Estado-mercado delimita ciertas similitudes con el análisis de Borudieu, en tanto éste

no organiza acciones y comportamientos económicos que ya existen, por fuera de la acción estatal; las formatean […] En cada caso juegan reconfiguraciones, recombinaciones y rearmados que mezclan materiales peculiares de historia de cada país. En estos rearmados el Estado suele jugar un papel crucial y, a su vez, la dinámica en marcha impacta en su propia posición y contribución a la economía (2008: 54).

A pesar de esta aparente similitud, el argumento más importante que explica la “performatividad” de los mercados y de los agentes económicos como tales no está relacionado con el accionar estatal (como lo muestra Borudieu, ampliando su marco teórico de campos, capitales y habitus), sino con el accionar de las ciencias económicas, sus herramientas y técnicas de cálculo y su activismo político sobre las esferas mercantiles: para Callon “las ciencias económicas, en el amplio sentido del termino, realizan, dan forma y estructuran la economía mas que observar cómo funciona” (2008: 12).

Referencias:

Pierre Bourdieu. 2001 [2000]. “Principios de una antropología económica,” en Estructuras sociales de la economía. Buenos Aires: Ediciones Manantial. Pp 219-248.

Michel Callon. 2008. “Los mercados y la performatividad de las ciencias económicas.” Apuntes de investigación del CECYP 12(14): 11-68.

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