La producción de las noticias sobre violencia de género: análisis de los discursos de las y los periodistas de las televisiones generalistas






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LA PRODUCCIÓN DE LAS NOTICIAS SOBRE VIOLENCIA DE GÉNERO: ANÁLISIS DE LOS DISCURSOS DE LAS Y LOS PERIODISTAS DE LAS TELEVISIONES GENERALISTAS

Emma Gómez Nicolau

Universitat de València

Emma.Gomez@uv.es
El objetivo de la presente comunicación es explorar el proceso de producción de las noticias sobre violencia contra las mujeres en las televisiones generalistas del estado español. Se han realizado once entrevistas en profundidad a once periodistas de las principales televisiones generalistas del Estado español —Televisión Española, Telecinco, Antena3, Cuatro y la Sexta— que habitualmente seleccionan las piezas, deciden su encuadre y las redactan.

Las principales conclusiones apuntan a un cambio en el criterio periodístico en la selección de los temas que dificulta la consolidación de la violencia de género como un tema noticiable, reduciéndolo a sus expresiones más espectaculares. Así también, su representación en los medios se resentirá de la posición del tema en las agendas políticas actuales, en las que ha dejado de ser un tema prioritario. Por último, la complejidad de la violencia contra las mujeres como concepto genera discursos ambivalentes por parte de los y las periodistas, la delimitación conceptual de los cuales abarca posiciones ideológicas enfrentadas, también en el campo periodístico.

Violencia contra las mujeres, campo periodístico, representación mediática, ideología, televisión


  1. Introducción

Los medios de comunicación de masas han recibido una atención creciente por parte de los estudios feministas sobre comunicación y estudios culturales. Una de las preocupaciones principales radica en desenmascarar la función de los medios como transmisores de ideología (Van Dijk, 1997), como perpetradores de violencia simbólica (Boudieu, 1985, 1997, 2000) y al servicio de la clase dominante representada en el varón blanco de clase media-alta (Meyers, 1997), reforzando así la estructura androcéntrica de poder existente. Cabe recordar algo de etimología de la mano de Amparo Moreno (1987): la palabra griega aner, andros y la latina vir, viri se referían precisamente no a cualquier hombre de cualquier edad y condición sexual sino al hombre hecho, es decir, a aquel que ha asimilado los valores propios de la virilidad y, en consecuencia, se cree con derecho a imponerse sobre los otros: mujeres y hombres (Moreno, 1987).

El interés de los estudios feministas por los medios no es banal: los medios, elementos centrales de la cultura popular y herramientas básicas de socialización, transmiten modelos de masculinidad y feminidad hegemónicos, instruyen sobre cómo deber ser las relaciones entre los géneros o, entre otras, dibujan las formas de sexualidad permitidas configurando un imaginario social compartido androcéntrico y heterocentrado. En este aspecto, el análisis de la representación mediático de la(s) violencia(s) contra las mujeres ha recibido una atención destacada en los estudios sobre medios. En el caso del Estado español, es a partir de los 90 cuando se empieza a cuestionar cómo los medios se hacen eco de la violencia contra las mujeres (Fagoaga, 999; Fernández, 2003; Vives, 2005; Ariznabarreta et al., 2006; Menéndez, 2011) a la vez que ésta se situaba como un problema social y dejaba de esconderse entre visillos.

A pesar de los múltiples estudios, protocolos, manuales de estilo y recomendaciones, todavía no hay un consenso sobre cómo debe representarse la violencia contra las mujeres y ésta se inserta en las escaletas de los noticiarios, páginas de prensa escrita y boletines informativos con una arbitrariedad que los propios periodistas atribuyen a los criterios de noticiabilidad. Por esto mismo, el objetivo de esta comunicación es entender el proceso de producción de las noticias a través del análisis de discursos de los periodistas de televisión que se encargan de decidir, escribir y montar las noticias sobre violencia contra las mujeres.

La pregunta de investigación que sustenta este trabajo1 es por qué las cosas se hacen como se hacen en una redacción. Cómo se eligen los temas, por qué se decide una orientación u otra, qué imágenes entran, quien se hace cargo de los temas y por qué. El estudio del campo periodístico se ha focalizado en la televisión por su capacidad de penetración en los hogares (89.1%), homogénea por clases sociales y con 242 minutos de consumo por persona y día (EGM, 2012). Una segunda motivación para explorar el campo televisivo es la falta de estudios sobre el medio —con la salvedad de los estudios realizados por el CAC (2008, 2011) y los trabajos de Pilar López Díez (2001, 2005, 2006). La tercera y última, la posibilidad de ofrecer imágenes enriquece los análisis e incorpora nuevos retos tanto para su análisis como para su producción.

Para responder a la pregunta de investigación, se han realizado 11 entrevistas en profundidad a periodistas que actualmente trabajan en las principales televisiones generalistas del Estado español: TVE, Telecinco, Antena3, Cuatro y La Sexta. Dado que las noticias sobre violencia contra las mujeres se elaboraran principalmente en la sección de sociedad, las personas entrevistadas trabajan actualmente en dicha área aunque desempeñando diversos puestos. Por una parte, se ha entrevistado a las persona encargadas habitualmente de cubrir estas informaciones —el grado de especialización, sin embargo, varía en cada cadena dependiendo, principalmente, del volumen de las redacciones. Por otra, se ha entrevistado a las personas responsables de la sección —jefa, adjunta de dirección o coordinadora de área. De esta manera se ha podido indagar tanto en las rutinas desplegadas en la cobertura habitual como en las rutinas relativas a los procesos de selección de lo noticiable, su posicionamiento en la escaleta, duración, enfoque, etcétera.

Con una duración que oscila entre 45 minutos la más breve y 1 horas y 40 minutos la más extensa, las entrevistas en profundidad responden al formato de entrevistas semiestructuradas en base a un guion que contemplaba ocho ámbitos — (1) Periodismo televisivo (de sociedad y sucesos) y su función social; (2) Selección de temas y confección de la escaleta; (3) Dependencia y control de los medios: jerarquía organizativa, control interno, externo (político) y de la audiencia; (4) Posicionamiento del medio ante la violencia de género: criterios generales, protocolos, ambiente, formación y especialización; (5) Percepción y opinión personal sobre la violencia de género, concepto y delimitación; (6) Percepción sobre el tratamiento de la violencia contra las mujeres en la(s) televisión(es). Informativos e infoentretenimiento; (7) Efectos del tratamiento: audiencia, ámbito público, agresores y víctimas; (8) Transformaciones sociales y cambios en el tratamiento informativo.

Dada la limitación de espacio y las características de la comunicación, nos centramos únicamente en las algunas cuestiones transversales que permiten dibujar la evolución del tratamiento informativo de la violencia de género vinculada a las características del campo periodístico.

  1. El campo periodístico

Explorar el campo periodístico implica entender sus propias reglas tanto de entrada al mismo, como de funcionamiento, mantenimiento y, por supuesto, de transformación. Son las propias normas del campo las que determinaran lo que es y lo que no es noticiable. Aunque el trabajo principal de Bourdieu sobre los medios de comunicación (Sobre la televisión, 1997) ha sido debatido y cuestionado por considerarlo heredero de una visión fankfurtiana de los medios de comunicación, el trabajo de Benson y Neveu, (2005) permite situar Sobre la televisión en el conjunto de la obra de Bourdieu. Los mismos autores recuerdan la afirmación de Bourdieu sobre la importancia del campo periodístico dada su posición central en el largo campo del poder, como parte de un conjunto de campos ubicados en el centro que compiten para imponer ‘la visión legitima del mundo social’. Haciendo uso de Foucault, podemos entender los medios como el escenario de lucha por la delimitación conceptual de la violencia contra las mujeres. Los medios serán el espacio principal en que se plasma la discusión ideológica que, por supuesto, tiene lugar en el campo político y el campo científico.

En el estudio de Benson y Neveu se destacan algunas de las aportaciones teórico-prácticas de Bourdieu para el análisis de campo que se han tenido en cuenta al realizar este estudio. Por una parte, los discursos que emiten los medios, aunque influidos por otros campos (poder económico y poder político) no son únicamente un reflejo de éstos. En segundo lugar, la lucha por conseguir la hegemonía del sentido social, procede de las luchas enraizadas en las posiciones antagónicas existentes. En tercer lugar, la teoría del campo, si bien contempla el estudio de las constricciones burocráticas impuestas sobre los periodistas, también incorpora el estudio de los periodistas individualmente, que, de manera relacional, también impactan en el funcionamiento del campo y lo transforman. Explorar a las personas que forman parte del campo de manera individual permite conceptualizar los márgenes disponibles para intervenir, resistir, y renovar las prácticas periodísticas.

Siguiendo ésta última idea, los estudios feministas de la comunicación han destacado cómo el peso creciente de mujeres en las redacciones en las últimas décadas, debería haber impactado en la configuración de campo. Sin embargo, Carter et al. (1998) explican por qué la feminización del periodismo no ha transformado el campo, que conserva una identidad profundamente masculinizada. Por una parte, la tendencia a la concentración de los medios y la constante mercantilización del periodismo, dificulta la disidencia. También lo hace el cambio en las pautas laborales, la mercantilización de las cuales coincide con la popularización del acceso de las mujeres a la profesión. Por otra parte, el proceso de socialización periodística jerarquiza, siguiendo la lógica de premio-castigo- Premia encargando noticias “serias” y castiga enviando a sociedad y otros asuntos considerados “de mujeres”. Los departamentos de sociedad en los que se ha hecho el trabajo empírico estaban formados mayoritariamente por mujeres, aparte de ser los más amplios (concentración de agentes). Sin embargo, en cuatro de los cinco medios, eran hombres los que ocupaban el cargo de jefe de sección. Las mismas autoras afirmaran que “por cuestión de puro ‘sentido común’, las actitudes, valores y creencias sobre el género dan forma a los criterios que sustentan lo que se considera un ‘profesional’ y cómo, a su vez, dan forma a las formas de sexismo que tienen lugar por las mujeres periodistas, en la redacción y en el campo” (Carter et al., 1998). Joana Gallego (2003), es su estudio sobre la transmisión de estereotipos de género en la prensa, remarcaba como la diferenciación entre “noticias duras” y “noticias blandas” contribuye a su jerarquización. El criterio periodístico, considerándose asexuado, se convierte en un mecanismo de negación de las desigualdades derivadas del género.

  1. El proceso de producción: agentes y discursos

Como se ha indicado al presentar la metodología, las personas entrevistadas ocupan posiciones diversas según su puesto de trabajo (jefatura de sección o coordinación de área vs. redacción), pero también dependiendo de la especialización en el tema (redactoras especializadas vs. no especializadas) y, por último, de la potencia del medio en el que trabajan (televisión pública vs. televisión privada y privada principal vs privada subordinada).

Por especialización entendemos tanto la dedicación de los y las profesionales a la discusión y elaboración de piezas informativas sobre violencia de género como a la formación y dedicación en la materia. Por poder de decisión, entendemos en lugar que ocupan en el proceso de producción: redacción, coordinación de área (o subjefatura), jefatura de sección y edición. Las posiciones (identificadas por el número de entrevista y color dependiendo del sexo) que ocupan quedarían representadas gráficamente de la siguiente manera:

Cuadro1. Especialización y poder de decisión según sexo:



Como se observa, son mujeres las que se han especializado en elaborar las informaciones de violencia contra las mujeres, constatándose la persistencia de una segregación temática según la cual las mujeres continúan haciendo información “para mujeres”. Las fracciones discursivas, sin embargo, no siempre se corresponden con las posiciones en el campo por lo que el gráfico sirve, sobre todo, como una guía de lectura de las citas de las entrevistas.

    1. Evolución del tratamiento informativo de la violencia contra las mujeres

Desde que a finales de los 90 la violencia contra las mujeres saltara a la arena pública como un problema social, los medios de comunicación la tematizaron —primero como maltrato y violencia doméstica, después como violencia de género— e incluyeron en la información cotidiana. Poco antes se había incorporado como tema en reportajes y programas. Estos últimos, bajo la forma de infoentretenimiento, empezaron a destacar la existencia de la violencia contra las mujeres —en el ámbito de la pareja, el acoso sexual y el riesgo de violación—, sobre todo en los magazines matutinos, orientados principalmente a público femenino. El salto a la información “seria”, así pues, no se dio hasta la muerte de Ana Orantes, en 1997, a manos de su ex marido, tras aparecer en un talk-show explicando su vívida experiencia de malos tratos. A partir de entonces, los informativos empezaron a hablar de un fenómeno social que, hasta entonces les había pasado desapercibido. Tuvo como consecuencia la modificación de los sistemas de selección de las informaciones sobre violencia contra las mujeres por parte de los y las periodistas pasando de un modelo que primaba el valor noticioso de los acontecimientos a otro en el que la selección es producto de una decisión consciente de dar difusión a la violencia contra las mujeres. Un modelo llamado por Kepplinger de actualización instrumental según el cual los acontecimientos se seleccionan porque se pretende conseguir ciertos objetivos (Berganza, 2003). La atención mediática alcanza el clímax en 2003-2004 cuando, a través del debate sobre la Ley 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, los medios se hacen eco, no sólo de los casos de crímenes contra mujeres (siempre en el marco de las relaciones de pareja heterosexuales) sino del mismo debate conceptual sobre el fenómeno. Prácticamente hasta 2010, en los informativos de televisión aparecía cada caso de muerte por violencia de género. A partir de entonces, el clima de las redacciones frente a la violencia contra las mujeres es “más relajado”, menos insistente, con lo que podemos afirmar que el modelo de selección de los temas ha variado, dando lugar a un nuevo ciclo.

Todos los y las profesionales entrevistada entraron a la redacción de sociedad cuando la violencia contra las mujeres se había tematizado y su atención era constante. Sólo un periodista recuerda que el modelo comunicativo predecesor:

“Eh, yo cuando empecé a hacer tribunales, yo recuerdo perfectamente hablar de “crímenes pasionales”. O sea, el concepto violencia de género, eso no existía. Y todo, yo he hecho juicios de persona que había matado a su mujer y yo recuerdo perfectamente el concepto “crimen pasional” en todos los medios. Si tú ahora utilizas “crimen pasional”, el concepto “crimen pasional” para esto, lo mínimo que te cae es una bronca y lo segundo es que la gente te empiece a llamar para decir: “Oiga, que…”, porque tú sabes que no es un crimen pasional. Entonces, ha cambiado esa perspectiva. Hemos pasado del crimen pasional a un problema social que es la violencia de género.” (E 9: E9-J5.rtf - 9:9)

En este fragmento de texto se observa que, aparte de entrar en una nueva dinámica informativa, esta es irreversible. Opinión generalizada entre el conjunto de los discursos que mantienen que el aprendizaje de los medios no tiene marcha atrás, entendiéndolo como un proceso sin fisuras, ascendente y continuado:

“Yo aprendí a no hablar de tropecientas puñaladas o le salió por la yugular y le entró por el maxilofacial. O sea, aprendimos, yo creo, a no dar detalles, a no ser truculentos, a hablar de penas, a hablar de los agresores como alguien que comete la agresión no bajo influencia de la droga, no bajo influencia de que está en paro, no, o sea, yo al menos eso lo he tenido claro. Y eso lo he aprendido con el tiempo y porque he entrado en contacto con personas, víctimas y profesionales, que te, te explican “Mira, esto no es así” y que yo creo que se ha hecho una labor muy intensa con los medios en, pues eso, procurando que aprendiéramos, que esto era un tipo de información diferente a lo que es un suceso. A decir, bueno, que de alguna manera había que dar un poco mensajes, pues eso, el que la hace, la paga. O sea, este señor podía estar muy deprimido, pero eso no justifica que vaya y mate a su señora o lo intente…” (P 4: E4-J3.rtf - 4:10).

El proceso de tematización va acompañado de una preocupación por la manera de informar, con lo que los cambios, más que cuantitativos, son también cualitativos. No obstante, aunque el “alma común” de los periodistas indica que la mejora en el tratamiento es continua y no cejan en exponer los protocolos que siguen para componer las piezas informativas: sobre la selección de imágenes, totales (fragmentos enunciados por fuentes formales o informales), sobre el uso del lenguaje o la contextualización. En general, el tema se considera tratado con mimo en el conjunto de los medios de comunicación:

“Creo que es un tema muy así en todas partes, muy igual. O sea, creo que es de esos temas privilegiados, en el sentido de en cuanto a información y creo que se, se trata bastante correcto y con bastante mimo en casi todas partes. O por lo menos, yo es una percepción que tengo.” (P 5: E5-J4.rtf - 5:47)

Esta cita pone en evidencia dos cuestiones: por una parte la percepción de un tratamiento especial en cuanto al cuidado pero al mismo tiempo, al indicar que se trata de una información privilegiada se señala, emotivamente, un entidad diferenciada para estas noticia que no siempre coincide con el criterio periodístico.

Como se ha apuntado, a partir de 2010, hay un cambio de tendencia: los casos agresiones a mujeres con resultado mortal por parte de sus parejas o exparejas deja de cubrirse como se venía haciendo hasta el momento. Por lo general, las piezas informativas dejan de ser videos completos y se reducen a colas. El cambio lo motiva la visita del entonces delegado del Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente, a las principales televisiones para plantear los resultados de un estudio realizado por la Universidad de Granada que advierte de la existencia de un efecto imitación al observar, estadísticamente, que en los tres días posteriores a un crimen por violencia de género, hay más posibilidad de que se cometa otro crimen. Como medida preventiva, sugiere que los medios dejen de informar de cada muerte o que, en caso de hacerlo, lo hagan en formato de colas (piezas breves que se lees desde plató con el soporte de algunas imágenes) y extremando las precauciones. La respuesta a estas demandas en las redacciones ha sido diversa y se presentan diversos grados de acatamiento de la sugerencia. Sin embargo, el resultado se vive de diferentes maneras. Para las redactoras especializadas, la nueva dinámica comunicativa supone un descenso sensible en el grueso de espacio de dedicado:

“Yo creo, de repente, creo que es como el principio de que la moda de la violencia de género interesaba, y o sea, viví una época muy buena, empezó hace 7 años, hace 4, 5, 3… hasta el año pasado que te digo que pasó eso, pues era muy bien aceptado, les gustaba mucho que se trata el tema, les gustaba… vendía mucho. A partir de ahora no los sabemos. Ya te digo que a partir del año pasado hubo un cambio, y se notó mucho, yo lo noté. Que de repente me costaba muuucho… o sea, yo ofrecía, porque además los reportajes los tienes que vender, entre comillas. Es decir, yo se los propongo a mi jefa: oye, mira, se me ha ocurrido hacer tal cosa. Tengo un testimonio buenísimo de tal… y ella lo comenta a los editores y le tienen que dar el ok. Si ellos dicen, no, no nos interesa, pues no puedo seguir adelante. (P 2: E2-J2.rtf - 2:52)

La evolución en el tratamiento deja, así pues, a las personas especializadas en el tema en un lugar más vulnerable dentro del proceso productivo: menos capacidad de proponer temas y menos aceptación de su trabajo. Este sentimiento, sin embargo, sólo es vivido con angustia por parte de aquellas que apostaban decididamente por el tema, lo que sólo es posible en las redacciones más grandes en las que la especialización es posible.

Para los profesionales con puestos de decisión, sin embargo, aunque reconozcan el descenso en la intensidad, no lo advierten como un cambio de modelo comunicativo sino como una evolución natural del mismo:

“Eh, no, grandes cambios, no. Yo creo que, hombre, se ha ido, eh, al principio era como el fenómeno que nacía, y al principio era “hay que denunciar y hay que tomar conciencia”. Al principio, muchas veces lo que hacías era, contabas los casos, sin profundizar mucho más. También porque no había quien, quien hiciera esa labor. Claro, tú, periodista, pues profundizas un poco en eso, pero no tienes ni las estadísticas ni el, ni el análisis ni la relación de casos y tal”. (P 6: E6-C2.rtf - 6:34)

Esta perspectiva se apoya en la percepción de haber conseguido ya la visibilidad social de la violencia de género, con lo cal, los medios ya habrían hecho su trabajo de sensibilización y quedarían así exentos de cualquier responsabilidad.

Sólo en los raros casos donde la especialización coincide con un alto poder de decisión (E11), el punto de inflexión se aprovecha para reforzar el tratamiento siguiendo una tendencia a contracorriente y con un posicionamiento político-ideológico firme:

“Aquí se sentaron unas bases para informar sobre violencia de género y digamos que esas pautas las vigilo yo, que se cumplan […] Unas pautas que nos fijamos nosotros mismos hace un año, dos años ya, a raíz de una entrevista con el ex delegado… de… del Gobierno para la violencia de género, con Miguel Lorente, tuvimos una entrevista con él, los editores de informativos y bueno, decidimos establecer unas pautas que nos parecían justas, a raíz de un estudio que ellos habían hecho junto con la Universidad de Granada, pues bueno, decidimos… no seguir lo que el planteaba, porque el planteaba un experimento de silenciar los casos de violencia de género durante unos x meses en los informativos para comprobar si creaba un efecto simpático o no, a eso no llegamos, porque creemos que nuestra labor por encima de todo es informar de estos casos, pero si decidimos ciertas cosas… o corregir ciertas cosas que veníamos haciendo mal.” (P11: E11-C5.rtf – 11:1)

La posición de poder en el campo permite tomar decisiones en contra de un “criterio periodístico” dominante, a pesar de contrariar una de los primeros principios del campo que radica en la imitación de unos medios a otros.

Así pues, las indicaciones provenientes del poder político —cabe recordar que hablamos de un poder político extinto, ya que en el momento de realizar las entrevistas Lorente ya no ostentaba el cargo— impactan en el modelo comunicativo sobre las piezas informativas de los casos de violencia de género. Sin embargo, ¿por qué dejan de hacerse piezas de sensibilización y reportajes de fondo, etc.? El descenso de la importancia informativa se plasma es la ausencia de espacios para hablar de la violencia contra las mujeres. Hay dos elementos que impactan en ese descenso y que provienen de otros campos. El primero, la “muerte política” violencia de género. Con el cambio de gobierno, la violencia contra las mujeres deja de ser un tema políticamente relevante y, por lo tanto, desaparece toda actividad política relacionada con ello:

“Una vez que Miguel Lorente desaparece y, y se dejan de hacer campañas, es un… para mí es un señor que trabajó mucho. Ha sido prácticamente cero. Ha sido de cien a cero… Pero así, radical. No, eso no significa que el Ministerio, quizás, no esté trabajando, ¿eh?, pero lo que yo estoy haciendo, el trabajo que yo estoy elaborando ahora mismo de violencia de género, prácticamente es cero. Y si hay algo lo damos en colas y bueno… no sé.” (P10: E10-J6.rtf - 10:9)

“Pero sí es cierto que cuando ha habido llamamientos o, siempre hemos estado ahí. Yo recuerdo haber ido montones de veces porque se presentaba balance, porque se daban pulseras, porque daban datos de, siempre hemos estado. Ahora es que no hay. […] Ahora no hay nada, ahora no hay nada. O sea, en un año, no hay nada. Cero. Entonces, bueno, declaraciones oficiales ahora mismo estamos exentos de tener ni que interesarnos por ellas.” (P5: E5-J4.rtf – 4:28)

La retroalimentación de la agenda política y la agenda mediática ha sido clave en el proceso de tematización y, a su vez, ha impactado directamente en la opinión pública. Los datos del barómetro de opinión del CIS, de hecho, nunca han vuelto a registrar la cifra de 2004, momento en que se debatía la ley y su presencia era muy destacada en los medios. De aquel 12%, la violencia contra las mujeres ha vuelto a situarse entre el 2 y el 3, en los niveles anteriores al debate de la ley. Ahora bien, con el impacto de la crisis, la violencia ha dejado de ser considerada un problema para el Estado. Si el enero de 2011 sólo un 1,4% destacaba la violencia contra la mujer como uno de los principales problemas de España, en enero de 2013 lo hacía un 0,4%. La crisis económica y social ha trastocado la configuración de los informativos con un peso creciente de la política y la economía. Y las secciones de sociedad, por su parte, se han volcado en narrar las historias de la crisis por lo que las posibles noticias relacionadas con la violencia contra las mujeres tienen, ahora mismo, mucha competencia:

“En este momento, por ejemplo, eh… yo creo que sí, sí que es proporcional a lo que sucede. Es verdad que es un drama, pero también hay que tener en cuenta que España está viviendo otro drama por la situación económica, por la cantidad de despidos que hay, por las empresas que están cerrando, porqué la bolsa se cae, eh… porque estamos con el euro como estamos… entonces, teniendo en cuenta globalmente lo que está pasando en la economía de este país, que el tema de la violencia de género entre en la parte mediana de los telediarios creo que está bien valorado.” (P1: E1-J1.rtf. – 1:17)

A parte de las atribuciones del descenso informativo a la falta de empuje por parte del campo político y a la crisis que “barre con todo”, hay un conjunto de discursos que lo atribuyen al final de un ciclo, no informativo, sino como reflejo del fin del interés social en la violencia contra las mujeres:

“Ha perdido como, en un momento tuvo mucho interés social esto, porque como que había habido un repunte y tal y ahora ya el interés social de esto ha disminuido bastante. Ojo, o sea, es la valoración que hacemos nosotros, que puede ser que interese todavía a la sociedad, pero pensamos que no interesa tanto ya estos casos, pues igual que no interesa los casos de cuando detienen ya a terroristas de ETA. Porque ya no hay ETA, ya no hay tal, aunque hay violencia de género, pero quiero decir, pasó, su momento pasó, ¿sabes?” (P 7: E7-C3.rtf - 7:11)

Esta posición discursiva identificará la tarea periodística con el reflejo de la sociedad y vinculada directamente a los intereses de la audiencia, identificando a la misma como la ciudadanía.

    1. Criterios de noticiabilidad: cuando lo habitual se torna extraordinario

El peso informativo de la violencia contra las mujeres ha decrecido considerablemente, pero no ha desaparecido. Las noticias sobre muertes gotean, con mayor o menor cobertura, al ritmo que ocurren. Ahora bien, para que un caso sea informado con amplitud debe tener algo que le dé un “giro”. Recogiendo la última idea del anterior punto, los periodistas seleccionarán los casos en función de lo que crean que le llamará la atención a la audiencia, lo que su instinto periodístico les diga que esconde una buena historia. Siguendo a Meyers (1997), los periodistas forman una comunidad interpretativa; crean significados a través de una “comprensión colectiva de la práctica profesional, sus normas y sus criterios de noticiabilidad” que usan como guía para la selección de los temas. Según Meyers, el concepto de “noticiabilidad” protege a los periodistas de la acusación de sesgar la información en función del género, la clase social o la etnia al mismo tiempo que oscurece el tratamiento que es, de hecho, sesgado en contra de las mujeres, los inmigrantes o la clase trabajadora.

No hay unanimidad a la hora de decidir qué hace noticiable a un caso pero, en todos los casos el resultado es generar una jerarquía según la cual no toda la violencia contra las mujeres es igual de importante:

“Ya, llega un momento en que las historias tienen que ser ya como muy especiales para que entren. ¿Cuántas veces hemos oído a una mujer decir que la maltratan?” (P 9: E9-J5.rtf - 9:29)

“Sí, dependiendo un poco de las circunstancias que él decía, que puede ser la edad de la víctima, por ejemplo. Eso es un elemento. Cuanto más joven, más impacto crea y más sensación de que algo hay que contar de esa historia, ¿no? Cuando es una chica muy joven y no te cabe en la cabeza y han querido recordar que esto se da en todas las edades, o, o sí, o se producen circunstancias que hacen el tema especialmente novedoso, llamativo, distinto. Si entra dentro del, de la rutina (!) de la violencia de género, ahora mismo yo creo que, en muchos casos, se da la información a la edición, y en muchos casos, o entra en la escaleta y se cae, o no llega a entrar en la escaleta, si hay algún tipo de dificultad en la cobertura o vemos que no va más allá.” (P 8: E8-C4.rtf - 8:11)

Se impone de nuevo el criterio de novedad y espectacularidad donde cobran sentido los detalles que, sin embargo, pueden destacar cualquier hecho como distintivo: la corta edad, la avanzada edad, el bienestar social y la pertinencia a clases sociales altas o la absoluta miseria. El interés creciente por las circunstancias, por la casuística, devuelve inmediatamente la violencia contra las mujeres al carril de los sucesos e impone una nueva jerarquización de la violencia según la cual una violencia tiene categoría de noticia mientras la otra no. Esta jerarquización se suma a la que existía anteriormente según la cual sólo la violencia con resultado mortal era incluida en los informativos generando una sobrerrepresentación de la misma, y una subrepresentación de la violencia psicológica y física sin resultado de muerte (Gómez, 2012).

Las dos citas escogidas anteriormente redundan en la categorización de la violencia contra las mujeres como rutinaria y ampliamente representada ya en los medios, aparte de destacar los problemas técnicos y las constricciones específicas de la televisión para la cobertura de las noticias que discriminarán cualquier información que no disponga de imágenes. También viven como un impedimento a realizar su labor informativa la falta de fuentes oficiales que aporten contexto y profundidad a los casos. La policía, entendida como principal fuente legítima, también subraya las características de las noticias como sucesos que desembocan en procesos judiciales. La preponderancia de estas fuentes: policía, jueces, abogados, etc. encuadra mediáticamente la violencia de género como un crimen o, en su caso, como un problema derivado de la justicia cuando fallan las medidas: pulseras, órdenes de alejamiento u otras medidas de protección.

    1. Pero, ¿de qué violencia estamos hablando?

Para los y las periodistas entrevistadas, la violencia de la que estamos hablando es la que se da en el marco de las relaciones de pareja cuando las mujeres son las víctimas. La legislación actual delimita de esta manera la violencia de género en su desarrollo y así se enfrenta desde las redacciones. Los y las periodistas entrevistadas identifican la violencia de género con la violencia de pareja, lo que implica tomar la parte por el todo. Violencia de género, término que apunta a la mediación social y cultural en la configuración de las masculinidades y feminidades de manera desigual y relacional. Si bien acuñar este concepto como el más extendido y aceptado fue considerado un éxito por parte de los movimientos feministas, en las entrevistas parece que se constata el temor de “caer en el uso de violencia de género como un eufemismo que bajo su supuesta neutralidad del género pierde por el camino la connotación de poder” (Tubert, 2003, citado por Osborne, 2009:31):

A mí me gusta más machista, porque es fruto del machismo, todos los hombres, no es producto de un género distinto, hombre/mujer, es producto del machismo. Incluso en dos parejas de mujeres porque claro, también es fruto de la educación, la mujer es inferior al hombre y eso es la base del machismo. (P 2: E2-J2.rtf - 2:34)

Yo es que creo que lo del tema de “género” es un nombre, digamos, correcto, es más purista, a lo mejor, más delicado o más literario, una forma, lo que es, es toda la vida lo que hemos dicho que es machismo y es en esa creencia y en ese concepto donde aparece la violencia. (P 4: E4-J3.rtf - 4:19)

Aunque la violencia de género se reduzca a sólo una parte de la violencia que se ejerce contra las mujeres, los medios también se hacen eco de otras expresiones de la misma que se dan en el contexto social, no en el familiar, como puede ser el acoso sexual en el ámbito laboral o la violencia sexual por parte de desconocidos. También cabe la trata de personas con fines sexuales, u otras expresiones abaladas por los estados como la violencia contra las mujeres como arma de guerra o la mutilación genital femenina. Por otra parte, en los informativos televisivos también se alude a otros tipos de violencia familiar o doméstica en la que las víctimas no son mujeres: violencia hacia las personas mayores, hacia los hijos e hijas, o de hijos e hijas a padres y madres. También la violencia se ejerce de mujeres hacia sus maridos, y no podemos olvidar que existe violencia en las relaciones de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. La violencia, en definitiva, no es monopolio de un género aunque se tiende a destacar de manera dicotómica las continuidades en los comportamientos de unos y otros, partiendo de posiciones prefijadas (hombre violento/mujer violentada) con la consecuente pérdida de la multiplicidad y variabilidad que hay en la expresión de la violencia de género, al tiempo que se desdibuja su carácter relacional (García y Casado, 2010:75).

Todas estas violencias de género y violencias en las relaciones afectivas salpican los informativos aunque, efectivamente, desligadas del concepto de violencia de género o violencia machista: tramas de prostitución forzada desarticuladas, crímenes de madres contra sus hijos o robo de bebes a madres solteras con la connivencia del Estado. Todos estos fenómenos se narran focalizando la atención en el proceso judicial o en el momento de la detención sin hacer uso de ningún protocolo o recomendación:

“Todavía no ha habido un planteamiento sobre muchos de estos casos genéricos. Puede haber una preocupación, porque la gente que está en la redacción y la gente que trata este tipo de temas, tiene ese tipo de, de sensibilidad, pues porque habla con ONGs, que habla con gente que está preocupada por el tema, pero es verdad que todavía no hay un planteamiento en, desde las direcciones de las redacciones, me parece, en general, cómo tratar esos temas aquí. De hecho, como al revés, hay veces que tienes que superar incluso tabús para hablar de determinados temas, ¿no?” (P 8: E8-C4.rtf - 8:26)

Para los y las periodistas, el clima de preocupación por la violencia contra las mujeres durante la pasada década supuso la posibilidad de debatir y polemizar sobre la misma, profundizar y especializarse. La misma estructura de oportunidades mediáticas (Xambó et al., 2012) permitió a sectores cercanos a las corrientes feministas a transformar las propiedades del campo, no sin reticencias:

“Y luego yo, sí quería apuntar del, como también objeto de debate que puede servir para algo, en el tema de la violencia de género, la dificultad que hay muchas veces de ir a contracorriente. Es decir, está de moda la violencia de género, está de moda el ponerse del lado de la mujer, si tú intentas hacer una información que no vaya en ese sentido, es muy difícil colocarla. Y te explico. Me venía a la cabeza por lo que hablábamos de las tasas antes, ¿no? Cuando se reconoce a la víctima de la violencia de género que no pague las tasas judiciales. Eso es muy peligroso. Eso es muy peligroso porque puede llevar a muchas personas a denunciar violencia de género cuando no la hay. Eso, que lo han denunciado los jueces en muchas ocasiones, los falsos casos de violencia de género, y que ha tenido muy escaso eco siempre en los medios. (P 9: E9-J5.rtf - 9:32)

Esta cita sintetiza los temores que algunos y algunas periodistas plantean en las entrevistas: por una parte, que el posicionamiento personal de los y las profesionales influya disminuyendo el grado de objetividad deseable para el periodismo (“acercarse a las dos partes en búsqueda de la verdad”); por otra, que la profesión sea custodiada o vigilada tanto por la propia cadena (ese tabú al que se aludía en la cita anterior), como por el campo político o por agentes externos (plataformas feministas o la misma audiencia a través de llamadas a las redacciones).

    1. Explorando los efectos

Los efectos de los media ha sido una de las principales preocupaciones de los estudios sobre comunicación, centrados, principalmente, en demostrar cómo los medios afectaban el comportamiento de las personas. Dentro de esta tradición, los estudios feministas de la comunicación buscaron proveer de material empírico para probar los efectos negativos de los medios en las actitudes hacia las mujeres. La teoría del cultivo impulsada por Gerbner a partir de los años 60, sirvió para estudiar el impacto acumulativo de la televisión en la percepción social de la audiencia y sus valores culturales. Desde los 70, los estudios sobre los efectos se centran en el impacto ideológico de los medios en el mantenimiento de las desigualdades basadas en la clase, la etnia, el género y la sexualidad (Carter y Steiner, 2004). Aunque a partir de los 80, a partir del modelo crítico de Hall, en foco de estudio reside en la decodificación de los mensajes dada la complejidad de pero, aunque la creatividad de las audiencias en la decodificación de los mensajes ha sido sustituido los estudios de los efectos, las representaciones culturales tienen un impacto en la negociación de las actitudes, las creencias, las experiencias y las identidades. Como afirma Kitzinger, “la representación de los medios puede ser muy influyente en determinadas circunstancias. Así pues, saber que las audiencias son activas, no desactiva la influencia” (Kitzinger, 1999).

La problematización del tratamiento mediático de la violencia de género continúa anclado en los efectos, dadas múltiples decodificaciones posibles por parte de la audiencia. Los y las periodistas que elaboran las noticias tienen, habitualmente, un receptor-objetivo a lo largo del proceso. Las redactoras que se enfrentan habitualmente a la redacción y montaje de las piezas aseguran tener siempre en la cabeza a las víctimas: intentar que denuncie, que se sienta identificada con los testimonios de las mujeres que han conseguido rehacer su vida o que conozca las herramientas de protección. Sin embargo, sólo una pequeña parte de las noticias sobre violencia de género apunta a esta dirección, mientras que en la mayoría “estás dando un mensaje de muerte” (P10: E10-J6.rtf - 10:29). La preocupación, así pues, parece haber saltado a los posibles efectos sobre los potenciales maltratadores aunque la profesión advierte que puede hacer bien poco al respecto por la falta de elementos necesarios para contextualizar al agresor y, sobre todo, para mostrar las consecuencias punitivas, con lo que se conseguiría una “efecto ejemplificador” (P1: E1-J1.rtf – 1:3). Al respecto en las entrevistas se reitera la necesidad de incluir los juicios y las sentencias condenatorias como piezas informativas. Incluso, en algunos casos, se apunta la necesidad de dar un paso más y criminalizar a los agresores como elemento que marcaría la diferencia en exposición de los hechos:

“Una de las cosas que echamos de menos […] a mí me gustaría que tuviésemos herramientas para criminalizar al agresor. Es decir, a los agresores nunca los vemos. (P11: E11-C5.rtf - 11:8)

Se trata, así pues, de discursos que tienden a perpetuar las posiciones de víctimas/agresores, entendidos como dos partes antagónicas de una historia que debe ser contada. Las identidades se entienden como fijas e inmutables, sobretodo en el caso de los agresores:

“O sea, que yo, los mensajes que doy, las noticias que doy, no es para los maltratadores, porque con ellos no voy a poder hacer nada. Un maltratador es un maltratador y o decide buscar ayuda, o siente el rechazo de la sociedad y eso hace que se frene, o no hacemos nada. O sea, yo con mi noticia no voy a cambiar al maltratador”. (P 2: E2-J2.rtf - 2:22)

A esas categorías fijas se le sumarán discursivamente otros elementos que tienden a esencializar las categorías de “hombres” y “mujeres” atribuyéndoles características. Por destacar un ejemplo, dos de las periodistas entrevistadas apuntan al interés social de hablar de los efectos de los malos tratos sobre los hijos de las mujeres que viven violencia para así poder empujar a las madres a denunciar y salir de la situación, destacando el rol maternal ligado inexorablemente a la figura de la mujer: “ Y luego sobretodo porque eso animaría también a muchas mujeres, es decir, en definitiva, si tú estás sufriendo malos tratos y alguien te cuenta que tus hijos también lo están sufriendo por su culpa, a lo mejor es más fácil que tú des el paso y luches contra eso.” (P 1: E1-J1.rtf - 1:7)

Aunque los discursos varían sustancialmente, la atribución de características diferenciadas a mujeres y hombres persiste, contribuyendo a la construcción mediática de una masculinidad hegemónica y una feminidad hegemónica constringentes. La búsqueda periodística de la historia que subyace al hecho promueve la construcción de modelos arquetípicos, sin fisuras, cerrados, simplificando no sólo a los agentes que intervienen en las piezas periodísticas, sino también homogeneizando a los receptores bien como (potenciales) agresores y (potenciales) víctimas, siempre alejados de lo que constituiría la norma: parejas de hombres y mujeres alejadas del conflicto y/o la violencia.
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