La literatura del siglo XVIII: el neoclasicismo






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fecha de publicación07.08.2017
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LA LITERATURA DEL SIGLO XVIII: EL NEOCLASICISMO
Marco histórico y cultural
El siglo XVIII en Europa se conoce como «Siglo de las Luces» o de la Ilustración: desde Francia, se va imponiendo en toda Europa el pensamiento racionalista, que valora la ciencia y la filosofía, y critica las supersticiones y los dogmas (creencias indemostrables) eclesiásticos. Todo ello sucede en el marco de monarquías absolutas defensoras del despotismo ilustrado: la imposición de las reformas desde el poder por el bien del pueblo.
En España, tras la guerra de Sucesión (1704-1714) se instaura la dinastía francesa de los Borbones, partidaria del reformismo ilustrado. Se introdujeron así en nuestro país las nuevas ideas. Como ejemplo de institución cultural protegida desde el poder cabe destacar la creación el 1713 de la Real Academia de la Lengua española, que dictará las normas para un uso correcto del lenguaje.
Características del arte neoclásico
En el siglo XVIII, las artes deben convertirse en vehículo de las nuevas ideas, es decir, se defiende un arte didáctico o «utilitario», en el que lo racional predomine sobre la imaginación.
Con el Neoclasicismo, se vuelve al modelo clásico grecolatino; de ahí que se revalorice el Renacimiento y se rechacen el Barroco y el medievalismo. Se recuperan las normas clásicas del arte, se valoran el equilibrio y la verosimilitud y se rehúyen el sentimentalismo y los excesos. El literatura, destaca el auge de un género poco cultivado hasta entonces, el ensayo, idóneo para la difusión de las ideas reformistas.
Autores y obras
En poesía, cabe mencionar, por un lado, la obra de los fabulistas Iriarte y Samaniego, autores de una poesía didáctica y utilitaria. Por otro lado, destaca la poesía de Meléndez Valdés, que evoluciona desde una poesía anacreóntica o rococó ─sensual, bucólica y con cierto tono frívolo─ hasta unas composiciones de corte prerromántico.
En cuanto a la literatura en prosa, distinguimos entre la narrativa y el ensayo. El principal autor de narrativa de la época es José Cadalso, que realiza una sátira de la sociedad española en sus Cartas marruecas desde la persepectiva de un protagonista extranjero, el marroquí Gazel. En cuanto al ensayo, los principales autores de la época son Feijoo y Jovellanos. Feijoo trata de modernizar la sociedad de su época en ensayos didácticos como su Teatro crítico universal. Jovellanos, por su parte, se propone modernizar distintos aspectos de la sociedad española (la economía, la agricultura, la educación, el derecho…) en obras como el Informe sobre la ley agraria o la Memoria sobre la educación pública.
En teatro, por último, destaca la figura de Leandro Fernández de Moratín, creador de una comedia de forma clásica y finalidad didáctica que plantea una suave crítica de las costumbres de la época. Rechaza el teatro barroco de los imitadores de Lope y Calderón y defiende un teatro que respete la regla clásica de las tres unidades (de lugar, tiempo y acción), que aporta realismo a la obra. Su pieza más conocida es El sí de las niñas, que aborda el tema de los matrimonios de conveniencia.

LA LITERATURA DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX: EL ROMANTICISMO
Marco histórico y cultural
La primera mitad del siglo XIX se caracteriza en muchos países por los enfrentamientos entre el absolutismo (ideales del Antiguo Régimen ─religión, trono, patria─) y el liberalismo (ideas de libertad, igualdad y fraternidad postuladas por la Revolución Francesa).

En España, el Romanticismo es un movimiento tardío, que empieza a desarrollarse a partir de 1833, cuando muere el rey absolutista Fernando VII y regresan a España los escritores liberales exiliados.
Características de la estética del Romanticismo


  • Individualismo. El romántico se rebela contra todo lo que se opone a su yo personal. Las obras expresan la intimidad del artista y dan una visión subjetiva de la realidad.




  • Rechazo a la realidad. Los límites que el mundo impone al romántico reproducen un sentimiento de frustración y, frente a ella, reaccionan mediante la evasión (a mundos fantásticos, mundos exóticos o épocas remotas) o la rebeldía (rechazo del orden establecido y defensa de personajes marginales).




  • Defensa de la libertad en lo social, lo político o lo artístico. En el arte, los románticos aspiran a expresar el sentimiento, la pasión o lo irracional sin ataduras ni convenciones. Por ello, rechazan las reglas neoclásicas.




  • La naturaleza como reflejo del estado de ánimo del autor. Paisajes como las ruinas de castillos o monasterios, las tormentas, la noche o los cementerios intensifican los sentimientos de melancolía, tristeza, soledad, exaltación, angustia por la muerte…




  • El nacionalismo. Por un lado, los románticos valoran los rasgos peculiares de su país (historia, costumbres, tradiciones, lenguas…). Eso incide en el auge de los temas históricos en el arte y en la reivindicación de las lenguas propias en la literatura (Renaixença y Rexurdimento).



Autores y obras
En poesía destacan las figuras de José de Espronceda y de los románticos tardíos Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro. Espronceda escribe una poesía lírica brillante, musical y efectista que constituye todo un canto a la libertad. Ejemplo de ello es la Canción del pirata. También es autor de dos extensos poemas narrativos: El estudiante de Salamanca y El diablo mundo. Bécquer y Rosalía, por su parte, se inclinan por una lírica introspectiva y sencilla que se aleja del efectismo romántico y se inspira en la lírica tradicional. Bécquer escribe sus Rimas, composiciones intimistas y emotivas en las que trata principalmente cuatro temas: la poesía, el amor esperanzado, el desengaño amoroso y la angustia por la muerte. Rosalía publica gran parte de su obra ─en la que integra sus sentimientos en la descripción de la naturaleza─ en gallego, lo que la convierte en representante del Rexurdimento gallego.

En cuanto a la prosa, los géneros que alcanzaron mayor desarrollo fueron la novela histórica, la leyenda y el costumbrismo periodístico. Las leyendas más logradas fueron las Leyendas de Bécquer, que condensan los motivos románticos: magia, medievalismo, naturaleza, sentimentalismo… En el costumbrismo destacan los Artículos de costumbres de Mariano José de Larra, en los que el autor, romántico en el estilo, se aproxima al Neoclasicismo y al Realismo al satirizar distintos defectos de la sociedad española (la vanidad, la hipocresía, la desidia burocrática, el atraso…).

El teatro romántico revaloriza el teatro barroco y rompe con las reglas del teatro neoclásico. Destacan dos dramas: Don Álvaro o la fuerza del sino, del duque de Rivas (Ángel de Saavedra), cuyo tema es el destino trágico que persigue al protagonista, y Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, que se inspira en El burlador de Sevilla de Tirso de Molina.

LA LITERATURA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX:

EL REALISMO Y EL NATURALISMO
Marco histórico y cultural
La segunda mitad del siglo se caracteriza por el crecimiento de la industrialización. Como consecuencia, se inician los movimientos obreros revolucionarios y la burguesía, clase media urbana consumidora de novelas realistas, consolida su poder. En el terreno de las ideas, alcanzan un gran prestigio el método experimental científico y las leyes sobre la herencia de Mendel.
La estética del Realismo y el Naturalismo
El Realismo sustituye el idealismo y el intimismo románticos por el racionalismo y el mundo exterior: busca reflejar la realidad social a partir de la observación. Recoge temas, personajes y ambientes verosímiles que se sitúan en lugares y épocas cercanos al autor y al público. Así, el tema artístico por excelencia es la nueva sociedad burguesa, y el género preferido, la novela.
El Naturalismo intensifica los principios del Realismo: representa una corriente crítica que denuncia carencias e injusticias sociales. Por un lado, incorpora la visión determinista de las leyes sobre la herencia: el ser humano no es libre, sino que está condicionado por su herencia biológica y su entorno. Por otro lado, reproduce ambientes sórdidos o desagradables. En España, el Naturalismo solo influye de forma limitada en algunos escritores.
Autores y obras
El Realismo se extendió por toda Europa: en Francia, Stendhal, Balzac y Flaubert; en Inglaterra, Dickens; en Rusia, Dostoievski y Tolstoi…
Entre los novelistas del Realismo español, cabe citar a Juan Valera, defensor del arte por el arte en literatura y autor de Pepita Jiménez; Emilia Pardo Bazán, que presenta la decadencia de la aristocracia en la Galicia rural en Los pazos de Ulloa, y Vicente Blasco Ibáñez, que ambienta en su Valencia natal novelas como Arroz y tartana o Entre naranjos. Pero, sin duda, los dos principales escritores realistas españoles son Benito Pérez Galdós y Leopoldo Alas, «Clarín».
Galdós escribió unas 80 novelas, que se clasifican en cuatro bloques: novelas de tesis, como Doña Perfecta, en las que se critica la intolerancia y el fanatismo; los Episodios Nacionales, 46 novelas que reconstruyen la historia de la España del siglo XIX; las novelas contemporáneas, como Fortunata y Jacinta ─novela maestra del Realismo que narra la relación de Juanito Santa Cruz con su mujer Jacinta, ambos pertenecientes a la burguesía madrileña, y con su querida, Fortunata, una joven de clase baja─, por las que desfilan las distintas clases sociales del Madrid decimonónico, y las novelas de temas espirituales o morales, como Misericordia.
«Clarín» es el autor de la otra novela maestra del Realismo: La Regenta. En ella, narra la historia de Ana Ozores, la Regenta, casada con don Víctor Quintanar, un hombre mayor que ella y regente de la Audiencia. La progresiva insatisfacción emocional y física de Ana la hace oscilar entre su confesor, Fermín de Pas, que se enamora de ella, y Álvaro Mesía, un seductor experimentado a quien Ana se entrega. Al final, la Regenta es abandonada por todos. La acción se sitúa en la sociedad provinciana de la Vetusta (Oviedo) de la Restauración, que condiciona el comportamiento de los personajes y acerca la novela al Naturalismo. En cuanto a la técnica narrativa, destaca la combinación de distintos puntos de vista (objetivo, omnisciente, monólogo interior), que acerca la novela a la estética moderna.

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