Literatura española en el siglo XVII: el barroco






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LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVII: EL BARROCO

UNIDADES 7-8-9






LA LITERATURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVII: EL BARROCO

UNIDADES 7-8-9

1. EL SIGLO XVII

1.1. La sociedad del siglo XVII

1.2. La España del siglo XVII
2. EL BARROCO

2.1. Características del Barroco
3. EL CONCEPTISMO Y EL CULTERANISMO

3.1. Conceptismo

3.2. Culteranismo
4. LA POESÍA BARROCA

4.1. LUIS DE GÓNGORA

4.1.1. Biografía

4.1.2. Obra poética

4.1.3. Temas

4.2. LOPE DE VEGA

4.2.1. Biografía

4.2.2. Obra poética

4.3. FRANCISCO DE QUEVEDO

4.3.1. Biografía

4.3.2. Obra poética

4.3.3. Temas

4.3.4. Estilo
5. LA PROSA EN EL SIGLO XVII

5.1. LA NOVELA PICARESCA

5.1.1. Rasgos de la novela picaresca

5.1.2. Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán

5.1.3. El Buscón de Francisco de Quevedo

5.1.3.1. Argumento

5.1.3.2. Carácterísticas

5.1.3.3. Estilo

5.2. LA PROSA DE LOPE DE VEGA

5.4. FRANCISCO DE QUEVEDO: SU OBRA EN PROSA

5.5. BALTASAR GRACIÁN

5.5.1. Biografía

5.5.2. Obra

5.5.3. Estilo

5.5.4. El pensamiento de Gracián.
6. EL TEATRO DEL SIGLO XVII

6.1. EL TEATRO DE LA ESPAÑA DEL SIGLO XVII

6.2. LA COMEDIA NUEVA

6.2.1. Características de la Comedia Nueva

6.2.2. Temas de la Comedia Nueva

6.2.3. Autores de la Comedia nueva

6.4. EL TEATRO DE LOPE DE VEGA

6.4.1. Obras

6.4.2. Características

6.5. PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA

6.5.1. Biografía

6.5.2. Obras

6.5.3. Características del teatro de Pedro Calderón de la Barca

6.5.4. Estilo

1. EL SIGLO XVII
El siglo XVII es un momento de grave crisis que va desmoronando el poderío político y la solidez ideológica de la cultura renacentista. Las guerras, las enfermedades, el clima adverso, las malas cosechas, el hambre y las más diversas calamidades azotan Europa, por lo que se ha llamado a este siglo centuria de la crisis o siglo de hierro.
1.1. La sociedad del siglo XVII
En Francia o en España se consolida la forma de estado denominado monarquía absoluta, con la concentración del poder en manos del rey y sus cortesanos próximos. En otros países, como Holanda o Inglaterra, la burguesía crece en importancia y los parlamentos empiezan a controlar el poder real. Todo ello se produce entre graves conflictos: revueltas campesinas, guerras religiosas, etc.
1.2. La España del siglo XVII
Históricamente, España entra en un proceso de irreversible decadencia política, económica y social. La debilidad de los monarcas, Felipe III, Felipe IV y Carlos II, deja el poder en manos de los validos, personas de su confianza que muchas veces gobernaron como monarcas absolutos. El duque de Lerma y el conde-duque de Olivares, los dos validos más importantes, buscaban más su beneficio particular que el del Estado. España pierde su hegemonía en Europa (el Rosellón, la Cerdaña, etc.) y se independiza Portugal.

Mientras, en plena bancarrota económica, hay miseria y despoblación causada por pestes, guerras y malas cosechas; pero los gobernantes gastan en fiestas los crecientes impuestos, que originan revueltas y descontento social.

La expulsión de los judíos y los moriscos (casi trescientos mil entre 1600 y 1610) y la emigración a América intensifican la caída demográfica, perdiéndose mano de obra y, por tanto, capital. El abandono del campo provoca la emigración a la ciudad, creando una legión de parados, vagabundos y mendigos (que ya el Lazarillo había reflejado).

En ideas religiosas, España, aislada del exterior, bajo el peso de la Contrarreforma pero sin renunciar a la herencia renacentista, vuelve los ojos a la tradición cristiano-medieval y los viejos principios teocéntricos. El mundo vuelve a verse como un lugar de aflicciones y miserias donde el ser humano expía su pecado original; los bienes terrenales son falsos y los placeres se transforman en dolor.

La conciencia de la aguda crisis se extiende entre los escritores, lo que motiva el pesimismo y el desengaño típicos del Barroco.

2. EL BARROCO
Se denomina Barroco al período que sigue al Renacimiento. El término, que se aplicó primero a las artes plásticas, designa comúnmente la época que abarca desde finales del siglo XVI hasta la primera década del XVIII, en que comienza el Neoclasicismo.

El Barroco es una etapa artística enteramente distinta del Renacimiento. Afecta a toda creación, tanto intelectual como artística, y se inicia cuando los dos rasgos esenciales del Renacimiento (exaltación del mundo y del hombre y equilibro humanista procedente de la admiración por la antigüedad clásica) son sustituidos por dos características típicamente barrocas: profunda desvalorización de la vida y la naturaleza humana y tendencia a la exageración en el arte.

Entre Renacimiento y Barroco no existe ruptura sino evolución: los temas y recursos formales que el escritor emplea son los mismos que había manejado en el Renacimiento. El autor barroco debe esforzarse para crear nuevas formas con los mismos materiales que había utilizado el renacentista.

2.1. Características del Barroco
a) Concepción negativa del mundo

El mundo es percibido como caos, desorden y confusión. A los ideales renacentistas les han seguido la frustración y el desencanto. La vida está ahora regida por la idea de la muerte: vivir es sólo un breve tránsito entre la cuna y la sepultura. El tiempo lo destruye todo y la realidad es ilusión y apariencia: la vida es sueño y el mundo es un gran teatro. La brevedad de la vida, la caducidad de las cosas y la fugacidad de lo terreno explican la idea barroca por excelencia: la del desengaño.
b) El pesimismo barroco

El pesimismo barroco presenta muy diversas formas: la angustia existencial, la sátira, la evasión, la diversión… La literatura española proporciona ejemplos de estas variadas actitudes barrocas: Quevedo, la novela picaresca, Góngora, el teatro, etc.
c) La estética barroca

Literariamente, el Barroco es, en muchos aspectos, la continuación de temas y formas renacentistas. El escritor conserva los hallazgos del Renacimiento, pero, sin despreciar a los autores clásicos, se distancia de ellos, siguiendo su apreciación personal. Así surge un espíritu creador que presenta caracteres propios y definidos:

- Busca lo nuevo, lo original, lo sorprendente para excitar la sensibilidad y la inteligencia del lector. Utiliza, para ello, brillantes imágenes, novedades estilísticas, ideas ingeniosas, o se sirve de lo pintoresco, lo grotesco y lo hiperbólico.

- Sustituye las normas clásicas por su actitud individualista y capricho personal, tendiendo hacia la exageración de la realidad literaria.

- Esta búsqueda de lo original provoca una tendencia a la artificiosidad y la complicación. Como resultado, el mensaje se percibe entre exquisitas excelencias formales, creando un arte para minorías. El escritor considera que el goce estético y el esfuerzo personal del lector-receptor están en relación de proporción directa, es decir, el lector disfruta más de una obra cuanto más esfuerzo intelectual le exige su comprensión.

- La ausencia de normas genera una visión unilateral de la realidad, que es idealizada hasta la belleza absoluta o deformada hasta el envilecimiento degradante.

- Es primordial el cultivo del contraste, fruto del desengaño y la incertidumbre vitales. Se manifiesta en la violenta oposición de elementos extremos, el placer de la antítesis o el enfrentamiento de feo/ hermoso; refinado/vulgar; serio/cómico…

- La concepción del mundo como mudanza e incesante cambio produce en el arte literario dinamismo y movilidad. Su realización formal se aprecia, esencialmente, en abundante subordinación, hipérbaton, elipsis o violentos encabalgamientos métricos.
En resumen, el concepto de imitación renacentista ha dejado paso al “crear al modo de la naturaleza” o, como decía Baltasar Gracián “buscando buen arte contra la imperfecta naturaleza”.

3. EL CONCEPTISMO Y EL CULTERANISMO
El culteranismo y el conceptismo son las dos tendencias estilísticas dominantes en la literatura barroca española. No se trata de movimientos opuestos, pese a los duros enfrentamientos personales de sus defensores, sino que forman parte de una sensibilidad estética general que persigue la originalidad y pretende admirar al lector. En ambas tendencias se rompe el equilibrio entre forma y contenido (cómo se dice y qué se dice) defendido por la estética renacentista.

3.1. El conceptismo
Se basa en asociaciones ingeniosas de palabras o ideas. Se tiende a un lenguaje conciso, lleno de contenido. Para ello se juega con los significados de las palabras (los conceptos) y con sus relaciones más insospechadas. Los recursos más utilizados son la antítesis, la paradoja, la condensación conceptual, las hipérboles, los equívocos y disemias1, la combinación de diversas acepciones de un mismo vocablo, etc. Los escritores conceptistas más notables son Francisco de Quevedo y Baltasar Gracián.
3.2. El culteranismo
Si los escritores conceptistas exprimen las posibilidades de la lengua partiendo de los significados de las palabras, el culteranismo considera, ante todo, la belleza formal. Frente a la concentración conceptista, sobresale en los culteranos la ornamentación exuberante. Aunque los temas puedan ser triviales, se utiliza un estilo esplendoroso que desea llamar la atención sobre el lenguaje mismo. Para ello se emplean numerosos recursos: metáforas audaces (así, el pájaro será “flor de pluma” o “ramillete con alas” y el arroyo “culebra que entre flores se desata”), sinécdoques y metonimias, perífrasis, hipérboles, imágenes brillantes, voces sonoras, procedimientos que buscan la musicalidad del verso (aliteraciones, paronomasias, palabras esdrújulas…)2. La sintaxis se complica con giros procedentes del latín, con violentos hipérbatos, con exagerados encabalgamientos. El vocabulario es original: incorpora numerosos cultismos léxicos de procedencia latina (“émulo, náutico, cándido, cerúleo…”) y selecciona los términos por su colorido y suntuosidad (oro, rubíes, perlas…) Se crea, así, una peculiar lengua poética, característica de Luis de Góngora y sus continuadores.

4. LA POESÍA BARROCA
La poesía tiene en el siglo XVII un enorme desarrollo. No sólo se cultiva poesía lírica y épica, sino que la poesía dramática los dramaturgos eran llamados poetas tiene ahora excepcional importancia. De hecho, las obras teatrales, escritas en verso, sirvieron para la popularización de la poesía, que también se difundió oralmente en universidades, academias, justas y certámenes poéticos, lecturas públicas en casa de los mismos poetas, recitados de poesía popular en la calle, etc. Lógicamente, el desarrollo de la imprenta contribuyó a la divulgación de los textos poéticos, muchas veces acompañados de grabados o ilustraciones.

Las últimas décadas del siglo son de claro decaimiento y no hay ya autores de relieve, hecho que se prolongará durante el siglo siguiente, dando lugar a un largo periodo de decadencia no sólo de la poesía, sino de la literatura española en general. Ello se debió tanto al declive general del país, como al agotamiento de los recursos expresivos, que se utilizaban ya de forma repetitiva.

La poesía barroca refleja la conciencia de crisis, el pesimismo y el desengaño característicos de esta etapa cultural. Presenta gran variedad de formas, estilos y temas. Se llevan al extremo los temas renacentistas:

      1. El amor es visto como pasión intensa, se resalta su fuerza y adquiere un sentido trascendente, es decir, se aprecia que perviva más allá de la muerte.

      2. La belleza de la mujer amada se aleja de la armonía renacentista y supera a la propia naturaleza. Vinculada con el tópico del Carpe diem, se destaca el efecto demoledor del paso del tiempo.

      3. La naturaleza idílica del Renacimiento se transforma en naturaleza sensual, llena de colores y sonidos.

      4. La mitología continúa siendo un punto de referencia y génesis de asuntos que son tratados a veces con tono noble y solemne y otras con efectos paródicos y burlescos.


La crisis despierta el interés por temas morales y filosóficos: la vanidad de las cosas, el engaño de las apariencias, el paso del tiempo (presente en el tema del reloj, las ruinas, el Ubi sunt?, el Tempus fugit…) la presencia de la muerte, el sueño como símbolo de vida y muerte, etc. Las circunstancias sociales de corrupción desembocaron en una poesía satírica donde se criticaba tipos y costumbres de la época y se hablaba del problema de España.
La poesía barroca alcanza un alto grado de perfección formal. En el siguiente cuadro podéis observar los principales recursos formales de la poesía barroca:


RECURSOS DE OPOSICIÓN

Recursos como el oxímoron, la antítesis y la paradoja sirvieron para expresar las contradicciones barrocas.

Oxímoron: Es hielo abrasador, es fuego helado

Antítesis: Ayer naciste y morirás mañana.

Paradoja: Antes que sepa andar el pe se mueve/ camino de la muerte.

PERÍFRASIS

Y

ALUSIÓN

Se utilizó la perífrasis para evitar vocablos prosaicos o para eludir la referencia directa a personajes de la época.

Crestadas aves/ cuyo lascivo esposo vigilante

Doméstico es del sol / nuncio canoro

Y —del coral barbado— no de oro/ ciñe, sino de púrpura, turbante.

HIPÉRBATON

Alcanzó en el barroco grados extremos. Se copió la ruptura del sintagma nominal de la estructura sintáctica latina

Pasos de un peregrino son errantes

Cuantos me dictó versos dulce musa.

[Cuantos versos me dictó dulce musa son pasos errantes de un peregrino]

CULTISMOS

La admiración barroca por los modelos latinos se reflejó en el empleo de cultismos léxicos y sintácticos

Cultismo sintáctico: Lasciva en movimiento/mas los ojos honesta [Los dos adjetivos concuerdan con la dama a la que se dedica el poema]

Cultismo léxico: Destilando líquida armonía / hace las peñas cítaras canoras.

[Las aguas de un monte, al caer por las laderas, convierten las rocas en instrumentos musicales.]




JUEGOS DE PALABRAS

La experimentación lingüística en busca de la novedad hizo que proliferasen los juegos de palabras como la dilogía, el calambur y la creación de nuevos vocablos

Dilogía: Mi vida y mi vivir ordene [mande y ponga orden]

Calambur: A este Lopico, lo pico.

Nuevos vocablos: libropesía, marivinos, archidiablos

HIPERBOLE

Este recurso se convirtió en la base de textos que exageraban aspectos físicos, sociales y morales con fines satíricos

Érase un hombre a una nariz pegado;

Érase una nariz superlativa…

Los tres poetas barrocos más destacados son Góngora, Lope de Vega y Quevedo.
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