1. 3Resumen del tema 10






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título1. 3Resumen del tema 10
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Lengua y literatura

Narrativa del siglo XX

1898-1939




Lengua y literatura 1

Narrativa del siglo XX 1

1LA NARRATIVA DEL SIGLO XX 2

1.1Primera Etapa: La Narrativa del s. XX desde 1898 hasta 1939. 2

1.1.1Temas 3

1.2Autores 3

1.2.1MIGUEL DE UNAMUNO 3

1.2.2PÍO BAROJA 5

1.2.3JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ, AZORÍN 7

1.2.4GABRIEL MIRÓ 8

1.2.5RAMÓN PÉREZ DE AYALA 8

1.2.6ROSA CHACEL 9

1.2.7MAX AUB 9

1.2.8FRANCISCO AYALA 9

1.3Resumen del tema 10



  1. LA NARRATIVA DEL SIGLO XX
    1. Primera Etapa: La Narrativa del s. XX desde 1898 hasta 1939.


La España de finales del siglo XIX atravesaba una profunda crisis que se manifestaba en todos los ámbitos de la vida: en la política, en la economía, en la vida social, en la moral (donde se vivían fuertes crisis de identidad, tanto nacional como individual) debido a la pérdida, tras el fin de la Guerra de Cuba, de los últimos territorios de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) lo que ocasionó el conocido como “Desastre del 98”. Nuestro país había pasado de ser un gran imperio durante los s. XVI y XVII gracias al oro y la plata americanos, a convertirse en una potencia de segundo orden y de escasa relevancia a nivel internacional, lo que provocó, entre otros, que no participásemos apenas del reparto colonial que los imperios nacientes de Inglaterra, Francia, Alemania o Bélgica realizaron entre sí. Nuestro país vive sumido en una miseria, de conciencia social, por lo que surgirán corrientes ideológicas como el Regeneracionismo o la Generación del 98 (en poesía) que reivindicaban a necesidad de una regeneración nacional, efectuando una denuncia de la situación española.

Se inspiraron en esta corriente crítica del canovismo  y ofrecieron una visión artística en conjunto en LA GENERACIÓN DEL 98. Clásicos y modernos.

La denuncia va a ser llevada a cabo por estos autores, a partir del llamado Grupo de los Tres, conformado por escritores de la época (José Ramírez Ruíz – Azorín – , Pío Baroja y Ramiro de Maeztu) que firmarán el llamado Manifiesto de los Tres (1901), en el que ponen de relieve su gran preocupación por la realidad que atravesaba nuestro país, intentando llevar a cabo una transformación de España para situarla de nuevo al nivel europeo alentando la búsqueda del alma de lo español, de lo castellano, que se había ido perdiendo. Comenzaron a escribir en una vena juvenil hipercrítica e izquierdista, en esta línea inconformista, en la que surge la conciencia de la pobreza y la injusticia social, aunque irán desalentándose poco a poco (separando sus caminos literarios) tras comprobar que no consiguen ninguno de sus objetivos, orientándose más hacia una concepción tradicional de lo viejo y lo nuevo, con una actitud pesimista predominante.
      1. Temas


Los temas que prefieren son España, por la que sienten una gran preocupación (sobre todo, por la identidad de los español – distinguiendo entre la España real miserable y la España oficial, falsa y aparente); Castilla, sus pueblos y gentes (revalorizan su paisaje y sus tradiciones), las causas de la decadencia… además de la reflexión sobre el hombre y su destino. En cuanto a la forma, estos autores se basan en la simplicidad y la claridad. Rechazan la estética del realismo, huyendo de la retórica vacía, de los largos periodos oracionales y del carácter detallista, prefiriendo un lenguaje más cercano y una sintaxis más corta. Lo más importante es el argumento, el fondo, y la forma no debe ser un obstáculo para la comprensión del mensaje implícito en la novela.
    1. Autores


Dentro de los autores más significativos de esta primera parte de la narrativa española del s. XX cabe destacar a:
      1. MIGUEL DE UNAMUNO


Miguel de Unamuno, para muchos, el autor más representativo del 98, nació en Bilbao, aunque pronto se trasladó a Madrid a estudiar. Se doctoró en Latín y Griego, logrando la cátedra de la Universidad de Salamanca, de la cual llegó a ser rector (1901) y donde vivió hasta su muerte. Unamuno fue un hombre muy influyente en la vida pública: opositor de la Corona y de la dictadura de Primo de Rivera (1923-1929) auspiciada por Alfonso XIII, fue destituido de su cátedra y exiliado en Fuerteventura y en Francia. A su regreso, pidió públicamente un régimen republicano, aunque después llegó a apoyar a Franco y la rebelión de los «nacionales» contra la República. Murió pocos meses después bajo arresto domiciliario.

Cultivó muy distintos géneros literarios. En teatro destaca su obra Fedra (en la que actualiza la tragedia euripídea, simbolizando las pasiones, con austeridad de palabra y escenográfica), en su poesía, El Cristo de Velázquez, obra de una espiritualidad muy interesante, o Rimas de un poeta desconocido. Sin embargo, estos dos géneros son los menos prolíficos y los de menor calidad estética y formal. Así, destaca como ensayista (Por tierras de España y Portugal, La agonía del cristianismo), pero sobre todo como novelista.

Sus títulos ensayísticos nos muestran ya la esencia de las dos temáticas fundamentales que desarrollará Unamuno. Por una parte, la preocupación por España: quiere ahondar en las raíces de España, en esa búsqueda de Castilla y esa europeización de nuestro país; por otro, la agonía, término que utiliza en sentido etimológico, como una “lucha interior”, una batalla que se establecen entre dos instancias que van a condicionar la obra de Unamuno: la razón y la fe. Influido por el racionalismo, para él la muerte es algo definitivo, la vida acaba, es imposible la existencia de la inmortalidad y de un sentido lógico de la existencia de los seres humanos. Sin embargo, se necesita creer en un Dios, tener fe (lo que no es racional), una fe que justifica la existencia de la vida eterna. Esa lucha entre lo que representan el deseo y el querer frente a lo que suponen los principios de la realidad constituye el eje central de la obra de Unamuno, claramente influenciada por Schopenhauer y Nietzsche, pensadores muy importantes y leídos por nuestro autor, que le llevarán a adoptar las dos posturas diferentes. Asimiló la visión negativa de la voluntad de Schopehauer, seguida luego por la exaltación de la misma por parte de Nietzsche, que parecía ofrecer al indivualista un escape del determinismo por medio de la voluntad.

El vínculo entre Schopenhauer, Nietzsche y Unamuno consiste en acentuar el carácter primordial de la voluntad como motor y fuerza vital, reconociendo de este modo el carácter subordinado de la razón a la voluntad, y no al contrario. Se pretende entonces, finalizar con la visión del hombre en cuanto sujeto trascendente, rechazar la creencia de que el mundo es susceptible de ser conocido objetivamente y reconocer un mundo vital por encima de cualquier mundo ideal. De este modo, se reorienta la mirada hacia nuestro interior y hacia el devenir del mundo, donde fuerzas volitivas nos asaltan y nos instigan sin atender a razones, he aquí el irracionalismo de la voluntad: nuestros deseos no están sujetos al cálculo (baste como ejemplo el deseo de inmortalidad tantas veces señalado por Unamuno). Se abre paso con este grupo a la voluntad de vivir, al humano demasiado humano o al hombre de carne y hueso.

Para Unamuno, la novela constituye el instrumento idóneo para expresar intuiciones fundamentales que, de otro modo, no conseguirían un tratamiento sistemático. De esta manera, la novela se convierte en el medio más apropiado para interpretar la realidad.

En su producción novelística, centrada en el conflicto íntimo de los personajes, Unamuno expresa los temas que lo obsesionan: la afirmación de la personalidad, la lucha contra el instinto, el afán de dominio sobre los demás, la muerte. Su obra, estará fuertemente marcada también por ese sufrimiento y agonía. En la producción de Unamuno, también cobran especial importancia dos conceptos: intrahistoria y nivola.

  • Intrahistoria: diferenciando la historia de la intrahistoria, Unamuno pretende resaltar que la vida, la historia, no se compone de grandes cosas, sino de las pequeñas cosas que constituyen la vida del día a dia, del “tú” y del “yo”, la historia de los seres individuales que llevan adelante su existencia. La utiliza para referirse a la vida tradicional, que sirve de “decorado” a la historia más visible. Comparaba a la Historia oficial con los titulares de prensa, en oposición a la intrahistoria como todo aquello que ocurría pero no publicaban los periódicos.

  • Nivola: es el neologismo creado por Miguel de Unamuno para referirse a sus propias creaciones de ficción narrativa, para representar su distancia con respecto a la novela realista imperante a finales del siglo XIX. Son pequeñas narraciones, de estructura, por tanto, breve, en las que es más importante el contenido que la forma. El desarrollo psicológico de los personajes es escaso: los personajes de las nivolas suelen estar caracterizados por un único rasgo de su personalidad, lo que los convierte en “personajes planos”. Es por esto que se hacen necesarios abundantes y creativos diálogos, para poder expresar así el “alma de los personajes”, que se desarrollan en detrimento de la descripción, también muy escasa. En ellas, suele presentarse una situación de agonía y conflicto, donde se nos muestra al personaje en su máxima desnudez psicológica, que sirve para expresar la angustia del autor. Así, entre las nivolas más destacadas encontramos Niebla, San Manuel Bueno, Mártir o La tía Tula.


      1. PÍO BAROJA


Pío Baroja (1872-1957) mostró desde su juventud un amplio interés por las más diversas cuestiones intelectuales. Estudió Medicina en Madrid pero decepcionado emprenderá su actividad de escritor y regentará una panadería. Ésta es la época de su compromiso político, revolucionario y progresista e izquierdista, que lo llevó a unirse a Azorín y a Maeztu formando el «Grupo de los Tres», de ideales anarquistas. Sin embargo, a partir de 1902 Baroja fue desinteresándose por todo lo que no fuera su creación literaria. A partir de entonces fue un autor respetado, aunque muy poco sociable e introvertido, de cierto carácter misógino.

Es de gran importancia la aportación de Baroja a la teoría de la novela: defiende la novela abierta, planteando una libertad absoluta y una natural espontaneidad, en consonancia con su concepción de la vida.

Pretende captar el ambiente y la vida social a través de un ritmo dinámico caracterizado por una acción ininterrumpida, trepidante e imaginativa, por el párrafo corto, un vocabulario limitado, sus numerosos personajes y la diversidad de sus escenarios, por lo que Baroja es considerado el más moderno de los novelistas del 98. Introduce en sus novelas reflexiones acerca de la política, la moral o la iglesia, en la arqueotipología de personajes barojianos cabe destacar el personaje aventurero, el personaje abúlico (aburrido, tedioso, sin ganas de vivir, cuya existencia está condenada a repetirse) o los personajes nietzscheanos (que afirman la vida, odian la democracia y se afirman contra las investidas de la existencia).

La obra de Baroja es copiosa: sólo sus novelas pasan de sesenta, escritas al ritmo de unas dos por año. Escribe también cuentos, ensayos, novelas cortas o biografías. Su obra podemos dividirla en 3 partes:

  • Principio de siglo (1900-1912/1914): localizamos en esta etapa el período más creativo de Baroja, que coincide con el influjo más patente de Nietzsche, Schopenhauer y Kant (problemática existencial del hombre). Escribe novelas que agrupa en trilogías, cuyos títulos indican el rasgo común de las novelas que las componen: La lucha por la vida: (La busca, Mala hierba y Aurora roja); La raza (El árbol de la ciencia, La dama errante y La ciudad de la niebla).

  • Entre 1913/1914 y 1936, decae la capacidad creativa de Baroja, que repite moldes anteriore (etilo propio) aunque hay que destacar alguna excepción, como Memorias de un hombre de acción.

  • De 1937 a 1956 Baroja no crea nada nuevo; sus obras son una recopilación de lecturas, opiniones, curiosidades... y el escritor va perdiendo, progresivamente, su gracia en criticar a la sociedad y también es menos notable el rechazo que hacia ella siente.


      1. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ, AZORÍN


Nacido en Alicante, firmó el Manifiesto de los tres en defensa de la libertad, de los valores de la democracia y los valores progresistas. Al principio muestra una clara ideología revolucionaria y anarquista, para escribir, ya hacia el final de su vida, ensayos muy conservadores. Se caracteriza fundamentalmente por un estilo sencillo y claro, inconfundible por el uso de frases cortas; el vocabulario, precio, pulcro y elegante; la capacidad para describir y evocar nostálgicamente impresiones, sensaciones, paisajes, etc.; su habilidad para percibir el detalle de las pequeñas cosas cotidianas (importancia del silencio, el reposo y a quietud). En sus novelas, el argumento y la acción tienen, en general, escaso interés; son, más bien, fragmentos de vida, a menudo autobiográficos, y las descripciones detallistas de personajes y ambientes sustituyen a la intriga.

Sus novelas más desatacadas son La voluntad, Antonio Azorín, Las confesiones de un pequeño filósofo y Doña Inés.
Escribe también ensayos importantes como El alma castellana, La ruta de Don Quijote.

En torno a 1914 surge en España una nueva generación de intelectuales, formados en universidades (con vocación política –intentan impulsar un cambio efectivo en España – y europeísta) que reacciona contra el sentimentalismo en el arte, que se dan a conocer entre 1910 y 1914 y que reciben la denominación de NOVECENTISTAS o GENERACIÓN DEL 14. Los escritores novecentistas continuarán el proceso de renovación del género novelístico. Según Ortega y Gasset, el relato tradicional es un género agotado, entre otras razones, por la reiteración de los temas. En la novela moderna ha de interesar más el ambiente que la acción. El novelista debe cuidar el detalle y prescindir de definir a los personajes, cuyos rasgos han de ser descubiertos por el lector inteligente. Lo importante no será la trama de la novela, sino el juego intelectual, la estructura y el estilo. El resultado será una novela deshumanizada, de lectura difícil y al alcance de pocos, que se acerca al ensayo. Así, estos filósofos, historiadores y escritores, en torno al pensamiento y ensayos de José Ortega y Gasset, propondrán el concepto de deshumanización del arte: un arte elitista, un arte como esfera independiente de la sociedad, marcada por el cientifismo propio de la época, si cabe y desvinculándolo de la vida. En esta línea, con más o menos matices, se sitúan: la novela lírica de Gabriel Miró, la novela intelectual de Pérez de Ayala, y la novela vanguardista de Gómez de la Serna. Desarrollan una prosa de gran perfección formal, comparten un estilo brillante y perfeccionista, en búsqueda de la rigurosidad y la obra bien hecha.

Destacan, entre otros:
      1. GABRIEL MIRÓ


Nacido en Alicante, estudió durante una época en Granada. Es uno de los novelistas más prestigiosos de nuestro país, aunque su fama no se corresponde a su calidad.

Su prosa destaca principalmente por la utilización de la descripción. Esta técnica enlaza con la actitud contemplativa del autor, que posibilita que el lector se sienta transportado a un mundo pleno de sensaciones, que dan la mano al sentimiento. Además de la descripción, el lirismo y una tristeza vaga son otros dos elementos que deben ser tenidos en cuenta en su obra. A través del paisaje, Miró expresa sus sentimientos y expone sus preocupaciones íntimas.

Las novelas más conocidas de Gabriel Miró son Nuestro Padre San Daniel y su continuación El obispo leproso.
      1. RAMÓN PÉREZ DE AYALA


Nacido en Oviedo, Pérez de Ayala cultiva todos los géneros, pero destaca como novelista, siendo quizás el más importante de la generación novecentista. Su producción narrativa está dominada por el intelectualismo y por el tema de la conciencia y de la sensibilidad. Es meticuloso en lo que a la forma se refiere, clásico y elegante, con ingredientes de ironía y humor. La temática más desarrollada por este autor se inclina por el amor a la existencia, la falta de sentido de la misma y la soledad. Sus obras más importantes Belarmino y Apolonio y Luz de domingo (obra llevada al cine por J.L. Garci).

Otro autor que recientemente está siendo más valorado y reconocido y que por coetaneidad se puede introducir en esta generación, aunque se dedica casi exclusivamente a la novela humorística, es Wenceslao Fernández Florez, cuyas novelas está impregnadas por un rico simbolismo y topicismo gallegos. Su obra más importante y conocida es El bosque animado.

En los mismos años en los que llega a su auge la generación poética de Guillén, Lorca... están escribiendo en líneas distintas al menos otros dos grupos de autores. El primero está formado por novelistas por su militancia en el bando republicano, debieron abandonar España, tras o durante la Guerra Civil, y escriben en el exilio sus mejores obras en el exilio (a los que algunos historiadores llaman equivocadamente la “generación del 27”), autores que, en sus primeras obras, practican una novela en línea con el ´arte deshumanizado que planteaba Ortega y Gasset, que a raíz de su Revista de Occidente, consideraba que, ya que la novela estaba agotada como género, había que insistir en otros aspectos.

Entre ellos podemos destacar a:
      1. ROSA CHACEL


Nació en Valladolid. Escribe novelas muy psicologistas, en las que se observa una introspección magnífica. Destacan entre sus obras Estación. Ida y vuelta o Memorias de Leticia Valle (sobre el despertar erótico de una adolescente, en la que podemos observar el constante motivo de la memoria como una forma de recuperar la propia identidad vital).
      1. MAX AUB


Es otro de los autores más importantes de este panorama. De padre alemán y madre francesa, se instalan en Valencia huyendo de la Primera Guerra Mundial. Desde el principio, comienza a escribir en castellano. A pesar de sus comienzos esteticistas y vanguardistas, es un escritor realista y de fuerte carácter sociopolítico, como podemos comprobar en su gran ciclo narrativo sobre la Guerra Civil, escrito durante el exilio, la serie de los Campos (Campos de sangre, Campo abierto, Campo del moro, Campo cerrado…) seis obras sobre la Guerra Civil y el exilio en los campos de concentración en Francia.
      1. FRANCISCO AYALA


Nacido en Granada, estudió en Madrid y fue catedrático de Sociología. Gran parte de su vida la pasó en EEUU como profesor. Entre sus obras destacan El fondo del vaso, La cabeza del cordero o Muertes de perro, en la que trata el tema de la dictadura en una imaginaria república hispanoamericana, uniéndose así a la tendencia hispana conocida como la “novela de la dictadura”, en la que se engloban obras como El otoño del patriarca (Gabriel García Márquez), y mostrando uno de los temas que más le obsesionaron desde su especialidad sociológica, el “poderío del poder” (valga la redundancia), cómo éste es capaz de hacer sufrir y morir a las personas. Escribe Los Usurpadores y de 1982 a 1988 publicó sus memorias con el título Recuerdos y olvidos. Murió en 2009 a los 103 años.

El segundo grupo (llamado NUEVO ROMANTICISMO) plantea una novela social muy comprometida con la ideología revolucionaria: José Díaz Fernández, Ramón J. Sender y César Mª Arconada. El carácter y el contenido de la novela, ideológico y conceptual, condicionan el estilo de la narración. El texto está impregnado de una terminología abstracta; lleno de paradojas, antítesis, metáforas y símbolos.

Destacan Ramón J. Sender, que desde muy joven fue un escritor muy comprometido políticamente con las ideas revolucionarias izquierdistas, considerándose a sí mismo como un militante anarquista y comunista, defensor de la República. La preocupación por la denuncia social y el intento por mostrar la realidad tal y como es son dos elementos comunes a la mayoría de las novelas de este autor. Destacan Imán, Siete domingos rojos, La tesis de Nancy o Réquiem por un campesino español, en la que expone los problemas de conciencia de un cura que no había intentado evitar el asesinato de un campesino republicano. Muy conocida es también la serie Crónica del alba, compuesta por nueve novelas de sabor autobiográfico.
    1. Resumen del tema


Podríamos incluir como características de esta generación

1.- Denuncia de los males de España: el caciquismo, el hambre y la ignorancia

2.- Pesimismo ante la situación histórica (el desastre colonial de 1898) y ante el desmoronamiento de los valores sociales y espirituales.

3.- Influencia de la filosofía: los planteamientos existencialistas de Nieztsche y Schopenhauer (el escepticismo, la vida como algo absurdo y carente de sentido)

4.- El dolor de España y Castilla como profundo símbolo de patriotismo casticista

5.- Renovación estética o del estilo mediante El subjetivismo y una Concepción totalizadora; la novela es un género multiforme, en el que tienen cabida también la reflexión filosófica, el ensayo, el lirismo... (Azorín habla de ‘novela permeable’).




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