Artículos sobre América latina y Chile Unidad 1: Conociendo la Historia de Chile






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fecha de publicación29.07.2015
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Artículos sobre América latina y Chile




Unidad 1: Conociendo la Historia de Chile

Contenido: Vinculación de la Historia de Chile con la Historia de América Latina.
Autores: LORENZO S., Santiago y ZAMORANO G., Manuel, CHILE y AMERICA, ayer y hoy, Ed. Sociedad Ediciones Pedagógicas Chilenas Ltda., Santiago. 19


TEXTO



Disgregación de América y Nacionalidad
Conseguida la independencia, surgió la necesidad de la organización. Previo a la forma de gobierno por establecer, era necesario resolver el problema de la nacionalidad. Si se creaba una sola o varias naciones.
Por efecto del carácter localista que tomó el movimiento político, desde el primer momento, hubo ejercicio de la soberanía sólo en términos regionales, en torno a los cabildos de las capitales del virreinato, capitanías generales, gobernaciones. Desarrollado el ideal independentista, el anhelo de libertad se identificó con los intereses particulares. La idea de unión propiciada por San Martín, Bolívar, Hidalgo y otros, tal vez porque evocaba a Monarquía y a Imperio fue rechazada.
Bolívar vio la necesidad de unir a los pueblos de América atendiendo a razones políticas: la defensa del continente, pero, sobre todo, porque ellos tenían intereses comunes y afinidades culturales. En 1824 invitó a Perú, Colombia, México, Guatemala, Río de la Plata y Chile a constituir una Confederación. Los representantes de los cuatro primeros países se reunieron en el Congreso de Panamá en junio de 1825, pero sus acuerdos no alcanzaron, sin embargo, proyección histórica inmediata.
Por el contrario, ocurrió un proceso de disgregación. Naciones confederadas durante la guerra de independencia, como la Gran Colombia, se separaron en 1830, dando origen a nacionalidades distintas: Venezuela, Colombia, Ecuador. Regiones unidas administrativamente desde la Colonia, caso de la Capitanía General de Guatemala, que en 1823 habían constituido las Provincias Unidas del Centro de América, se convirtieron en cinco Estados soberanos: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Factores geográficos e históricos explican la disgregación de América. La complejidad del territorio ayuda a la separación y a la formación de núcleos humanos con sentimientos locales. Debido a la forma cómo las Indias fueron organizadas, ellas no constituyeron en realidad sino una unidad formal. Fueron variedad antes que unidad, a causa de la diversidad racial y, especialmente, de su estructuración económica.
El resultado fue el nacimiento de naciones que repiten casi el cuadro de la división administrativa colonial, aún en la demarcación de sus fronteras, tan imprecisas y vagas como antaño, causantes de conflictos internacionales y ajustes territoriales durante el siglo XX. Nacida América Latina a la vida independiente, al impulso de sentimientos regionalistas y apoyada en el principio nacional, cada país se encerró en sus fronteras, con olvido del compromiso continental.

Bibliografía:
CHILE y AMERICA, ayer y hoy
Autores: LORENZO S., Santiago y ZAMORANO G., Manuel
Ed. Sociedad Ediciones Pedagógicas Chilenas Ltda., Stgo. 1971

La Independencia de América

Actualizado el 09-Oct-2003 (Lecturas: 1185)

Los hechos que provocan la emancipación política de América Latina, constituyen parte de un proceso histórico que transcurre entre 1808 y 1824. Iniciado en las Indias como una respuesta al movimiento juntista desarrollado en España para defender los derechos de Fernando VII, prisionero de Napoleón, tuvo en su comienzo carácter autonomista y federalista para derivar finalmente en rebelión independentista. Se consuma con las guerras de independencia.
Este hecho de tanta trascendencia, ocurrido casi simultáneamente en casi toda América, ha sido objeto de interpretaciones múltiples. Sin pretender sostener que la emancipación puede ser explicada por el juego mecánico de causas y efectos, y sólo con el propósito de ilustrar respecto de la diversidad de criterio habido en el enfoque de un asunto asaz complejo, sintetizamos los motivos históricos considerados como causas de la independencia. Ellos pueden agruparse en dos grandes unidades:
Causas Internas
Se les asigna valor negativo. La emancipación se ve como una lucha de reivindicaciones. Ellas serían: la deficiente administración, la relajación de costumbres, el régimen comercial de monopolio, la postergación de criollos y mestizos, el absolutismo y tiranía de la autoridad virreinal, las restricciones culturales y otras.
Causas Externas
Tendrían carácter positivo; son hechos que promueven a la consecución del objetivo. Serían: la influencia de la filosofía de la Ilustración, el influjo que ejercen en los criollos ilustrados los políticos europeos, la influencia de la revolución francesa, el ejemplo de la independencia de los Estados Unidos, el papel desempeñado por las sociedades secretas, la participación activa de los jesuitas expulsos, etc.
A estos antecedentes se agregan, como hechos que apuran el proceso, la invasión de Napoleón en España y la reacción que provoca en América el absolutismo de Fernando VII, luego de su restauración en 1814.
Sin duda, todos estos hechos concurren a la explicación del fenómeno, pero su significación sólo alcanza sentido cuando se los ubica en la complejidad de su contexto. Por ello son necesarias algunas precisiones:
La independencia no se consuma con la constitución de las Juntas, tampoco en el momento en que ella se proclama. Se desarrolla en un período de aproximadamente catorce años y se logra cuando los ejércitos criollos derrotan a las fuerzas realistas en las llamadas 'guerras de independencia’. Estas guerras tienen el carácter de guerra civil: se enfrentan casi siempre peninsulares y criollos, pero en ambos bandos se hayan unos y otros. Este hecho explica que la lucha armada haya sido relativamente larga, a pesar de haber enviado España a América escasos contingentes militares.
Los hechos políticos y militares, definitorios del proceso, se enmarcan en tres momentos, originados por la aparición de tres coyunturas históricas de signo político, modificadoras de las estructuras vigentes en el tiempo. Ellas son:
1)La crisis monárquica de 1808, provocada por la abdicación de Fernando VII y Carlos IV a favor de Napoleón, cuya reacción es el movimiento juntista en España y América. En está, desde una actitud fidelista se deriva poco a poco al autonomismo separatista.
2)La reacción absolutista de 1814 se manifiesta con la vuelta al poder de Fernando VII, quien desconoce la Constitución Liberal de 1812 e inaugura la política de pacificación de América. La respuesta americana al absolutismo fernandino será la propagación del ideal independentista a sectores sociales hasta ese instante ajenos al movimiento.
3)El movimiento liberal español de 1820, con el levantamiento de Riego, vuelve a imponer la constitución de 1812, desbarata el intento borbónico de enviar fuertes contingentes militares para pacificar América y causa la reacción de los grupos conservadores políticamente predominantes en México y Lima; estos grupos, para no someterse a los liberales españoles, favorecen ahora la independencia de sus regiones.
4)El movimiento independentista es de carácter localista, producto de los intereses regionales desarrollados. Se fragua en torno a las capitales de los centros administrativos indianos por la gravitación que ejercen los Cabildos de las ciudades metropolitanas. Su manifestación histórica posterior será la formación de Estados nacionales sobre supuestos sociales regionales.
La independencia de América presenta como nota característica un alto grado de complejidad, tanto lo que concierne a los territorios como a los factores específicos. Sin embargo, tal heterogeneidad no supone falta de unidad: el hecho es uno que ocurre de modo propio en cada lugar. De allí que no se acepte definir todo el proceso revolucionario por un solo principio, como tampoco es válido aplicar una teoría a todas las regiones. Con todo es posible admitir cierta generalidad.

La Independencia de Chile, la Patria Vieja
La Patria Vieja (1810 - 1814)
El movimiento revolucionario suscitado en la Capitanía General de Chile sigue un desarrollo casi del todo semejante al de las otras regiones de América. Desde el triunfo del autonomismo en el Cabildo abierto del 18 de Septiembre de 1810, se camina con pretensiones cada vez más separatistas, abortadas, éstas, sin embargo y aunque temporalmente, en la batalla de Rancagua en 1814.
Se conoce a éste período con el nombre de Patria Vieja. En su transcurso, por efecto de haberse experimentado en el gobierno autónomo, prende el sentimiento emancipador en el grupo criollo con aspiraciones políticas, a la vez que hace suyo el ideal republicano.
Cuando acontecían los hechos originarios de la crisis monárquica, gobernaba el Reino de Chile, en forma interina, don Antonio García Carrasco. Su falta de habilidad política e imprudencia le enajenaron la voluntad de la Real Audiencia primero y del Cabildo de Santiago enseguida. Medidas tan autoritarias como el apresamiento de tres patricios, Juan A. Ovalle, José A. de Rojas y Bernardo de Vera y Pintado, llevaron a la aristocracia santiaguina a exigir su renuncia el 16 de agosto de 1810. Lo reemplazó don Mateo de Toro y Zambrano, Conde de la Conquista, anciano ya, sujeto a toda suerte de influencias, quien convocó a un Cabildo abierto al pueblo de Santiago para resolver en vista de la difícil situación que se vivía.
En el cabildo triunfa la tendencia partidaria del gobierno autónomo, frente a los escasos partidarios de la sujeción al Consejo de Regencia. Se crea entonces, una Junta de Gobierno. Esta se declaró fiel a Fernando VII y tomó medidas efectivas:

- Organizó las primeras milicias para defender el reino.

- Decretó la libertad de comercio con naciones aliadas de España y neutrales.

- También a objeto de contar con la representación de todo el reino, convocó a un Congreso Nacional.
Todos estos actos responden a un justo ejercicio del derecho, fundado en el uso legítimo de la soberanía, que ha revertido al pueblo. Pero, hacia fines de 1810, la ideología claramente revolucionaria se hace presente con la llegada del fraile de la buena muerte, Camilo Henríquez. Inspirado en la filosofía de la ilustración, en la ideas del Contrato Social de Rosseau, en el ejemplo de los Estados Unidos, postula la separación. Su pensamiento lo da a conocer en la famosa Proclama de Quirino Lemáchez, aparecida en enero de 1811. En ella se aboga desembozadamente por la independencia.
El Primer Congreso Nacional
El 4 de julio de 1811, se instaló el Congreso Nacional. Predominan los patriotas moderados, esto es, quienes desean reformas sin romper con la metrópolis. El grupo conceptuado de exaltados, de pretensiones separatistas, quedaba en franca minoría. Como medidas tomadas por el Congreso se anotan:

- Creación de la Provincia de Coquimbo.

- Ley de libertad de vientres, por la cual se declaraba libres a los hijos de esclavos nacidos en el territorio y se prohibía el tráfico de negros en el país.

- Supresión de derechos parroquiales.

- Envío de Francisco Antonio Pinto como agente diplomático ante la Junta de Buenos Aires.

La actitud moderada de los congresales fue aprovechada por José Miguel Carrera, llegado a Valparaíso en febrero de 1811, quien traía pretensiones de darle al movimiento un cariz más avanzado. Por sucesivos golpes de fuerza (Oct., Nov. y Dic. de 1811), apoyado por elementos exaltados, logró clausurar el Congreso y establecer un gobierno personal.
Gobierno de José Miguel Carrera (1811- 1813)
Carrera ejecutó varios actos tendientes a conseguir un gobierno independiente. Adquirió una imprenta. Con ella Camilo Henríquez editó La Aurora de Chile, primer periódico nacional. Tenía como objetivo principal popularizar el pensamiento de Carrera: La independencia Absoluta. Allí se ataca a España, se elogia a Estados Unidos; se niega el origen divino de los reyes y se proclama la soberanía popular.

Carrera dicta el Reglamento Constitucional de 1812. En éste se reconoce a Fernando VII, pero sólo de manera nominal. El propio Reglamento, el carácter de Cónsul de Estados Unidos, asignado a J. Robert Poinsett y la creación de una bandera y escarapela nacional, son indicios de que Carrera quería el derecho del pueblo de Chile a gobernarse por sí mismo.
La orientación separatista de Chile motivó el envío de una expedición militar por el virrey Abascal. El general Antonio Pareja desembarcó en marzo de 1813 en Chiloé; desde ese punto avanzó hacia el norte, engrosando sus filas con efectivos de Valdivia y otros lugares del territorio. Con unos 2.000 soldados tomó la ciudad de Concepción, haciéndose fuerte en la región militar de Chile. La defensa del país la dirigió el mismo Carrera, quien dejó a una Junta (1813) a cargo del gobierno. El enfrentamiento de los ejércitos del virrey y de los criollos inicia las llamadas ‘Guerras de independencia’, las que, atendiendo a los componentes que integran los contingentes cabe, con propiedad, calificarlas de guerras civiles.
Tras un paréntesis en la lucha armada, causado por la firma del Tratado de Lircay (mayo de 1814) por el cual las cosas se retrotraen al año 1810, con reconocimiento de Fernando VII por los criollos y del gobierno existente en ese momento en Chile por peninsulares, se reinicia la guerra, la que finaliza en su primera parte con el triunfo realista en la batalla de Rancagua (octubre de 1814).
Rancagua pone término a la Patria Vieja e inicia el período histórico llamado Reconquista Española.
Bibliografía
"CHILE y AMERICA, ayer y hoy "
Autores: LORENZO S., Santiago y ZAMORANO G.,Manuel
Ed. Sociedades Ediciones Pedagógicas Chilenas Ltda. Stgo. 197

La Reconquista Española o Restauración (1814 - 1817)

Características del período
El segundo gran momento del proceso emancipador se inicia en 1814 con el retorno de Fernando VII al trono español. Es la segunda coyuntura histórica, configuradora de la política de restauración y pacificación emprendida por la corona española en América y que, en Chile, se prolonga hasta el año 1817. Su desenlace será la propagación de la rebelión desde el Río de la Plata, única región insurrecta entonces, y la difusión en el pueblo de sentimientos separatistas, todo lo cual termina por afianzar la independencia.
Tradicionalmente a este período se le denomina Reconquista Española. Como tal concepto encierra error, es preferible llamarlo Restauración, por la conexión existente entre los acontecimientos ocurridos en América y Europa y, sobre todo, porque se trata de una vuelta a la dominación española. No es, en suma, una re-conquista, un volver a conquistar un territorio que, como se sabe, tuvo lugar en el siglo XVI al someterse a la población aborigen.
Libre España de los ejércitos franceses y vuelto Fernando VII como Rey absoluto, en la Metrópoli se plantea el hecho americano. Se lo interpreta como un apéndice de los movimientos liberales europeos, hijo de la Revolución Francesa y se tiene a los súbditos indianos en el concepto de rebeldes y sediciosos. En mayo de 1814, por un manifiesto dirigido a los americanos, invitase a éstos a deponer su actitud de rebeldía y a someterse al Rey. Se quiere volver a la situación política anterior a 1810, con desconocimiento de lo obrado mientras el monarca estuvo ausente. Apoyan en América esta política parte del clero, comerciantes monopolistas y la burocracia virreinal, partidarios del fidelismo, sostenedores de la unidad de la monarquía.

Las pretensiones de Fernando se apoyan luego en la fuerza. Se envían contingentes militares; uno, dirigido por Pascual de Liñan, destinado a México; otro, al mando de Pablo Morillo, en dirección a Venezuela. Estas tropas se unen a las fuerzas que Abascal tiene en Lima y a las de Callejas en México. Mientras Morillo domina Venezuela y Nueva Granada, se sofoca el movimiento popular en Nueva España.
La Restauración adquiere así el carácter de Pacificación, dando forma a las Guerras de Independencia, generalizadas en América. Ellas tuvieron por consecuencia la aparición de fenómenos que habrían de marcar fuertemente la historia posterior: militarismo, caudillismo y terrorismo, ante el cual las masas de indiferentes se unen a la causa independentista; resentimientos sociales y restablecimiento de antagonismos raciales; desaparición, en algunas regiones, de fuertes sectores sociales dirigentes; desprestigio de la institución monárquica y, su contrapartida, la aceptación sin mayor reflexión ni crítica del sistema republicano, aceptado y proclamado en los Congresos de Apatzingán ( 21/Oct./1814); Tucumán ( 9/Ago./1816) y Angostura (9/Ago./1919).
La Reconquista Española o la Restauración en Chile
La batalla de Rancagua permitió al ejército realista restaurar la autoridad virreinal. Políticamente se vuelve a la situación anterior al establecimiento de la Junta de Gobierno de 1810.
Mientras los más comprometidos con el movimiento emigran a Mendoza, Mariano Osorio, el triunfador de Rancagua, reinstala la Real Audiencia, cierra el Instituto Nacional, creado por la Junta de 1813, e inicia una política de concordia y buen ánimo. Al poco tiempo, sin embargo, impulsado por el virrey de Lima, se vio obligado a actuar con rigor. Creó los tribunales de vindicación, ante los cuales los habitantes debían acudir a testimoniar su adhesión al rey. Pero la medida que provoco verdadera alarma y le enajeno la confianza del pueblo, fue el apresamiento de varios vecinos respetables de la ciudad de Santiago, algunos ya ancianos, acusados de haber tomado parte activa en los sucesos de la Patria Vieja. El traslado de éstos a la isla de Juan Fernández, entonces temido lugar de presidio, causó honda conmoción en la población que vio en este hecho un acto de cruel tiranía.
La política represiva se acentuó aún más con el cambio de gobernador. A fines de 1815, Osorio fue reemplazado por Casimiro Marcó del Pont, quien, asesorado por los Talaveras de la Reina, capitaneados por Vicente San Bruno y ante el temor de una invasión desde Mendoza, donde se preparaba el Ejército de los Andes, creó los tribunales de vigilancia para conocer las denuncias sobre actos desfavorables al régimen.
Por efecto de éstas y otras medidas de represión, se formó un ambiente de delación y represalia, temor y odio. El sentimiento separatista, exclusivo de los sectores sociales altos en tiempos de la Patria Vieja, a consecuencia de las torpezas y excesos cometidos por la autoridad virreinal, prendió en el pueblo; justo en el momento en el momento en que se identificaban las nociones de gobierno tiránico y Rey tirano. El sentimiento de adhesión a la autoridad al modo como se desarrolló en la Colonia, personificada a través del Rey, había muerto.

Como contrapartida, se favorece la llegada del ejército de San Martín, del que se tiene noticia por el guerrillero Manuel Rodríguez, joven inquieto y romántico, audaz enlace entre uno y otro lado de la cordillera, quien con sus correrías provoca desconcierto en el bando realista. En efecto, llegados O'Higgins y Carrera a Mendoza con el resto del ejército, se une a aquél José de San Martín, gobernador entonces de la provincia de Cuyo. Acariciaba éste el propósito de liberar América del Sur. Para ello era necesario atacar el centro de las fuerzas realistas que se encontraba en el Perú. Se dio la tarea de formar un ejército, independizar a Chile y marchar por vía marítima con destino a la capital del virreinato.

Con este fin se organizó el Ejército de los Andes. San Martín y O'Higgins y otros militares destacados, cruzan la cordillera en enero de 1817 y, el 12 de febrero del mismo año, derrotan al ejército realista en la batalla de Chacabuco. Se pone fin al poder de la Monarquía española en Chile y se inaugura la llamada Patria Nueva.

Bibliografía
" CHILE y AMERICA, ayer y hoy ".
Autores: LORENZO S., Santiago y ZAMORANO G., Manuel
Ed. Sociedad Ediciones Pedagógicas Chilenas Ltda. Stgo. 1971

La Patria Nueva

El Gobierno de Bernardo O’Higgins
Triunfante el ejército patriota en Chacabuco, el pueblo de Santiago, reunido en Cabildo abierto, nombró en el cargo de Director Supremo a don Bernardo O’Higgins Riquelme. La aristocracia entregaba el poder a la única fuerza que en esos momentos aparecía en condiciones de ejercer la soberanía. Pero, a causa de los excesos cometidos por el Director, molesta por los desaires de que la hizo objeto, seis años más tarde, en otro cabildo abierto, le quitaba el poder.
Personalidad de O’Higgins
Cuantos se han referido a la personalidad de O’Higgins, han destacado la influencia de su ascendencia irlandesa y la hispano-criolla, las cuales le llegan claramente diferenciadas. De aquélla procede la tenacidad de su acción, firmeza de convicciones, entrega al ideal forjado, persistencia en el objetivo propuesto, circunspección de carácter. De ésta, la impetuosidad de sus reacciones, su apasionamiento respecto de las personas, violencia en no pocos de sus actos.
Tales notas se condicionaban a los sentimientos orientadores de su actividad política: fe en la independencia y los beneficios que ella reportaría para mejorar la sociedad con la ayuda de leyes sabias; odio al pasado, a España y españoles; desprecio por la aristocracia; confianza en el americanismo.

Los conceptos de lealtad, honor, deber, moralidad, definen su ética de ciudadano. Voluntad, optimismo, osadía, son cualidades que explican su actuación como soldado.
Pensamiento Político de O’Higgins
Las ideas políticas de O’Higgins se modificaron con el tiempo. A comienzos de la revolución era un convencido del sistema republicano democrático. Discípulo de Miranda, recogió, a través de éste, la filosofía política del siglo XVIII; sin embargo, su ideario no lo formó en la lectura de los tratadistas sino en la experiencia lograda en Inglaterra. Admirador del parlamentarismo inglés, quiso establecer en un principio la democracia y, en tal sentido, se mostró partidario en 1810 de reunir a un Congreso.
Los hechos pronto lo convencieron de que no era posible establecer el sistema por él propiciado: no había tradición política, el pueblo carecía de virtudes cívicas, no existían hábitos arraigados de gobierno democrático. El fracaso de la Patria Vieja, debido más que nada a la rivalidad de grupos familiares y de partido, la anarquía observada en la región del Plata, el contacto con los militares argentinos, monarquistas y autoritarios y el propio ejercicio de mando en la vida militar, lo inclinaron al gobierno personalista. Aunque su pensamiento continuó siendo republicano, hasta el punto de rechazar los planes monárquicos de San Martín, optó por una autocracia patriarcal, fórmula que recuerda los gobiernos del despotismo ilustrado, cuando opinó que:

‘Nuestros pueblos no serán felices sino obligándolos a serlo’.
El tipo de gobierno instaurado por O’Higgins fue el de una dictadura de corte civil. En su ejercicio afianzó la independencia al eliminar los últimos restos de ejército realista en territorio continental y al formar la Escuadra Libertadora del Perú. También ensayó política y administrativamente a la nación con la dictación de las Constituciones de 1818 y 1822. Por último, cabe destacar su empeño en transformar la sociedad chilena de caracteres coloniales. Reformas que, al herir los intereses y sentimientos de la aristocracia, provocaron la oposición de esta, con su consecuencia, la abdicación de O’Higgins al cargo de Director Supremo (28/enero/1823).

Bibliografía
CHILE y AMERICA, ayer y hoy
Autores: LORENZO S., Santiago y ZAMORANO G., Manuel
Ed. Sociedad Ediciones Pedagógicas Chilenas Ltda. Stgo. 1971
El Decreto que nos llamó Chilenos
Casi a los sesenta días de la Batalla de Maipú, los nacidos en Chile comenzamos a llamarnos chilenos. Esta fue nuestra primera carta de ciudadanía, y ella se hizo extensiva a todos los aborígenes o indios del país.

Así lo publica un decreto fechado en Santiago, el 3 de junio de 1818 y publicado en la Gaceta Ministerial de Chile, el 20 del mismo mes.

Su texto es el siguiente:

'Después de la gloriosa proclamación de nuestra Independencia, sostenida con la sangre de sus defensores, sería vergonzoso permitir el uso de fórmulas inventadas por el sistema colonial.
Una de ellas es denominar españoles a los que por su calidad no están mezclados con otras razas, que antiguamente se llamaban malas. Supuesto que ya no dependemos de España, no debemos llamarnos españoles, sino chilenos. En consecuencia, mando que en toda clase de informaciones judiciales, sean por vía de pruebas en causas criminales, de limpieza de sangre, en proclama de casamientos, en las partidas de bautismo, confirmaciones, matrimonios y entierros, en lugar de la cláusula: español natural de tal parte que hasta hoy se ha usado, se sustituya por la de chileno natural de tal parte; observándose en los demás la fórmula que distingue las clases: entendiéndose que respecto de los indios no debe hacerse diferencia alguna, sino denominarlos chilenos, según lo prevenido arriba'.
Transcríbase este derecho al Señor Gobernador del Obispado, para que lo circule a las Curias de esta Diócesis, encargándoles su observancia y circúlese a las referidas corporaciones y jueces de Estado; teniendo todo entendido que su infracción dará una idea de poca adhesión al sistema de la América, y ser un suficiente mérito para formar un juicio infamatorio sobre la conducta política del desobediente para aplicarle las penas a que se hiciere digno.

Promulgado por Bernardo O'Higgins Riquelme
O'Higgins y su ideario
Se hallaba Bernardo O'Higgins próximo a enterar los 40 años de edad cuando asumió el mando supremo de Chile.
El afán de implantar en el país el régimen representativo y la democracia movió sus primeros pasos políticos en la Patria Vieja. Pero la lucha de las facciones que arrastró al desastre de 1824, le hizo cambiar de actitud. Al tomar el poder en 1817 estaba convencido en que el país carecía de preparación suficiente para el goce inmediato de todas las libertades; que eran necesaria una etapa previa de educación y, como medio de encauzarla, una dictadura militar premunida de los mayores poderes.
Rechazó la idea de instaurar en Chile una monarquía. Dicho régimen, que identificó cerradamente con el despotismo, parecía en cambio a San Martín como el mejor dique a los desbordes anárquicos. Consideraba él que los pueblos de América carecían de cultura para el uso adecuado de las formas republicanas y democráticas. Al fin durante siglos habían sido gobernados en paz bajo el sistema monárquico y temía que un cambio brusco de las instituciones trajera graves consecuencias. A su parecer, lo importante era asegurar la independencia y concluir con el absolutismo. Un príncipe europeo, que contase con el apoyo de Inglaterra como garante de la emancipación, que gobernara el país bajo un sistema constitucional capaz de encauzar jurídicamente sus atribuciones, era para San Martín prenda de libertad y orden político.
Tales principios los expresó poco después de la batalla de Chacabuco, al comodoro británico Williams Bowles, de paso por las costas del Pacifico, y trató de infiltrarlos en 1818 en las instrucciones que debían entregarse a Antonio José de Irisarrí, nombrado agente diplomático de Chile en Europa. Pero O'Higgins paralizó a tiempo el intento. Y cuando en 1822, San Martín envió desde el Perú, de paso al viejo mundo, a Juan García del Río y Diego Paroissien, con encargo de buscar apoyo del Director para un nuevo proyecto monárquico, recibió una vez más su terminante negativa.
El apego de O'Higgins a la dictadura personal, como el mejor sistema para el país, lo llevó a oponerse a otro tipo de Influencias. Fueron las de los agentes norteamericanos Williams Worthinton y Theodorick Bland, que se empeñaron en persuadirle a adoptar las formas políticas de su patria: la democracia representativa, federalismo y la libertad de cultos. Pero si bien O'Higgins rechazó estas instituciones como prematuras o inadecuadas para el medio, se vio obligado, muy en breve, a establecer por lo menos las apariencias de un régimen constitucional limitador de sus atribuciones, para satisfacer así la presión de la opinión pública.
Historia de Chile
Entre los años 3800 a.C. y 1492 d.C., el territorio americano fue recorrido por nómades, recolectores y cazadores. Durante este período, algunos grupos practicaron la agricultura y alcanzaron diversos grados de organización. Las mayores civilizaciones que llegaron hasta el territorio chileno fueron los aztecas, los mayas y la cultura incásica conformando verdaderos estados.
En la zona norte se asentaron los aymará, atacameños y diaguitas. En la costa norte y central se encontraban los changos, que vivían principalmente de la pesca. En la zona centro sur se encontraban los picunches, mapuches y huilliches. Estos eran pueblos agrícolas y ganaderos.

En la cordillera central y sur habitaba una serie de tribus nómadas que vivían de la caza y de la recolección de frutas, entre las que destacaban los chiquillanes, pehuenches, puelches, poyas y onas; en la zona de los Canales, vivían los cuncos, chonos, alacalufes y yaganes, que desarrollaron grandes habilidades para la pesca y la navegación, utilizando incluso la navegación a vela. Hacia el año 1500, los incas dominaron el territorio de Chile hasta el río Maule, retirándose poco antes de la llegada de los españoles. El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón llegó a América. Y en los próximos 50 años, los conquistadores españoles recorrieron el continente. En el año 1536 se inició la conquista de Chile, una de las más duras y prolongadas de América.
El 12 de febrero de 1541, Pedro de Valdivia fundó la ciudad de Santiago e inició la conquista del territorio. Bajo el dominio español se sentaron las bases de lo que serían la sociedad, la economía y la cultura chilena. Tras la crisis del régimen colonial, el 18 de septiembre de 1810 se formó la Primera Junta de Gobierno, que marcó el comienzo de la emancipación de Chile. Ese mismo año se publicó el primer periódico: la Aurora de Chile.
El proceso se afianzó en 1818, cuando asume al mando del país el general Bernardo O' Higgins y se emite la Declaración de la Independencia. O'Higgins fue obligado a dimitir en 1823. Luego de ensayar diversos sistemas constitucionales, el país logra organizarse como República Presidencialista. En 1833 fue promulgada una nueva constitución, cuya principal característica consistía en cierta independencia de los poderes Ejecutivo y Legislativo, aunque con predominio del primero. Esta nueva constitución abrió un período de gobierno fuerte, que duró hasta 1891 y llevó a Chile a una gran prosperidad.
En 1865, Chile declaró la guerra a España, que había enviado una expedición contra el Perú; el puerto de Valparaíso fue bombardeado por la escuadra española.
En el gobierno de Aníbal Pinto se vio obligado a sostener la Guerra del Pacífico (1879-1883) contra Perú y Bolivia, debido a los conflictos suscitados con las propiedades salitreras chilenas en el norte. Como resultado, el país extendió su territorio hacia el norte, donde existían importantes yacimientos de salitre y de cobre.

Hacia fines del siglo XIX, nuestro país vive una revolución originada por la alternativa de dos sistemas políticos que pugnaban por organizar el país: el sistema presidencial y el sistema parlamentario. La revolución fue la lucha del Congreso contra el Ejecutivo, de la que sale vencedor el primero, con el trágico suicidio del presidente vigente, José Manuel Balmaceda, en 1891. Esta revolución trajo consigo un nuevo período de la historia de Chile, caracterizado por el debilitamiento del Poder Ejecutivo y el fortalecimiento del parlamentarismo, que tenía como objetivo la soberanía del pueblo, la libertad electoral y las libertades públicas.
Después de la Primera Guerra Mundial se produce la primera gran crisis económica para Chile originada porque en Europa se impulsa la producción del salitre sintético, disminuyendo brusca y drásticamente la venta de la principal fuente de riqueza del país en esos tiempos. La crisis económica mundial de 1929 hizo remecer a la economía chilena, ya que resintió a todas las actividades productivas y como un "efecto domino" se produjo un período de gran anarquía nacional. Después de tres años de anarquía, con Arturo Alessandri se reestableció la paz política. Desde entonces la República de Chile vive un largo período de estabilidad económica, democrática y social. Desde 1938 a 1952 estuvieron en el poder tres presidentes radicales, Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla. Después le sucedieron Carlos Ibáñez del Campo, Jorge Alessandri y Eduardo Frei Montalva.
En las elecciones del año 70, el socialista Salvador Allende fue elegido como presidente de la República, representando a la coalición política de izquierda Unidad Popular. En su gobierno se nacionalizó el cobre, los bancos privados y otras empresas, llevando a efecto una política de reformas. El 11 de septiembre de 1973, una intervención militar puso término al gobierno del Presidente Allende, e interrumpió, por 17 años, la centenaria tradición democrática. Asumió el poder una Junta Militar, encabezada por el general de Ejército Augusto Pinochet. Durante los últimos años del gobierno militar, se tomó la opción de abrir unilateralmente la economía al exterior, lo que produjo un profundo cambio en la estructura económica del país, particularmente en el sector exportador. A partir de 1981 comenzó a regir una nueva Constitución Política.
El 11 de marzo de 1990, el Presidente Alywin asumió el gobierno y se restituyó el régimen democrático. El modelo económico incorporó con mucho énfasis la variable social: el crecimiento con equidad. En las elecciones presidenciales de 1993, fue elegido Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, también candidato de la Concertación de Partidos por la Democracia. Asumió el poder el 11 de marzo de 1994.
Historia de Isla de Pascua

El explorador holandés Jakob Roggeveen arribó a la isla el 5 de abril de 1722, día de Pascua de Resurrección; de ahí el nombre de la misma (Rapa-Nui es el nombre polinesio).

La isla fue anexada por el gobierno chileno en 1888, el que reservó una zona en la costa occidental para la población indígena y utilizó el resto del terreno para el pastoreo de ovejas y vacas.
La isla de Pascua es importante por sus hallazgos arqueológicos, no sólo es la isla del Pacífico más rica en megalitos, sino que es la única fuente que prueba la existencia de un sistema de escritura en Polinesia.

Se conoce muy poco sobre el pueblo que construyó los megalitos y talló las tablillas de madera. Algunos creen que se establecieron en la Isla de Pascua hace aproximadamente 18 siglos. Sin embargo, otros eruditos sostienen que su origen es más reciente. Los indicios arqueológicos y botánicos sugieren que los antiguos habitantes de la isla de Pascua eran de origen sudamericano.
Se cree que los antepasados de la población polinesia actual llegaron en canoas desde las islas Marquesas, mataron a los habitantes primigenios de la isla de Pascua y se apoderaron de la misma. Muchos arqueólogos creen que cuando se invadió la isla ya existían unas seiscientas estatuas talladas en piedra o moai, que han hecho famosa a la isla, la mayoría de las cuales fueron destruidas por los polinesios durante una época de guerras.

Los monumentos de piedra más grandes de la isla son unas enormes plataformas enterradas que sirvieron como santuarios (ahus) y que soportan varios moai en fila. Los ahus suelen encontrarse en riscos desde donde se divisa el mar y están construidos con bloques de piedra unidos sin argamasa. Sobre las plataformas suele haber de cuatro a seis estatuas, aunque en uno de los ahus, el Tongariki, hay quince. Bajo muchos de ellos se han encontrado cámaras con tumbas individuales o colectivas.
En la isla quedan unos cien moai, tallados en las pendientes de un volcán, con una altura que varía entre tres y doce metros. Están esculpidas sobre toba volcánica y representan enormes cabezas con narices y oídos alargados. La roca de las estatuas se extrajo del cráter Rano Raraku, en el que los exploradores encontraron una inmensa estatua sin terminar de 21 m de longitud. Muchas estatuas de las plataformas enterradas llevan coronas cilíndricas de toba roja que llegan a pesar hasta 27 toneladas.
En las excavaciones se han encontrado cuevas ocultas que contienen restos de tablillas e imágenes de madera. Los grabados finos y estilizados de las tablillas parecen ser un sistema pictórico de escritura.


CHILE y AMERICA, ayer y hoy
Ed. Sociedad Ediciones Pedagógicas Chilenas Ltda., Stgo. 1971









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