La Silla en la Cabeza. Juan Carlos Marín






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La Silla en la Cabeza. Juan Carlos Marín

Presentaciones
"Esta nueva edición de "La silla en la cabeza", que el Programa de Investigaciones sobre Cambio Social (PICASO) contribuye y comparte en su realización, es el producto de la iniciativa de un conjunto de personas del ámbito académico, interesados en el conocimiento, difusión y prolongación de un tradición teórico-cultural. Es, a su vez, el modo de enfrentar en el presente la prolongación y actualización de ciertos procesos del pasado.


Se trata, más que un libro en el sentido convencional de la tradición académica, del registro y desgrabación de una conversación informal del autor con un grupo de personas que desarrollaban una actividad en el campo de la filosofía. Material al cual el autor incorpora una serie de fragmentos correspondientes al cuerpo teórico de quien era uno de los personajes de la convocatoria: Michel Foucault. El propósito: otorgar referencias empíricas a las afirmaciones y proposiciones como modo de confrontar la prolongación de una insistente y reiterada irrealidad.


Este trabajo que toma la forma de libro, y que refiere a las condiciones culturales precedentes a las conformación del PICASO, es la expresión de una confrontación en el plano de la teoría y de los desafíos de una tradición cultural, en un momento muy particular como lo era a mediados de los 80. Un período donde se expresaban confusamente los efectos de un largo proceso que desencadenó una guerra civil, que tomó la forma de dictadura cívico-militar, la cual llevó adelante en nuestro país un proceso de aniquilamiento de gran parte de aquellos que expresaban más radicalmente la desobediencia al carácter inhumano del orden social y al monopolio del ejercicio de la violencia; decisión genocida que, por otra parte, formaba parte de un proceso más amplio que tuvo como resultante a escala regional, la hegemonía imperante de las clases dominantes en gran parte de América Latina. En ese período, hacer presente, recuperar y actualizar una cultura teórica crítica, contestataria, era también el modo de enfrentar y luchar contra los efectos resultantes de ese proceso[1] y al mismo tiempo instalar la necesidad de interrogarse acerca de los nuevos procesos políticos que se estaban constituyendo en el país.


Se transitaba los primeros años de un gobierno elegido por el voto popular, proceso que había concentrado una amplia y diversa expectativa de cambio político[2]. Se anunciaba un momento de reestructuración del orden político y en la cultura de los más fervientes impulsores y defensores del carácter de ese cambio, la imagen de "la democracia" -aunque sea al precio de su versión "formal"- cobraba un valor trascendental, al borde de la superstición, opuesta en una apariencia polar a la dictadura: de esta última provenían los males, la muerte, mientras que la primera representaba la vida.


No obstante, desde su inicio, comenzaban también a evidenciarse los obstáculos que debían enfrentarse para lograr construir las condiciones de realización de esas expectativas. Una serie de transformaciones en el amplio campo de la realidad social (en lo económico, político y cultural), como resolución a la crisis de expansión y desarrollo capitalista, habían creado nuevas condiciones, procesos e identidades sociales, las cuales exigían un mayor conocimiento, tanto para lo que en ese momento era la nueva conducción institucional del país, como para cada uno de aquellos que se enfrentaban en cada ámbito a las expresiones de ese nuevo proceso y ordenamiento.[3] Un diagnóstico se imponía: la carencia de un conocimiento de lo pasado pero también de lo que estaba aconteciendo. La reflexión y la toma de conocimiento sobre estás condiciones, llevará a Marín tiempo después, a formular un programa de investigaciones y a advertir, entre otros muchos aspectos, que la refundación buscada del orden de lo político no podía asentarse en el desconocimiento del modo en que se produce y reproduce el orden de lo social.[4] En este sentido, este modesto libro, es una buena muestra de algunos de los desafíos que se planteaban en el ámbito académico e intelectual, en el plano de la teoría y la investigación, en ese momento.


Conocer y enfrentar el modo en que se produce y reproduce el orden de lo social exigía contar con las herramientas pertinentes en el plano de la teoría y el conocimiento; implicaba en el ámbito de la Universidad, enfrentar el vaciamiento y la ausencia de los principales cuerpos teóricos y del trabajo investigativo en el campo de las ciencias sociales -proceso que se había dado complementariamente a la transferencia de la investigación al ámbito privado-, y la ruptura de la relación histórica que la universidad había construido con el resto de los sectores de la sociedad, particularmente, los más pobres.


Es en este contexto, que se produce esta conversación, este encuentro en torno a las lecturas (presupuestas, realizadas o ausentes) de Michel Foucault. Pero toda lectura, digámoslo así, no es neutral, presupone un esquema previo a través del cual se asimila un objeto -en este caso una basta producción intelectual y de investigaciones como el desarrollado por Foucault-, y también ciertos intereses que guían la mirada. Según sea este esquema y estos intereses, ciertas cosas serán observables o no observadas, "pasarán de largo". Al mismo tiempo, tanto losesquemas de asimilación como la identidad de los objetos del conocimiento no son independientes de un contexto o medio social y cultural que le otorga una significación determinada, es decir, se presentan inmersos en un sistema de relaciones con características muy diversas[5].


Una sociogénesis muy particular había ido constituyendo ciertas identidades y ciertos objetos del conocimiento en cuya interacción expresaban una cultura, la cual reflejaba un proceso social perverso y muy complejo que había recortado e instalado una parcialidad de Foucault. La mirada se orientaba a ciertos temas y problemas más que otros, a ciertos textos más que otros, conformando una cierta forma de la verdad.


Por otro lado, parte del instrumental teórico pertinente a la observabilidad de un campo de problemas del ámbito de lo social, como lo es el cuerpo teórico de Marx, formaba parte también de esas ausencias o era fuertemente rechazado e invalidado. Y esto, no sólo por la política sistemática que había implementado la dictadura[6], sino también, como consecuencia de un largo proceso a escala mundial, donde se conjugaban momentos represivos a las expresiones intelectuales más radicalizadas de algunas Universidades del mundo -como en los 60 y 70-, con losefectos de las deformaciones -y en algunos casos aberraciones- que se hacían del pensamiento de Marx, por parte de distintas variantes del marxismo, en sus análisis de los procesos políticos y sociales.[7]


Si alguien había aportado de manera creativa y original al conocimiento del modo en que se produce y reproduce lo social, retomando un campo de observación ausente, ese era (y lo sigue siendo) Foucault. En este sentido, este libro es un esfuerzo por hacer presente, al Foucault que en ese momento, ha desaparecido; el que expresa, en parte, una tradición teórico-cultural vinculada a Marx. Asimismo, en la medida que avanza en esa dirección refleja también algunas de las formas sociales y las personificaciones en que se expresaba ese procesamiento de Foucault como de Marx.


La silla en la cabeza es un esfuerzo por hacer observable ese proceso de desarme intelectual -y moral en correspondencia-, de su naturalización y normalización: la exclusión del campo de la formación intelectual y académica de aquellos cuerpos teóricos cuyos instrumentos permitirían observar ciertos procesos, leyes, mecanismos, contradicciones en la génesis estructurante de un orden social. Desarme que también se expresaba, en una cierta deformación, en la mediación que construye una relación no directa, a partir de otros intereses y esquemas de asimilación; en el aislamiento y desconexión de los cuerpos de conocimiento que se desprendían de dichas teorías así como de sus interacciones con los avances científicos en otros ámbitos de la ciencia, lo cual, tornaban inobservables las dimensiones del proceso por el cual una teoría se amplia y actualiza; en consecuencia también inhibía el desarrollo de futuras investigaciones en esa tradición teórica y cultural.


Este texto muestra en Foucault (si bien no lo reduce a esto), el proceso por el cual una teoría, una tradición teórico cultural se amplía y actualiza a la luz de nuevos conocimientos. En ese sentido, la teoría no es un sistema cerrado, sólo anclada a las condiciones que le dieron origen, sino una estructura abierta en un proceso complejo en permanente estructuración y equilibración en la medida en que es asimilada como tal: una guía para la observación, y no para su recitación; que exige un permanente enriquecimiento y actualización con las condiciones de la realidad político-social imperante mediante investigaciones fuertemente empíricas y sus correspondientes análisis vinculados a cambios que se producen en situaciones históricas concretas y con relación a la diversidad de las confrontaciones que mantiene con otras teorías.


Finalmente, el desenvolvimiento del intercambio entre la exposición y las intervenciones que componen el libro, deja entrever la existencia de un operador que hacía aún más compleja esta relación. Es una conversación muy cercana al proceso genocida acontecido en nuestro país y en esa medida, refleja de algún modo los efectos del proceso de aterrorizamiento de una parte de la sociedad argentina[8]. El operador del terror instalado en cada cuerpo pareciera constituir entonces otra dimensión explicativa de la ausencia de ciertos temas y/o problemas. Por otra parte, la convocatoria a éstos o el simple hecho de reflexionar sobre ellos, dispara un conjunto de imágenes, sensaciones corporales que producían en ciertas identidades una resistencia, una parálisis o el sentimiento de la huida inmediata. A la vez y como contrapartida, se atribuye al que habla, al que refiere a ciertos procesos, el desencadenamiento o la reinstalación fantasmal de ese terror, como si, de algún modo, se expresara una relación fetichista con la amenaza de muerte[9].


Quizás sea esto lo que permita comprender el reclamo de la legitimidad de prolongar una identidad aficionada del saber bajo la forma de su propio deleite intelectual. Un refugio para una reflexión y una acción mutiladas. No nos parece que sea esta la forma de enfrentar el problema. Por el contrario, se trata de asumir de modo más conciente, con mayor conocimiento la raíz de las condiciones reales de existencia (biológicas, psicológicas y sociales) de la especie, y como bien señaló Marx, "la raíz para el hombre es el hombre mismo".


Gustavo Forte
Julio 2008


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[1] También una tradición teórico cultural formaba parte del campo de los desaparecidos, los mutilados, losdemolidos moralmente y se imponía recuperarla en su identidad plena.
[2] El antecedente inmediato a la llamada "apertura política" o "democrática" lo había constituido la derrota militar de la dictadura en la guerra de Malvinas por una potencia extranjera. Esto, sumado a las preexistentes luchas políticas internas, le imponen un repliegue, para lo cual entra en acuerdos con la clase política.
[3] Sólo por mencionar algunos, los cambios en la estructura empresarial a partir de la constitución de nuevos grandes grupos económicos diversificados; la magnitud y peso que había alcanzado la deuda exterior del país y la presión de los acreedores y los organismos de crédito internacionales; la construcción de la identidad del desaparecido y la del sobreviviente como consecuencia del proceso genocida; el procesamiento judicial dominante como modo de relación con lo sucedido; etc.
[4] Juan Carlos Marín, Documento fundacional del Programa de Investigaciones sobre Cambio Social (PICASO), Instituto de Investigaciones de la Carrera de Sociología, 1988, Buenos Aires.
[5] El aspecto individual, la psicogénesis del conocimiento en este proceso, estaría dada por los mecanismos de adquisición de esos objetos en dichos contextos y con tales significaciones. Ver, Jean Piaget y Rolando García, Capítulo IX: Ciencia, psicogénesis e ideología, en Psicogénesis e Historia de la ciencia, Siglo XXI editores, 1998, México.
[6] Incluso, llegó a prohibirse la matemática de conjuntos por sus referencias a las clases, y a una lógica de la reflexión.
[7]  Un ejemplo de un esfuerzo por desestructurar estos esquemas limitantes del pensamiento de Marx, puede verse en J. C. Marín, Conversaciones sobre el poder, Oficina de Publicaciones del Ciclo Básico Común, Bueno Aires, 1996. Para una mayor amplitud de estas cuestiones ver también el excelente trabajo de Eric J. Hobsbawm "El marxismo hoy: un balance abierto" en Storia del Marxismo, t. IV, ed. Einaudi, Turín, 1982.
[8] Una aproximación a la magnitud y características de los efectos de este proceso, puede verse en Jacoby, Roberto ¿Se puede vencer el miedo? Una exploración sobre el miedo en la sociedad argentina. Revista Crisis Nro. 48, noviembre 1986, Buenos Aires.
[9] Tal vez esto formaba parte y daba fundamento también a esa difundida imagen de falsa equivalencia que se denominó teoría de los dos demonios.

Segunda presentación:
La cabeza en la silla                                 A Edgardo Vannucchi

(...) Propiedad no significa entonces originariamente sino el comportamiento del hombre con sus condiciones naturales de producción como con condiciones pertenecientes a él (...) como con presupuestos naturales de sí mismo, que por así decirlo, sólo constituyen la prolongación de su cuerpo (...).
(Marx, Karl. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, México, Siglo XXI, 1978, Tomo 1, p. 452).


(...) Si en Marx hay cosas verdaderas, se pueden utilizar como instrumentos sin tener que citarlas, ¡ya las reconocerá quien quiera! o quien sea capaz (...).
(Foucault, Michel, en Pol Droit, Roger, Entrevistas con Michel Foucault. Buenos Aires. Paidós, 2006, p.92).


(...) Me parece que un cierto modo de interpretar estas cuestiones Marx o después de Marx forma parte de un terror que me remite a hace 10 o 15 años, del cual nosotros, los que nos quedamos hemos padecido (...). (Abraham, Tomás en Marín, Juan Carlos. La silla en la cabeza. Michel Foucault en una polémica acerca del poder y saber. Buenos Aires, Nueva América, 1987, p.105).


Democracia y terror subjetivo


Queremos comenzar este análisis considerando como punto de partida un momento clave de la historia política argentina de las últimas décadas: el gobierno de Raúl Alfonsín y la reapertura democrática, con sus promesas de cambio, paz social y justicia, que un conjunto importante de intelectuales compraron"in toto"1, sin advertir que en varios aspectos no era el mejor antídoto contra el terror que vivía la sociedad argentina en su conjunto. El alfonsinismo, como así también el partido justicialista y sectores importantes de la izquierda en sus más variadas versiones, expresaban fehacientemente los efectos de esa lobotomía social que el país sufría luego del experimento genocida. Uno de los ejemplos más cabales en ese sentido y en esa dirección fueron los denominados juicios a las juntas militares, frenados por las leyes de Punto final y Obediencia Debida2, cuyo argumento más aceptado sostenía que ese problema se resolvería en el marco de un proceso de judicialización que la sociedad debía acompañar en su totalidad. Se creía (aún se cree) que los mecanismos jurídicos eran las mejores armas para enfrentar una realidad atravesada por el terror al que muchos argentinos se asomaban por primera vez cuando la TV y la prensa escrita informaban de la aparición de cementerios clandestinos, tumbas NN, campos de concentración y otras imágenes del horror. Lo que ahí aparecía era la encarnadura misma de ese terror que la última dictadura militar había implementado sistemáticamente sobre la sociedad argentina. El desafío que ese momento planteaba (y que aún hoy no se ha procesado socialmente en su totalidad) era intentar preguntarnos: qué pasó, cómo pasó y por qué pasó.
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