Pestalozzi I la Pedagogía Contemporanea






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PESTALOZZI I La Pedagogía Contemporanea
ENSAYO PEDAGÓGICO POR RAMÓN I. CARDOZO Director de la Escuela Graduada de Niños de Villa Rica

Dedicatoria

A las Señoritas; Raimunda Roa, Feliciana Benítez, Petrona Giménez, Basilisa Peralta i los Señores José Benítez Chilabert, Juan Francisco Giménez, José T. Canteros, Ramón Ortiz, Francisco Cardozo i Carlos Ventura de Perini, miembros del Personal Docente de la Escuela Graduada de Varones de esta villa. El Autor Villa Rica, Abril de 1905

PESTALOZZI I La Pedagogía Contemporanea

ENSAYO I «Instruir puede cualquiera; educar, solo quien sea un evangelio vivo», ha dicho con verdadero acierto un pensador, estableciendo así admirablemente una distinción entre los dos factores principales del edificio social. Sin embargo, cuán lastimosamente los hombres que se dedican á la noble misión de formar los elementos sociales, desconocen su misión dualista, que en síntesis se unifica constituyendo un todo que es el enseñar. Lo mas común i vulgar es que, ó por falsa concepción de su augusta i responsable misión ó por ser mas fácil, el maestro toma – obedeciendo á resabios del pasado – su papel por el de simple instructor. Instruir puede cualquiera, cualquiera que pueda transmitir sus conocimientos, cualquiera que pueda comunicarse con el mundo exterior; pero ¿educar? ...... es cosa difícil. Debe ser un evangelio viro, debe ser, no únicamente depósito de materiales de construcción sino un edificio modelo; no debe solo predicar sino también practicar, ser el modelo, el ejemplo; ser una obra de la naturaleza en la que brille con su augusto resplandor, la verdad, ENSAYO 2

porque solo la verdad dará como fruto la verdad que es el gran fin de la enseñanza. ¡El evangelio! ¡La verdad! Ah, la suprema aspiración de la Humanidad! ¡Qué cosa fácil es predicar la verdad, i qué difícil es practicarla en forma soberana! Por eso hai que rendir homenajes á los que la practican i practicaron, á los apóstolos como Sócrates, Cristo, Renana, Zola, Tolatoi………… Los que tenemos la misma misión de formar las generaciones nuevas, los que bajo el modesto i oscuro nombre de maestros de escuela aceptamos la gran responsabilidad de preparar los materiales de la edificación social, debemos beber de las aguas de las fuentes de virtudes i hacer que nuestra vida sea el modelo donde reflejarse i copiarse las individualidades que como moléculas sociales irán á constituir la masa, la colectividad. El maestro es el arquitecto de la sociedad.

Al través de la Historia aparecen, como faros aislados, unas que otras personalidades descollantes que han señalado derrotero á puerto seguro donde tiende á llegar, venciendo las borrascas, la Humanidad. En la cuna de la historia brilla Sócrates como maestro de la antigüedad i en la cuna del mundo contemporaneo rutila Pestalozzi. Sócrates como encarnación de las ideas antiguas – de las que muchas preponderan aún como verdades soberanas i eternas – como otras tantas pirámides del pensamiento humano – marcó rumbo al mundo antiguo y Pestalozzi señaló el principio, la nueva era de la Humanidad, la era de las grandes revoluciones. Aquél fue modelo, evangelio vivo para su época i éste para nosotros. Ocupémonos del hijo de los Alpes.

Pestalozzi i sus práaticas II Enrique Pestalozzi nació en Zurich (Suiza) en 1746. Huérfano de padre á los cinco años i escaso de recurso, creció en medio de las premuras propias á los desheredados de la fortuna, aprendiendo á ser hombre antes que niño. Formado su espíritu en la lucha por la existencia, que modela los grandes caracteres, tomó afección desde la aurora invernal de su vida á la madre Naturaleza, comprendiéndola como la fuente de todas las ciencias i artes, i como la depositaria del secreto de la felicidad que tan lejos de él se esfumaba. Sintió i se conmovió; adquirió un alma soñadora sobre un destino ignorado i la nostalgia de la futura redención del mundo infantil, tan desgraciadamente abandonado en manos de institutores sin corazón i de ocasión, le abrazó i le amenazaba consumir. Reflexionó i se inspiró. Desde ese momento como Colón no vivió sino por su idea i para su idea. «Desde hace mucho tiempo ¡ai! desde los primeros años de mi adolescencia – dice Pestalozzi – una aspiración sola, única, poderosa hacía latir mi corazón: agotar las fuentes de la miseria en que veía sumergido al pueblo á mi alrededor» – (Cómo educa Gertrudis á sus hijos, pág. 2)

Á una vida moral i ejemplar añadió un profundo amor á la Humanidad i á la Naturaleza. Habíase interesado en la lectura de «Emilio» de Juan J. Rousseau que había hecho su resiente aparición i enamorádose de los destellos que se desprenden de las teorías misantrópicas del autor de la educación natural. Pero sintió i comprendió de manera opuesta al filósofo ginebrino. En vez de la doctrina indivi-

ENSAYO 4 dualista, considerando á los hombres como el homo hominis lupus de aquella condición de Hobbes, que tanto tinte dio á Rousseau, Pestalozzi, comprendiendo, sin embargo, los males que aquejaban á la sociedad humana, como resultado de una degradación moral, trazó la línea de conducta en sentido opuesto al autor de Emilio considerando la necesidad de reformar la educación social atrayéndola, también á la vía de la Naturaleza como Rousseau, pero en forma colectiva i no individual. Amó á la Humanidad sobre el individuo, al contrario de su maestro é inspirador que en su odio á los hombres amó más al individuo que á la Humanidad – (Ver Socialismo i Ciencia Positiva por Ferri) – Rousseau, como dice Ferri, no fué mas que la voz de la misma Humanidad en su enérgica protesta de reacción contra el feudalismo i la tiranía que entonces absorbían por completo la personalidad humana. Respondiendo á esto, en su enérgica reacción, i considerando que «todo está bien al salir de manos del autor de la naturaleza; todo degenera en manos del hombre» i que solo el hombre todo lo transforma, todo lo destruye – (Emilio; Libro I – Rousseau) – trató con su método natural de educación, sustraer al hombre mismo atrayéndole, recuperándole á la misma Naturaleza. El hombre ha salido de la Naturaleza, pués á ella debe volver pora regenerar. Pestalozzi sintió opuestamente á su precursor. Inspirándose en las paradójicas páginas de Emilio entrevió que para regenerar al hombre no hai que aislarle del hombre sino atraerle al seno de la Humanidad, de acuerdo con las sabias leyes de la Naturaleza que él entreveía en la lontananza de su mente soñadora. ¡Quién podría imaginarse que dos teorías antitéticas naciera una de la otra! ¡Quién imaginaría que del profundo odio á la Humanidad, totalmente corrompida, totalmente desnaturalizada, debería de nacer de sublime

PESTALOZZI I LA PEDAGOGÍA CONTEMPORANEA 5 amor al género humano! Sin embargo, lejos de desconocer la gangrena social, la corrupción reinante, la desnaturalización indigna habida en el seno de la sociedad, lo sintió i lo comprendió. Conmovido por este estado triste de la sociedad prefirió el campo, amó la soledad, la gente ingenua que más se aproxima á la verdad. Atraido por el ideal que ya entrevió en su sueño de filósofo, fundó en unión con Ana Schulthess, su abnegada esposa, un establecimiento agrícola, que por circunstancias que tal vez radicaban en el mismo Pestalozzi, como afirman la mayor parte de sus biógrafos, se undió completamente haciendo naufragar consigo toda la economía de la sociedad conyugal. Arruinado en esta iniciativa tomó la heróica resolución de hacerse maestro i esforzarse en pro de su querido ideal, que es prestar sus servicios á la Humanidad, de poner á los piés de sus semejantes desheredados de todo pan intelectual í náufragos en una degeneración completa, todo el tesoro inagotable de ternura que encerraba su alma. ¡Difícil i noble misión! Misión no comprendida por la generalidad de los hombres, aún por los que más se precian de razonables. Dedicarse á ser maestro de escuela es considerado, aún hoi dia entre nosotros, después de dos siglos, como una ausencia de ambición, de inspiración. ¡Palabras que suenan en los labios de todos pero mal comprendidas! Tener ambición es pretender á figurar, á ocupar puestos públicos rentados i de elevación de manera que todo el mundo lo vea; he ahí el significado corriente i usual. Emplear nuestra energía á ser maestros de la niñez es tener ausencia de aspiración, de ambición; es ser hombres sin ideal. Ah, la corrupción, ah, siglo de traficantes de cargos i empleos ¿cuándo terminará vuestro reinado?......

ENSAYO 6 Como un nuevo cruzado redentor, al grito de: quiero ser maestro! se lanzó Pestalozzi al medio de la borrascosa mar de las sociedades, tratando de reformar costumbres, ideas i tendencias. Dos grandes i poderosos enemigos tuvo – los mayores que se pueden tener: ignorancia i hábiles inveterados. Ignorancia del pueblo i su propia ignorancia i la predisposición del antigua régimen contra toda tentativa de innovación más ó menos brusca, más ó menos audaz. El pueblo era ignorante en general, i era esta ignorancia la que se proponía combatir; para el efecto pensó trazar el a.b.c. del método, de un método que él mismo no sabía, no conocía pero que lo presentía. Para esta obra tuvo que luchar con su propia ignorancia: ignorante para administrar el establecimiento; ignorante para organizar las clases, é inorante hasta mismo para enseñar á leer i escribir! Él lo confiesa: «Se repetía en voz baja en ese mismo barrio, que yo no sabía ni escribir, ni calcular ni siquiera leer convenientemente» - I bién, mi amigo, le dice á Gessner, tú ves que no es falso siempre todo lo que se dice en las calles; yo no sabía en efecto, ni escribir, ni leer, ni calcular convenientemente. (Cómo educa Gertrudis á sus hijos. pág. 22) El mismo obstáculo encontró en la ignorancia é idea conservadora de sus compatriotas, pués la alta sociedad declaró «pue no quería que se hiciese el ensayo de la nueva enseñanza con sus hijos sino con los de los burgueses» (pág. 23) Pero él con su perseverancia i el deseo de cumplir su misión, venció todas las dificultades que se le presentaban para llevar á cabo su proyecto, su sueño dorado. ¡Hermoso ejemplar del poder de la voluntad soberana, colocado en nuestro camino para gruía nuestra!

Perseverar en la realización de un ideal por el que

PESTALOZZI I LA PEDAGOGÍA CONTEMPORANEA 7 se lucha, ser constantes; gastar toda nuestra vida si el sacrificio se impone por la realización, esa debe ser la norma de conducta de los que aman el trabajo, el trabajo regenerador. I pensar que muchos son los que se doblegan ante las pequeñas dificultades, que como piedras del camino surgen en la vida – sin aprovecharse mas bien de ellas, de esas rocas inconmovibles para descansar sobre ellas i luego proseguir la marcha adelante, siempre adelante. Imitémosle, imitemos á Pestalozzi que rechazó sus propias pasiones, perdió todas sus comodidades, gastó toda la energía de su organismo, antes de abandonar el norte de sus aspiraciones, consiguiendo de este modo ser el faro que alumbra nuestra escollosa ruta, de nosotros que en vano pretendemos seguir sus huellas iluminadas con la potente luz de su personalidad digna de figurar al nivel de los grandes bienhechores de la Humanidad. Imitémosle. No se dejó, pués, vencer. Arrastrado por su amor i por su pasión dominante, convirtió su arruinada granja agrícola de Neuhof (1775-1780) en instituto de enseñanza: abrió las puertas á los pobres, á los niños vagabundos i hambrientos del pan material i el pan intelectual. «Vivía durante todo el año, dice Peztalozzi, en compañía de más de cincuenta pequeños mendigos; partía el pan de mi pobreza con ellos i hasta vivía yo mismo como un mendigo, para enseñarles á vivir como hombres». (Cómo educa Gertrudis – Carta I).

Allí comenzó su carrera pedagógica el gran filántropo del siglo XVII. La gente no le comprendía. No podía comprender cómo echando por tierra los antiguos i rutinarios formularios de la enseñanza, podía aquel hombre extraño, singular vencer las dificultades i cumplir con su misión de educador, ó si lo comprendía no podía admitir que un hombre se

ENSAYO 8 burlara de las escuelas existentes i de los métodos empleados por los institutores de la época, i entonces como á Galileo, como á Colón, como á otros mártires de la ciencia, le trató de loco, preguntándole, sus mismos amigos, que su destino era un manicomio! Una decisión completa en el cumplimiento de su secreta misión, misión de reformar la educación de la época como único medio de regenerar el pueblo sumido en negra servidumbre, i un profundo amor á los niños, como representantes en flor del género humano le animaban. I así, mezclado con los pequeños mendigos de distintas inclinaciones biológicas, pasaba su vida partiendo con ellos el negro pan, compartiendo toda su miseria. Era pobre, casi próximo también á la mendicidad - ¡un mendigo que quería salvar á los demás mendigos! – i enfermo, con todo eso, los desalientos de un momento nunca lo han desviado del derrotero que se ha marcado. Naufragaba, pero siempre sereno en medio de la borrasca, como el piloto convencido de su propio i seguro destino, siempre seguía adelante.

«Pero el esfuerzo inmenso que había desplegado, en esta tentativa – escribió Pestalozzi á Gessner después del desastre de Stanz – me había enseñado grandes verdades, i mi confianza en la justicia de mis ideas no había sido nunca tan grande como en el momento mismo en que ellas naufragaban. El mismo ardor invencible, idénticas aspiraciones hacían latir siempre mi corazón, y, desgraciado yo mismo empecé á conocer á fondo, como jamás aingún hombre feliz ha podido conocerlos, la miseria del pueblo i sus causas. – Sufría los sentimientos del pueblo, i este se me mostraba tal como era, i tal como á ningún otro no se mostraba. He vivido largos años ocn él como un buho en medio de los otros pájaros. Oía las risas burlonas de los hombres que me arro-

PESTALOZZI I LA PEDAGOGÍA CONTEMPORANEA 9 jaban de su sociedad i oía sus apóstrofes: «desgraciado, eres más incapaz que el último para ayudarte á ti mismo i pretendes ayudar al pueblo». Oía estas burlas, las leia sobre todos los labios, i siempre la impulsión poderosa de mi corazón, me arrastraba hacia un objeto solo i único: secar las fuentes de la miseria en que veía sumergido al pueblo á mi alrededor! – I mi energía crecía de día en día, i de día en día, mi desgracia me revelaba un mayor número de verdades útiles á mis designios.» (Cómo educa Gertrudis, Carta I). Desbandados los pequeños harapientos de Neuhof, sin descansar ni desilusionarse, corrió sucesivamente tras su ideal, cada vez más convencido i potente, por las instituciones de Stanz, Berhtoud é Iverdun donde llegó, en medio de la admiración de los grandes de la época, á la cúspide de su prestigio pedagógico. Un tiempo descansaba para dar reposo á su espíritu i organismo, extenuado, enfermo (¡escupía sangre!) para luego proseguir, con nuevo brio, su agitada carrera. Tal era la ecuanimidad de su alma. Terminó su vida en Brugg en 17 de Febrero de 1827, siendo enterrado en Birr donde se conserva en su recuerdo una patética inscripción.

Las teorías pestalozzianas i las modernas III Si es cierto que todas las instituciones humanas, como dice Spencer, obedecen á la lenta evolución biológica que es una lei natural i universal, la es-

ENSAYO 10 cuela es la institución social que mas perezosamente sigue dicho proceso. Todas, más ó menos, han alcanzado á la altura de este siglo XX su culminante desenvolvimiento. Las instituciones políticas i las jurídicas recorren la escala ascendente sin descanso, siguiendo isócronamente las sinuosidades de la marcha de las sociedades. Solamente la escuela, la institución escolar, tiene una marcha retardada, se ha quedado rezagada, no marcha al unísono con el desenvolvimiento de los otros órdenes de la Humanidad. La escuela, erigida en institución desde antiquísimo periodo, ha venido evolucionando, marchando hacia el Occidente, á través de neblinas espesas, rompiendo poco á poco el hielo de las preocupaciones seculares. Comenzó viniendo protejida por los poderes públicos, entregada exclusivamente á la tutela del Estado, pero parece que el tutelage del Estado no la imprime la energía suficiente que debería tener una institución de su naturaleza. Hoi días nuevas tendencias se deslinean: la escuela tiende á pasar á manos del pueblo. Es entonces, cuando se convierta en institución verdaderamente popular, que tomara el vuelo firme i recto, porque entonces su organismo se infiltrará de nuevas i activas savias. Ya hemos dicho en más de una ocasión: las escuelas populares son las escuelas del porvenir. I sin embargo, la suerte de la educación ha merecido siempre la atención más preferente de las grandes lumbreras de la humanidad. Se explica: en la antigüedad i hasta después de la revelación francesa, hubo pedagogos en la verdadera i moderna acepción de esta palabra, sino los filósofos eran los encargados, como los sacerdotes de la antigüedad, de mantener ardiente la luz del templo de la Pedagogía. Rabelais, Erasmo, Montaigne, Comenio, Rollia, Descartes, Malebranche, Locke, Kant, Diderot
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