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fecha de publicación20.06.2015
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LA FORMACIÓN PROFESIONAL BASADA EN

COMPETENCIAS

David René Thierry G

Filósofo, Economista y Pedagogo

dthierry@paedagogium.com



INTRODUCCIÓN
El momento finisecular y de transición milenaria resultó verdaderamente propicio para reflexionar sobre la educación y su papel en el desarrollo económico, político y social de la nación y de sus habitantes. Cabe destacar, desde ahora, que en la segunda mitad del siglo pasado se registraron esfuerzos importantes para mejorar la forma en que la escuela, el dispositivo clave del sistema educativo, realiza su tarea formadora.

Se transitó de la didáctica tradicional a la didáctica crítica, con un desafortunado paso por la llamada “tecnología educativa”. El resultado más importante de los cambios operados fue que la educación comenzó a concebirse más como un proceso centrado en el aprendizaje de la persona que como producto de la transmisión del conocimiento.

Las perspectivas para el siglo XXI incluyen, además del uso intensivo de las tecnologías de la información y de las comunicaciones, la necesidad de recuperar el carácter social de la educación; es decir, el principio de que se aprende con los demás, de los demás y para los demás. Lo que Carlos Zarzar Charur denomina la didáctica grupal. Esto implica recuperar, en la formación profesional, el desarrollo de una conciencia social y del compromiso social del profesionista, que se han perdido en las últimas décadas. A la vez, revalorar el significado del servicio social como condición para obtener el titulo y la cédula para ejercer una profesión.

Otro de los cambios más importantes de esta etapa es la recreación, en las últimas décadas, del enfoque por competencias. Este modelo educativo y de capacitación que ha venido acompañando, desde sus orígenes, a la civilización occidental, tuvo su momento más brillante en los talleres de la Edad Media. En aquella época ya representaba una alternativa de formación para los jóvenes, la mayoría, que no tenían acceso a la universidad surgida en los siglos XII - XIII.

Desde su refundación, en la transición entre los siglos XVIII XIX, ha persistido la necesidad de reflexionar sobre la universidad y ahora, en los albores del presente siglo, la pregunta por resolver es en qué medida la educación superior, como industria del conocimiento (productora y reproductora del conocimiento), responde a las necesidades de la sociedad y de la economía. Sobre todo si, como lo muestran las estadísticas, se produjeron más libros científicos en el siglo pasado que en los trescientos años anteriores, lo que nos lleva a pensar que el siglo XX representa la era de la ciencia y la tecnología.

Si la tarea esencial de una universidad es la de crear, transmitir, registrar y compartir el conocimiento, lo que implica tanto propiciar su construcción como su socialización, entonces ¿cuál es el reto por enfrentar en adelante?

En este contexto, aparecen diversos temas para un debate: la relación entre educación superior, economía y sociedad; la calidad, cobertura y equidad de la educación superior, su pertinencia y actualización curricular; el desarrollo de competencias para la vida y para el trabajo, entre otros.1

Por ello, en los últimos años, la educación y la capacitación basadas en competencias (CBET, por sus siglas en inglés)2 cobraron un auge inusitado en todo el mundo, particularmente en los países que ofrecen a los jóvenes (portadores de futuro) una formación profesional pertinente, eficaz y eficiente, con el fin de responder a los cambios en la organización del trabajo provocados por la internacionalización de la economía (globalization, mondialisation), la formación de bloques económicos y la concertación de acuerdos de libre comercio, así como por el avance tecnológico del siglo pasado, aunados al desarrollo acelerado de las tecnologías de la información y de las comunicaciones.

Para abordar el tema, en esta ocasión, trataré primero el trasfondo histórico y la tradición teórica de la formación por


del enfoque por competencias; y, por último, hablaré de la formación profesional por competencias, donde se pondrá el énfasis en la formación de profesionales de la educación (tanto en Pedagogía como en las Ciencias de la Educación).
TRASFONDO HISTÓRICO
Si bien el modelo por competencias se utiliza más en la formación profesional, es decir, en la preparación para el trabajo que se imparte en la educación media superior y superior, en el caso de Canadá, la Provincia de Québec trabajó más en el sistema de formación profesional por competencias, además de impulsar una reforma a partir de la educación basada en competencias en todos los niveles del sistema formal, desde el preescolar hasta la licenciatura.

Como lo señala acertadamente Blank(1982):3
Hasta cierto punto, el movimiento basado en competencias es una forma de volver al mismo enfoque personalizado e individualizado para transmitir habilidades de un maestro a un principiante. A través de los últimos siglos, hemos utilizado el mismo enfoque para enseñar -el maestro-muestra personalmente a los aprendices cómo desarrollar habilidades...4
La educación basada en competencias surgió en ambos lados de la frontera entre los Estados Unidos de América y Canadá; durante la década de los 70’s, como respuesta a la crisis económica cuyos efectos en la educación afectaron sensiblemente a todos los países. Para resolver este conflicto, se buscó identificar las capacidades que se necesitan desarrollar para ser un “buen profesor” de educación obligatoria (preescolar, primaria y secundaria). Al mismo tiempo, el mundo enfrentó, en esa década, un incremento considerable en la demanda de educación media superior, ocasionado por la dinámica de la población (la mayoría de los demandantes tenía entre 15 y 25 años de edad). Uno de los rasgos de la crisis era que los adolescentes terminaban la educación obligatoria (secundaria o bachillerato, según el país) sin contar con una calificación para el trabajo, toda vez que ni siquiera habían logrado desarrollar la habilidad esencial de aprender a aprender, sin dejar de reconocer que no todos tenían acceso a la educación superior.

Por ello, en forma paralela al desarrollo de las competencias para enseñar, durante los años 80’s se diseñó una manera innovadora de preparar a los jóvenes para el trabajo que garantizaba la calidad de la formación. Los países industrializados invirtieron grandes sumas de dinero en este proyecto, con la participación decidida del gobierno y de la industria (y, en el caso de Australia, de los sindicatos), en parte para responder a la necesidad de reconvertir su economía (del sector industrial al de servicios), lo que dio como resultado el modelo de capacitación basada en competencias. Los pioneros fueron Alemania, Australia, Canadá, los Estados Unidos de América, Francia, Inglaterra, Italia, Nueva Zelanda y Japón.
Al inicio de la década de los 80, Québec llevó a cabo una profunda reforma de la formación profesional, cuyas bases principales serían las siguientes: mejorar el acceso a los servicios de formación profesional y técnica; armonizar los programas de formación de los diferentes organismos o instituciones independientemente del ministerio responsable; acentuar la colaboración y los vínculos formales con los actores socioeconómicos tanto en el ámbito local, como regional y central.

El objetivo principal de esta reforma era conformar una mano de obra altamente calificada, así como revalorizar la formación profesional y acabar con la deserción que afectaba a ese sector educativo.5
Estas naciones habían avanzado de manera considerable en el desarrollo de un sistema de formación profesional por competencias que, en la mayoría de los casos, es independiente del sistema educativo formal y que se extendió a todo el mundo (principalmente a los países en vías de desarrollo), con fondos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo.

La integración de la Unión Europea (UE) trajo consigo el rasgo distintivo de la formación profesional, que la caracteriza en estos primeros años del siglo XXI: competencias polivalentes, transferibles, certificadas y, en consecuencia, reconocidas entre los países integrantes de la UE. Por ejemplo, en España el enfoque por competencias ha tenido un gran impulso, como parte de su reforma educativa. Así mismo, la formación de bloques económicos y los acuerdos de libre comercio signados han sido un fuerte detonador de este enfoque.

En la primera mitad de la década de los años 1990, en el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (CONALEP) se establecieron los primeros contactos con los modelos y las metodologías de la educación y capacitación basadas en competencias de Canadá, los Estados Unidos de América, Francia e Inglaterra y, posteriormente, de Australia.
TRADICIÓN TEÓRICA
Tanto la psicología como la pedagogía juegan un papel fundamental en el diseño, la implantación, el desarrollo y la consolidación de la educación y la capacitación basadas en competencias. Como lo destaca Hernández Rojas (2000)6, en la psicología de la educación coexisten diversos paradigmas: conductista, humanista, cognitivo, psicogenético y sociocultural (además del constructivismo como paradigma emergente) lo que resulta ser una ventaja en el análisis del proceso de formación profesional.
Lo anterior nos remite, por un lado, a estudiar a fondo cada una de las propuestas y sus aplicaciones e implicaciones educativas (sistema formal y sistema por competencias) y, por el otro, a valorar en su justa dimensión sus alcances y limitaciones en el contexto de la formación por competencias.

Como sucede con el concepto de aprendizaje significativo, (cambio de conducta, aplicación, asociación, utilidad, cambio de significado en la experiencia) la noción de competencia tiene múltiples acepciones (la capacidad, expresada mediante los conocimientos, las habilidades y las actitudes, que se requiere para ejecutar una tarea de manera inteligente, en un entorno real o en otro contexto), pero todas presentan cuatro características en común, con lo que se posibilite una sustentación en cualquier combinación de los paradigmas mencionados.

La competencia: toma en cuenta el contexto (situaciones laborales reales); es el resultado de un proceso de integración (se confronte con los estándares); está asociada a criterios de ejecución o desempeño (niveles de dominio); e implica responsabilidad (del estudiante por su aprendizaje).

Por su naturaleza y por la forma en que se adquieren o desarrollan, las competencias se clasifican en académicas, laborales y profesionales. Cada una contiene capacidades agrupadas en tres niveles: esencial, genérico y específico. Hay una relación de interdependencia entre ellas (o como lo plantea Bertrand Schwartz, las competencias emergen );7 es decir, la formación de una competencia académica esencial sustente la formación de una competencia laboral genérica (por ejemplo, leer.., manuales de instrucciones).
LA CBET LLEGA A MÉXICO
Como se mencionó antes, ha pasado ya una década desde que el CONALEP trajo a México la educación y la capacitación basada en competencias. Entre 1992 y 1994 se concertaron los contratos para recibir asesoría de Canadá e Inglaterra, se adquirieron recursos didácticos diseñados por competencias, elaborados en Canadá, Inglaterra y los Estados Unidos de América, se participó en congresos internacionales en Europa y Norteamérica (EUA y Canadá), se visitaron instituciones de Canadá, España, Estados Unidos e Inglaterra y se envió personal académico a capacitarse a esos países. Asimismo, como parte de los programas de cooperación bilateral, se dio asesoría a Belice.

Los vientos de cambio ocurridos en ese período favorecieron la implantación en México de la formación profesional por competencias. En 1994 se elaboró el Proyecto de Modernización de la Educación Técnica y la Capacitación (PMETYC) y se iniciaron las negociaciones para obtener financiamiento del Banco Mundial a través del crédito que se otorgaba a nuestro país. Un año después, una vez autorizado el préstamo, se creó el Consejo de Normalización y Certificación de Competencia Laboral (CONOCER) con representantes de los sectores público (gobierno federal), privado (empresarial) y social (sindical).
El PMETYC está integrado por cuatro componentes:

  1. los sistemas normalizado y de certificación de competencia laboral (CONOCER);

  2. la transformación de la oferta de formación (SEP);

  3. los estímulos a la demanda de capacitación y certificación de competencia laboral (STPS);

  4. información, evaluación y estudios (CONOCER, SEP Y STPS).


Como su nombre lo indica, el PMETYC se orientó hacia la formación profesional a cargo de las instituciones del Subsistema de Educación Tecnológica, que se beneficiaron como ejecutoras del proyecto. Uno de los aspectos clave del proyecto era garantizar la participación de las instituciones educativas como responsables de formar la competencia (capacidad humana) y de los sectores productivos como responsables de establecer la norma (estándar), de ahí que la competencia laboral se defina de la siguiente manera:

“Es el conjunto de conocimientos, habilidades, destrezas y aptitudes adquiridos en la práctica, la escuela o la capacitación que permitan a las personas un trabajo con éxito y de acuerdo con las normas que aseguran un desempeño eficiente y de calidad, tal y como lo demanda el mundo laboral.”8

Los Sistemas Normalizado y de Certificación de Competencia Laboral, a cargo del CONOCER, fueron diseñados a partir del modelo del Reino Unido de la Gran Bretaña (Inglaterra, Escocia y Gales); están conformados por cinco niveles de calificación y operan a través de comités de normalización y organismos certificadores que trabajan de manera independiente. El aseguramiento de la calidad está garantizado porque la formación, la evaluación y la certificación la realizan personas diferentes.

LA FORMACIÓN PROFESIONAL BASADA EN COMPETENCIAS
En pleno siglo XXI, tercer milenio, el éxito de cualquier organización radica en la certificación. Hoy en día se cuenta con organismos, criterios, instrumentos y expertos que certifican procesos de producción de bienes o generación de servicios -productos o servicios-, sistemas de gestión y de aseguramiento de la calidad, y personas. La respuesta ante este embate es la formación profesional basada en competencias.

La formación profesional basada en competencias, como una línea de evolución del enfoque por objetivos (por problemas, por casos, etc.), consiste en establecer los resultados de aprendizaje deseados, a los que, por lo general, se hace referencia como competencias que representan las intenciones pedagógicas de un programa y los desempeños esperados (situación deseada) y especificados previamente a la instrucción.

Además, cada competencia se asocia a un sistema de enseñanza que incorpora el módulo como un componente esencial, entendido como una unidad de competencia con estrategias que comprenden la situación inicial (mediante la evaluación de aprendizajes previos) y acompañan al aprendiz a lo largo de toda la formación.

De lo que se trata, con esta propuesta, es de cuestionar a fondo los objetivos hacia donde apunta la educación superior para el siglo XXI, a saber: la formación de ciudadanos informados, preparados para ganarse la vida, conscientes de la importancia de su contribución en el desarrollo económico y social local, nacional, regional y mundial (planetario diría Edgar Morin).
La UNESCO ha propuesto los pilares de la educación para este siglo en el Informe Delors: aprender a conocer; aprender a hacer; aprender a convivir y aprender a ser; a los que resulta insoslayable incorporar, como lo he señalado en múltiples ocasiones, aprender a emprender para lograr, de acuerdo con cada tipo de educación, aprender a indagar, aprender a aprender, aprender a estudiar y aprender a investigar; y en términos de una visón prospectiva de la educación, hay que aplicar Los siete saberes para la educación del futuro que propone Edgar Morin.

En la era del acceso a la información, de la sociedad y la economía del conocimiento, corresponde a las universidades, como responsables de la formación profesional, promover la adquisición y el desarrollo de un conjunto de competencias esenciales que un individuo debe dominar como resultado de su transición por ambientes de aprendizaje (o aulas inteligentes), de su participación en comunidades de indagación y de realizar actividades en el lugar de trabajo.

Las competencias académicas esenciales promueven el desarrollo de las capacidades humanas de: resolver problemas, valorar riesgos, tomar decisiones, trabajar en equipo, asumir el liderazgo, relacionarse con los demás, comunicarse (escuchar, hablar, leer y escribir), utilizar una computadora, entender otras culturas y, aunque suene reiterativo, aprender a aprender

La interdependencia en este enfoque de formación propiciará el desarrollo profesional a través de las competencias: conceptual (entender los fundamentos teóricos de la profesión); técnica (habilidad para desempeñar las tareas requeridas del profesional); de contexto (entender el contexto social «ambiente» en el cual se practica la profesión); de comunicación interpersonal (habilidad para utilizar la comunicación oral y escrita en forma eficaz); de integración (habilidad para combinar las destrezas teóricas y técnicas en la práctica profesional real); y de adaptación (habilidad para anticipar y adaptarse a los cambios «por ejemplo tecnológicos» importantes para la profesión).9
¿QUIÉN EVALÚA Y CERTIFICA LAS COMPETENCIAS?
Las competencias académicas y profesionales son evaluadas por las instituciones de educación superior (lEs), el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior (CENEVÁL), el mercado de trabajo y la sociedad. El CENEVAL elaborados instrumentos para tal efecto: el Examen Nacional de Ingreso (EXANI) y el Examen General para el Egreso de la Licenciatura (EGEL).

Una manera de conocer (medir) la formación profesional en el campo de la educación es el Examen General para el Egreso de la Licenciatura en Pedagogía - Ciencias de la Educación,10 elaborado a partir de la organización de las capacidades en grupos de competencias genéricas y subcompetencias específicas. Las competencias genéricas del profesional de la educación son: conceptual, metodológica-operativa, integrativa y ética.

La competencia conceptual está integrada por las subcompetencias en el conocimiento: filosófico de la educación; social de la educación; psicológico; del campo de la pedagogía y ciencias de la educación; de la historia de la educación y la pedagogía; rnetodológico de la investigación pedagógica y educativa; didáctico y curricular; de las políticas de la administración y la planeación educativa; y conocimiento de la evaluación educativa.

La competencia metodológica-operativa comprende subcompetencias relativas a la utilización de: procedimientos e instrumentos de investigación; métodos didácticos y curriculares; procedimientos de métodos y técnicas de la administración escolar; métodos de orientación educativa; métodos, procedimientos y técnicas de la comunicación educativa; métodos, procedimientos y técnicas de evaluación del aprendizaje; así como el manejo de administración y planeación educativa.

La competencia integrativa cubre las subcompetencias de integración: teórico metodológica; interdisciplinaria; y contextual. Por último, la competencia ética está constituida por las subcompetencias en: valores profesionales; y de aceptación de la diversidad.

La certificación de competencias: académicas es responsabilidad de las lES; laborales de organismos certificadores; y profesionales de los colegios de profesionales.

Espero que este breve recorrido haya sido de utilidad y despierte en el lector el interés por profundizar en este modelo educativo alternativo, con el fin de que se convierta en un(a) maestro(a) competente, -como dicen los estudiantes- que “la hace”.

1 Sobre este tema, les recomiendo el libro de Ronald Bamett (2001). Los limites de la competencia. El conocimiento, la educación superior y la sociedad. Gedisa,España.

2 Competency-Based Education and Training (CBET). A partir de este momento se hará referencia a esta modalidad, de manera indistinta, como educación y capacitación basadas en competencias y como formación profesional por competencias. La formación, en un sentido amplio, es el aprendizaje a lo largo de la vida de una persona yac divide en dos etapas: la formación inicial, que constituye la educación formal recibida antes de insertarse en el mercado de trabajo (escolaridad); y la formación permanente, que incluye tanto el avance en la educación formal como la capacitación. Esta última puede comprender una de estas tres cosas, o bien las tres: a) el aprendizaje en el trabajo debido a la experiencia; b) la capacitación en el trabajo bajo la supervisión de un capataz o de un trabajador con antigüedad; ye) la capacitación para el trabajo dentro de programas específicos.

3 Para conocer el estado del arte en la CBET, se recomienda la lectura del artículo de Sandra Kerka. Competency-Based Educational and Training. Myths and Realisties. [En línea: http://ericacve.org/docs/cbetmr.htm]

4 William E. Blank (1982). Handbook for Developing Competency-Based Training Program.t. USA, Prentice Hall. p. 8.



5 Nícole Kobinger. “El Sistema de formación profesional y técnica por competencias desarrollado en Québec”, en Antonio Argüelles [comp.] (1996). Competencia laboral y educación basada en normas de competencia. México, Limusa, SEP, CONOCER, CONALEP. p. 247.

6 Gerardo Hernández Rojas (2000). Paradigmas en psicología de la educación. México, Paidós.

7 Berfrand Schwarz (1996). Modernizarsin excluir. SEP, SEIT, DGETI, México.

8 CONOCER (2003) [en línea: http://www.conocer.org.mx].

9 Joan S. Stark, Malcom A. Lowther y Bonme M. K. Hagerty (1986). Responsive ProfessionalEducatiøn Balancing Outcomes and Opportunities. ASHE - ERIC Higher Education ReportNo. 3 USA., Association for the Study of Higher Education.

10 CENEVAL (2002). Guía para el Examen General para el Egreso de la Licenciatura en Pedagogía Ciencias de la Educación. México, CENEVAL.

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