El gusto por la discriminacióN






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títuloEl gusto por la discriminacióN
fecha de publicación18.06.2015
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EL GUSTO POR LA DISCRIMINACIÓN

Ana Andrés Hernández

1.- INTRODUCCIÓN
La explicación de las diferencias salariales por razón de sexo ha sido escenario común de la economía y de la sociología. Las teorías económicas se han centrado en la elaboración de modelos analíticos para explicar la diferencia en los salarios. Los sociólogos y los economistas institucionalistas se basan, por el contrario, en los distintos arreglos institucionales (en familias, escuelas o empresas) que perpetúan la brecha salarial en el tiempo. Aunque parten de presupuestos diferentes, ambas perspectivas tienen en común el estudio del comportamiento de unos individuos y empresas influidos por reglas y prácticas institucionalizadas1. En este sentido, Gary Stanley Becker se configura como uno de los principales teóricos de los modelos de discriminación por sexo, ofreciendo una visión que abarca otras líneas de investigación del comportamiento humano, como son el capital humano y la división del trabajo en la familia.

Las teorías que explican la desigualdad salarial entre hombres y mujeres se dividen en dos grandes grupos: las explicaciones por el lado de la oferta (suply-side) y las explicaciones por el lado de la demanda (demand-side). Algunos autores, como Blau, Ferber y Winkler2, han advertido que los modelos no son mutuamente excluyentes. De hecho, las teorías presentadas por Gary Becker son un buen ejemplo de los efectos de retroalimentación que existen entre los modelos de oferta y de la demanda. Este fenómeno es capaz de preservar las diferencias salariales, aun cuando las fuerzas del mercado tienden a erosionarlas. El primer grupo de modelos estudia el mercado de trabajo por el lado de la oferta. Son las diferencias en las características, la cualificación, la motivación y la actitud de los trabajadores lo que determinaría el desequilibrio salarial entre hombres y mujeres. Además de Becker, otros dos grandes teóricos del capital humano, Mincer y Polachek, desarrollan esta tesis. Por el lado de la demanda, se consideran fundamentalmente los efectos de la discriminación y la estructura del mercado. Becker elaboró desde un planteamiento estrictamente económico el «modelo del gusto por la discriminación». Otros autores como Glen Cain o Bergmann plantearon posteriormente análisis alternativos. En todos ellos se asumirá que hombres y mujeres son sustitutos perfectos de la producción.

A partir de esta introducción, este ensayo pretende profundizar en el conocimiento de las variables que explican las diferencias salariales observadas entre sexos. En el siguiente epígrafe se estudian brevemente las teorías sobre la división del trabajo en la familia, el esfuerzo, y el capital humano, elaboradas por Gary Becker. A continuación se expone el modelo del gusto por la discriminación y se contrasta con los trabajos de otros autores. Finalmente, se recogen las críticas de las autoras de este ensayo y las conclusiones principales como hallazgos de la investigación.


2.- DIVISIÓN DEL TRABAJO EN LA FAMILIA
ASIGNACIÓN DEL ESFUERZO Y CAPITAL HUMANO

No es fácil establecer un punto de partida para construir un razonamiento coherente con la explicación que Becker ofrece sobre la oferta del mercado de trabajo. Y no lo es porque sus trabajos abarcan tal magnitud de áreas del comportamiento humano, que resulta imposible separar unas de otras. No obstante, hablaremos previamente de la división del trabajo en la familia; después presentaremos los rasgos principales del modelo de la asignación del esfuerzo entre las tareas domésticas y la actividad laboral; y concluiremos subrayando la importancia de la inversión en capital humano para la obtención de altos ingresos en el mercado del trabajo. El último apartado de esta sección muestra la crítica efectuada por Francisco Cabrillo a los planteamientos del economista estadounidense.
2.1.- La división del trabajo en la familia

Uno de los principios básicos de la teoría económica establece que la división del trabajo es eficiente, porque permite la especialización y, por tanto, la obtención de mayores rentas. Becker adopta la teoría general de la ventaja comparativa de la escuela clásica para explicar el proceso de división del trabajo que tiene lugar en la institución familiar. Su obra más sobresaliente en este campo es El Tratado sobre la familia (1981)3. La ventaja comparativa de cada miembro de la familia podría definirse como el la relación entre el cociente de su productividad marginal en el mercado y en el hogar, y los cocientes de otros miembros. De acuerdo con esta definición, cada miembro de la familia se especializará en aquellas actividades que pueda realizar con una mayor eficiencia relativa4. De esta forma, el individuo se especializará en el mercado de trabajo o en el hogar, en función de su ventaja comparativa. ¿Qué determina en el seno de una familia que cada uno de los cónyuges sea más productivo en una u otra actividad? Gary Becker encuentra el origen de la división tradicional del trabajo entre hombres y mujeres en las diferencias biológicas que caracterizan a ambos grupos. A pesar de aceptar que la división del trabajo se debe en parte a las diferentes inversiones realizadas en capital humano, no se puede obviar la importancia de las diferencias intrínsecas entre ambos sexos. La exclusividad de las mujeres en el proceso productivo les otorga una desventaja comparativa para trabajar en el mercado con respecto a los hombres. En palabras del autor, el hombre finaliza su contribución a la producción de hijos con la fecundación y, a partir de ese momento, es la mujer la que controla todo el proceso productivo: da a luz al niño y lo alimenta con su propia leche5. Además, una madre puede alimentar y cuidar más fácilmente a los hijos mayores mientras engendra a otros hijos que cuando participa en otras actividades. Los hombres, en cambio, tienen muchos menos cometidos de carácter biológico y normalmente dedican menos tiempo al cuidado de los hijos, y más, a obtener recursos económicos para la subsistencia de la familia en el mercado de trabajo.

La división del trabajo en la familia y la inversión en el capital humano repercuten efectivamente en el nivel de salarios. Las ventajas comparativas debidas a diferencias biológicas implican que las mujeres asignan más tiempo al hogar e invierten más en capital humano doméstico, por lo que se supone que el salario de mercado de los hombres sea superior al de las mujeres. En definitiva, la idea principal de la división sexual del trabajo de Becker establece la especialización de los hombres en el mercado laboral y la de las mujeres en las actividades domésticas.


2.2.- La asignación del esfuerzo

El segundo pilar que sostiene las teorías de Becker es la distribución de las tareas que requieren un gran esfuerzo, también llamadas «esfuerzo-intensivas»6, y de las que suponen un esfuerzo menor. Entre las primeras estarían el trabajo en el hogar y la crianza de los hijos; y entre las segundas, la actividad laboral de mercado. Esta distinción se pone de manifiesto en su artículo “Human Capital, Effort and the sexual division of labor” (1985)7. Así, otra de las razones por las cuales las mujeres casadas obtienen salarios inferiores es porque emplean menos esfuerzo en la actividad laboral que los hombres, aun trabajando ambos el mismo número de horas.

El modelo de la asignación del esfuerzo descrito está ligado necesariamente a la división del trabajo en la familia: se habla en todo caso de mujeres y hombres casados. Dado que las tareas domésticas y el cuidado de los niños demandan una cantidad de esfuerzo relativamente alta, la mujer casada verá mermada su capacidad física para afrontar la actividad laboral. Esta merma del esfuerzo disponible afecta a su puesto de trabajo y a la inversión en capital humano, de manera que Becker concluye su razonamiento afirmando que las mujeres casadas obtienen unos ingresos inferiores a los hombres casados como consecuencia del trabajo en el hogar.

¿Por qué las mujeres casadas deberían invertir más esfuerzo en la casa que los hombres? Para el economista, esta división del trabajo atiende a causas sociológicas y biológicas. Con respecto a las causas sociológicas, se puede afirmar que «las mujeres han sido responsables de las tareas del hogar, del cuidado de los hijos y de la preparación de la comida, esencialmente en todas las sociedades»8. Por otra parte, las causas biológicas, ―citadas en el apartado anterior―, influyen en el hecho de que la mujer tenga ventaja comparativa en las tareas que son de «esfuerzo- intensivas» respecto al hombre. La diferencia biológica es, nuevamente, la variable crucial para entender la divergencia salarial entre sexos.
2.3.- El capital humano

Del mismo modo que los empresarios invierten en capital físico para incrementar en el futuro el output de sus empresas, los individuos toman decisiones análogas en cuanto al capital humano. La inversión en educación está correlacionada positivamente con el salario, como componente básico de la productividad del individuo. Así, la teoría del capital humano predice que las diferencias en los salarios entre hombres y mujeres se deben a un desequilibrio en los niveles de educación formal y formación técnica.

Según Gary Becker, la teoría de la ventaja comparativa aplicada a la familia podría explicar por qué las mujeres invierten principalmente en el tipo de capital humano que aumenta la eficacia en el hogar, mientras que los hombres invierten sobre todo en aquel capital que intensifica la eficiencia en el mercado. Además, el coste de oportunidad de adquisición de capital humano en el mercado es más alto para las mujeres porque se estima que su vida laboral será menor9. Este tercer argumento sobre las diferencias de dotaciones en capital humano completa su lógica deductiva: como consecuencia de las diferencias biológicas, las mujeres tienen ventaja comparativa en las tareas domésticas y en el cuidado de los hijos, dedican menos esfuerzo a la actividad laboral e invierten menos en capital humano; el resultado final es que los ingresos de las mujeres son inferiores a los de los hombres que desempeñan los mismos puestos de trabajo.
2.4.- Críticas al modelo de la diferencia biológica

Francisco Cabrillo critica abiertamente el modelo basado en la diferencia biológica. Este análisis sería incapaz de explicar algunas situaciones concretas, como por ejemplo, por qué tan raramente los hombres con baja dotación de capital humano de mercado se especializan en actividades domésticas10. Tampoco la idea de un modelo de división del trabajo en la familia en el que es el hombre el que se encarga de obtener los recursos para la alimentación de mujer e hijos responde a la realidad actual. Si bien es cierto que hasta hace relativamente poco tiempo, este modelo se observaba en la mayoría de las familias de cultura occidental, en muchas otras culturas (como las del África subsahariana) son las mujeres las que se encargan de realizar la mayor parte de las actividades agrícolas, que son las que efectivamente garantizan la supervivencia de la familia. Los hombres, por su parte, se limitan a otras actividades como la deforestación, la caza y la preparación de las tierras.

Cabrillo propone un modelo de familia más amplio y más actual, eliminando el concepto de la diferencia biológica. Esta supresión permite ampliar el concepto de familia como unidad económica a uniones homosexuales, familias monoparentales, uniones de hecho, etc. El autor introduce también el concepto de especialización, pero se basa únicamente en el capital humano de cada uno de los miembros. Lo relevante es la formación y el conocimiento técnico de las personas, no la fuerza física. El error de Becker consiste en fundamentar la diferencia salarial pre-mercado en la razón biológica. Si excluimos la biología de sus teorías, el entramado teórico se derrumba. Es mucho más sensato el argumento que ofrece Cabrillo: la historia y la cultura son las responsables de los sesgos sexuales en el capital humano. La teoría de la ventaja comparativa coincide con la cultura occidental urbana, en su versión más tradicional. En ella, las mujeres se dedicaban al cuidado de la casa y de los hijos, recibían una formación técnica inferior y su educación iba dirigida a su futura condición de madres y amas de casa. Sin embargo, si estos patrones culturales dieran un giro de ciento ochenta grados, la situación se invertiría y serían las mujeres con altas inversiones en capital humano las que obtendrían mayores ingresos en el mercado laboral. Desde nuestro punto de vista, la teoría que ofrece el profesor Cabrillo se adapta mucho más a la situación social actual y consigue eliminar las premisas más oscuras de las teorías beckerianas.


3.- DISCRIMINACIÓN Y SEGREGACIÓN DEL MERCADO DE TRABAJO
La teoría del capital humano de Becker no es, sin embargo, tan sencilla como acabamos de describir. El autor es consciente de que existen otras fuerzas que determinan la diferencia en las retribuciones por razón de sexo, al margen de las tasas de inversión en educación. Estas fuerzas afectarían al lado de la demanda, y se deberían a la discriminación y otros factores11, aunque no explica cuáles son. En el siguiente epígrafe estudiaremos el «modelo del gusto por la discriminación» en el mercado de trabajo, y citaremos propuestas alternativas, también relevantes, que sugieren otros autores.
3.1.- El modelo del gusto por la discriminación

Becker es consciente de que los prejuicios en contra de las mujeres en el mercado laboral y otros factores podrían ayudar a explicar la brecha salarial. Su intuición, además, es coherente con los trabajos de Mincer y Renshaw12, que concluyen con que la tasa de rendimiento que perciben las mujeres universitarias blancas es inferior en varios puntos porcentuales a la de los hombres de la misma raza. En la obra The Economics of Discrimination, publicada en su primera edición en 1957, el autor expone su teoría económica sobre la discriminación, construida sobre los supuestos de la teoría del capital humano13. La teoría se aplica esencialmente a dos colectivos históricamente discriminados en el mercado laboral: los negros y las mujeres. En este ensayo centraremos el estudio en el caso de las mujeres.

Según el profesor Becker, la discriminación supone la existencia de un grupo mayoritario y otro minoritario. El grupo minoritario, ―las mujeres―, recibe un trato inferior, ―un menor salario―, con relación al grupo mayoritario. El origen de esta discriminación está basado en el gusto de los individuos y se define en las actividades económicas como la renuncia voluntaria a utilidades e ingresos para satisfacer prejuicios. La discriminación, por consiguiente, supone un coste y una pérdida de eficiencia productiva. El paradigma de agente discriminador es el empleador, pero también pueden adquirir tal condición otros dos grupos, los compañeros de trabajo y los clientes. El supuesto central gira en torno a la idea de que los empleadores tienen prejuicios respecto a grupos minoritarios de trabajadores con características personales diferentes en el lugar de trabajo, ―generalmente, el sexo o la raza14―. El trabajador discriminado sólo será contratado si está dispuesto a recibir un salario menor, ya que su contratación implica una especie de coste psíquico, que se traduce en el llamado coeficiente de discriminación.

En el caso de la discriminación sexual, el coeficiente de discriminación (d) representaría el coste no económico que supone la contratación de mujeres, derivado de su rechazo social. Dado que en condiciones de igualdad los empresarios prefieren contratar a hombres, en situaciones de amplia discriminación, las mujeres deben aceptar salarios más bajos que los varones para acceder a trabajos idénticos. Expresado en forma cuantitativa, los varones recibirían un salario (wd) superior al de las mujeres (w), de forma que la diferencia salarial quedaría reflejada mediante el coeficiente de discriminación (d).

El funcionamiento del modelo es sencillo. En primer lugar, supongamos que existe un grupo mayoritario formado por hombres (M) y otro minoritario formado por mujeres (m). El producto marginal del trabajo es el mismo para ambos grupos. Si el empleador no tiene prejuicios, contratará solamente mujeres cuando se cumpla la condición de que su salario sea igual a su producto marginal. En cambio, cuando el empleador discrimina compara los salarios entre hombres y mujeres, y su regla de decisión será contratar mujeres si, y solo si, (wd) es inferior a (w). Como resultado, las mujeres obtienen salarios más bajos, y cuanto más alto sea el coeficiente de discriminación (d), menor será el número de trabajadoras que contratará el empresario.

La consecuencia fundamental que se extrae del modelo beckeriano es trivial: dado que los beneficios monetarios dependen del coeficiente de discriminación (d), las empresas que discriminan obtienen menores beneficios. Esta situación puede no ser sostenible a largo plazo si hay entrada de empresas; por lo tanto, la discriminación sólo puede prevalecer en mercados laborales no competitivos. Además, existe una segunda consecuencia que se deriva de la anterior, y que explicaría un aspecto estructural del mercado de trabajo. Si los hombres (M) y las mujeres (m) son sustitutivos perfectos, el empleo estará totalmente segregado, y las mujeres serán contratadas en aquellas empresas en las cuales los empleadores tengan menos prejuicios.

La evidencia, sin embargo, no avala el «modelo del gusto por la discriminación» de Becker. A nuestro juicio, existen dos poderosas críticas que lo desvirtúan. La primera es que no parece existir segregación del empleo entre empresas dentro de un mismo sector, sino segregación entre sectores de actividad diferentes, tal y como defienden otros economistas, entre ellos Bergmann. La segunda crítica tiene que ver con la conclusión, según la cual las empresas que discriminan obtienen menores beneficios a largo plazo: esta idea es muy cuestionable.
Otros autores han propuesto modelos alternativos por el lado de la demanda que desarrollan la discriminación salarial que sufren las mujeres. Veamos el carácter crítico de cada uno de ellos.


  • El modelo de la discriminación estadística

En este marco teórico, elaborado por Glen Cain en 1977, entre otros15, la discriminación no se produce como un prejuicio personal, sino porque se presumen diferencias de productividad significativas entre hombres y mujeres. Dado que los empleadores realizan la contratación de trabajadores en situaciones de información imperfecta, utilizan como criterios para evaluar a los candidatos los estereotipos sobre las capacidades laborales de los hombres y las mujeres. Puesto que las evaluaciones de las que disponen los empresarios son sesgadas, se produce de nuevo el fenómeno de la discriminación por razón de sexo. Esta teoría, basada en la asimetría de la información, supera el concepto del prejuicio de Becker, pero no ofrece una mejora académica sustancial. Asimismo, si la información sobre los candidatos fuera correcta, la discriminación se ejercería de forma individual para quienes se alejen del valor estadístico promedio, y no habría discriminación estrictamente grupal contra las mujeres.


  • El modelo overcrowding

Analiza las diferencias salariales entre hombres y mujeres a partir de la segregación en el empleo sugerida por Bergmann16. La segregación ocupacional17 por razones de sexo puede ser horizontal o vertical. Si se produce horizontalmente, se observa que los hombres ofrecen su trabajo en unos sectores concretos de actividad, y las mujeres están empleadas mayoritariamente en otros. La existencia de dos fuerzas laborales separadas, una masculina y otra femenina, evita la competencia entre sexos por la consecución en los puestos de trabajo. La segregación vertical tiene lugar cuando los hombres dominan los puestos más prestigiosos, mejor remunerados o realizan carreras profesionales más rápidas. La hipótesis overcrowding sí es contrastable empíricamente en los países desarrollados, pero no explica las razones que llevan a las mujeres a emplearse en los sectores típicamente femeninos.

4.- CONCLUSIONES
Uno de los principales problemas a los que se enfrentan las mujeres en el mercado laboral es el menor salario que reciben respecto a los hombres. Como hemos visto, distintos enfoques económicos han tratado de dar una explicación por el lado de la oferta del mercado de trabajo y por el lado de la demanda. La mayor parte de las teorías aquí expuestas no ofrecen, tras nuestro análisis, un razonamiento lo suficientemente satisfactorio.

La explicación ofrecida por Gary Becker sobre la brecha salarial entre hombres y mujeres no es, objetivamente, una buena teoría. Las críticas que podríamos enunciar son innumerables, así que nos ceñiremos a las más significativas.

1.- No se trata de una buena teoría económica porque es compleja y está fragmentada a lo largo de toda su obra académica. Cronológicamente hablando, Becker elaboró el modelo de la discriminación, después escribió El Tratado sobre la familia, luego desarrolló su teoría del capital humano y, hasta hoy, ha seguido publicando numerosos artículos que completan sus investigaciones. Para entender un aspecto concreto y específico como es la diferencia salarial por razones de sexo, es necesario un estudio en profundidad de todo el pensamiento económico de Becker. De lo contrario, la exposición resultaría incompleta. Una reformulación única, clara y más actual ayudaría a esclarecer esta cuestión.

2.- El concepto de familia resulta anticuado. Se asume el estereotipo tradicional formado por un hombre y una mujer casados, con uno o más hijos. Los planteamientos de Francisco Cabrillo son, en este aspecto, mucho más adecuados y permiten un análisis más general al extender la noción de familia a los nuevos patrones sociales.

3.- La hipótesis de una completa especialización entre los cónyuges no es acertada. Si los dos miembros de la pareja participan en el mercado de trabajo, pueden alcanzar niveles de renta más altos y contratar una empleada que realice las tareas del hogar, por ejemplo.

4.- El modelo del gusto por la discriminación que hemos visto en el tercer apartado, sólo es aplicable a mercados monopolísticos. Goldberg18 argumenta que la discriminación sexual también puede manifestarse en mercados competitivos, si lo que prevalece es una preferencia por mano de obra masculina en el puesto de trabajo. Otro error manifiesto que comete Becker es la utilización de argumentos circulares y, como prueba suficiente de ello, basta mencionar el recurso a la diferencia biológica como factor determinante de la ventaja comparativa, la división del trabajo, la inversión en capital humano y la asignación de la energía. Y la lista de críticas puede verse perfectamente extendida en varias direcciones.

A pesar de las graves deficiencias de las tesis beckerianas, sería deshonesto pasar por alto sus aspectos positivos. Becker es uno de los pocos autores que trata de dar una visión panorámica de la discriminación salarial entre hombres y mujeres, incluyendo aspectos tan relevantes como la inversión en capital humano. La mayoría de los modelos económicos propuestos dan una visión sesgada del mercado laboral y focalizan sus explicaciones en los factores que afectan a la oferta o a la demanda de trabajo, pero no suelen ofrecer una discusión conjunta como hace Becker. Otra conclusión muy importante es la solución que muestra para reducir la brecha salarial entre hombres y mujer: la inversión en educación formal. Por último, el carácter falsable de las hipótesis del modelo, entendiéndose esta falsabilidad bajo la lógica popperiana, ha permitido la elaboración de nuevos paradigmas, más adecuados a las condiciones económicas, sociales y culturales de nuestros días.

Una de las grandes aportaciones metodológicas que ayuda a entender los términos en los que se producen las divergencias de salarios entre hombres y mujeres fue realizada por Ronald Oaxaca, profesor de la Universidad de Arizona en 1973. Oaxaca elaboró el llamado «método de la descomposición salarial19», estimando separadamente por mínimos cuadrados ordinarios las ecuaciones salariales para hombres y mujeres. Los resultados permiten obtener, en términos porcentuales, el componente de la diferencia salarial derivado de diferencias en capital humano (edad, nivel de educación, etc.), y el derivado de factores inexplicados (la discriminación en el mercado propiamente dicha). Algunos trabajos sugieren que la mayor parte de las diferencias salariales entre sexos puede ser atribuida a la discriminación.

La conclusión final de este ensayo es que las ideas de Gary Becker sobre la diferencia salarial por razón de sexo se encuentran plenamente superadas. Las nuevas teorías sobre la discriminación salarial y la segregación ocupacional ofrecen en la actualidad argumentos más razonables. En todo caso, los resultados exigen cierta cautela, y futuras investigaciones deberán combinar los distintos enfoques para procurar una explicación más completa de la brecha salarial existente entre hombres y mujeres.

5.- BIBLIOGRAFÍA

BECKER. G. S., The Economies of Discrimination. Chicago, EE. UU., University of Chicago Press, 1971. 2ª ed.
BECKER, G. S. El capital humano. Un análisis teórico y empírico referido fundamentalmente a la educación. Madrid, 1983, Alianza Editorial, 2ª ed.
BECKER, G. S. Tratado sobre la familia. Madrid, 1987, Alianza Universidad.
BECKER, G. S. «Human Capital, Effort, and The Sexual Division of Labor». Journal of Labor Economics, 3, University of Chicago Press, 1985, pp. 533-558
BERGMAN, B. R. «Occupational Segregation, Wages and Profits When Employers Discriminate By Race Or Sex». Eastern Econimic Journal, 1, 1974, pp. 103-110.
BLAU, F. D., M. A., y A. E. WINKLER. The Economics of Women, Men, and Work Upper Sadle River. Prentice Hall, 1998. 3ª ed.
CABRILLO, F. Matrimonio, familia y economía. Madrid, 1996, Minerva Ediciones, pp. 17-30.
FEBRERO R. I. y SCHWARTZ, P. The essence of Becker. Stanford, EE. UU.,1995, Hoover Institution Press, pp. 401-460.
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1 MARINI, M. M. «Sex difference in Earnings in the United State». Annual Review of Sociology, 15, 1989, p. 343.

2 BLAU, F. D., M. A., y A. E. WINKLER. The Economics of Women, Men, and Work Upper Sadle River. Prentice Hall, 1998, 3ª ed.

3 BECKER, G. S. A treatise on the family. University of Chicago Press, 1981, Chigaco, EE. UU.

4 CABRILLO, F. Matrimonio, Familia y Economía. Madrid, 1996, Minerva Ediciones, p. 58.

5 La cita puede encontrarse en la versión en castellano BECKER, G. S. Tratado sobre la familia. Madrid, 1987, Alianza Universidad, pp. 38-39.

6 Becker denomina este tipo de actividades como effort-intensive. Se ha optado por una traducción literal del término.

7 BECKER, G. S. «Human Capital, Effort, and The Sexual Division of Labor». Journal of Labor Economics, 3, University of Chicago Press, 1985, pp. 533-558.

8 Ibid. p. 550.

9 BECKER, G. S. El capital humano. Un análisis teórico y empírico referido fundamentalmente a la educación, 1983, Madrid, Alianza Editorial, 2ª ed. P. 192.


10 Según Francisco Cabrillo, esta paradoja sí podría ser resuelta por el modelo de superioridad masculina propuesto por Ester Boserup, según el cual es la pertenencia a uno u otro sexo lo que determina la diferencia de estatus. Los hombres se encuentran en una posición social superior. La formulación original de Boserup puede ser consultada en su obra La mujer y el desarrollo económico, Madrid, 1993, Minerva Ediciones.

11 BECKER, G. S. El capital humano. Un análisis teórico y empírico referido fundamentalmente a la educación, Madrid, 1983, Alianza Editorial, 2ª ed. p. 166.

12Ibid. p. 168. Véase en el caso de Mincer su Investment in Human Begings, p. 68, y en el de Renshaw, en su artículo en «Review of Economics and Statistics», agosto de 1960.

13 Para un estudio en profundidad de las teorías de la discriminación de Becker ver FEBRERO R. I. y SCHWARTZ, P. The essence of Becker. Stanford, EE. UU.,1995, Hoover Institution Press, pp. 401-460

14 Becker desarrolla su teoría de la discriminación tomando dos grupos de referencia, los negros y las mujeres. El autor advierte, sin embargo, que la discriminación por razón de sexo es más compleja porque entran en juego los aspectos relacionados con las diferencias biológicas, la división del trabajo en la familia, etc., que hemos estudiado en la sección anterior.


15 La teoría de la discriminación estadística fue elaborada por Edmund Phelps (1972) y Dennis Aigner y Glen Cain (1977), con sus trabajos The Statistical Theory of Racism and Sexim y Statistical Theories of Discrimination in Labor Markets, respectivamente.

16Véase a este respecto BERGMAN, B. R. «Occupational Segregation, Wages and Profits When Employers Discriminate By Race Or Sex». Eastern Econimic Journal, 1, 1974. pp. 103-110.

17 El concepto de segregación ocupacional fue introducido por Gross hace cuatro décadas, en el artículo «The Sexual Structure of Occupations Overtime», Social Problems, 16, 1968. pp. 198-208.


18 Véase a este respecto GOLDBERG, M. «Discrimination, Nepotism and Long-run Wage Differentials». Quarterly Journal of Economics, 45, 1982, pp. 307-319.

19 La formulación matemática del método de la descomposición salarial es expuesta en OAXACA, R. «Male-Female Wage Differentials in Urban Labor Markets». International Economic Review, 14, 1973, pp. 693-709.


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