Resumen De La Economia Argentina De Aldo Ferrer






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Resumen De La Economia Argentina De Aldo Ferrer 
La economía Argentina- Las etapas de su desarrollo y problemas actuales- 

Introducción 

Es posible definir cuatro etapas perfectamente diferenciables en el desarrollo económico argentino. La primera de ellas abarca el período comprendido entre el siglo XVI y fines del siglo XVIII. La definimos como la etapa de las economías regionales de subsistencia porque se caracteriza por la existencia de varios complejos económicos sociales, en las distintas regiones del país, que producían básicamente para el consumo interno y a muy bajos niveles de productividad. La segunda etapa abarca desde fines del siglo XVIII hasta alrededor 1860 y la hemos definido como la etapa de transición. Surge durante ese período la producción de cueros y otros productos de la ganadería. Además, liberalizado el régimen comercial español a fines del siglo XVIII y lograda la independencia en 1810, el puerto de Buenos Aires pudo aprovechar totalmente su ubicación geográfica y convertirse en el punto de intermediación del comercio exterior. La tercera etapa, que definimos como la de la economía primaria exportadora, se abre en torno de1860, cuando la Argentina comienza a incorporarse vigorosamente en el expansivo comercio internacional y se cierra con la crisis económica mundial de 1930. Durante este período, la expansión de las exportaciones agropecuarias, el arribo de cuantiosos contingentes migratorios y la radicación de capitales extranjeros, transformaron en pocas décadas la estructura económica y social del país. 
Finalmente en 1930 se inaugura la etapa que hemos definido como de la economía semiindustrial dependiente. Esta etapa se caracteriza por la existencia de una estructura económica y social diversificada y comparable, en muchos aspectos, a la de las economías avanzadas modernas. El carácter semiindustrial del sistema deriva de la insuficiente integración de las diversas fases de la 
producción de la manufactura y de los altos precios relativos de los bienes industriales que reflejan la inmadurez del desarrollo alcanzado. La magnitud del déficit entre las divisas que genera y demanda el sector industrial, la dependencia tecnológica del exterior y el grado de extranjerización del control de los sectores industriales dinámicos, configuran, a su vez, el carácter dependiente del sistema. 


Primera Parte- Las economías regionales de subsistencia (siglos XVI al XVIII) 

I. El comercio como factor de disolución del orden feudal 


1. Papel dinámico del comercio. 

El aislamiento impuesto por la expansión musulmana (siglo VII)   a los pueblos de Europa Occidental sienta las bases del orden social de la Edad Media primitiva y de las economías cerradas que producían para el autoconsumo. Las principales características de estas economías eran la falta de mercados exteriores y la casi total ausencia de intercambio con otras regiones. La agricultura constituía la base fundamental de la actividad económica y la población activa estaba casi totalmente concentrada en la producción rural. La propiedad de la tierra, en manos de grupos reducidos, proporcionaba el fundamento del orden político y social. 
Desde un punto de vista dinámico, el rasgo distintivo de la economía feudal era la ausencia del progreso técnico y el consiguiente estancamiento de la productividad. La acumulación de capital era prácticamente inexistente. El bajo nivel de productividad sólo permitía a los trabajadores rurales subsistir y pagar los tributos al señor. Cuanto más bajo es el nivel de productividad de una economía, más alta es la proporción 
de la población activa que se dedica a ocupaciones destinadas a producir alimentos y artículos esenciales para la subsistencia. Siendo el comercio la única vía del aumento de la productividad dentro de la economía feudal, constituía su sector por excelencia y posibilitó la acumulación de excedentes económicos en otras manos que las de los señores feudales. Estos excedentes vinieron a cumplir un papel totalmente distinto al de los excedentes apropiados por la clase feudal. Éstos se consumían, aquellos volvían a volcarse a la actividad económica, intensificando el ritmo del intercambio. La acumulación de riqueza en manos de los nacientes núcleos de comerciantes, el aumento de la productividad del sistema   a que dieron lugar sus actividades y las consecuentes transformaciones en la estructura social y económica, sentaron las bases de la disolución del orden feudal y del nacimiento del capitalismo comercial, una de cuyas consecuencias relevantes fu la ocupación de las tierras americanas. 

2.   Las rutas mercantiles 

Los dos centros dinámicos de la expansión comercial fueron en el norte, el Mar Báltico y el Mar del Norte y, en el sur, el Mediterráneo Oriental. El tráfico por estas restableció paulatinamente el intercambio entre Oriente y Occidente interrumpido por la expansión musulmana. A partir del siglo IX el comercio de las ciudades de la península itálica dejó de estar limitado a Constantinopla y los puertos cristianos del Asia Menor. El comercio con los pueblos musulmanes de África y Siria comenzó a alcanzar una importancia creciente. En estas ciudades, principalmente Venecia, se fueron creando núcleos económicos cuya principal 
actividad no era la agricultura de subsistencia sino el comercio y las artesanías. Ellas se constituyeron en los centros de irradiación de las fuerzas que irían disolviendo el orden feudal. 
El comercio entre los pueblos cristianos de Occidente y los pueblos de Oriente se intensificó al quedar librado el Mediterráneo del control musulmán. Los productos intercambiados eran principalmente artículos de lujo provenientes de los pueblos orientales y materias primas y alimentos producidos en Occidente. 
En el norte de Europa el comercio, primitivamente impulsado por los escandinavos, recibió nuevos estímulos con la expansión de los germanos hacia el este. El contacto entre el norte de Europa y el Mediterráneo y el comercio del Oriente se restableció por vía marítima navegando   en torno a la península Ibérica y Brujas se constituyó en el centro del intercambio de los productos de los pueblos eslavos y del norte de Europa con los provenientes del tráfico mediterráneo con Oriente. 

3. Limitación de las transformaciones estructurales 

El impacto producido en la estructura social y económica de Europa Occidental, por la expansión comercial producida entre los siglos XI y XV, estuvo condicionado por las limitaciones objetivas impuestas al intercambio de la época. Los primitivos métodos de transporte terrestre y los azares de la navegación marítima hacían sumamente costoso el transporte, y los elevados márgenes de ganancia de los comerciantes multiplicaban en los centros de consumo el precio original cobrado por los productores. Estas condiciones imponían que las mercaderías objeto de tráfico fueran especialmente aquellas de poco peso 
y mucho valor, únicas que podían soportar los elevados gastos de comercialización. Los únicos sectores en condiciones de adquirir los costosos productos de importación eran los miembros de la clase terrateniente feudal, en parte la eclesiástica y la nueva clase de comerciantes. 
Desde que comienza a reactivarse el comercio europeo hasta la revolución tecnológica del siglo XVIII, la expansión del mercado a través de la ampliación de los contactos comerciales de los países de Europa constituyó el elemento dinámico fundamental del desarrollo. La precariedad del proceso técnico condicionaba el impacto que la ampliación del mercado podía provocar en la transformación de la estructura productiva interna y, en última instancia, en el ritmo de crecimiento de la producción. 
Las nacientes ciudades, con el aumento de la población ocupada en las artesanías y los servicios vinculados al tráfico comercial, plantearon   problemas de abastecimiento que no pudieron ser adecuadamente resueltos durante toda la Edad Media debidos a la escasa productividad de las actividades agrícolas y las grandes dificultades del transporte a larga distancia de productos voluminosos y pesados . 
Las actividades comerciales fueron por excelencia el sector dinámico de la economía feudal, en cuanto constituían el principal sector que permitía el incremento de la productividad del sistema económico. Otro factor que complementó el impacto del comercio en este aspecto fue la presión demográfica. El crecimiento de la población no podía ser totalmente absorbido por la oferta limitada de tierras, a los mismos niveles tecnológicos y dentro de los mismos marcos institucionales 
del feudalismo. Esto provocó migraciones internas de los pueblos de Europa Occidental principalmente hacia el este y la expansión de la ocupación territorial. 


II. Formación de la economía colonial americana 


Nuevos problemas de la expansión comercial europea 

La dinámica del capitalismo comercial naciente llevaba de manera obligada a procurar la expansión del mercado. La expansión turca de la segunda mitad del siglo XV y la conquista de Constantinopla, interrumpieron las tradicionales rutas comerciales con el Cercano y Extremo Oriente, estrechando repentinamente el campo operativo de las ciudades comerciales, particularmente las italianas. Portugal, a través de las empresas precursoras de Enrique el Navegante, abre la ruta marítima hacia Oriente en torno al África y le siguen España, Inglaterra, Francia y Holanda. 
El desplazamiento del centro de gravedad del comercio del Mediterráneo Oriental al Océano Atlántico, puso fin a la preponderancia comercial de las ciudades italianas y trasladó el principal teatro de los acontecimientos comerciales a los estados europeos de la cuenca del Atlántico y del Mar del Norte. El descubrimiento de América fue un episodio clave de la expansión comercial europea, repentinamente estrangulada por el control turco de Asia Menor y el Mediterráneo Oriental. 
El capital comercial europeo no penetró en la organización de los pueblos de oriente con quienes mantenía relaciones económicas. Los despojaban por la fuerza de parte de su riqueza o, cuando esto no era posible, comerciaban. 
Pero como norma general, los comerciantes occidentales no organizaron en la periferia, como se diría más 
tarde, empresas industriales o agrícolas, manejadas por ellos, en las que pudieran cumplir un auténtico papel de empresarios, esto es, combinar los factores productivos en una rama concreta de la producción. 
La realidad encontrada en América rompió los moldes operativos tradicionales de la expansión comercial europea. En este Continente, los europeos se encontraron con civilizaciones indígenas sometibles por la fuerza o con regiones de vastos recursos naturales inexplorados. 
El primer tipo de relación económica establecido, dadas las condiciones imperantes, fue, lógicamente, el pillaje. Pero esta relación económica, necesariamente transitoria, dejó en pie la distinta naturaleza de la nueva empresa que implicaba América para todas las potencias coloniales. Por primera vez, en la historia de la expansión comercial europea, se planteaba en gran escala la necesidad de organizar la producción directamente, esto es, conjugar factores productivos, capital y mano de obra, en el aprovechamiento de los recursos naturales. 
Esta nueva realidad planteó problemas concretos, como el de la mano de obra y la organización de la unidad productora, la ocupación territorial en gran escala, la organización política e institucional de los nuevos territorios y, finalmente, la captación de riqueza para los gobiernos metropolitanos. 
La necesidad de organizar la producción planteó principalmente el problema de la disponibilidad de mano de obra. El imperio español era el que contaba con más abundancia de fuerza de trabajo indígena aprovechable y su movilización hacia la producción fue el principal objeto de la política colonial y de los colonizadores. Las 
tradicionales organizaciones de la mita y el yanaconazgo, entre otras, regulaban las relaciones de los trabajadores indígenas con la empresa productiva. Ninguna de las otras naciones coloniales contó con una oferta preexistente de mano de obra como en el caso de España. 
El envío de misiones avanzadas de conquista y colonización y la posterior población de los territorios ocupados constituyó también un aspecto fundamental de la política colonial. La organización política e institucional de los nuevos territorios operó en dos planos distintos. Por un lado, la creación de las instituciones y organismos que fueron la manifestación de la soberanía de la potencia colonial en los territorios de su dependencia. Por el otro, las medidas tendientes a establecer el equilibrio político buscado ente las fuerzas sociales predominantes en las colonias. 
Finalmente, las potencias coloniales debieron crear en sus relaciones con sus dominios americanos loas cauces adecuados para volcar en las arcas fiscales parte de la riqueza obtenida en el Nuevo Mundo. Esto se logró mediante métodos indirectos de captación de recursos, como impuestos y contribuciones, o directamente a través de la explotación de ciertos recursos naturales por funcionarios de la corona, como en el caso de la explotación de minerales preciosos en la América española, o mediante la participación de capitales públicos en empresas productivas privadas. 
El rasgo distintivo de la organización económica fue el régimen del monopolio excluyente impuesto por las metrópolis. 

La producción colonial y su localización 

Las principales características de la economía de la época eran las 
siguientes: a) las potencias metropolitanas eran eminentemente agrícolas y su intercambio exterior estaba limitado a un número determinado de comestibles exóticos y productos suntuarios, destinados a los grupos de poder político y económico, ya ciertas materias primas y materiales; b) la precariedad de los medios de transporte, en virtud de las primitivas artes de navegación y peligros del tráfico marítimo, elevaba enormemente los fletes de tal manera que sólo los productos de gran valor y poco peso podían soportarlos. Entre este tipo de productos, el descubrimiento de yacimientos de oro y minerales preciosos fue la preocupación principal de todas las potencias europeas. 
La actividad económica se localizó allí donde estaban ubicados los recursos naturales para producir bienes buscados en la época, en primer lugar oro y plata, luego las tierras tropicales y las zonas de las pesquerías y los bosques. EL factor distancia impedía la explotación de los recursos ubicados en el interior del Continente y alejados de las vías de navegación. Esta gravitación del factor distancia explica el bajo grado de desarrollo alcanzado por el actual territorio argentino durante la época colonial. 
El tipo de productos buscados y el factor distancia fijan lo límites a la extensión de la ocupación territorial. Allí donde se explotan metales preciosos, los conquistadores entran hasta los puntos más inaccesibles y lejanos del Continente. Cuando la actividad económica se concentra en los cultivos tropicales son las zonas vecinas al mar o insulares las que se desarrollan: la expansión territorial ocupa entonces sólo una estrecha franja del litoral marítimo. 
Lo mismo ocurre donde se explotan las pesquerías, los bosques o ciertos productos agrícolas de las zonas templadas. 

Dinámica de las economías coloniales. 

Las actividades económicas dinámicas en la economía colonial fueron aquellas ligadas al comercio exterior. La minería, los cultivos tropicales, las pesquerías, la caza y la explotación forestal, dedicadas fundamentalmente a la exportación, fueron las actividades expansivas que atrajeron capital y mano de obra. 
No siempre las actividades se desarrollaron en gran escala y con mano de obra esclava o servil, como ocurrió con la minería y la agricultura tropical. Algunas de ellas, radicadas principalmente en el hemisferio norte como la explotación forestal y la construcción naval, dieron pie a la empresa en pequeña y mediana escala con trabajadores independientes. 
En estas condiciones, al mismo tiempo que el sector exportador era muy poco diversificado. La composición de la demanda tampoco favorecía la diversificación de ka estructura productiva interna. Cuanto más se concentraba la riqueza en un pequeño grupo de propietarios, comerciantes e influyentes políticos, mayor fue la propensión a adquirir bienes manufacturados de consumo y durables en el exterior y menor fue la proporción del ingreso total de la comunidad gastado internamente. 
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