Sumario. Objeto de esta devoción. Nuestro intento. Fuentes. Una observación






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títuloSumario. Objeto de esta devoción. Nuestro intento. Fuentes. Una observación
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B) Respecto de las Comunidades religiosas

Dada la fuerza santificante, respecto de los individuos en particular, que esta devoción encierra, se cae de su peso la importancia que del propio modo tendrá en orden a las Comunidades religiosas, que al fin y al cabo se componen de individuos; pero como a pesar de esto, Nuestro Señor tuvo palabras especiales para ellas, no parece será inútil que expongamos nosotros, al menos, algunas de ellas.
La mayoría de los textos hablan de la Visitación y de la Compañía de Jesús, por razón de las personas que intervenían en aquellas circunstancias, pero ya se entiende que, fuera de algunas cosas peculiares de estas Órdenes, lo demás, que es casi todo, son promesas que se realizarán en cualquier Instituto o Comunidad que ponga las condiciones pedidas, ya que Dios Nuestro Señor no es aceptador de personas. Además de que la propia Santa en otros pasajes habla de la misma forma, refiriéndose a todas las Órdenes religiosas, y de que, en fin, la experiencia enseña continuamente que no hay distinción de individuos ni de Órdenes para el Corazón Divino, sino según la distinción de la fidelidad y el amor.
En orden, pues, a las Comunidades religiosas varios son los efectos que Santa Margarita atribuye a la devoción del Corazón de Jesús. Indicaremos sólo los más principales.

Quiebras, cimientos

En carta de 1685 a la M. Saumaise, dice: «Nuestro Padre S. Francisco de Sales, temiendo que los fundamentos de su edificio viniesen a cuartearse, había pedido un sostén capaz de defenderlo. Se le concedió la devoción del Corazón de Jesús, como medio para reparar las quiebras del edificio, y servirle de defensa contra los ataques de sus enemigos, y de apoyo para que no sucumba en lo venidero»lxi[61].
«No puedo dispensarme de decir a V. unas palabras más acerca de la fiesta de nuestro Santo Fundador, el cual me dio a conocer que no había medio más eficaz para reparar las quiebras de su Instituto que introducir en él la devoción al Sagrado Corazón, y que él deseaba que este remedio se usase»lxii[62].
«Yo pienso que éste es uno de los medios más eficaces para tornarle a levantar de sus caídas, y servirle como de castillo inexpugnable contra los asaltos que el enemigo le da continuamente para arruinarlo, por medio de un espíritu extraño de orgullo y ambición, que quiere introducir en lugar de aquel de humildad y sencillez, que son el fundamento del edificio. Y confieso a V. parecerme que nuestro Santo Fundador es quien desea y solicita que esta devoción se introduzca en su Instituto, porque conoce sus efectos»lxiii[63].
Nótese cuántas veces habla de cimientos, fundamentos, etc.; y es que en este punto está el nervio de las Órdenes religiosas. Es fácil equivocarse y creer, al menos prácticamente, que la Orden se reduce a guardar escrupulosamente ciertas prácticas tradicionales externas, o si internas, de importancia secundaria, y en cambio lo fundamental, los ejes y el alma del Instituto, lo que fue lo más saliente en los religiosos primitivos, dejarlo en segunda línea. Por ahí vino Israel al estado en que lo hallé Jesucristo, y del cual no se ha levantado aún. A todos se nos dirige aquella magnífica sentencia del Salvador: Haec, estas cosas, es decir, las graves de que acababa de hablar, las fundamentales, los cimientos, oportet facere, se han de hacer, en éstas se ha de insistir; el illa, y aquéllas, a saber, lo del comino y el anís, las menudencias, lo secundario, non omittere, no omitirlas; es decir, poner el cuidado suficiente para no dejarlas, y nada más; porque las energías vitales de nuestro ser son limitadas, y si se nos va mucha agua por la cañería de las menudencias, por fuerza tiene que ir poca por la cañería de los cimientos.

Fervor primitivo

«Estos frutos de vida y de salud (que traerá la devoción al Corazón de Jesús) nos renovarán en el espíritu primitivo de nuestra santa vocación. Me parece que la gloria accidental de nuestro Santo Fundador jamás se ha aumentado, cual se hace por este medio»lxiv[64].
«Satanás quería vomitar su rabia destruyendo el espíritu (de nuestro Instituto), y por este medio arruinarlo. Mas yo creo que no logrará su intento, si queremos, según las intenciones de nuestro santo Padre, servirnos de los medios que él nos presenta (esta devoción), para restituirnos al primer vigor del espíritu de nuestra santa vocación, viviendo según las máximas del Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo»lxv[65].
Como dijimos al principio, lo que Santa Margarita dice referente a la Orden de la Visitación debe aplicarse a las demás. Véase como ejemplo la promesa que venimos explicando. En carta a su Director dice, no ya tocante a su Orden, sino a todas en general:
«Sobre todo haga V. por que la abracen (esta devoción) las personas religiosas, porque sacarán de ella tantos socorros, que no será necesario otro remedio para restablecer el primitivo fervor y la más exacta regularidad en las Comunidades menos observantes»lxvi[66].
Así como lo que dice de la Visitación no es sino un caso particular de lo que sucederá a las Órdenes religiosas, del propio modo, cuanto aquí promete a éstas no es en resumen sino la aplicación de lo que ya vimos antes que, tanto Santa Gertrudis como ella, afirman de la Iglesia en general: la renovación del fervor de los tiempos primitivos, la inyección, mediante la devoción al Sagrado Corazón, de aquella sangre joven, vigorosa, ardiente, que corría por las venas del naciente cristianismo.

Unión de caridad

Es una de las virtudes esenciales en las Comunidades religiosas; con ella son un paraíso en la tierra, mas sin ella son un huerto lleno de hortigas y abrojos. Por eso todos los fundadores tanto han insistido en esta hermosa virtud, y por eso ha resaltado en todos los Institutos religiosos mientras se han conservado en su fervor primitivo. No es extraño, pues, sea objeto de particulares promesas por parte del Corazón de Jesús.
En la carta 131, después de enumerar Santa Margarita varias promesas a las Comunidades religiosas, añade:
«Y (prometió) que Él derramaría esta suave unción de su ardiente caridad en todas las Comunidades religiosas en que fuere honrado y se pusieren bajo su especial protección, que mantendría en ellas todos los corazones unidos para no formar sino uno solo con el suyo»lxvii[67].
«Que Él derramaría - añade en otra carta - la suave unción de su ardiente caridad en todas las Comunidades en que fuere honrada esta divina imagen»lxviii[68].
«En aquellas (Comunidades) que le conocieren y se colocaren bajo su protección, Él derramará abundantemente los tesoros de sus gracias santificantes, por la

unción de caridad y la suavidad de su amor»lxix[69].
Y obsérvense las expresiones que la Santa usa: unción de caridad, suavidad de amor; no se trata de una caridad dura, que a veces molesta más que el vicio contrario, sino suave, embalsamada, ungida; caridad que, a manera de una atmósfera aromática, envuelva la Comunidad entera, suavizando las asperezas propias de la vida religiosa.

Los fines de cada Instituto

Ya de suyo se entendía esta promesa, al hacer las precedentes; porque si la devoción al Corazón de Jesús renovará el fervor primitivo en cada Orden, claro es, que les hará conseguir perfectamente los fines para que fueron fundadas; no obstante, también aquí el Corazón de Jesús ha querido en sus promesas especificar más claramente este punto.
Exponiendo Santa Margarita aquella hermosa visión, en que la Virgen Santísima hizo entrega de la devoción al Corazón de Jesús a la Orden de la Visitación y a la Compañía de Jesús, dice:
«Y a medida que ellos (los religiosos de la Compañía) le procuraren tal placer, este Divino Corazón, fuente de bendiciones y de gracias, las derramará tan abundantemente sobre las funciones de sus ministerios, que éstos producirán resultados que sobrepujen sus trabajos y sus esperanzas, lo mismo en lo tocante a la salud y perfección de cada uno de ellos en particular», (es decir, que también en esto el fruto sobrepasará el trabajo y las esperanzas).
Y a las hijas de la Visitación les dijo, entre otras cosas:
«En este Divino Corazón es donde hallaréis un medio fácil de cumplir perfectamente lo que se os manda en este primer artículo de vuestro Directorio, que contiene en substancia toda la perfección de vuestro Instituto»lxx[70].
Como el fin de la Compañía de Jesús es completamente apostólico, no es de maravillar que las promesas referentes a la eficacia en mover los corazones al bien se repitan con frecuencia.
«Él les promete derramar abundantemente y con profusión sus bendiciones sobre los trabajos del santo ejercicio de caridad para con las almas en que ellos se ocupan...»
«De ellos dependerá el enriquecerse con abundancia de toda suerte de bienes y de gracias, porque por este eficaz medio que Él les presenta, es como podrán desempeñar perfectamente, según su deseo, el santo ministerio de caridad a que están destinados. Porque este Divino Corazón derramará de tal manera la unción de su caridad sobre sus palabras, que penetrarán como una espada de dos filos los corazones más endurecidos, para hacerlos susceptibles del amor de este Divino Corazón; y las almas más criminales serán llevadas por este medio a saludable penitencia»lxxi[71].

Promesas en general

Son muchos los pasajes en que las promesas, a pesar de no contener ninguna gracia en particular, son, no obstante, muy hermosas, por la idea de abundancia y profusión que respiran.
«Confieso a V. que me siento incapaz de expresarme acerca de lo que Él me da a conocer referente a las gracias y profusión de bienes, que desea derramar sobre nuestro Instituto, al cual quiere hacer objeto de sus complacencias. Mas ¡ay!, ¿no habrá ninguna Comunidad que no tenga sino frialdad para con Él, y en cuyos corazones encuentre dificultad para entrar?»lxxii[72].
Se me ha mostrado un tesoro de gracias y de santificación para la Comunidad de V., a causa del gran placer que Nuestro Señor recibe con el honor que en ella se tributa a su Sagrado Corazón. Pero creo que, de hablar a V. con franqueza, las gracias que le promete no consisten en la abundancia de las cosas temporales, porque dice que ellas son ordinariamente las que nos empobrecen de su gracia y de su amor. De esto último es de lo que desea enriquecer vuestras almas y vuestros corazones»lxxiii[73].
Conviene tener en cuenta la observación precedente. Lo que el Corazón de Jesús quiere dar a las Comunidades no es abundancia de los bienes de este mundo, que de suyo son muy aptos para desportillar el espíritu de pobreza, que es una de las bases del estado religioso. A las riquezas del cielo es adonde apuntan sus promesas; de los bienes de la tierra dará según vaya conviniendo, aunque también en esta materia se notará la mano previsora de su providencia amorosa. En las riquezas espirituales las promesas no tienen semejantes restricciones.
«¡Si pudiéramos comprender - escribe la Santa al P. Croiset - las grandes ventajas de gracias y bendiciones que ello - la devoción al Corazón de Jesús - procurará a estas dos Congregaciones, con cuánto ardor trabajaríamos en eso, si conociéramos los frutos de este tesoro!»lxxiv[74].
«En fin, por este medio es por donde Él quiere derramar sobre la Orden de la Visitación y sobre la Compañía de Jesús la abundancia de estos divinos tesoros de gracia y de salud, con tal que le tributen lo que de ellos espera, o sea: un homenaje de amor, de honor y de alabanza y que trabajen con todas sus fuerzas por el establecimiento de su reino en los corazones»lxxv[75].
Conviene que reparen las Congregaciones religiosas en las condiciones que se piden en estas postreras líneas; para el cumplimiento completo de las promesas.
De lo dicho se desprende lo que pueden esperar los Institutos religiosos de esta soberana devoción, el día en que la abracen de lleno, como, gracias al Señor, lo van haciendo.
Y es cosa maravillosa que siendo ella siempre una, se acomode tan perfectamente a toda clase de Órdenes, a pesar de las diversidades de espíritu; es a manera de un sol divino y vivificante que nutre y vigoriza todo linaje de flores, haciendo adquirir a cada una las formas, los matices y el perfume propios de su peculiar especie.
Por eso se advertirá que apenas hay Instituto religioso que en el curso de su historia no haya tenido algunos grandes amigos del Corazón de Jesús. El gran San Agustín, que por ser uno de los precursores de Santa Gertrudis, con razón ocupó un lugar muy preferente en el monumento del Cerro de los Ángeles, es gloria de la Orden Agustiniana; el enamorado San Bernardo de la Orden Cisterciense; San Buenaventura de la Orden Franciscana; Santa Gertrudis y Santa Matilde, de la Orden de San Bernardo; Santa Catalina de Sena, de la Orden Dominicana; Lanspergio, de la Cartuja; Santa María Magdalena de Pazzis, de la Orden Carmelitana.
Esto enumerando solamente las figuras más conocidas de todos; porque en pos de cada una puede cada Orden presentar una legión de otras muchas que han brillado en cada siglo. De los Institutos religiosos de formación más moderna no hay que hablar, pues de seguro no hay ninguno que no tenga grandes modelos de amantes del Corazón de Jesús.

8. Remedio soberano para las almas del Purgatorio

No deja de sorprender la devoción de Santa Margarita a las ánimas del Purgatorio. Que un santo canonizado la haya tenido es cosa muy natural, pero que un alma como Santa Margarita, cuya misión en la tierra fue únicamente el reinado del Corazón de Jesús; a quien, como ella misma confesará después, el Sagrado Corazón parece había formado para Sí de tal manera, que era enteramente insensible a todo cuanto Él no fuese; que un alma así se nos presente después, no con una devoción ordinaria hacia las benditas ánimas, sino tan saliente y tan marcada cual no se ve en la inmensa mayoría de los santos, ofrece materia para pensar si, tal vez, haya alguna misteriosa relación entre la devoción al Corazón de Jesús y las almas del Purgatorio.

Devoción de Santa Margarita

Que en Santa Margarita sea nota característica, es cosa clara para quien esté versado algún tanto en sus escritos; en la Vida y Obras de la Santa se pueden hallar sin dificultad más de cincuenta pasajes sobre las almas benditas; las apariciones eran frecuentes y muy familiares, tanto que ya la Santa las llamaba sus amigas.
¡Qué contacto con ellas supone el siguiente párrafo que vamos a transcribir, y que no es sino uno de los muchos que tiene sobre este tema!:
«Nuestra querida Madre me ha dado para las almas la noche del Jueves Santo, permitiéndome pasarla delante del Santísimo Sacramento, en donde estuve una parte del tiempo como rodeada toda de estas pobres almas dolientes, con las cuales he contraído una estrecha amistad; y Nuestro Señor me dice que me da para ellas este año, (habla así la Santa porque todas sus obras eran ya del Corazón de Jesús), con objeto de que les haga todo el bien que pueda. Están frecuentemente conmigo, y no les doy otro nombre que el de mis amigas pacientes. Hay una que me hace sufrir mucho, y no la puedo aliviar cuanto yo quisiera»lxxvi[76].
Ellas le contaban sus penas y las causas que las habían motivado, cosa por cierto de grandísima instrucción; muchos de los sufrimientos de la Santa eran debidos a su unión con las ánimas:
«El Sagrado Corazón continúa dándome ciertas almas del Purgatorio para ayudarlas a satisfacer a la divina justicia; en este tiempo es cuando sufro un tormento poco más o menos como el de ellas, sin hallar descanso ni de día ni de noche»lxxvii[77].
«El me hizo ver en Sí dos santidades, una de amor y otra de justicia, ambas rigurosas a su manera, y las cuales se ejercitarían continuamente sobre mí. La primera me haría sufrir una especie de Purgatorio dolorosísimo de soportar, a fin de aliviar las santas almas que están en él detenidas, y a las cuales permitiese El, según su beneplácito, que se dirigiesen a mí»lxxviii[78].
Frecuentemente pedía oraciones y sacrificios para ellas, con un encarecimiento que muestra bien el amor que les tenía:
«¡Ah, mi buena Madre, -escribía a la M. de Saumaise- qué obligada le quedan!, si me ayuda V. con sus oraciones a aliviar a mis buenas amigas pacientes del Purgatorio, pues así es como yo las llamo! No hay cosa que no quisiera hacer y sufrir por alivianas. Le aseguro que no son desagradecidas»lxxix[79].
Cuando salían del Purgatorio, venían, a veces, a despedirse y darle las gracias.
Con mucha razón y conocimiento de causa en el templo votivo nacional al Sagrado Corazón en Montmartre, una de las capillas esta dedicada a las ánimas benditas, como para demostrar la relación que media entre ellas y esta devoción sagrada.
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