Resumen Frente al discurso conservador, se han adscrito diferentes movimientos sociales que han tenido como punto de inflexión el movimiento 15-m y que han generado,






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4. La Complu en la Calle. Precarios y “estables” en defensa de la Universidad Públicav

A lo largo de la ponencia, se ha ido desgranando como dentro del movimiento social de los trabajadores universitario han ido surgiendo, también, nuevos movimientos sociales que intentan visibilizar su situación y producir otras formas de respuesta como acción reivindicativa.

La Complu en la Calle es una de estas iniciativas que pretende hacer ver a la ciudadanía, y no sólo a la comunidad universitaria, que más allá de la defensa de sus derechos laborales, “a ellos también les afecta” la degradación y el desmantelamiento de la universidad pública.

“Una semana antes del 15-M había un ambiente de efervescencia entre los alumnos” (E.1), de ahí que La Complu en la Calle esté impregnada del 15-M, donde participaron muchos profesores y alumnos que hoy forman parte de esta iniciativa. La Complu en la Calle sería muy difícil de explicar sin la existencia del movimiento 15-M y su detonante, los recortes a la Universidad Pública y, en concreto, a la Complutense. Momento en el que muchos docentes vieron peligrar su puesto de trabajo y los alumnos sus carreras universitarias como consecuencia de la subida de tasas.

La Complu en la Calle, defiende un modelo concreto [diferente al modelo anglosajón], que varía según los docentes pero que, sin embargo, confluye en la necesidad de una universidad pública donde “cada uno puede tener una visión de la Universidad diferente pero lo que [les] une es una agresión a la Universidad desde fuera que nos une a todo tipo de colectivos con todas las diferencias que puede haber entre nosotros” (E.3)

Para conocer esta iniciática es necesario retrotraerse a sus comienzos, analizar el cuándo y por qué aparece y su relación con la quiebra de los valores dominantes de la sociedad, es decir, el contexto en el que aparecen. La Complu en la Calle tuvo su origen en octubre de 2012, cuando un profesor de la facultad de Filología, que colaboraba con diferentes movimientos como el 15-M, y tras varios actos fallidos de movilización con otros profesores, “había reuniones en las que estábamos sólo [otro profesor] y yo” (E.1), decidió montar algo individual, más o menos, espontáneo que imitaba a una de las acciones que ya habían llevado a cabo profesores de secundaria, ciclo donde él estuvo trabajando veinte años.

No es casual que este movimiento naciera dentro del marco de las humanidades, en un ámbito amenazado en la actualidad en la esfera educativa y que se identifica con el ideario de la universidad pública tradicional que se está perdiendo, donde el conocimiento no equivale a la productividad y eficiencia del neoliberalismo, sino con la reflexión crítica, y que los coordinadores de esta iniciativa justifican como el lugar idóneo para nacer:

“Lo que es importante es que el conocimiento a veces sea gratuito, inoperantes, arbitrario y que no sirva para nada porque tiene que producirse todo esto para que sea realmente crítico. Y que además, a ese movimiento se han unido profesores de física, medicina, etc […] que sin sus aportaciones no se podría defender la valía de la Universidad” (E.3)

Desde su creación, al igual que el 15-M, las redes personales y sociales, así como, su capital cultural y social han sido muy importantes. Con la ayuda de cuatro o cinco alumnos y un amigo de secundaria que se dedicaba a hacer documentales, se decidió hacer una clase para grabarla y colgarla en “you tube” como forma de protesta ante el recorte de cincuenta millones de euros que la Comunidad de Madrid exigía a la Complutense y que hacía peligrar a la Universidad Pública y el empleo de una proporción relevante de su profesorado. Pero, “la sorpresa fue cuando estos alumnos y sus redes sociales empezaron a difundir y se empezó a crear –de manera para mí todavía inexplicable- una especie de bola de nieve, una cadena asombrosa, los días antes de la clase que hizo que tuviera un éxito mediático impresionante. Fue una casualidad que coincidiera con la huelga de estudiantes. Y ahí, los medios de comunicación […] plantearon la cara más amable, como el profesor que iba a dar clase y no sé qué... Pero, lo más interesante es que tuvo una repercusión, un éxito impresionantes. Además, también, éxito a que fueran aproximadamente unas 150 personas a la clase. Muchos compañeros […] pero, sobre todo, los medios de comunicación: radios, televisiones. Y estuve, si esto fue un miércoles, estuve desde el domingo por la tarde, recibiendo llamadas de la radio para entrevistas, hasta la semana siguiente en la que participé en una tertulia […]”(E.1)

Con esta acción se dieron cuenta que la Universidad, “a pesar de lo que la estaban machacando”, tenía un poder simbólico muy grande a diferencia de otras instituciones como eran los institutos:

“No es lo mismo que salga un profesor de universidad a la calle que un profesor de instituto” (E.1)

Ante el éxito, convocaron una reunión en la Facultad de Filología donde se reunieron quince o veinte profesores de la facultad, casi todos de la plataforma PNP pero, también, consiguieron que se acercara algún otro profesor “algo más pope” (E.1)

Se decidió realizar una salida coordinada, se redactó un manifiesto (rechazo del aumento de tasas, petición de la estabilización del profesorado laboral, financiación suficiente, toma de decisiones al margen de bancos y empresas privadas, etc.) y se decidió que tuviera una estructura descentralizada, es decir, una coordinadora formada por siete personas entre profesores, alumnos y un amigo del movimiento 15-M, apoyados por unos veinticinco profesores. Crearon un blog y una dirección de correo y tomaron la decisión de que tuviera un corte asambleario abierto como el 15-M. Así se utilizan las mismas lógicas: prolongación, renovación y reformulación del ciclo de protesta que recicla discursos y símbolos.

Dentro de la coordinadora, el trabajo se divide “por especialidad”, aunque todos aprendieron a hacer de todo. Un trabajo de inteligencia colectiva “uno hacía y el otro lo mejoraba” (E.2), donde los alumnos han sido algo fundamental aportando mucho trabajo en las redes sociales: “Yo recuerdo que muchas veces que terminábamos hasta con bibliografía […] nos mandábamos bibliografías: “venga léete esto” (E.2). Y se creó una estructura con personas que lideran y coordinan las acciones y que supone una reformulación respecto a otros movimientos sociales con toma de decisiones totalmente asamblearias y que tras el 28 de noviembre de 2012 y para la preparación del 9 de marzo de 2013, ya como Uni en la Calle, se renovaría como movimiento de ámbito autonómico y en el que se crearía un organigrama con una coordinadora general, otra por universidades y otras por facultades o disciplinas que darían cuenta y trasmitirían lo decidido en la coordinadora general. Esto favoreció el reparto de trabajo y dotó a la organización de una red jerárquica en la transmisión de decisiones que favorecía la racionalización de la comunicación y su cobertura en una doble dirección pero sin el peligro de convertir la estructura en una pesada máquina, como ocurría en otros movimientos sociales, y nos comenta una estudiante de la plataforma estudiantil, donde “se tumban las cosas porque alguna asamblea [de facultad] no quiera hacerlo, por lo que algo sencillo, se vuelve muy tedioso” (E.4)

Desde esa primera reunión, se concibió la idea de que fuera creciendo para tener mayor repercusión mediática en el exterior pero, además, sorprendentemente para los organizadores, tuvo una respuesta importante dentro de la comunidad universitaria de la Universidad Complutense, produciéndose una cohesión del profesorado al “encontrar un medio con el que manifestarse y el malestar aumentaba” (E.1)

Unos días antes del 28 de noviembre apenas eran 30 profesores lo que iban a salir a la calle “y la cosa cambio cuando uno de los profesores consiguió que el rectorado mandara un correo a todos los profesores y entonces, fue, ahí, cuando conseguimos un aluvión y toda serie de propuestas de clases” (E.1), teniendo una gran repercusión simbólica con 135 profesores, 100 clases, 9 espacios de la ciudad tomados y diferentes espacios cerrados públicos y privados.

Los actores precarizados, en una misma lucha – a pesar del recelo de algunos compañeros-, al ser una acción fácil-cercana, “minimalista [en sus formas], transparente y sin rojos, ni negros, colores e iconografías que recordarán a partidos políticos y sindicatos” (E.2), ha logrado involucrar a diferentes perfiles dentro del profesorado, aprendizaje del 15-M, en una “performance” considerada por los coordinadores como “definitiva”.

Con divergencias entre facultades y colectivos, La Complu en la Calle ha movilizado sobre todo al profesorado. Aunque, serán “los precarios [los que] tienen más razones para salir, por otro lado, [sin embargo] tienen miedo y dificultades por las represalias” (E.1) basadas en el llamado “control jerárquico” y que se volvió a ver con la Uni en la Calle el 9 de marzo en otras universidades como la Universidad Rey Juan Carlos y la Carlos III, e incluso, en lagunas facultades de la propia Complutense donde prohibieron a su profesorado salir a dar clases.

En cuanto al personal administrativo y de servicio (PAS) es un colectivo con escasa participación dentro de esta iniciativa -a diferencia de lo que pasa en sindicatos y en la plataforma de Trabajadores de la UCM-, con sólo una decena de personas de forma individual. Es una iniciativa, que por su tipo de acción, dificulta la integración al PAS, aunque hay alguna persona de este colectivo que ha participado y que ha dado clases. Es un tipo de protesta que requiere un profesor para dar clases y alumnos que las apoyen.

“Tenía que nacer del profesorado […] pero, incluye a todos porque no solo incluye las reivindicación de derechos laborales sino una Universidad Pública que llegue a todo el mundo pero está claro que todavía nos queda por hacer y queremos corregir para próximas iniciativas” (E.3)

Producción simbólica, como se ha dicho identitaria, y bajo una unión cultural y de valores comunitarios importantes que se transmiten a través de un discurso movilizador que integra a aquellos que están dentro de la comunidad y que tiene su objeto de confrontación fuera de la Universidad.

La Universidad tienen un poder simbólico importante y los profesores son conscientes de ello. Por ello, La Complu en la Calle fue una metáfora que llevaba a salir de los recintos universitarios, abrirse a la sociedad, “mostrar la universidad a la ciudadanía” (E.3). Pero, tras la primera acción individual, no sólo se buscaba una apertura para implicar a la ciudadanía sino que se buscaba crear un sentimiento de pertenencia:

“Más allá de conseguir lo que queríamos, lo importante es contribuir a cambiar la propia dinámica interna de la Universidad. Que uno de pronto empezaba a hablar de otra manera que cada uno de nosotros quería ser parte de algo que merece la pena defender” (E.3)

La Complu en la Calle, antiínstitucional como el movimiento 15-M, es considerada como iniciativa marcadamente política, no partidista pero que plantea la misma disyuntiva que el movimiento 15-M “y que se sigue planteando entre ser militantes, más agresivos, desde el punto de vista político, o ser más “ciudadanista” y hacer unas reivindicaciones que puedan ser apoyadas por una mayor cantidad de población aunque sea menos radicales políticamente” (E.1). La Complu en la Calle pone en discusión los intereses compartidos y la crítica de la desposesión colectiva y que con las diferentes convocatorias y adhesión de nuevos militantes adquiere una identidad más política que en la última convocatoria, ya como la Uni en la Calle, que contiene reivindicaciones claramente más políticasvi.

“No es una iniciativa partidista que intenta englobar a gente que sea de izquierda y de derechas y lo que sea, pero que tenga claro que quiere una universidad pública, independiente y bien financiada” (E.1)

En las asambleas se encuentran estás divergencias y la coordinadora general tiene la labor de poner el punto medio a esa tensión pues “hay trabajadores que salen para mostrar su trabajo como una labor más humanística: como dar clase a gente que no puede ir a clase. Y, hay otros militantes, que lo que quieren es que se dé caña a Wert, al rector, a las autoridades académicas y que quieren que se acentué, el contenido político concreto” (E.1)

Respecto a los sindicatos, también, se tiene un posicionamiento 15-M, aceptando a personas que forman parte del sindicato y enviándoles información, pero sin que exista una vinculación institucional pues La Complu en la Calle se define como una iniciativa de base.

“Se eligió en asamblea que no queremos que se nos confunda con cierta línea que se ha ido llevando a cabo. Además, en este tiempo, el sindicato ha sido desprestigiado y no tenemos porqué cargar con este desprestigio y desconfianza” (E.2)

A pesar de que algunos de los profesores pertenecientes a esta iniciativa están sindicados, existe una sensación de que no se les necesita por lo que en las clases, en las calles, se pide que no haya ni una sola bandera sindical. Aunque se permita a estas organizaciones difundir la iniciativa, al igual que al rectorado, ninguno de los dos instituciones son parte de ella pues “hasta ahora han tenido poca eficacia y nadie ha querido dar una clase en un sindicato” (E.2) que muestre cierta vinculación.

En cuanto al impacto en las políticas e instituciones universitarias, la repercusión de La Complu en la Calle del 28 de noviembre supuso un efecto llamada para el resto de las comunidades universitarias regionales y nacionales: materializándose en una convocatoria de ámbito autonómico, La Uni en la Calle del día 9 de marzo y en una posible convocatoria nacional que se ha trasladado de mayo a octubre debido al tremendo cansancio y costes personales y profesionales que ha supuesto la acumulación de las dos salidas.

Respecto al rectorado de la Universidad Complutense, su relación con el mismo es ambivalente. Si mucho del éxito de la iniciativa se basa en la distribución de la convocatoria por parte del rectorado que llegó a la totalidad del profesorado y aumentó el número de adhesiones para impartir clases, también, tuvo efectos perniciosos que se intensificaron con la presencia del rector en el acto final de la jornada del 28 de noviembre y la aparición de la iniciativa en la web oficial de la universidad. Foco sobre el rectorado, que con el paso a La Uni en la Calle, se diluyó aunque sin perder la perspectiva de cuáles eran los rectorados que estaban apoyando, o no, la iniciativa.

“Cuando una acción se le apropia el poder se le quita su potencial” (E.3)

“¿Qué el rectorado se puede aprovechar de ello? Pues, a ver, si se puede aprovechar de ello ante la Comunidad de Madrid… Pero, no queremos entrar en política intra UCM” (E.1)

En relación a la Comunidad de Madrid, causante de recortes y asfixia de las universidades públicas madrileñas y sobre todo de la Complutense, con La Complu en la Calle no han tenido ningún problema, según la coordinadora, esto tiene que ver con ser un movimiento muy democrático. Sin embargo el 9 de marzo, a diferencia del 28 de noviembre, la policía tomó los datos de las personas que eran responsables de cada una de las plazas donde se daban clases: la orden que tenían era que en caso de que las clases molestarán algún vecino, se multara al responsable del lugar. Hecho que movilizó a las coordinadoras que se pusieron en marcha para buscar asesoramiento legal entre los colaboradores de la iniciativa y se planteara una posible caja que pudiera subsanar cuestiones como estás que pudieran encontrarse en el futuro.

Con cada nueva acción aumenta no sólo el número de participantes, el eco de los medios de comunicación, sino su carácter político y, con ello, aumentaba el acoso policial orquestado por parte de las autoridades políticas que, en ese momento, estaban reelaborando el Plan de Ordenación Urbanística del Ayuntamiento de Madrid donde se revisaba el uso de las calles y espacios públicos por parte de huelguistas, manifestantes y otros colectivo.

“La iniciativa no va a conseguir nada desde el punto de vista político directo. En la asamblea realizada tras el 28 de noviembre se decidió hacer La Uni en la Calle y pequeñas acciones puntuales. La primera, La Uni en la Calle, serviría para salir en los medios de comunicación pero, la segunda, las acciones puntuales servían para que “los profesores [se] acostum[bren] a apoyos de base, como una clase en Celenque, para apoyar a los desahuciados de Bankia, una clase en Alcorcón para explicar que es Eurovegas y otras, menos políticas como una clase de medicina. Por ahora, sólo se ha realizado una clase de una profesora en Lavapies” (E.1)

Por último, ese repertorio de acciones, también supone para las personas implicadas un desgaste importante, sobre todo para aquellas que forman parte las diferentes coordinadoras y, muy en especial, para las personas que forman parte de la coordinadora general de la Complutense y que les llevo, como se ha apuntado anteriormente, tomar la decisión de reorganizar el organigrama diversificando la coordinación.

“El inconveniente es una iniciativa insensible desde el punto de vista de esfuerzo, personal y eso que desde la Uni en la Calle lo hemos diluido y hemos conseguido hacer grupos de coordinación y eso hace que lo llevemos mejor que en la primera iniciativa que terminamos con problemas familiares, de trabajo, trabajo atrasado que fue un poco como un terremoto que nos descolocó la vida durante un mes […] pero claro, no se puede hacer eso durante tres meses porque claro…. Llega un momento que te descoloca la vida por eso para esta iniciativa hubo un momento que nos lo pensamos mucho y dijimos o lo hacemos de otra manera o no lo podemos hacer” (E.1)

Las implicaciones en las condiciones de trabajo y vida de los participantes es desigual. Si para el profesorado y alumnado que sólo va a impartir o ver una clase no tiene especial incidencia en la vida profesional y personal; sin embargo, para aquellos que participan en la coordinadora tiene fuertes repercusiones. El trabajo del profesorado docente-investigador es un trabajo extenuante que requiere un grado de concentración, esfuerzo y responsabilidad, que no es entendida fuera del colectivo ni siquiera por aquellos que conviven con ellos, y que se intensifica con su participación en la iniciativa.

“La gente no entiende la dureza psicológica, incluso la gente que está a tu lado no lo entiende” (E.1)

De ahí, que se justifique, desde los iguales, la escasa movilización que tiene el colectivo del PDI y la dificultad, ya difuminada, de discernir entre trabajo y ocio:

“Los profesores de la universidad no se movilizan pero hay que entender que el perfil de un investigador –yo soy especialista en medieval y diferencian entre la vida activa y la vida contemplativa, que no deja de ser muy medieval pero que tiene su punto de sabiduría-, y… la persona que está con su mente en un problema científico, en una cosa de física, química o de no sé qué [...] y tú, cuando estás en eso es que te hablan y es que ni escuchas y es que cuando te obligan a salir de eso, es que te han machacado” (E.1)

Mantener el trabajo intelectual y compaginarlo con la militancia o la gestión es complicado pues requiere capacidades muy diferentes, una de concentración y, la otra, “un manejo de la dispersión”, de ahí el desgaste que sufren los profesores por el método docente al que se dirige la universidad:

“Es como si aún corredor de 100 metros le obligan a correr la maratón pues sus músculos no están entrenados para correr una maratón y viceversa. Y nos tienen machacados, yo creo que la mayor parte de los profesores están machacados por eso” (E.1)

Ante la intensificación del trabajo y cambio de paradigma en la actividad universitaria, la militancia se vuelve un escollo mayor para la conciliación de la vida laboral, personal y familiar: inflación de correos diarios, redes sociales, etc. La confusión entre la vida personal y laboral, hace que el ocio se enrede con el trabajo en esa llamada vocación, símbolo de estatus, donde el disfrutar es compaginar ocio y trabajo. Y, donde la militancia, mientras absorbe el espacio personal y el resto del tiempo de la vida familiar que la agota, se convierte en una cuestión de opciones que se tienen que sopesar para no terminar con el espacio profesional o familiar.

“Mi mujer está hasta las narices […] cuando te dedicas a la militancia, sacrificas muchas cosas, por eso entiendo a la gente que no lo hace. Casi, casi, hasta la admiro […] hay momentos que me gustaría dejarlo pero, claro, luego pasa lo que está pasando y dices… “pero como me voy… pero es que nos están dando por todos lados. Hay que seguir” Pero, es que hay momentos... que digo, pero es que me come, pero es que me está matando. Sinceramente, porque a mí lo que me gusta, cuando cojo y consigo sacar una mañana para ponerme a trabajar, es que disfruto que no te lo puedes imaginar. Pero claro, una mañana y luego hasta no sabes cuándo, con lo cual otra vez te tienes que volver a meter y al final de mañana… otra media mañana y todo ese rollo” (E.1)

Para el profesor “su ocio y su tiempo libre es lo que le gusta, su tiempo libre es leer a Kant […] El trabajo y el tiempo libre se mezclan” (E.2), por lo que, también, la militancia puede fortalecer la pareja que comienza a compartir un tiempo que antes estaba ocupado por ese ocio vocacional del docente-investigador, pero que, sin embargo, relega aún más a amistades y familiares que no forman parte de la iniciativa.

“Mi pareja ha pasado de no hacer nada a hacer pancartas pero existe más estrés…Ves menos a los amigos y a la familia” (E.2)

Costes profesionales-personales y familiares, trabajo como un todo, que, como se ha mostrado, aparecen en las diferentes dimensiones de la vida, y que hacen de la militancia un lujo difícil de soportar en lo familiar y profesiobal:

“No hemos podido hacer un Congreso que teníamos y hacíamos con mucha ilusión, seminarios, viajes… […] Mi padre en el hospital y yo no estaba allí porque estaba en una reunión […] Porque no has hecho la compra, porque no estoy en una asamblea, eso no es una excusa” (E.2)

“Si pero porque yo soy un friki de la investigación y llevo un año investigando poquísimo y para mí eso me supone un problema importantísimo, vaya. Y no lo necesito para el currículum. Lo necesito porque me gusta porque para mí es como si me faltara algo. A mí, me ha supuesto un sacrificio importante pero también ha supuesto en dormir por las noches, empezar a tener conciencia de una serie de cosas. Desprenderme de una serie de tics egoístas que uno sigue conservando al pensar «Bueno, si consigo salvar lo mío»” (E.3)
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