Resumen Frente al discurso conservador, se han adscrito diferentes movimientos sociales que han tenido como punto de inflexión el movimiento 15-m y que han generado,






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fecha de publicación02.08.2017
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Grupo 7 Sociología del Trabajo

Coordina: Miguel Ángel García Calavia (Universidad de Valencia)

LA COMPLU EN… MOVIMIENTO: PRECARIOS Y “ESTABLES” FRENTE A LA DEGRADACIÓN DE LAS CONDICIONES DE TRABAJO Y VIDA EN LA EDUCACIÓN PÚBLICA UNIVERSITARIA.

María José Díaz Santiago

Universidad Complutense de Madrid

Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales

Sección III de Sociología (Educación y Estructura Social), Despacho 105

C.P. 28223, Pozuelo de Alarcón, campus de Somosaguas, Madrid (Spain).

Correo electrónico: mjdiaz@cps.ucm.es

Teléfono: 616202814

Abstract /resumen

Frente al discurso conservador, se han adscrito diferentes movimientos sociales que han tenido como punto de inflexión el movimiento 15-M y que han generado, como diría Bourdieu, “nuevas formas de expresión” que han permitido la comunicación no sólo con aquellas personas que pertenecen a la Universidad Pública sino, también, con otros grupos que, como ellos, ven cómo se amplía la brecha de las desigualdades sociales.

Diferentes iniciativas coordinadas de trabajadores y trabajadoras, surgen en la Universidad Pública como “fuente de esperanza” ante la emergencia de una resistencia, que surgida desde los más desfavorecidos, involucra a diferentes perfiles en una acción política que aúna esfuerzos.

Esta propuesta reflexiona, a través del caso de la iniciativa La Complu en la Calle, sobre la defensa colectiva a favor de la Universidad Pública y contra la pauperización de las condiciones de trabajo y vida de las personas que trabajan en ella.

Palabras clave: movimientos sociales, universidad pública, condiciones de trabajo, condiciones de vida, obrero colectivo.

1. Introducción

En el último año han surgido diferentes movimientos sociales que vieron en el 15-M un punto de inflexión, «nuevas formas de expresión» que, como diría Bourdieu (2009), han permitido la comunicación entre aquellos grupos que ven como se amplían las brechas de las desigualdades sociales.

La Universidad Pública española, al igual que ha ocurrido en otros países europeos, se ha relacionado con estos movimientos aportando su capital cultural para enfrentarse a un ataque ideológico y práctica política neoliberal que se está traduciendo en una degradación de las condiciones de trabajo y vida de buena parte de la comunidad universitaria. «Movimiento sociales […] [que, sin embargo,] proporcionan pautas significativas para potenciales transformaciones futuras» (Giddens, 2001, p. 148).

Esta ponencia reflexiona, a través del caso de la Universidad Complutense de Madrid, sobre la lucha contra la pauperización de las condiciones de trabajo y vida de las personas que trabajan en la universidad pública y las respuestas colectivas, por parte del profesorado, surgidas en torno a la defensa de los derechos laborales y de empleo de la comunidad universitaria. Los objetivos específicos son conocer el contextos en el que se articulan estas luchas; las respuestas colectivas como movimiento social obrero; así como, analizar los motivos por lo que uno de esos movimientos, la Complu en la Calle, ha conseguido traspasar las fronteras de la Universidad Complutense y aglutinar al profesorado en una situación laboral precaria y a funcionarios en un mismo movimiento.

En este sentido es necesario conocer, no sólo, qué es lo que aniquila la lógica ciudadana y el progreso social (García, 2008) a través del sentimiento de inutilidad de las reivindicaciones del discurso dominante, sino, sobre todo, lo que suma y moviliza a las personas que están afectadas.

La metodología se basa, fundamentalmente, en la utilización de técnicas como la observación participante, la revisión documental y bibliográfica de carácter científico y divulgativo, así como, de otros medios; la utilización de datos cuantitativos, de carácter secundario, e información de carácter cualitativo de orden primario como la entrevista abierta o semiestructurada en profundidad.

Esta ponencia da cuenta de un estudio, todavía de carácter exploratorio, que se está llevando a cabo sobre la precarización de las condiciones laborales de la universidad pública por lo que en estas páginas se aporta parte del análisis del trabajo de campo realizado hasta la fecha sobre las reivindicaciones surgidas en su defensa.

En el momento de enviar esta ponencia se han realizado, dentro del conjunto de la investigación, dieciséis entrevistas. De las cuales, siete, una de ellas en grupo, están focalizadas principalmente en los objetivos marcados en esta comunicación.

2. Los hijos de la Universidad Públicai. Capital cultural degradado en el activismo universitario del 15-M

En la última década se ha producido una activación de las movilizaciones y acciones colectivas debido al mayor número de protestas, sobre todo en los países más castigados por la crisis. En España, al igual que en el resto de países europeos, se han producido movilizaciones en contra de la guerra de Irak, las reformas laborales, los recortes en sanidad y educación pública…, que se comprenden dentro de esa gran pluralidad existente en la actualidad de movimientos sociales obreros, feministas, ecologistas, vecinales, urbanos y de okupación, pacifistas, de cooperación, LGTBQ, antirracistas, etc.

Los movimientos sociales se encuentran en transformación, articulando nuevas fórmulas de protestas sociales pacíficas, como ya hicieron los movimientos feministas, con la intención de influir en la agenda política a corto y medio plazo. Como explica Luis Enrique Alonso, para los movimientos sociales juveniles, los jóvenes - pero, también, se podría decir para los no tan jóvenesii-, protestan contra el sometimiento de la política y la sociedad a los dictados del mercado y de la economía neoliberal, que están suponiendo una pérdida de derechos democráticos y sociales que lastran su futuro y se han acercado al movimiento de los indignados y del 15-M, que se perfilan como una especie de regeneracionismo comunitarista, asamblearia y popular que trata de representar una ciudadanía "auténtica", con intereses generales unificados y radicalmente diferentes a los que tienen los poderes financieros y políticos sumisos (Alonso, 2012a). «Movimientos sociales [que] permiten vislumbrar futuros posibles y [que] son en parte vehículos para su realización» (Giddens, 2001, p.151), a los que seguramente se podría llegar, tal vez, de otra manera, pero que son fundamentales para aumentar la conciencia ciudadana, en un momento, de crisis, donde el discurso dominante tiene eco y un canal asegurado en los medios de comunicación, que están concentrados en unas pocas manos y siguen los designios de aquél que ostenta el poder (Gaupp-Berghausen,2012).

«Los devastadores efectos sobre las condiciones laborales y los proyectos de vida […] que ha supuesto la última crisis financiera han producido cambios significativos en las expresiones del conflicto social contemporáneo, así como, novedades en las formas de movilización social» (Alonso, 2012b, p.4). Acciones cívicas que podrían ser parte continuación, parte reformulación y parte renovación del ciclo de protestas anterior que han ido cambiando y transformarse según la urgencia de la respuestas política. Son movimientos sociales que desafían a los mercados y sus políticas neoliberales a través de la resistencia social. Así, el movimiento 15-M recicla sus materiales discursivos y simbólicos, de los diversos movimientos antiglobalización, trasladándolos al ámbito local y que se imprime en la práctica a través de la recuperación de la asamblea directa, cercana a los barrios y a una tendencia de ocupación y asentamiento de espacios públicos (Alonso, 2012b).

Para Noam Chosmky, “las movilizaciones del 15M son una ilustración inspiradora que muestra qué es lo que puede y debe hacerse para no continuar la marcha que nos está llevando a un abismo, a un mundo que debería horrorizar a todas las personas decentes, que será incluso más opresivo que la realidad existente hoy en día” (Navarro, 2011).

El 15-M ha sido uno de los movimientos inspiradores de los movimientos Occupy norteamericano y británico que recoge a la clase media desposeida ( Fernández,2012; Heikkilä, 2012) y la raíz de movimientos locales, dentro del panorama nacional, como los surgidos en la Universidad: La Complu en la Calle, Plataforma de Trabajadores UCM, etc.

Muchos de los miembros del 15-M, anteriormente participaron en los movimientos estudiantiles anti-bolonia y, ahora, forman parte de las diferentes plataformas e iniciativas universitarias como La Complu en la Calle.

Con una estructura horizontal y asamblearia. El 15-M nace bajo un discurso identitario multiplicador que intenta acoger a aquellas personas no movilizadas, que acopiarán los movimientos sociales universitarios. Para Alonso «el sujeto imaginario que unifica la movilización es el precariado […] esto es, ese conjunto de jóvenes cualificados cuyas inversiones educativas han quedado desvalorizadas radicalmente por el empleo, el subempleo o el malempleo generalizado y sin perspectivas razonables de mejora» (Alonso, 2012b, p. 5) y que se oponen a la mercantilización y recorte tardocapitalista de lo público y que les lleva a la pauperización de sus condiciones laborales y sociales.

Estos críticos, hijos de la universidad pública en su mayor parte, estos indignados,iiiposeen una retórica contrainstitucional, antimercantilista y comunitarista que difunden fácilmente a través de las redes sociales, que usan para comunicar y visibilizar la precarización, y que ha sabido no dejar indiferente a nadie, tampoco a los medios de comunicacióniv.

3. La colectivización de los movimientos sociales universitarios fuera del movimiento obrero tradicional

El movimiento obrero puede ser considerado como el movimiento social por excelencia, sobre todo, para aquellos que han asociado modernidad y capitalismo, y aunque para sus detractores sólo tuvo impacto en las primeras fases de la sociedad industrial. Sin embargo, no cabe duda, que el sistema de clases y su lucha son importantes actualmente a pesar de la existencia de otras iniciativas que antes estaban aglutinados dentro del movimiento obrero tradicional (Giddens, 2001)

La aparición en el último año de diferentes iniciativas dentro de la Universidad Complutense y la separación de estos movimientos sociales universitarios de sus representantes legales puede reflejar esa elevada conciencia de «los riesgos de graves consecuencias que trae consigo el desarrollo industrial, sea o no organizado, bajo los auspicios del capitalismo» (Giddens, 2001, p. 151)

En la Universidad Complutense sigue habiendo una tradición sindical relevante respecto a otras universidades más recientes. Existen numerosas secciones sindicales, cinco en el Comité de Empresa, que actualmente, gozan de cierta serenidad entre ellos, como reconocen, y al que se les une, al menos, cinco plataformas importantes dentro de la comunidad universitaria.

En relación a estas últimas, por un lado, existe un grupo de plataformas que defienden los derechos y condiciones laborales de trabajadores y trabajadoras de la universidad, cada una de estas tres, defiende los intereses específicos del colectivo que representan: la Plataforma de Profesorado No Permanente que engloba a Contratados doctores, Ayudantes doctores, Titulares Interinos y Asociados con trayectoria académica; La Plataforma de Trabajadores de la UCM que integra a personal de administración y servicios (PAS) y profesorado docente e investigador (PDI); Y la Plataforma del PDI que acoge exclusivamente a docentes e investigadores. Por otro lado, destacan dos iniciativas en defensa de la Universidad Pública: la Plataforma de estudiantes, que defienden sus derechos como colectivo a una educación de calidad y en igualdad de oportunidades, y La Complu en La Calle que defiende, también, una Universidad Pública independiente, con autonomía, crítica y que intenta atraer a toda la comunidad universitaria.

Movimientos que se encuentran en una continua transformación, uniones y separaciones de colectivos, buscando su especificidad y un posicionamiento concreto. Como por ejemplo, la Plataforma de PDI, de la que luego se escindió la plataforma de Profesorado No permanente (PNP) y que participa en La Uni en la Calle, dentro de sus coordinadoras y sus diferentes performance.

Estos movimientos universitarios nacidos al albor y la lógica del 15-M, en su mayor parte, comenzaron a surgir a mediados y finales del año 2012 como la plataforma de PNP, la de trabajadores UCM y La Complu en la Calle, entre otras, que influidos por el espíritu del 15-M, y en defensa de sus derechos laborales y autonomía universitaria, se definen como antiinstitucionales y asamblearios.

Con un discurso que no es antisindical, sin embargo, son muchas las críticas que dirigen a los sindicatos de clases (aprovechamiento de privilegios, lentitud y mala organización y arcaísmo en las lucha, etc.) pero a los que reconocen su papel como actor social en la negociación colectiva que defiende los derechos laborales y estabilidad de la plantilla. Este reconocimiento está, sobre todo presente, en la plataforma de trabajadores de la UCM, donde hay un gran número de trabajadores del personal de administración y servicios: el colectivo más sindicalizado en esta universidad.

Ante la complicada situación actual en la universidad, una de las cuestiones, que une a plataformas con los dos sindicatos mayoritarios, es la poca firmeza mostrada por el Rectorado ante las políticas de la Comunidad de Madrid y la connivencia con los recortes en el capítulo 1 de los Presupuestos sobre gastos en personal, sin buscar otra alternativa. En este sentido fue crucial el fracaso en las negociaciones entre el sindicato y el rectorado, en junio de 2012.

“Me hubiera gustaría que el rector dijera: esto lo tengo que defender […] Ha vendido su alma al diablo […] Optar salvar a la universidad a costa de los trabajadores […] se le voto para reorganizar la universidad pero no así. Repensar la Universidad es bueno, como se puede ver en el informe de los expertos, pero hay que pensar, buscar más fondos, dar salida a los edificios. En esa línea no sobran títulos… No se ha hecho… y, evidentemente, la masa social que le voto va a ser muy difícil que lo haga” (E.5)

Pero si les une su posicionamiento respecto al rectorado y la Comunidad de Madrid, sin embargo, la pérdida de confianza por parte de la comunidad universitaria en los discursos y acciones sindicales, marca el distanciamiento de las plataformas respecto a los sindicatos. Pérdida de confianza en las secciones sindicales universitarias que, por una parte, y a la estela de sus sindicatos de clase, adolecen en comunicación y acción social efectiva. Y que, por otra, se enraízan en la dificultad de negociación por la disparidad de perfiles dentro de la comunidad universitaria que tienen condiciones laborales y necesidades muy diferentes.

Al igual que en muchas organizaciones actuales, una adecuada comunicación es una de las fallas del sindicato con sus representados y demás trabajadores. Falta de información, rapidez y calidad de los comunicados son objeto de parte de las críticas que llegan al Comité de Empresa. Para el representante del Comité de Empresa entrevistado, este problema de comunicación es difícil de solucionar cuando los recursos son limitados y la información cambiante. Sin embargo, se espera constantemente debido a la facilidad que otorgan las nuevas tecnologías y convirtiendo a la comunicación y a la información en un arma de doble filo que estresa al emisor y receptor.

“Hemos recibido siempre muchas quejas, de mayor información, de nuestros afiliados y plataformas […] pero es que a veces no hay nada. A veces, no había más información de la que se daba. Nos reuníamos más de cuatro horas y la conclusión no era nada […] es verdad que podíamos haber dicho… “nada” pero… Además, había reuniones en que a veces no tenías claro qué… Sobre la rapidez o no es un debate sin fin […] Se quejan de que quieren más información… Muchos no estamos liberados y llegamos hasta donde llegamos […] Articular lo que quiere la gente no es sencillo. Hay una sensación de que lo que quiere la gente no llega. La gente cada vez es menos receptiva […]. Si haces un comunicado de una página, es simplista, y si lo haces de tres, la gente no se lo lee […] La gente de derechas lo ha hecho muy bien con mensajes cortos y simples: «Sindicalistas vagos»” (E.5)

La confianza en los sindicatos se ha quebrado y, tras el 15-M, muchos movimientos sociales dicen abiertamente no sentirse representados por partidos y sindicatos; de ahí, su contestación y organización. Para el entrevistado anterior, esa pérdida de confianza en los sindicatos es, por un lado, responsabilidad del propio sindicato que no ha sabido llegar a la gente y hacerles entender que “como en el caso de las pensiones, es esto o algo peor” (E.5), y, por otro, de la campaña de descrédito que se ha realizado sobre ellos, como por ejemplo, ha ocurrido con los liberados y que es resultado de que haya calado el discurso dominante antisindical.

“Escuchar a gente de izquierda comentarios que veían, podías ver en Libertad Digital […] Todo el mundo conoce un liberado que… Yo conozco a muchos, no sé… conozco muchísimos casos con costes personales. Hay gente que quiere otro modelo pero me cuesta muchísimo pensar que sin representación… Lo que veo es que al final hay cien aquí, otros cien aquí y no hacemos nada […] Esta universidad tiene 10.000 trabajadores y no podemos hacer una asamblea para 10.000. Además, no es fácil […] Yo creo que algunas de las cosas que se decían eran injustas, hay gente del Comité de Empresa que también está afectada” (E.5)

Por otro lado, como anteriormente se ha adelantado, la falta de acción implacable, la inmovilidad, anacronismo o lentitud en sus acciones, son otras de las cuestiones que se critican por parte de algunos colectivos como la plataforma de estudiantes y las plataformas de trabajadores de la UCM:

“Los sindicatos son interlocutores fundamentales, desempeñan una función importante, pero, es verdad, que en estos tiempos, sus vías de actuación, de respuestas a las situaciones de injusticia, los tipos de protestas que estamos sufriendo adolecen de un cierto anacronismo, han dejado de ser funcionales, han dejado de ser operativos y no…. Y no por nada existe el mismo divorcio entre políticos y ciudadanos, como entre trabajadores y sindicatos, porque de alguna manera ya tampoco los trabajadores se sienten representados por sus representantes por muchas razones, muchas razones… sobre todo por esas, las formas de respuesta ya no son operativas, por ejemplo, en el colectivo de la universidad que pueden ofrecer los sindicatos como mecanismos de negociación, pues una huelga de unos días contados, dejas de ir a trabajar, eso para una persona que tenga dos dedos de frente no sirve para nada” (E.3)

Algo que rebate el representante sindical, pues en relación a las huelgas, para él “hay una parte de la población que se ha vuelto muy cómoda [y en la Universidad] pasa mucho eso. No sé si hay cierto conformismo o el que no se puede hacer otra cosa ha calado” (E.5). Personas que piensan que no se les puede tocar, que legitiman ese discurso de inmovilismo del “no se va a conseguir nada”, del miedo o la pérdida del jornal del día.

Comodidad o conformismo que, sin embargo, también, aprecia la representante de la Plataforma de Trabajadores de la UCM, “casi el grueso de trabajadores y estudiantes no tenemos una cultura de movilizaciones […], comodidad… tenemos vidas muy estructuradas que cuando te sacan… […] Ahora mismo hay una desesperanza… Conseguir cosas son años […] yo creo que la gente piensa: “pero, si no se puede hacer nada”. Son muchas cosas. Nos movemos cuando ya está hecho. El recorte salarial casi, casi, se ha aceptado, si no hay una respuesta contundente es que se está aceptando.” (E.6)

Existe una sensación, casi generalizada, de dificultad en concienciar a la gente de que “si se puede”, que salpica a todos los movimientos, pero que se visibiliza sobre todo respecto a los sindicatos:

“Aquí hay gente que tiene trabajo porque lo hemos peleado y no sale. No sé por qué no cala […] La gente cree que no hacemos nada los sindicatos pero los empresarios no nos quieren… […] será por algo. En organizaciones donde los sindicatos son fuertes se hacen menos cosas contra los trabajadores, la unión los protege” (E.5)

Además, si se puede hacer una crítica al sindicato de pecar de exceso de burocratización -dado quizás por su tamaño-, también hay que tratar sobre los condicionantes legales a los que se ve inmerso constantemente, donde las acciones obreras, sobre todo las más tradicionales, como las huelgas y manifestaciones, se encuentran cada vez más reguladas.

“No p[odemos] plantear una huelga de un día para otro. En España, es ilegal, que parece que no sabemos transmitir eso […] En 2012, hemos hecho el mayor número de movilizaciones en la historia de la universidad […] Creo que no ha habido ninguna universidad con más movilizaciones” (E.5)

Otras de las cuestiones, que incide en esa falta de confianza en los sindicatos universitarios, como se ha apuntado anteriormente, tienen que ver con la diversidad de perfiles profesionales existentes: donde el PDI y PAS no parten de las mismas condiciones laborales ni estatus como colectivo y donde dentro de cada categoría existen condiciones de trabajo muy diferentes que pasan de la máxima estabilidad, como el personal funcionarial, a la mayor precariedad y temporalidad laboral.

Si los sindicatos generan abundantes críticas, también, éstas, llegan al resto de movimientos sociales. Si por un lado, se considera que supone una forma de acción política que se adapta mejor a unos cambios cada vez más rápidos; por otro, se consideran parte de la dispersión de la lucha obrera.

“Tú haces una asamblea general y no aparecen profesores, no van. Hay profesores que están en la Plataforma de Profesores No Permanentes y están afiliados pues… ¡Joe! ¿Por qué no me has llamado?” (E.5)

Distintas plataformas, que para el representante del Comité de Empresa, tienen una parte positiva porque manifiestan un descontento pero en las que se debe de tener en cuenta que son organizaciones muy diferentes a las sindicales. Siendo los sindicatos los legítimos representantes de los trabajadores por delegación de voto. Y que centra las cautelas del Comité de Empresa de la Complutense en cuanto a la unión de fuerzas entre sindicatos y el resto de movimientos sociales obreros universitarios, que sin embargo, ya existen en otras universidades como la plataforma de trabajadores de la Universidad Autónoma de Madrid, que integra a los sindicatos:

“Esto tiene su parte buena pero, también, esto de ir como plataforma y ser del sindicato y, no decir, que se es del sindicato… me parece un poco raro” (E.5)

A lo largo de este apartado, se ha ido vislumbrando como el discurso dominante y la nueva legislación, cada vez más restrictiva, incide en la incapacidad de los movimientos sociales obreros que no sólo tiene efecto en las formas de movilización sino, también, en los costes personales de aquellas personas que están implicadas.

Costes personales muy altos, tanto para las personas que están en los sindicatos, y que cuentan con menos personal liberado debido a su regulación, por parte de la Comunidad de Madrid en este caso, como para las personas que forman parte de las distintas plataformas. Altos, sobre todo, cuando ya de por sí, sus condiciones ya son difíciles, y que un análisis desde la perspectiva de género, además mostraría la disparidad y divergencia de situaciones que complican la defensa de los derechos laborales y que implica al círculo familiar y de amistades, como se desarrollará en el siguiente apartado con más detalle, para la iniciativa de La Complu en la Calle, y que aquí, sintetizamos con la solución que tomó una de las entrevistadas ante la responsabilidad de cuidado de su hija y las necesidades que conlleva participar en las movilizaciones.

“Me he traído a la pequeña con un letrero de «Estamos en huelga»” (E.5)
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