Modelo lingüístico. El análisis componencial. El análisis de rasgos distintivos






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Clasificaciones jerarquizadas. Las taxonomías etnobotánicas y otras. La organización interna de las categorías se complementa con una organización externa o intercategorial definida por relaciones de inclusión en la que se distinguen varios niveles o rangos. “Cuadrúpedo” y “animal” son de rango superior a “perro”, “mastín” lo es de rango inferior. Lo que se constata es que los posibles términos usados para una cosa no son equivalentes y la relación entre ellos está jerarquizada. Pero tal jerarquía no se refiere sólo o tanto al orden de inclusión entre ellos, de modo que “animal” incluye a “cuadrúpedo”, éste incluye a “perro” y éste a su vez incluye a “mastín”, sino que más probablemente se usará uno de esos términos, el de “perro”, que los otros supraordenados o subordinados a él, y esta categoría parece tener un status privilegiado respecto a las otras. La cuestión de fondo es cómo y por qué los seres humanos ordenan el mundo en torno y proporcionan categorías para hacerlo que resultan en una clasificación.
Y una cuestión primera y fundamental una vez más es si se trata o no de diferenciaciones, niveles y rangos, arbitrariamente establecidos, dicho de otra manera, cual sea su validez sicológica.
La cuestión esencial consiste en determinar cómo y por qué los seres humanos ordenan su entorno, utilizando para ello esquemas categoriales y otras formas de clasificación. Se trata también de establecer el valor de las diferenciaciones, niveles y rasgos establecidos, así como sus relaciones con factores psicológicos.
Los rangos. En distintas culturas pueden aparecer más niveles o rangos pero se entiende que son desarrollos, por lo que se considera que cinco (o seis) es el universal mínimo. Nivel 0 – Inicial único. Se le denomina “inicial único” porque inicia la clasificación y es taxón único. Por ejemplo, “planta” o “animal”. El hecho de que en una lengua no exista un término equivalente a “planta”, no significa que no piensen en esa categoría, que se formula entonces por medio de frases descriptivas o reseñando los rasgos morfológicos de los especimenes que se incluyen en este ámbito. Nivel 1 – Formas de vida. Se les designa por términos primarios. Además son diversos en extensión, algunos incluyen numerosos tipos o tros muy pocos. Y generalmente son definidos por la forma del tronco o el tallo de la planta. Esta diferenciación parece tener base perceptiva, una discontinuidad o diferencia obvia. Nivel 2 – Géneros. Se formula como el tipo más concreto de ser biológico (planta o animal) que puede ser reconocido de forma intuitiva, es decir, sin un análisis “científico”. Los criterios de su determinación son: llevan nombre y son lexemas primarios; la mayoría de ellos están incluidos en alguna de las formas de vida, aunque no todos; la mayoría son monotípicos, o sea, son terminales, no incluyen taxa de rango inferior, pero no todos son monotípicos. Nivel 3 – específicos, y 4 – variedades. Generalmente se dan en conjuntos de dos o tres taxa y es raro que sean más de seis e invariablemente se trata de organismos de cierta importancia cultural. “maíz diente de burro”, “maíz de palomitas”, “maíz de pienso”, maíz tempranillo”.
El modelo de rangos taxonómicos fue después aplicado a dominios no biológicos por C. Brown y otros (1976) y en concreto a herramientas, automóviles, espíritus Thai y vehículos para invierno en Finlandia con conclusiones similares, tales como que las taxonomías no biológicas raramente pasan de un máximo de cinco niveles, que de ellos las formas de vida y los genéricos llevan lexemas primarios, los específicos y las variedades llevan lexemas secundarios, que el número de formas de vida es reducido y que suelen darse genéricos no afiliados que a menudo presentan “peculiaridades morfológicas”. Esta extensión de su aplicación ha fortalecido al modelo.
El caso de los intermedios (y también en buena medida del inicial único) es bien adecuado para un primer punto de discusión. Si se postula su existencia, el número de niveles se incrementa y se modifica en parte el conjunto cuyo diseño general como universal aparece entonces bastante inestable. Pero la cuestión remite más bien a una razonable desconfianza hacia el procedimiento de reconocimiento de las categorías.
Los trabajos de Berlin y otros sobre la clasificación de plantas tzeltal, ampliados más tarde a otras culturas, mostraron que la clasificación folk de las plantas aparecen cinco o seis niveles o rangos. Les dieron las siguientes denominaciones, ordenándolos según el grado de inclusión de los mismos: inicial único, formas de vida (planta o animal), géneros (Conklin los denomina categorías básicas), específicos y variedades. Frente a ésta, la clasificación de la Biología moderna alude al menos a doce: reino, subreino, phylum, subphylum, clase, subclase, superorden, orden, familia, subfamila, género y especie.
Las categorías son reconocibles por medio de las claves del lenguaje. Boas y Sapir consideraban que la categorización reflejaba en el lenguaje es en gran medida inconsciente. Algunas formas de reconocer las categorizaciones: maneras de referirse (flor, pájaro,…), congruencia gramatical, estructura morfológica, uso de frases, léxico. En todo caso, el desvelamiento de las categorías debería ser resultado de análisis de contextos etnográficos, no tan sólo resultado de la aplicación de test o del registro de lexemas y expresiones lingüísticas.

Discusión sobre el sistema de rangos. Las cuestiones de reconocimiento de categorías son ya complicadas, pero los problemas principales del sistema de rangos son tres, a saber: que no sea universal o bien que no sea general, que no conste de cinco rangos y que no sea un sistema.
Problemas: universalidad o generalidad, diversidad (al menos cinco rangos) y carácter sistemático.
En cuanto a la universalidad, parecen bastar para fundamentar tal pretensión los estudios transculturales llevados a cabo por Berlin y sus colaboradores (Berlin, 1992) con un análisis de más de 300 taxonomías biológicas folk pertenecientes a otras tantas culturas, que suponen una muestra digna de consideración. Lo que esto puede querer significar es aún más pretencioso y apunta a la existencia de una capacidad innata en los seres humanos para reconocer y formar categorías de los seres vivos sobre bases muy similares, que parecen destacar en ellos determinados rasgos morfológicos, no tanto tomados discretamente sino tal vez en forma de estructura o de plan. La secuencia implicacional universal postulada por Brown para las formas de vida comletaría este planteamiento en cuanto al desarrollo del sistema, también basado en capacidades cognitivas de los seres humanos tales como la codificación binaria, la conjuntividad, la racimación y la marca.
Pero pudiera no ser general. La crítica viene de Atran (1985) entre otros e incluye la idea de que los seres humanos tal vez tengamos una disposición genéticamente determinada a establecer distinciones respecto a las plantas y animales, como tipos naturales, pero no necesariamente hacia los artefactos, es decir, todo el dominio de los objetos creados, fabricados, elaborados por las sociedades humanas. Para estos, las taxonomías también son fabricadas, no son naturales. El principal argumento sometido a discusión es que los artefactos privados de determinadas partes básicas dejan de ser tales objetos (un automóvil sin chasis y sin ruedas deja de ser un automóvil), pero la privación de partes básicas en los seres vivos (una gallina sin pico ni plumas) no les hace perder su esencia natural.
Una taxonomía folk puede ser resultado de un proceso inducido por el sistema de preguntas-respuestas, en lugar de responder a diferenciaciones propias de la mente nativa. Por otra parte, en ocasiones cuenta, más que la información contenida en las categorías, la cue validity (saliencia, validez o eficacia de la señal). Esta noción enlaza con la organización interna y externa de las categorías. En cuanto a la primera, son los prototipos los que muestran la cue validity más elevada. Por lo que respecta a la segunda, son las categorías del nivel de base las que lo hacen. Esto nos hace pensar que los sistemas de categorías no reúnen atributos de manera arbitraria, sino que existen correlaciones internas entre los atributos agrupados.
Relativismo versus universalismo en la formación de las categorías. La perspectiva relativista da especial importancia a los niveles inferiores de las taxonomías, también a los géneros, aunque principalmente a los específicos y las variedades (trabajos de Conklin y Frake). Desde una perspectiva universalista (Berlin) se admite también un cierto relativismo al constatar que las categorías específicas y de variedades son numerosas en las distintas sociedades, con relación a las plantas que tienen relevancia en esas culturas. Berlin constató que la cultura Aguaruna tenía específicos para el 39 % de las plantas cultivadas, el 31% de las protegidas, el 20 % de las significativas y el 6 % de las no importantes. Encontró porcentajes similares en la cultura Tzeltal. La explicación propuesta sugiere que las culturas dan más atención a las plantas que son más importantes para ellas y por eso las diferencian con mayor detalle. Comparando la formación de específicos y variedades por un lado y de géneros por otro, habría que concluir que la naturaleza de las categorías no es homogéna. Tres tipos de rasgos: rasgos parte (de gran eficacia comunicativa, correlacionan forma o apariencia con función. Por ej.: aletas de los peces, alas de los pájaros o de los aviones, etc.), funcionales y mixtos. Pero desde la perspectiva universalista las más importantes son las formas de vida y sobre todo los géneros.
Jugar con categorías. Notas sobre la cuestión de la relevancia. ¿Hasta qué punto la imposición de la realidad se consigue entre otras técnicas por medio de categorías y clasificaciones, proponiendo un orden y dándole fundamento hasta hacer que se acepte como natural? Siguiendo a Foucault podría decirse que este es uno de las formas más eficaces de ejercicio del poder. En el ámbito social, las categorías y clasificaciones son de una importancia básica. Determinan posiciones, privilegios, límites a las interacciones, etc. (Ej.: sistema de castas hindú o categorías raciales desarrolladas en la América colonial desde el XVI). En las sociedades modernas las instituciones ponen en práctica con frecuencia el juego de las categorías. A modo de ejemplo puede citarse el estudio de Yanow sobre el uso de categorías raciales y étnicas usadas en los censos de EEUU. En el de 1790: seis categorías relacionadas con la raza, cinco de ellas para “personas libres” y una para esclavos. En el de 1820 se añaden “extranjeros no naturalizados” y “personas de color libres”. En el de 1830 aparecen “blancos libres”, “esclavos y personas de color libres” y “sordomudos”. En el de 1850 existen dos categorías: libres y esclavos. Se dividen en cada una de ellas en cinco subcategorías: edad, sexo, color, sordomudos o ciegos y dementes o bobos. En el de 1870 aparecen las categorías de raza (blanco, de color, chino e indio), que se irá ampliando en censos posteriores. En el censo de 1950 se introduce la categoría de “lengua materna”. Yakow concluye que las categorías del censo tenían propósitos instrumentales. En sus orígenes, el censo servía como instrumento para la recaudación de impuestos, el servicio militar, el trabajo y el conocimiento de la masa de votantes potenciales.
Categorías para jugar. En todas las culturas se encuentran modos de jugar con las categorías. En lo que suele reconocerse como “tradición oral” se halla un tipo de materiales que no se encuentran en todas, pero sí en muchas culturas, equivalentes a lo que en castellano se llaman “acertijos” o “adivinanzas”. Estas prácticas sirven a distintos fines sociales, además de ser utilizadas como instrumento para el aprendizaje. En tales juegos es esencial el conocimiento de descripciones y definiciones formadas mediante el enunciado de ciertos rasgos. A propósito de ello cabe destacar que:


    1. El análisis de rasgos no necesita ser exhaustivo para que se produzca el reconocimiento de las categorías.

    2. Los rasgos están intencionadamente seleccionados.

    3. Las categorías se conforman en torno a prototipos, ofrecidos como términos de referencia o comparación.

    4. Los rasgos se presentan no sólo en conjunción, sino integrados en esquemas o modelos de organización.

    5. Las taxonomías no aparecen desarrolladas con el número de rangos que Berlin creía universal, sino más bien a modo de “árboles enanos” (Randall), formados sobre la base de relaciones según el esquema: “X es un tipo de Y”.

    6. Aparecen otras formas de relación: localización, orden y orientación en un espacio, secuencia en el tiempo, transmutación, etc. También se da la combinación de varias de ellas.

    7. Uso de la metáfora (Ej.: identificación en diversas formas entre plantas y seres humanos).



Esquemas y modelos culturales.

(Examen junio 2005 – Primera semana – Pregunta 4 – Los esquemas culturales en la memoria y en otros procesos cognitivos. Muestre cómo operan y qué se deduce de ello). Sería demasiado simple considerar que las culturas son colecciones de categorías, sistemas de clasificación. Y además esto daría sólo una visión estática de ellas. La propuesta de esquemas y modelos culturales resolvió la dicotomía existente entre estructuras y procesos, son ambas cosas a la vez, e intervienen no sólo en la percepción, sino en los otros procesos cognitivos. Con ellos parece posible presentar tanto secuencias de comportamientos como discursos, narraciones o imágenes y, en fin, no sólo cualquiera de los contenidos complejos de las culturas, sino también las conexiones e interrelaciones que hay entre ellos, puesto que los esquemas y modelo se encabalgan y enlazas unos con otros formando unidades mayores, tendencia que parece dar nueva vitalidad a la vieja idea de la cultura como un todo.
Esquemas para recordar. A diferencia de los experimentos de memoria en el laboratorio realizados por Ebbinghaus con sílabas sin sentido, Bartlett trabajó no sólo con el lenguaje significativo de la vida cotidiana, sino historias extraídas de las investigaciones etnográficas de Haddon y Rivers. Sus conclusiones apuntan que la memoria se deteriora con el tiempo y no es una facultad pasiva, que se limite a reproducir, sino que construye y reconstruye la información. Esta reconstrucción de la información se realiza, según Bartlett, empleando esquemas culturales. Se producen así racionalizaciones, transformaciones y se altera la importancia concedida a determinados asuntos, siempre en función de los mencionados esquemas culturales.
Posteriormente se ha mostrado que el uso de esquemas culturales puede considerarse como elemento de interpretación en todos los niveles del psiquismo humano. Intervienen en la percepción, comprensión, categorización, planificación, reconocimiento, resolución de problemas y toma de decisiones. En todos estos casos, no los esquemas culturales no funcionan como simples asociaciones, sino que operan como totalidades orgánicas y constituyen representaciones indexicales basadas en la simultaneidad holística (Tyler).
Los esquemas culturales son a la vez estructura y proceso, pues combinan la organización y disposición relativa de los elementos con la secuencia, el planteamiento, la sucesión de elementos o de conductas en relación a un fin determinado. Sobre la base de los trabajos de Bartlett, la Antropología Cognitiva ha ido perfeccionando el concepto y depurando su utilización.
Esquemas entre los subanun. Estudios de Frake sobre la conducta religiosa de los subanun (pueblo que practica la agricultura itinerante. Isla de Mindanao. Filipinas). Su interés se centró en:
a. Describir las principales categorías de acontecimientos o escenas de esa cultura.

b. Definir las escenas, teniendo en cuenta las interacciones, actos, objetos y lugares relevantes.

c. Establecer la distribución de unas escenas en relación a otras, posibilitando la anticipación en relación a las mismas.

Ejemplo: Las comidas. Las comidas ordinarias (se realizan con la familia nuclear. Se consume cereal o raíces; no se consume vino de arroz ni carne) se distinguen de las comidas festivas (se prepara un plato con carne que se acompaña con cereal, se consume vino de arroz) y de las comidas (Kanu: ‘ofrendas’) que se producen sólo en determinadas festividades y que los subanun consideran que cuentan con la presencia de seres sobrenaturales, a los que se les ofrecen ofrendas. En estas últimas se utiliza carne, arroz, huevos, vino de arroz preparado de forma ritual, nueces de betel y areca con hojas de pimienta de betel. Estos alimentos se ofrecen primero a los seres sobrenaturales en un altar y luego son consumidos en una fiesta. Los subanun consideran que los seres sobrenaturales tan sólo consumen la esencia intangible (senaw). Lo más significativo de una ofrenda es la utilización de la carne, pues exige el sacrificio del valioso ganado.
Construyen 33 tipos de altares, variando la forma, tamaño, materiales y sistemas de decoración. Sólo quienes tienen poderes especiales pueden ver a los seres sobrenaturales, aunque todos los participantes dicen que la presencia de estos seres se hace sentir mediante señales auditivas o táctiles. Los seres sobrenaturales se clasifican en almas, espíritus, demonios y dioses. Los humanos que asisten a las ceremonias son clasificados a su vez a través de los roles de especialista, asistente, beneficiario y audiencia.
El estudio de Frake nos proporciona ciertas claves acerca de cómo debe enfocarse el trabajo etnográfico. Podemos ver, en primer término, que el interés del investigador se centra en estudiar de qué manera se programan las ceremonias y para ello realiza una lista lo más completa posible de lo que sucede antes y después de las escenas religiosas. Esta lista le permite establecer un marco o trama que a su vez le ayudará a distribuir el conjunto de acontecimientos y representarlo. La descripción de un marco o trama requiere:


  1. Determinar la probabilidad de los acontecimientos que comprende.

  2. Establecer y anticipar las escenas.

  3. Establecer y anticipar qué tipos de ceremonias distintas pueden realizarse dada la ocurrencia de una ceremonia determinada.



Existen ceremonias programadas, que se relacionan con las actividades propias del ciclo anual (tala y quema del bosque para preparar los cultivos, plantación, protección de las plantas y cosecha). El objeto de la celebración de las ofrendas programadas es prevenir la ocurrencia de desgracias y asegurar la buena marcha de los acontecimientos.
Existen además ceremonias no programadas de antemano, que se relacionan con acontecimientos imprevistos. Por ejemplo ante la aparición de una enfermedad, ante problemas con los cultivos, dificultades en el orden social o problemas amorosos. En estos casos se contrae una deuda ritual (binalag). El reconocimiento ritual de ésta es como la firma de un contrato que hay que pagar cuando el problema se haya solucionado. Por ejemplo, en el caso de una enfermedad, el subanun piensa que incluso la ofrenda más generosa no asegura la curación y, por otra parte, si esa ofrenda se realiza antes de la curación, los seres sobrenaturales pueden hacer que la enfermedad persista para seguir extorsionando a quien la padece.
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