Modelo lingüístico. El análisis componencial. El análisis de rasgos distintivos






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Categorías. De los modelos lingüísticos a los modelos sicológicos.

Examen septiembre 2004 – Pregunta 3 – Deficiencias del análisis componencial. La revisión crítica de todos estos primeros resultados de la aplicación del análisis componencial (o del análisis de rasgos) y de elaboración de taxonomías se concentras en varios puntos. El primero de ellos, es el de la utilización adecuada de los modelos lingüísticos adoptados. El segundo es lo que se llamó la cuestión de la “validez psicológica”, es decir, “¿Qué evidencia hay de que estos análisis formales tan completos, tan consistentes y tan elaborados corresponden a la forma en que un hablante nativo aísla y ordena los rasgos de esos mismos dominios semánticos?”. Y aún quedaría un tercer punto relativo a su relevancia, es decir, ¿a dónde conducen?, ¿qué se puede concluir de ello?
La revisión crítica de los primeros resultados de la aplicación del análisis componencial y de la elaboración de taxonomías se centra en varios puntos:

  1. Utilización adecuada de los modelos lingüísticos adoptados (Durbin).

  2. Validez psicológica de los mismos.

  3. Reflexión a propósito de las consecuencias de la orientación que imprimen a la investigación.



Como consecuencia de la revisión crítica, el análisis componencial ha ido siendo abandonado. Por su parte, las taxonomías han sido reformuladas como sistemas de clasificación e ilustraciones de procesos de categorización. Es ilustrativo en este sentido el balance crítico a propósito de los resultados del análisis etnosemántico, concluyendo que lo que ha hecho éste es tomarlo como una organización de sonidos que simplemente es objeto de contraste en un solo plano, cuando en realidad es una estructura compleja de la cual no se han asimilado algunas de sus características fundamentales:


  1. Los componentes fonológicos distintivos están agrupados secuencial y simultáneamente.

  2. El principio de distribución complementaria juega un papel tan importante como el contraste.

  3. Se usan otros criterios adicionales como el de similaridad fonética, congruencia de pauta y límite morfémico.

  4. Las unidades de orden más alto como los morfemas influyen sobre las pautas de los sonidos.


La cuestión de la validez sicológica.

La cuestión de la realidad sicológica se ha convertido en un asunto central para la Antropología Cognitiva. En principio, se supone derivada de ese hallazgo, que es a la vez una dificultad creada, que supuso la distinción emic / etic. Si ciertamente la distinción introduce definitivamente la mente del nativo en el discurso antropológico, su presentación revelada a base de modelos emic (paradigmas, taxonomías, etc.) elicitados por la investigación generó enseguida la duda de si efectivamente los modelos elaborados por los investigadores correspondían a los modelos que los hablantes nativos tenían en sus mentes (pues era la mente el locus de la cultura).
La cuestión de la validez sicológica está implicada desde las primeras formulaciones programáticas de Goodenough, pues efectivamente los modelos lingüísticos (el análisis componencial) fueron adoptados con el fin de proporcionar definiciones psicológicamente reales. El objetivo era el acceso a la significación, a la significación para los usuarios nativos. Se trataba entonces de hacer enunciados acerca de los conceptos que pueblan el mundo cognitivo de los nativos. Si el analista pretende que el significado de los términos se reduce a él y no hay forma de demostrar lo que significan para los nativos, entonces poca cosa es decir que sea semántico. Y si toma los términos como categorías de una trama universal, lo más que se muestra con ello es que los referentes de esos términos tienen determinadas características sociales o biológicas –en el caso de los del parentesco, que se trate de personas masculinas o femeninas, de más edad o de menos que el que habla, etc.- pero entonces es gratuito llamarlo semántico en un sentido antropológico, pues los únicos procesos cognitivos considerados son los del analista mismo.
Está claro que el objetivo es conocer lo que significan los términos para los nativos e intentar hacer enunciados sobre la conducta de éstos y no sobre las características objetivas de los referentes. El que los procesos implicados sean cognitivos quiere decir que en buena medida son latentes y quizás inconscientes. No es probable que los nativos puedan formular con claridad y corrección sus propias reglas de procedimiento semántico, por lo que éstas deben ser inferidas y su validez debería ser comprobada por medio de técnicas similares a las que emplean los sicólogos.
La distinción emic/etic nos pone sobre aviso de la importancia que tiene la realidad psicológica. En la Antropología Cognitiva el asunto de la realidad psicológica se ha convertido en central.
Tyler: Partiendo de un mismo conjunto de datos, pueden ofrecerse varios esquemas explicativos del mismo proceso o factor cultural, todos ellos completos y consistentes. Entonces se planteará la cuestión de determinar cuál de esas explicaciones se ajusta al modelo nativo. Este planteamiento prejuzga que existe un único modelo adecuado, cuando bien puede suceder que existan varios en la mente de los nativos, tal como puede haber también varios en la mente de los investigadores.
La cuestión de la validez psicológica está ya implícita en la formulaciones de Goodenough, ya que los modelos lingüísticos (análisis componencial) fueron adoptados con el fin de proporcionar definiciones reales desde el punto de vista psicológico. El objetivo era el acceso a la significación, tal como ésta era vivida por los usuarios nativos. Se trataba, en definitiva, de hacer enunciados acerca de los conceptos que pueblan el mundo cognitivo de los nativos. De otra forma, como sostiene Wallace, se trataría tan sólo de referirnos a la conducta verbal de los nativos, sin hacer ninguna referencia a los aspectos semánticos. Es, pues, evidente que lo que interesa es establecer lo que significan los términos para los nativos, intentando hacer enunciados correctos acerca de la conducta de éstos y no sobre los rasgos objetivos de los referentes.
Por lo demás, Burling mostró que es posible realizar infinitos análisis componeneciales distintos partiendo del mismo conjunto de elementos. Así que, o sólo uno de ellos es válido o lo son todos. Burling se decantó por la segunda opción. Su posición es pesimista: “Suena mucho mejor decir que estamos descubriendo ‘los sistemas cognitivos de la gente’ que admitir que en realidad nos dedicamos a perder el tiempo con un conjunto de reglas que nos permiten usar los términos de la forma que otros lo hacen. Pero en mi opinión esto último es realista, lo primero no lo es”.
Wallace piensa que se puede salir de esa aporía utilizando otras técnicas, como complemento del análisis componencial. Así lo hizo en sus estudios sobre el parentesco, empleando técnicas para identificar las dimensiones de la clasificación y las operaciones lógicas reales realizadas por los nativos. Otras técnicas le servían para demostrar que una dimensión de una clasificación o una operación lógica determinada, aunque hayan sido empleadas por el antropólogo, no son usadas por los nativos.
Habría que distinguir entre realidad estructural y realidad psicológica.
Primeros modelos: mazeway. El modelo sicológico que halló Wallace (1956) para dar validez a estos análisis fue el de mazeway (literalmente alude al “camino del laberinto”). Wallace lo proponía en el sentido en que “el mazeway es al individuo lo que la cultura es al grupo”, por lo que lo utilizó como puente para enlazar cultura y personalidad. Se entiende como “un sistema dinámico de asociaciones preceptúales” e incluye conjuntamente procesos tales como la percepción, la asociación, la integración y el modelamiento de la experiencia. El mazeway es, pues, más que los mapas cognitivos, pero la referencia a ellos es destacable porque precisamente han sido frecuentemente empleados como formas de describir las taxonomías y parece como si hubiera que entender éstas como disposiciones en un espacio.
Hay otro aspecto en el mazeway que habría que subrayar. El supuesto del análisis de la cultura (y por tanto también de los que elaboran las taxonomías) es que los miembros de un grupo social, por su común identificación de grupo, actúan de la misma manera en las mismas circunstancias y como consecuencia este supuesto entiende que una sociedad es culturalmente homogénea y la percepción que de ella tienen los individuos es uniforme. Pero no tiene porqué ser así y de hecho las elicitaciones de categorías, su organización y el significado atribuido a los términos no son de hecho idénticos entre los individuos de una misma cultura. Habría más bien que partir de la diversidad de hábitos, motivos, personalidades y costumbres que coexisten dentro de cualquier sociedad culturalmente organizada, insinúa Wallace. Y la cuestión que entonces se plantea es cómo se organiza la diversidad, cómo individuos diversos se organizan culturalmente en una misma sociedad. Desde esta perspectiva la cultura ya no es algo superorgánico sino que está “metódica, tácita y gradualmente forjada por grupos de gentes cada una siguiendo sus intereses”. Ya no es un conjunto de normas que se superponen a los individuos, sino “un convenio establecido por la práctica entre ellos, con el fin de organizar sus esfuerzos según estructuras equivalentes mutuamente facilitadoras”. Estas estructuras son naturalmente los mazeways, cuya relación no se basa en la “participación en la uniformidad sino en sus capacidades para la mutua predicción”.
Wallace utilizó el concepto de mazeway como ilustración de sus planteamientos. En Cultura y personalidad nos dice al respecto: “El raciocinio de cada hombre abarca en un determinado momento, como producto de su experiencia, una única imagen mental de un complejo sistema de objetos dinámicamente relacionados, que incluye el cuerpo en el que el cerebro está alojado, diversos otros objetos circundantes y a veces hasta el cerebro mismo. Esta compleja imagen mental es un mazeway. (…) El mazeway puede ser comparado al mapa de un gigantesco laberinto, con una leyenda o clave elaborada y muchas intercalaciones. En este mapa están representados tres tipos de asociación: 1) objetivos y espejismos (valores y situaciones deseables e indeseables); 2) el yo y otros objetos (personas o cosas); y 3) métodos (planes, procesos y técnicas) que pueden ser evitados o utilizados, según sus características para facilitar el logro o la evitación de valores por el yo”.
Desde el punto de vista teórico, el mazeway es mucho más ambicioso que un mapa cognitivo, puesto que es para el individuo lo que la cultura es para el grupo. Sirve de puente para enlazar la cultura y la personalidad individual. Es un “sistema dinámico de asociaciones perceptuales”.

Categorías y prototipos.

En realidad no fue en el dominio del parentesco, en el que tanto hurgó el análisis componencial, sino en el dominio del color donde se produjo un desarrollo de los modelos psicológicos de la cognición. La cuestión de las categorías –que se convirtió en el proceso nuclear de ésta- remite a la relatividad lingüística de Whorf, es decir, a que las diferencias en la lengua causan diferencias en el pensamiento. Rosch (1977) explica por qué el dominio del color era ideal para someterla a prueba: a) porque pueden hacerse medidas en él independientes de la codificación lingüística (por ejemplo, usando las longitudes de onda); y b) porque se podían obtener medidas de operaciones específicamente cognitivas como la percepción y la memoria independientemente del lenguaje.
Fue en el dominio del color donde primero se advirtió la importancia de los modelos psicológicos cognitivos y, dentro de estos, la conveniencia de estudiar las categorías. Rosch considera que el dominio del color era ideal para someter a prueba los modelos whorfianos porque en él pueden hacerse medidas independientes de la cognición lingüística y porque se pueden obtener medidas de operaciones específicamente cognitivas como la percepción y la memoria. El estudio de Berlin y Kay proporcionó, aparte de la secuencia de estadios en la terminología del color, evidencias acerca de que existía entre los hablantes de distintas lenguas gran variación en los límites de los términos, pero una enorme coincidencia en los puntos focales de cada uno de ellos. Estos puntos focales se propusieron como explicación más convincente para mostrar que la codificabilidad y la memoria eran resultado de la saliencia. Lo que Rosch mostró con sus estudios transculturales y evolutivos fue que los colores focales perceptualmente salientes eran prototipos naturales, puntos desde los que se estructuran las categorías de color. El concepto de “tipo ideal” sirvió para fundamentar los prototipos de color como puntos de referencia en relación a los cuales se perciben y evalúan otros elementos del dominio.
Respecto a la existencia de prototipos en otros dominios, Rosca encontró que las formas geométricas y las expresiones faciales de emoción están estructuradas de manera similar (Estudios de Rosch con los Dani y los Fore de Nueva Guinea). En ambos dominios sus estudios apuntan a la universalidad de los prototipos. A su juicio, la noción de prototipo cuestiona la concepción aristotélica de las categorías, entendidas como conjuntos lógicos de atributos criteriales con límites definidos y poseídas por igual. Las propiedades físicas no son discretas sino de variación continua.

La noción de prototipo. Se denomina “prototipo” al mejor ejemplo, al mejor caso, al mejor representante o al punto focal de una categoría y conlleva la idea de que éstas no están constituidas por miembros equivalentes en relación a la categoría que los subsume sino por miembros diferentes en cuanto a una escala de representatividad, miembros que son mejores ejemplares que otros. Frente a la concepción digital (presencia o ausencia de atributos) de las categorías, los prototipos muestran una codificación analógica (grado de representación o proximidad al mejor ejemplar).
Hay dos aspectos en esta noción sobre los que Kleiber (1990) ha llamado la atención y que resultan decisivos: 1.- que se trata del mejor ejemplar comúnmente asociado a la categoría; 2.- El mejor ejemplar no es un ejemplar concreto y particular, es un tipo ideal pero no un ejemplar concreto.
El soporte empírico de la noción de prototipo lo proporcionan una serie de evidencias extraidas de distintas pruebas practicadas por Rosch: 1.- Juicios de los sujetos acerca de la estructura interna de las categorías: se les presentó a los sujetos ejemplos de categorías como muebles o vehículos, o bien en un rango más bajo de abstracción, sillas o coches, para que aplicando una escala de siete puntos reflejaran como representaban el significado del nombre de la categoría y los resultados mostraron un acuerdo muy acentuado entre los sujetos especialmente en los considerados mejores ejemplos de las categorías. El acuerdo se refiere pues al funcionamiento por prototipos y al gradiente entre los miembros de las categorías semánticas en relación a cómo reflejan la idea o imagen del significado. 2.- La estructura interna de las categorías tiene un efecto en la cognición, que se afirma a través de las siguientes tareas:


  • Distintas pruebas de memoria semántica mostraron que la medida en que un miembro de una categoría representa el significado central de ella afecta al tiempo que los sujetos necesitan para emitir un juicio sobre la pertenencia de ese miembro a la categoría.

  • Pedida una lista de miembros de una categoría, los ejemplares más prototípicos son los primeros y los más frecuentes que se citan cuando se pregunta cuáles pertenecen a ella.

  • Las representaciones mentales generadas por los nombres de las categorías semánticas, como ocurre con las generadas por los nombres de las categorías de color, afectan a la percepción de los estímulos y se comportan más parecidas a los ejemplos buenos de las categorías (se dan más rápidamente las respuestas de identidad ante la presentación de los nombres de éstos) que a los malos (respuestas más lentas).

  • En cuanto al uso de los términos de las categorías cuando se pide la sustitución de unos por otros en frases determinadas, se produce ésta mucho más fácilmente con los ejemplos buenos que con los malos.

  • En cuanto al desarrollo, los niños pueden definir inicialmente una categoría por medio de casos claros concretos más que en términos de atributos criteriales abstractos y aprenden mejor la pertenencia a una categoría de los mejores ejemplos de ella que la de los peores, de la misma manera que los Dani aprendieron más fácilmente las categorías de colores focales que las de los no focales.


Es importante señalar que los prototipos se constituyen en torno a propiedades o a tributos típicos, salientes, característicos de una categoría. La noción que recoge esta condición típica es la de cue validity (validez o eficacia de señal), un criterio que establece grados de tipicidad para cada uno de los atributos o propiedades de una categoría, que será más elevado si lo poseen gran número de los miembros de la categoría y muy pocos miembros de otra categoría diferente, por ejemplo, “tener plumas” para la categoría “pájaro” tiene una cue validity elevada, mientras que “tener patas” tiene una cue validity débil, porque también lo tienen miembros de otras categorías. De esta manera se puede calcular el grado de “semejanza de familia” de cada miembro. Los prototipos son entonces aquellos que por un lado comparten mayor número de atributos con otros miembros y por el otro tienen menor número de atributos en común con miembros de otra categoría distinta. En consecuencia en cada categoría hay una doble gradación, la de las o atributos y la de los miembros, clasificados éstos según el número de rasgos típicos que poseen.
(Examen septiembre 2005 – pregunta 3 – Propiedades de las categorías desde la perspectiva de los prototipos. Discusión). Las categorías desde la perspectiva de la teoría de los prototipos tienen las siguientes propiedades (Kleiber, 1990): 1.- Una estructura interna prototípica, es decir, su organización interna responde a una escala de representatividad; 2.- El grado de representatividad de un miembro se corresponde con el grado de pertenencia a esa categoría; 3.- Los límites de ellas son difusos, o de otra manera, no tienen límites claros, ni se puede establecer con precisión el paso de una categoría a otra, lo cual es consecuencia de su organización interna en gradiente; 4.- No hay propiedades comunes a todos los miembros, en realidad lo que les mantiene agrupados en un conjunto es el aire de familia, es decir, semejanzas entre ellos que se entrecruzan y se comparten sólo parcialmente; 5.- La pertenencia a ella se basa en el grado de semejanza que tiene un posible miembro con el prototipo, un proceso que pone en práctica el principio de contrastación, cuyo punto de referencia es el prototipo y que supone competencia por parte de quienes lo aplican; 6.- No opera de forma analítica (no se evalúan los atributos uno a uno), sino global.
La estructura interna de las categorías tiene un efecto directo en la condición. Esto se hace evidente por:


  • Las pruebas de memoria semántica.

  • Los ejemplares más prototípicos son mencionados los primeros y con mayor frecuencia cuando pedimos a un informante que enumere los miembros de una categoría.

  • Las representaciones mentales generadas por los nombres de las categorías semánticas afectan a la percepción.

  • Cuando se pide la sustitución de unos prototipos por otros en frases determinadas, ésta se produce con mucha más facilidad con los ejemplares buenos que con los malos.

  • En cuanto al desarrollo, los niños pueden definir inicialmente una categoría por medio de casos claros concretos más que en términos de atributos criteriales abstractos.

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