Modelo lingüístico. El análisis componencial. El análisis de rasgos distintivos






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títuloModelo lingüístico. El análisis componencial. El análisis de rasgos distintivos
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La experiencia de la diversidad. El contraste continuado de las formas en inglés o en cualquier otra lengua europea con otras de lenguas amerindias, era el medio más efectivo de expresar que cada lengua era un sistema de referencia o que los mundos expresados por tan distintas lenguas eran mundos distintos. En éste y en otros artículos Whrof empleó dibujos a modo de comics para mostrar situaciones referidas de forma distinta en inglés y en las lenguas amerindias. El objetivo de estos dibujos no era otro que reproducir los aspectos referidos de la situación como si fueran situaciones distintas, indicando así hasta qué punto el lenguaje conforma la realidad.
4Asentada en que el lenguaje conforma la realidad, la diversidad del lenguaje expresa de formas distintas la realidad, así como que las palabras y las ideas se conforman de muy distinta manera”.
La naturaleza inconsciente de los fenómenos de la lengua.

(Examen Junio 2005 – Primera semana – Pregunta 1 – Explique qué es más importante desde la perspectiva de la Relatividad Lingüística, ¿el léxico o la gramática de las lenguas?) La segunda estrategia era el desvelamiento de la naturaleza inconsciente de esos fenómenos. Se trataba fundamentalmente de advertir que los hábitos lingüísticos instalados por aprendizaje, y por tanto intencionada y conscientemente, consistían en un conjunto de normas en general y de reglas gramaticales en particular cuya automatización producía el efecto de “naturalidad”, pero que implicaba la instalación en las mentes de significaciones y modos de ver el mundo que con el contraste de la diversidad aparecían particulares, diferenciados y diferentes. Quienes tienen una concepción dada del mundo no se dan cuenta de la naturaleza idiomática de los canales sobre los que discurre su pensamiento y de su manera de hablar. Y aunque también el léxico muestra diferentes maneras de segmentar la naturaleza, Whorf, como Sapir, entendía que los modelos automáticos e inconscientes, específicos de cada lengua, estaban en la parte más formalizada de las lenguas, en la “gramática”, comprendida ésta en sentido amplio que incluye no sólo la concordancia, el uso de los modos y tiempos apropiados de los verbos, etc., sino también la distinción entre substantivos y verbos o la distinción entre las partes de la oración o entre palabras de significación autónoma y palabras de significación dependiente, etc. En la gramática se encuentran los modelos automáticos e inconscientes mediante los que organizamos el pensamiento.
Modelos tomados de la ciencia. Y en concreto de la física-química y de la sicología. La influencia de los modelos de la relatividad general es más que evidente. Cuando giramos la cabeza, no vemos que la habitación haya girado en torno nuestro, sino que somos conscientes del movimiento de nuestra cabeza, mientras que la habitración ha quedado inmóvil. Cuando vamos andando y pasamos junto a un árbol o una casa, su imagen cambia en la retina como si estuvieran girando sobre su eje, pero no vemos que giren si viajamos delante de ellos a gran velocidad. Es decir, la posición y el movimiento del observador resultan determinantes en la percepción. La sicología de la Gestalt recogió el acuerdo que había en que en la percepción de un suceso o situación se distinguen (a) una figura o forma y (b) un fondo o campo contra el que se perfila o ve la figura. Este es el canon de referencia para todo tipo de observación que ofrece la sicología de la Gestalt (llamada también de la forma o configuracionista).
Leyes de la organización perceptiva (Sicología de la Gestalt):
1.- Ley de la buena forma: de todas las posibles organizaciones geométricas que puedan producirse, se percibe aquella que esté mejor conformada y sea más simple y más estable.

2.- Ley de la proximidad: varias formas parecidas en proximidad tienden a ser percibidas como formando grupo.

3.- Ley de la buena continuación: en la organización perfeptiva se tienden a preservar la continuidad suave de las figuras antes que los cambios bruscos.

4.- Ley del cierre: la percepción de figuras inacabadas tiende a hacerlas completas.
Forma (o figura)-fondo: la distinción entre estos dos componentes confirma, no obstante, que el todo es más que la suma de las partes y se presenta además en patrones susceptibles de ser descritos mediante algunas propiedades:
1.- La figura se percibe más como un “objeto”.

2.- La figura parece sobresalir sobre el fondo.

3.- El fondo parece carecer de forma y se recuerda menos que la figura.
Pese a la fascinación que producen las leyes de la organización perceptiva, no fue hacia ellas hacia las que Whorf se dirigió como canon de referencia, sino hacia la distinción, que es a la vez patrón configurativo: fondo-forma. Este canon es universal para todos los observadores, aparte de diferencias individuales relativamente menores debidas a lesiones cerebrales o en los órganos sensoriales. Este canon implica además que ese flujo caleidoscópico, al que se refería Whorf como mundo externo, no es informe y desestructurado sino que permite segregar “esenciales de experiencia”, disponibles para todos, independientes del lenguaje o de la cultura, pero parcialmente mediados por las pautas lingüísticas adquiridas en el proceso de endoculturación en una comunidad lingüística particular.
En el Informe Yale, un informe de investigación elaborado por Whorf y Trager que ha permanecido inédito hasta recientemente, se indica claramente que “este canon no-lingüístico para describir los referentes de las formas lingüísticas, es comprendido del mismo modo por los hablantes de todas y cada una de las lenguas”. Lo que significa que el principio de la relatividad lingüística tiene límites y que Whorf también asumía la unidad síquica de la humanidad. Esta es una asunción que, pese a haberla expuesta de manera reiterada y enfática, sin embargo frecuentemente no se le reconoce. Por lo que el aspecto central que asume el principio de la relatividad lingüística es que “lo lengualable” –el neologismo es de Whorf- es una realidad estructurada y pautada según los mismos principios psicofísicos para todos.
Situaciones ejemplares. Una última estrategia que no tiene consistencia epistemológica sino meramente pedagógica es la utilización de situaciones ejemplares tomadas de su práctica profesional como inspector de seguros. El análisis de numerosos informes lo enfocaba hacia las condiciones o factores físicos que pudieran haber sido los responsables de los incendios o explosiones, como instalaciones defectuosas, etc., pero con el tiempo se dio cuenta del “importante papel del significado que la gente daba a cada situación y que influía en su comportamiento”, un significado lingüístico, es decir, expresado mediante palabras concretas que describían las situaciones.
La conclusión era clara: las gentes analizan, clasifican y configuran las situaciones mediante fórmulas lingüísticas y luego se comportan con arreglo a ellas. Estas analogías fueron interpretadas por Lucy y Schweder como “apropiaciones cognitivas”.
Fonémica relativista. Sería importante subrayar de entrada que el principio de relatividad lingüística que generalmente se restringe a los aspectos gramaticales de las lenguas tendría un primer campo de aplicación en la fonémica, aunque ciertamente Whorf no hizo sobre ello sino leves apuntes. Los alófonos son una unidad de segmentación relativa. En cada lengua la corriente sonora se rompe de modo distinto según maneras particulares de atender a pautas de sonidos. Los oyentes atienden y reconocen según el sistema fonémico internalizado desde las etapas tempranas de su aprendizaje de la lengua. AlófonosTodos los sonidos que los hablantes de una lengua determinada realizan.
Categorías gramaticales y criptotipos. Pregunta 1 examen junio 2004 – Primera semana – Categorías abiertas y encubiertas, selectivas y modulares según Whorf. Definiciones y ejemplos. Según algunos lingüistas contemporáneos suyos, la contribución más importante de Whorf a la lingüística fue el análisis de las categorías gramaticales. La unidad de comprobación ha de ser la frase o un grupo reducido de frases, no la palabra. Porque lo que define a las categorías son los marcadores y éstos pueden aparecer en la frase pero no necesariamente en una palabra. No existen clases gramaticales exentas de marcadores, aunque éstos no aparezcan de modo explícito. Entre los elementos que actúan como marcadores están la posición y el orden, pero también pueden funcionar como tales rasgos negativos, como la ausencia de una pauta esperada. Categorías abiertasLas expresiones gramaticales de las categorías abiertas se denominan fenotipos. El género en castellano, francés, alemán, italiano y otras lenguas es una categoría abierta. Los nombres son acompañados por artículos, por adjetivos o referidos por pronombres diferenciados según el género. El modo potencial del verbo en inglés está marcado por can o could. Todas las categorías anteriores son abiertas. Categorías encubiertas – Los marcadores no aparecen, salvo en determinadas frases que operan como frases de contraste, de modo que los marcadores consisten en reactancias y sus expresiones gramaticales son criptotipos. La expresión gramatical de una categoría encubierta es una realidad semántica para la persona que habla una lengua, aunque no la formule conscientemente ni se preste a ser designada por una palabra determinada. La importancia de esta diferenciación subrayada por Whorf estaba en la conexión de gran alcance que las categorías encubiertas podían tener con el tipo de pensamiento, la filosofía o lo que llamaba la metafísica implícita en una lengua y en las sugerencias que proporcionaba sobre fenómenos asociados al inconsciente, al subconsciente y al preconsciente en sicología. Si bien el significado lingüístico es resultado del entrejuego de fenotipos y de criptotipos.
Examen septiembre 2005 – Pregunta 1 – Categorías selectivas y categorías modulares según Whorf. Ejemplos y comentario. En cuanto a los tipos de aplicabilidad de los marcadores pueden apreciarse otro orden diferente de configuración en el que se distinguen las categorías selectivas y las modulares, según se apliquen sólo a un grupo seleccionado de vocabulario o a todo él. Clases selectivas son las partes de la oración, que en español son: nombre o sustantivo, pronombre, artículo, adjetivo determinativo, adjetivo calificativo. Modulares son las aplicables a todos los nombres (género, numero) o a todos los verbos (conjugación, persona, número, tiempo, aspecto, modo,...). Estas dos categorías se encuentran ordenadas jerárquicamente. Las categorías selectivas primarias son aquellas por encima de las cuales no hay más categoría que el léxico total de una lengua. Las modulares se refieren a modificaciones de cualquier palabra (excepto de las partículas) o de las clasificadas dentro de cualquier categoría. Categorías específicas y genéricas. Una categoría específica se da sólo en una lengua determinada. La voz pasiva en inglés. El aspecto segmentativo en hopi. Una categoría genérica (refiriéndose a una determinada lengua) es la formada por el agrupamiento de clases semejantes (el caso en latín o en alemán –nominativo, acusativo, genitivo, dativo, etc.) o la voz en hopi.
Etnolingüística whorfiana.

Examen Junio 2004 – Segunda semana – Pregunta 1 – El contenido de una etnolingüística. La etnolingüística como visión del mundo. Examen junio 2004 – segunda semana – Pregunta 3 – Analice la frase “tres grandes cucharadas de azúcar” desde la perspectiva de la ideología del lenguaje. A partir de estas bases primarias es posible presentar cómo la lengua configura la experiencia. Whorf denomina a esta sección de su estudio “Etnolingüística”, o lo que es lo mismo, el análisis de los mundos culturalmente significativos vistos desde las lenguas. Diversidad lingüística-diversidad cultural. Por ejemplo, si en español se dice “caja de cigarros”, en hopi se diría algo similar a “cigarros puestos dentro”. Las dos expresiones se refieren a lo mismo, pero el modo de representación es diferente en cada caso. Otro ejemplo revelador sería que en español se usan los sustantivos “verano”, “invierno”, “mañana”, etc, para referirse a periodos de tiempo. En hopi estas segmentaciones de la experiencia no son ni sustantivos ni verbos, sino una clase especial, una especie de adverbios cuya traducción sería “veraneamente”, “inviernamente”, “mañanamente”. A esto obedece, según Whorf, la existencia de una metafísica diferente en cada cultura.
Así, en la interpretación del concepto de tiempo, podemos ver que en SAE (lengua estándar europea): a) Se cuenta el tiempo como si fuera una hilera de unidades similares; b) Hay nombres individuales y nombres colectivos. Los primeros tienen contornos definidos y los segundos no tanto; c) El tiempo es un nombre colectivo que se concreta por medio de uno individualizado, como en “un momento”, “un segundo”, etc. Esto no sucede en otras lenguas.
El primer apartado de este análisis es la segmentación de la experiencia. Cada lengua clasifica, trocea el flujo de experiencia de modo diferente.
Whorf para propósitos comparativos denominó a las lenguas de los investigadores (inglés, francés, alemán, español...) por las iniciales SAE que corresponden a Standard Average European (lengua estándar europea promedio). Las lenguas no son simples agregados de segmentaciones de experiencias, sino que cada una de ellas con la cultura opera como una formación compleja que conlleva una metafísica implícita. Whorf usó también el término “visión del mundo”, pero en el Informe Yale prefiere “metafísica” para referirse a un modelo del universo, un conjunto de ideas y de proposiciones organizadas en sistema sobre qué ocurre, cómo ocurre y por qué ocurre todo eso que compone el mundo. Hay ciertas palabras en particular que condensa las metafísicas culturales, en SAE son: tiempo, espacio, causa, efecto, progreso, pasado, futuro, sustancia, materia. Aunque con ellas nunca se termina de ofrecer explícitamente una visión total del mundo, pues en buena medida se trata de formas de pensamiento no del todo conscientes si bien no por eso dejan de ser operativas. Estas son algunas de esas proposiciones: El tiempo es un orden unidimensional que fluye uniformemente; El espacio es un orden tridimensional distinto del orden del tiempo; El universo consta de vacío y de sustancia o materia que tiene propiedades determinadas y adopta formas “cuerpos” que son como islas en el vacío; Hay una separación infranqueable entre la materia y el vacío; Los acontecimientos son causados por acontecimiento precedentes; Las cosas ocurren en la materia, en el vacío no ocurre nada.
Concepto de tiempo en distintas lenguas:


  1. En SAE, se usa el plural de dos maneras distintas. Se habla, por ejemplo, de “diez hombres” y de “diez días”. Pero el primero es un plural real, mientras que el segundo es un plural imaginario. Se tiene percepción inmediata y simultánea de “diez hombres”, lo mismo que de “diez botellas” o “diez árboles”, pero sólo se tiene experiencia inmediata de un día, los anteriores tienen que ser evocados mediante la memoria para poder considerar “diez días” en conjunto. Y así se cuenta el tiempo como si fuera una hilera de unidades similares. La consideración de una secuencia cíclica como un agregado de unidades no viene dada por la experiencia, sino por el lenguaje, más propiamente por estas lenguas, aunque no por otras.

  2. En SAE hay nombres individuales (un alfiler, una liebre, un rubí, etc.) y nombres colectivos (agua, madera, leche, granito...). Los primeros tienen contornos definidos, los segundos indefinidos. Para hablar de acontecimientos concretos existen varios recursos lingüísticos cuya función es individualizar el nombre colectivo correspondiente. No se dice “un agua”, “un granito”, “una leche”, “una madera”... sino “vaso de agua”, “bloque de granito”, “botella de leche”, “bastón de madera”... que se refieren a contenidos o a componentes, materias o sustancias. Podría pensarse que el concepto filosófico de “sustancia” fuera evidente y de asimilación inmediata, pero podría más bien tratarse de una noción determinada por los hábitos lingüísticos en SAE y no necesariamente en otras lenguas.

  3. Con plurales imaginarios y binomios compuestos por nombres individuales más “de” se objetivan lo que no son sino fases de una secuencia continuada y cíclica. En SAE “verano”, “invierno”, “mañana”, “noche”, “octubre”, “enero”, etc., son nombres individualizados, con ellos se expresa la duración, el paso del tiempo, la localización temporal de un acontecimiento, etc. El tiempo es un nombre colectivo, que se concreta por medio de uno individualizado, como en “un momento”, “un segundo”, “un mes”, etc., con el mismo modelo con el que se dice “un trozo de queso” o “una bolsa de dinero”. Y por la lengua se objetiva el tiempo, se le numera y se cuenta como si estuviera integrado por unidades, se le mide como si fuera espacio, se sitúan los acontecimientos en el tiempo como si ocurrieran en un lugar... Representan el tiempo como unidades alineadas, una sucesión de instantes presentes, pasados y futuros; el primero lo conforman los sentidos, el segundo, las imágenes guardadas en la memoria y el tercero, la intuición, la creencia, la indeterminación. Pero no es así necesariamente en otras muchas lenguas.


Ya se dijo que en hopi los términos de fase no son nombres sino una especie de adverbios, e incluso no son estrictamente como los demás adverbios del hopi. No admiten morfema como “en verano” o “por la tarde”. No son cosas de las cuales se puedan predicar cualidad, como un “día soleado”. No existen los plurales imaginarios, sino que los plurales sólo desgnan grupos objetivos. Las cantidades de tiempo se expresan como relación entre dos acontecimientos, algo así como si dijéramos “el décimo día es posterior al noveno”. No hay nombres masivos, todos son individuales, incluso los que se refieren a algo vago o ilimitado no lo hacen con ausencia de forma o tamaño. La generalidad se expresa por el verbo o el predicado, no por el nombre. No se dice “un vasco de agua” sino que kd.yi es “un agua”, ni “un trozo de carne” sino sikwi “una carne”. En los verbos hopi no hay tiempos.
De esta manera cabe referirse a que la metafísica hopi del tiempo tiene dos relieves. Uno es lo causal que incluye lo que en SAE se considera futuro aunque también incluye lo mental, lo no manifestado, aquello que es dinámico, que está en proceso y que acaba en la manifestación. El otro es lo manifiesto, e incluye lo que en SAE se considera presente o pasado, aunque también lo físico, lo aparente, lo que no actúa por si mismo sino que contribuye a la causalidad ayudando a mantener el bienestar general y a completar el ciclo de los acontecimientos. Esterelieve tiene dos extensiones o modos de existencia, uno puntual, esbozado en torno a un centro, otro tensional, que se difunde más o menos indefinidamente.
Relativismo y traducción.

Examen septiembre 2004 – Pregunta 1 - ¿La relatividad lingüística hace imposible la traducción? Razones sus respuestas. De las ideas de Whorf parece desprenderse la conclusión de la incomensurabilidad de las lenguas. Al existir una gran divergencia entre sus respectivas metafísicas implícitas, toda traducción de una lengua a otra sería imposible. Pero, para Whorf, Asumir la relatividad lingüística no significa negar la posibilidad de la traducción. En principio, una traducción no es sólo una cuestión lingüística sino también y a la vez cultural. Whorf distinguía tres clases de traducciones. La oficial, que versa sobre lo que implica una palabra y que es la que primero proporciona un informante. La literal, que es sistemática y exige el conocimiento de la gramática y el análisis de la forma. Y la interpretativa, que es psicológica y cultural y requieres las explicaciones detalladas del informante, el conocimiento del intérprete y la captación de los contenidos de la etnolingüística, es decir, las segmentación de la experiencia, la metafísica y la mentalidad nativas. En todo caso, no podemos olvidar que las lenguas no son meros instrumentos de mediación, en ellas está inserta según Whorf una lógica y una metafísica.
Relativismo y ciencia.

Examen junio 2005 – Segunda semana – pregunta 1 – El relativismo lingüístico y la ciencia. Implicaciones y discusión. Otra de las importantes implicaciones de la aplicación del principio de la relatividad es su extensión a todos los lenguajes y en particular a la ciencia. Insistía Whorf en que las matemáticas, la lógica formal, la filosofía, etc., no dejaban de ser “extensiones especializadas del lenguaje”. Por otro lado, considera que en cualquier lengua puede ofrecerse una descripción y una explicación adecuada de un fenómeno determinado. Por consiguiente, es una pretensión inútil considerar que las lenguas indoeuropeas poseen alguna cualidad iherente que las hace superiores a las demás como lengua de conocimiento. Se valió de Bloomfield para indicar que la investigación científica comenzaba con el lenguaje y terminaba con el lenguaje, pues primero formulaba con frases el procedimiento a seguir y después, una vez obtenidos los resultados, volvía otra vez a elaborar frases para exponer lo que podrían convertirse más tarde en base de nuevas investigaciones. Éste es el fundamento para su propuesta en principio audaz de que “la concepción del mundo de la ciencia moderna surgió mediante una más alta especialización de la gramática básica de las lenguas occidentales indoeuropeas”. Afirmación suavizada pues confiesa que no pretendía decir que la ciencia hubiera sido “causada” por la gramática, sino “coloreada” por ella. Atribuyéndola más bien a una serie de acontecimientos históricos tales como el desarrollo del comercio, la medición, la manufactura y la invención técnica. Acontecimientos, por cierto, ocurridos e impulsados por las sociedades en las que se hablaban esas lenguas. Así planteado parece azaroso el hecho de que la ciencia moderna haya arrastrado la concepción del mundo inconscientemente vehiculada por algunas lenguas en concreto, debido a que eran precisamente estas lenguas y no otras las que se hablaban en esas sociedades. El método comparativo refuerza esta imagen insinuada de azar; pues lo que a continuación se puede preguntar es qué hubiera ocurrido si esas sociedades hubieran hablado árabe o chino. Se entiende que la respuesta hubiera sido que entonces la ciencia hubiera arrastrado la concepción del mundo también inconscientemente vehiculada en estas lenguas, y si no es así, si los científicos chinos o egipcios modernos compartes con los occidentales la misma concepción del mundo, es porque han asumido las racionalizaciones del sistema occidental.
El debate sobre el relativismo lingüístico: El color como dominio más favorable y otros efectos whorfianos.
El objetivo de Whorf era mostrar la inconsistencia de las tesis que defienden la superioridad de las lenguas europeas, contribuir al reconocimiento de la diversidad lingüística, deshaciendo el mito de la lengua perfecta y generando una nueva valoración positiva de la unidad síquica de la humanidad.
(Examen junio 2005 – Primera semana – Pregunta 2 – Haga una valoración de las críticas más importantes al principio de la Relatividad). Críticos con su planteamiento:
Feuer – Desde una perspectiva materialista, acusó a Sapir y Whorf de mentalistas.

Lennenberg – Efectuó sus críticas desde una perspectiva metodológica y sustantiva. Rechazó la técnica de traducción empleada por Whorf. Esa técnica ofrecía versiones gramaticalistas que sonaban exóticas, convirtiendo el procedimiento de traducción en lo que, de acuerdo con el posmodernismo, podría llamarse “retórica de la otredad”. Advirtió además sobre las diferencias entre estilo literal y estilo metafórico. Por otra parte, puesto que las únicas pruebas aportadas por Whorf de las diferencias entre las percepciones y visiones del mundo eran lingüísticas, Lenneberg subrayó la posibilidad y necesidad de acceder por separado a los hechos lingüísticos y no lingüísticos, para poder luego relacionarlos. Los dos ámbitos no pueden ser esclarecidos sólo con medios lingüísticos. Si fuera así, la relatividad lingüística se convertiría en un principio circular o tautológico.

Frente a la idea de que las lenguas incorporan “sistemas lingüísticos de fondo”, Max Black centró sus críticas en los criptotipos, negando que sean categorías significativas para un hablante. Para él son una muestra de la “falacia del lingüista”, que consiste en imputar sus propias y sofisticadas apreciaciones a los hablantes. Un criptotipo es algo inverificable. Por otra parte, rechazó también la tesis whorfiana que afirma que “el hablante nativo de un idioma posee un sistema conceptual peculiar para organizar la experiencia”. Black se refiere al vocabulario de los colores como caso más favorable a esa tesis, pero insiste en que no hay pruebas fehacientes de ello. Tampoco le parece aceptable la idea de una metafísica implícita del lenguaje. Considera que Whorf ha proyectado esa metafísica en su análisis de la lengua hopi. Por último, rechaza igualmente las conclusiones que Whorf extraía de su idea de la realidad como “un flujo caleidoscópico de impresiones”.
La relación entre el lenguaje y la cultura.

Examen septiembre 2005 – Pregunta 2 – Diferencias entre el planteamiento de una relación entre lenguaje y cultura y una relación entre lenguaje y pensamiento.
Boas inició la campaña para tratar de disolver las correlaciones establecidas entre los conceptos de raza, lengua y cultura. En la introducción a su Manual de las lenguas indias americanas, señala que:


  1. Existen numerosos casos en los que un cambio completo de lengua y cultura se realiza sin que se produzca un cambio correspondiente en el aspecto físico (negros llevados como esclavos a Norteamérica).

  2. En otras ocasiones, una población retiene la lengua mientras se producen cambios en el aspecto físico y en la cultura (población magiar).

  3. Puede no haberse producido cambio en el físico y sí en la lengua, o al contrario (árabes del norte de África).

  4. Son muy frecuentes los casos de permanencia del tipo físico y de la lengua, mientras que se produce un cambio en la cultura.


Este cambio de enfoque coincide con la emergencia del Estructuralismo en lingüística. Con él, el análisis se volvió microscópico, atendiendo entonces a determinados aspectos fonéticos, de léxico o de categorías gramaticales.

Levi-Strauss: “Se puede considerar el lenguaje como una condición de la cultura, y ello en un doble sentido: diacrónico, puesto que el individuo adquiere la cultura de un grupo principalmente por medio del lenguaje; (…) Desde un punto de vista más teórico, el lenguaje aparece también como condición de la cultura en la media en que ésta posee una arquitectura similar a la del lenguaje. Una y otra se edifican por medio de oposiciones y correlaciones, es decir, de relaciones lógicas”. “El error de Whorf y de sus discípulos ha consistido en comparar datos lingüísticos muy elaborados que son el resultado de un análisis previo, con observaciones etnográficas correspondientes a un nivel empírico o al nivel del análisis ideológico, lo que implica un corte arbitrario en la realidad social. Comparan de esta manera objetos de análisis que no son de la misma naturaleza y corren el riesgo de llegar a lugares comunes o a hipótesis frágiles”.
Se diría que las críticas se focalizaron hacia dos tipos y dos modos de relaciones. Una es la relación entre lenguaje y pensamiento, la otra, la relación entre lengua y cultura o más en concreto, lengua y visión del mundo. En cuanto a los modos uno es el de determinación, el otro el de influencia. La primera de las relaciones ha recibido la atención de psicólogos, de lingüistas y de filósofos para ser en general minimizada y especialmente refutada en el caso en que se formule como relación de determinación. La segunda de las relaciones ha recibido la atención de los antropólogos y si se enuncia en términos de influencia mutua ha sido mayoritariamente aceptada. En general, pues, se admite más la relación entre lengua y visión del mundo que entre lenguaje y pensamiento y más el modo de influencia que el de determinación.
El dominio más favorable al principio de la relatividad lingüística: el color.

Examen junio 2004 – Primera semana – Pregunta 2 – El dominio del color como apoyo al relativismo o al universalismo. Datos principales y análisis de ellos. Dado que el vocabulario referido al color es muy diferente en las distintas lenguas y siendo el dominio del color técnicamente susceptible de ser presentado como un continuum, parecía adecuado para someter a comprobación empírica el principio de relatividad. La segmentación de la experiencia, la disección de la naturaleza, como efecto primer whorfiano encontraba en el dominio del color una aplicación definitiva. Los estudios comparativos entre muy diversas lenguas corroboran que el vocabulario del color es muy desigual en ellas. Unas disponen de un vocabulario muy reducido y otras, variablemente más amplio. Siendo el dominio del color técnicamente susceptible de ser presentado como un continuum (algo que reproduce controladamente el “flujo caleidoscópico de impresiones”) parecía perfectamente adecuado para someter a comprobación empírica el principio de la relatividad lingüística. El estudio de los colores, en un principio pareció favorecer las tesis relativistas, para posteriormente servir a las tesis universalistas.
La segmentación de la experiencia, la disección de la naturaleza, como efecto primero whorfiano, encontró en el dominio del color una aplicación al parecer concluyente: los estudios comparativos entre muy diversas lenguas corroboraron que el vocabulario del color es muy desigual, según sean amplios o reducidos. En 1969, Berlin y Kay, desde el universalismo, afirmaron “la percepción común del color independientemente de la lengua que se hable”.
De entrada habría que advertir que esto supone dos interesantes modificaciones en el programa de Boas-Sapir-Whorf: la primera fue la reducción de la lengua a vocabulario, al léxico, dejando fuera las categorías gramaticales que eran sin embargo, no el único, pero sí el principal sistema lingüístico de interés para el programa; la segunda fue la conversión del “principio” en “hipótesis”, con enunciados particularizados que en los diseños experimentales ideados fundamentalmente identificaban los elementos lingüísticos y no lingüísticos como variables independientes y dependientes, planteamiento ajeno a Whorf pese a sus conocidas pretensiones científicas.
Del relativismo al universalismo. La codificabilidad fue la primera de las formas de las variables en ser aislada y se presumía ligada al reconocimiento (y quizás a otros aspectos de la cognición), de manera que en cada lengua se obtenía resultados propios de codificabilidad para referentes determinados. Es decir, aquellas tarjetas Munsell de color presentadas a los sujetos experimentales para las cuales había un término del léxico, se recordaban más fácilmente que aquéllas que no tenían término correspondiente. La otra forma de la variable lingüística, la precisión en la comunicación, fue aislada después, cuando se comprobó que los nombres o las descripciones que los sujetos experimentales daban a otros acerca de las tarjetas de color que se les presentaban eran decisivos para el recuerdo de ellas posteriormente solicitado.
La publicación de Berlin y Kay en 1969, “Términos de los colores básicos. Su universalidad y su evolución”, causó una gran conmoción. Examinaron un centenar de lenguas concentrándose en los términos de colores y básicos y, por otra parte, reunieron una muestra de hablantes de veinte lenguas distintas (árabe, búlgaro, catalán, chino cantones, chino mandarín, inglés, hebreo, húngaro, etc), a quienes les presentaron 320 tarjetas Munsell de color estándar (seleccionadas entre varios miles) solicitándoles que las clasificaran en montones del mismo color, que una vez clasificadas dijeran qué nombre daban en su lengua a ese color y, finalmente, que eligieran en cada montón aquella tarjeta que representaban mejor al nombre de color dado. Restringieron su investigación a los términos de colores básicos. Puntos focales: hubo acuerdo entre los hablantes de las distintas lenguas en señalar qué tarjetas eran las más representativas de los términos de colores básicos. Los mayores porcentajes de acuerdo se dieron respecto a rojo y amarillo, además de blanco y negro; y menores pero destacables, respecto a verde, azul y púrpura. De ahí concluyen que existen determinadas categorías perceptuales de color que son universales para los seres humanos y que sirven de referente y se corresponden con los once (o menos) términos de colores básicos que tienen las lenguas. Límites. La extensión de los límites de los términos de color variaban de unas lenguas a otras. Secuencia evolutiva. El número de términos de colores básicos en las diversas lenguas variaba entre dos y más de once, pero según un orden especial que fue representado en forma de estadios.
Se han tipificado tres dimensiones que se consideran interactuando unas con otras y con las que se describe la percepción del color: El color – con cuatro “tonalidades” propiamente cromáticas y dos acromáticas. Las cuatro cromáticas, son azul, amarillo, verde, rojo. Las acromáticas, blanco y negro. Todos los demás colores son combinaciones de éstos. El brillo o el reflejo de luz que tiene un color; varía paramétricamente, de difuso a brillante. La saturación o la intensidad del color; que también varía paramétricamente, de desaturados o apagados a saturados o vivos.
La percepción del color comienza en la retina con la estimulación de las células sensibles al color llamadas “conos”. Hay tres tipos de conos y cada tipo se distingue por una pauta única de respuesta dependiente de una determinada longitud de onda. Cada color es asociado a una pauta única de respuestas de estos tres tipos de conos. Luego, la respuesta tripartita del sistema retiniano sufre una transformación en un conjunto de respuestas neurales oponentes. Tales respuestas oponentes han sido localizadas entre las regiones roja y verde del espectro, por un lado, y, por otro, entre las regiones amarilla y azul del espectro visual. Y parece estar asentado que la excitación en una conlleva como información la inhibición de la otra, de manera que actúan coordinadamente y tienen efectos unitarios. En suma, en el nivel de la retina, las distribuciones diferenciales de los tres tipos de conos se transforman más allá de ella en una respuesta neural de oposición entre rojo y verde y de oposición entre amarillo y azul, que es lo que determina la percepción del color. Existen además otros dos tipos de células que son no-oponentes y su papel es fundamental en la definición del blanco y el negro. La relación de oposición supone que no hay percepción simultánea de verde y rojo, ni de amarillo y azul, no hay rojos verdosos ni azules amarillentos, pero sí hay percepción simultánea de verde y azul o de amarillo y rojo. Todo el espectro visible puede ser explicado así como resultado de la respuesta de cada sistema oponente (rojo o verde, amarillo o azul) y de la fuerza relativa de las respuestas de los sistemas oponentes.
La universalidad no radica en que todas las lenguas dispongan de los mismo términos, sino en los llamados “universales implicacionales” (Ejemplo: “Todas las lenguas que disponen de un término para rosa, púrpura, naranja o gris, disponen también de términos para marrón, azul, verde, amarillo, rojo, blanco, negro”. “Todas las lenguas que disponen de un término para marrón, disponen también de términos para azul, verde, amarillo, rojo, blanco, negro”, etc).

Cuestiones de método y cuestiones de secuencia evolutiva. Rosch realizó una serie de pruebas entre los Dugum Dani que corroboraban las conclusiones de Berlin y Kay sobre los puntos focales. Los Dani, por ejemplo, tenían sólo dos términos de colores básicos, pero ya Berlin y Kay habían indicado que disponían de muchas otras expresiones que denotaban la sensación del color. Entonces es que los términos básicos no podían tomarse como indicativos de la capacidad de una cultura para representar lingüísticamente la sensación de color, de lo que se concluye que habría que tomar más bien la precisión de comunicación como la única medida de codificabilidad que podría relacionarse sólidamente con la memoria de reconocimiento.
Aunque la explicación universalista parece definitiva, análisis posteriores han cuestionado algunos aspectos de la metodología con la que se realizaron las experiencias que sirvieron para fundamentarla. Aspectos como la composición del grupo de estudio utilizado por Berlin y Kay, la muestra de lenguas empleada para establecer la secuencia evolutiva (98, se consideró por algunos como un número reducido), matizaciones en la secuencia evolutiva, etc., arrojan unos resultados que pueden resumirse en tres puntos: 1. No todos los términos o categorías básicas son igualmente básicas. Unas son primarias, otras compuestas y otras derivadas. 2. Los puntos focales no son tan fijos. 3. El orden no es tan regular.
El color y el relativismo cultural.

El relativismo cultural afirma que cada grupo humano ordena la objetividad de su experiencia como precipitado de una lógica diferencial y significativa y hace de la percepción humana una concepción histórica. La objetividad es en sí misma una determinación cultural y depende de la asignación de significado a ciertas diferencias que por asignadas se convierten en “reales”, mientras que otras son desdeñadas.

Otros efectos whorfianos.

Examen junio 2004 – Segunda semana – Pregunta 2 – Exponga y analice algún otro efecto whorfiano que el del dominio del color. El color puede no ser el caso más favorable a las tesis relativistas y permanece debatido, pero de todos modos es el ámbito más estudiado. Menos ambiciosa que lo que el programa descrito en el Informe Yale pretendía, el reconocimiento de una interpretación relativista se limita a algunos aspectos o parcelas de dominios tanto en los campos léxicos como gramaticales y recibe el nombre de Efecto Whorfiano.
Iami y Gentner comparando niños de 2 a 4 años hablantes de japonés, con otros hablantes de inglés, llegan a resultados que refuerzan la tesis de los universales cognitivos al encontrar que ambos grupos se fijaron en la forma si se trataba de objetos complejos compuestos de partes, pero si se trataba de sustancias, entonces la atención se centraba en el material de que estaban compuestas. No obstante, sus trabajos también reforzaban las tesis relativistas, pues al comparar hablantes adultos y tratándose de objetos simples las diferencias estructurales en las lenguas si afectaban a la categorización.
La analogía lingüística y la apropiación cognitiva.

Whorf proporcionó numerosas ilustraciones del principio de la relatividad lingüística, pero no elaboró una justificación teórica de cómo el lenguaje influía en el pensamiento, al menos no explícitamente. El pensamiento usa para sus propios fines una estructura de relaciones que deriva de otro dominio, una estructura que se rige según otros principios que los puramente cognitivos y esa estructura en la lengua, más en concreto las analogías lingüísticas. Cada lengua hace clasificaciones e induce, por ello, a realizar analogías lingüísticas. Las ilustraciones de analogías son numerosas en los trabajos de Whorf. Tales analogías guían el comportamiento y sirven para interpretar las experiencias de la realidad. Se podría describir entonces la relación entre el lenguaje y el pensamiento como la apropiación cognitiva de las analogías lingüísticas.
Whorf habla de que la principal influencia del lenguaje es sobre los conceptos cotidianos que es donde se aprecia cómo los hablantes se apropian de las pautas del lenguaje en tanto que guías de la realidad. Cuando usan las pautas del lenguaje como herramienta, los hablantes se implican en todo el amplio espectro de asociaciones y de conexiones que están implícitas en los agrupamientos analógicos del lenguaje. Se trata de algo inconsciente, porque generalmente los hablantes no reconocen que estén usando de esa manera el lenguaje, de manera que el proceso de apropiación es inconsciente y las propias analogías lingüísticas son también inconscientes.
Nuevos enfoques de la relatividad lingüística. Probablemente hayan sido las ilustraciones sobre la proyección referencial o la objetivización que proporcionó Whorf lo que haya llamado más la atención de distintos investigadores que redescubrieron a Whorf desde la pragmática, precisamente cuando el principio de la relatividad lingüística tenía menos crédito entre los lingüistas estructuralistas y generativistas.
Las ilustraciones sobre la proyección referencial o la objetivación que Whorf proporcionó en su día, han influido en su redescubrimiento por parte de investigadores cuyo interés se centra en la pragmática del lenguaje. Es el caso de Silverstein. Éste toma de Whorf las herramientas analíticas para abordar la objetivación no ya como parte de la visión del mundo o de las pautas habituales de pensamiento, sino como “ideología de los nativos sobre la forma en que su lengua sirve como sistema proposicional de representar y hablar sobre la realidad”. La ilustración de la objetivación que hacía Whorf se refería a la cantidad, sustancia, forma y tiempo como categorías básicas de la realidad. Los hablantes emplean al usarlas una racionalización secundaria, una objetivación, de tal manera que las categorías criptotípicas son proyectadas como rasgos o atributos de cualquier objeto. Whorf sugería además que la propia terminología científica objetivada podría ser un fenómeno de racionalización secundaria. Esto significa que el principio de relatividad lingüística puede ser también reformulado como principio de incertidumbre lingüística.
Silverstein: Función 1: En un primer sentido, el lenguaje es funcional en cuanto que los hablantes buscan al usarlo alcanzar objetivos o por lo menos se lo proponen así. Función 2: En otro sentido, el lenguaje funciona por la distribución característica de formas particulares en ciertos contextos de uso, formas que sirven de índices lingüísticos y que apuntan a configuraciones de rasgos contextuales.
La ideología pragmática nativa se expresa en teorías metapragmáticas, es decir, en racionalizaciones sobre el uso del lenguaje. Para Silverstein este hecho es una ilustración de lo que Whorf llamó “ideología de referencia”. Establece tres tendencias:


  1. Tendencia a enfocarse hacia elementos lexicales identificables (palabras, frases, etc.)

  2. Tendencia a enfocarse hacia las contribuciones de estas unidades a la proposicionalidad como punto de partida para explicar otros efectos, que se entienden como metáforas de efectos literales de índole referencial-y-predicacional.

  3. Tendencia a comprender las funciones metapragmáticas en términos pragmáticos o funcionales de presuposición, como cuando se extiende el uso del lenguaje constituido como “metonímia” de su contexto.


Con su argumentación, Silverstein pretende trasladar las consecuencias del principio de relatividad a las propias teorías lingüísticas.

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