Paula Felizón Robles






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LA CREACIÓN DE LA IPPGCM
El territorio meridional del estado brasileño de Río Grande do Sul tiene una clara vocación histórica ganadera, fundamentalmente de ganado vacuno como decíamos antes. Hay que remontarse a la colonización del país y a la gestión jesuítica del siglo XVII en esta zona para poder hablar de los orígenes de la tradición ganadera gaucha, base de la IPPGCM.
Desde entonces y hasta la actualidad se ha convertido en una de las mayores zonas productoras de carne bovina en Brasil, lo que repercute en que precisamente esta zona se incluya en las grandes cadenas globalizadas de producción de carnes vacuna. Este hecho, paradójicamente (o quizás no tanto), ha contribuido a que cierto número de ganaderos e industrias de la zona hayan sido excluidos de las grandes cadenas productoras y distribuidoras.
Las peculiaridades de la carne de la región le vienen dadas por la característica vegetación de este territorio, su tipo de suelo y el saber hacer de los ganaderos locales, los conocimientos transmitidos generacionalmente y aplicados en la gestión diaria de sus propiedades para obtener la carne. Este manejo se sustancia fundamentalmente en lo que allí se denomina como la “terminación del ganado”, que no es ni más ni menos que engordar a los terneros tras el destete a base de pastos naturales característicos de la zona.
La Pampa alberga una enorme biodiversidad y una gran cantidad de pastos especialmente aptos para el ganado vacuno. Su clima templado, los pastos de sus campos abiertos y el ganado criado y engordado mediante un sistema de manejo extensivo, confieren una serie de características únicas respecto a otras regiones ganaderas de Brasil y dan a su carne las cualidades en las que se basa la IPPGCM. Fue precisamente el proceso antropizador el que valorizó las gramíneas y leguminosas y su consumo por grandes herbívoros. Este proceso comenzó en el siglo XVII a través de las colonias jesuitas, de donde surgieron las particularidades identitarias de este territorio en torno a “lo gaúcho”. La cultura gaucha y las características ambientales han sido los argumentos esgrimidos para apoyar el reconocimiento de un sello de calidad en la zona para su carne vacuna.
La solicitud de la IP la realizó la asociación que engloba a una pequeña parte de los productores de la región, los ganaderos, llamada APROPAMPA (Associação dos Produtores de Carne do Pampa Gaúcho da Campanha Meridional), fundada en 2005 por 17 de ellos con el fin de obtener el sello de calidad de la Indicación Procedência Pampa Gaúcho da Campanha Meridional. El territorio delimitado se compone de 11 municipios de la zona sudoeste del Estado: Herval, Pinheiro Ma-chado, Pedras Altas, Candiota, Hulha Negra, Bagé, Aceguá, Dom Pedrito, Santana do Livramento, Lavras do Sul e São Gabriel. Es esta una zona fronteriza con Uruguay, de 12.935 kilómetros cuadrados de extensión de topografía suavemente ondulada (Dullius, 2009).
La IPPGCM fue concedida a estos ganaderos, a su asociación APROPPAMPA, en 2006.



Figura 2.: Delimitación del área de la IPPGCM

Fuente: EMBRAPA 2012
A partir de ese momento, sus socios, aquellos que deseen certificar sus animales con el sello de la IP, deben cumplir el reglamento correspondiente. Quizás este sea un dato determinante en la evolución del sello, sólo dos razas vacunas pueden ser amparadas por esta certificación son la Angus y la Hereford, o bien cruces entre ellas.
Traemos a colación el dato de las razas seleccionadas como aptas para poder obtener este sello de calidad, por el hecho de que nos pone ante la tesitura de que estos procesos de creación de IGs, suponen habitualmente procesos de selección no sólo de razas (Amaya y Aguilar, 2012), sino de formas de cría y engorde (de manejo), así como métodos de transformación u obtención de los productos derivados, en su caso. Por tanto, estamos ante interesantes procesos sociales de selección que de forma explícita excluyen a productores y/o trasformadores cuyas actividades no se adaptan a los estándares establecidos normativamente para obtener el sello de calidad. Por tanto es un ámbito de restricción (sólo ganaderos con raza Angus y/o Hereford pueden certificar con esta IP) a pesar de que estamos hablando de marcas colectivas, a priori no privativas, pero en realidad generadoras de conflictos e intereses diversos, coercitivas para decidir qué ganaderos son o no aptos para ingresar en esta IPPGCM. De ahí que limitar las razas a dos esté siendo determinante en la evolución de esta IP, ya que conlleva entre otros efectos, un escaso número de afiliados.
Este caso es doblemente interesante en clave de los conflictos generados en los procesos de las IGs, ya que por un lado podemos describir los conflictos internos de los que hablamos, pero por otra parte el proceso de la creación de la IG IPPGCM, generó un conflicto internacional. Argentina y Uruguay, las zonas aledañas a la Pampa brasileña, que disponen del mismo tipo de territorio, con iguales características y que vieron cómo de forma legal, una tercera región capitalizaba el poder identitario y simbólico del término “Pampa”, pudiendo usarlo en sus sellos a nivel de los mercados internacionales.







Figura 3.: En color verde el territorio ocupado por Las Pampas, en el sur de Brasil, Uruguay y Argentina

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Regi%C3%B3n_pampeana


Figura 4.: Representación gráfica del estado de conservación de pastos originales.

Fuente: EMBRAPA

Como precisaran Bilenca y Miñarro (2004) los pastizales del Río de la Plata cubren más de 750.000 Km. cuadrados y abarcan dos grandes ecorregiones: las Pampas en la Argentina y las Sabanas de Uruguay, más parte del estado de Río Grande do Sul en Brasil. Este sería el dibujo que existe en la memoria colectiva popular sobre el término Pampa, una enorme extensión donde predominan los pastos y el terreno llano, perteneciente fundamentalmente a Argentina. Sin embargo, este poder evocador e identitario se lo ha apropiado el sur de Brasil y concretamente APROPAMPA, que mediante la concesión de su IP por el INPI pueden hacer uso legal de un sello donde se combinan y se vinculan términos como Pampa, carne de vacuno y pastos naturales. El uso es exclusivo, lo que levantó la animadversión de las zonas pampianas de Argentina, aunque cuando reaccionaron el plazo legal para presentar alegaciones ya había concluido y la IPPGCM es la única que puede certificar con el nombre Pampa.
PRINCIPALES PROBLEMAS EN EL PROCESO DE IMPLANTACIÓN DE LA IPPGCM
De acuerdo a nuestra investigación cabe destacar una serie de problemas en la andadura de la marca IPPGCM que hoy en día determinan su estado de desactivación y de reconversión. Esta IP no certifica cantidad alguna de productos. Recordemos que la IP fue concedida en 2006, que certificó carne hasta 2009 y que desde entonces no lo ha vuelto a hacer, aunque la intención de sus dirigentes es impulsarla de nuevo modificando algunas normas de su reglamento.
El proceso que acabamos de describir se caracteriza por una fuerte influencia institucional. Desde la creación de APROPAMPA, como posteriormente la solicitud de la IP, su concesión y el periodo en que estuvo en funcionamiento, hemos contrastado una permanente asistencia institucional. Fundamentalmente los apoyos provienen de EMBRAPA (Empresa Brasileira de Investigación Agropecuária), EMATER (Empresa de Assistência Técnica e Extensão Rural), SEBRAE (Agência de Apoio ao Empreendedor e Pequeno Empresário), UFRGS (Universidad Federal de Río Grande del Sur), INPI (Instituto Nacional de Propiedad Industrial) y BIRD LIFE/SAVE BRASIL.
El carácter asistencial de la IP y la falta de recursos propios de APROPAMPA para poner en marcha campañas o programas de mejora, formación, publicidad, etc., son caras de la misma moneda. Podríamos decir que están descapitalizadas y que para llevar a cabo puntuales acciones deben recurrir a una de las instituciones mencionadas, de ahí su grado absoluto de dependencia institucional.
Por otra parte hay que señalar una enorme debilidad en el periodo de existencia de esta IP, nos referimos al monopolio ejercido por la empresa que sacrifica las reses. Ahora MARFRIG y anteriormente MERCOSUL. La empresa es una multinacional que no considera viable económicamente la línea productiva de esta IP debido sobre todo al escaso número de cabezas que puede certificar APROPAMPA. Sin embargo, según dicha empresa, este bajo nivel productivo, no se puede mitigar si no se admiten otros ganaderos y posibles razas que certificar mediante la IP.
Realmente se está dando una exclusión de posibles ganaderos interesados en ingresar en APROPAMPA por doble vía, tanto por la delimitación del territorio perteneciente a la IP, como por el tipo de ganado admitido para poder ser certificado. Algunos ganaderos no pueden acceder a la IP a causa de que sus terrenos, de similares características a los incluidos en ella, están fuera de la delimitación. Y de otro lado, su ganado vacuno no pertenece a ninguna de las dos razas admitidas.
Si la exclusión es una realidad, de igual modo lo es el bajo nivel de implicación de los socios de APROPAMPA. De los actuales 109 socios, apenas 20 son los que se implican de forma permanente en su gestión. En palabras de uno de sus miembros:
“… empezamos con grandes problemas: no hay ningún espíritu asociativo en la asociación, ninguno. Se llama para una reunión y sólo comparecen los miembros de la directiva. Se avisan por carta. Ahora no teníamos plata para ese estudio que contratamos e hicimos una llamada extra de capital a los socios, pasan de 100 –los socios- y contribuyeron 17. Ese es un gran desafío.” (Ganadero socio de APROPAMPA).
Esta falta de implicación también se achaca precisamente al ya citado continuo apoyo asistencial de las instituciones a la asociación, por lo que sus miembros no generan la percepción de que son ellos los creadores. Un técnico lo decía de este modo:
“… desde que empezó, el SEBRAE puso plata, no el productor. En 2008 yo y otro productor hicimos un proyecto en el que puso plata el Gobierno del estado. De 2004 a 2008 la plata la pone el estado central, de 2008 a 2010 el gobierno de RS… el productor nunca puso nada.” (Técnico de desarrollo)
Otra debilidad de la actual IPPGCM, refiere a que la cadena de distribución del valor agregado no repercute en eslabones tan sensibles como los productores. En Brasil se diferencia entre ganaderos criadores, los que crían a los animales y los venden al destete, y ganaderos terminadores, que se encargan de engordarlos. Sólo estos últimos reciben cierto valor añadido cuando venden animales certificados, sellados por la IP, pero la mayoría de ellos no dispondría de ganado si no fuese por los criadores.
En síntesis y para no alargarnos más en esta fase descriptiva de la problemática de la IP, este tipo de condicionantes presentes en la existencia de este sello de calidad, determinan que la CPGCM sea percibida actualmente como una cadena comercial larga y por ello no repercute en los miembros de toda la cadena. En Brasil, y particularmente en Río Grande del Sur, la principal referencia en cuanto a IGs es la DO del Valle de los Viñedos. En dicha indicación el producto, el vino, recorre una cadena de producción y de distribución donde prácticamente el propietario de la viña lo realiza todo. En la IP de la carne, del ganadero que engorda al animal, pasa a la industria que lo sacrifica, de esta a la distribuidora, para terminar en el mercado o el puesto de venta minorista. Señalan que en el último peldaño de la cadena es donde repercute la mayor parte del valor añadido, mientras que ellos, los ganaderos, están al principio donde apenas se nota dicha repercusión.
En relación con esa percepción existe igualmente una resistencia al cambio por parte de los ganaderos, o escasa tendencia a adquirir nuevos patrones de manejo y producción con los que no están familiarizados cuando la mayor parte de los ganaderos han heredado las explotaciones de sus antepasados. Junto con las explotaciones, también heredan una cultura del trabajo, un saber hacer, que incluye un modelo de gestión y de manejo tradicionales que ahora deben transformar, al menos en parte, para adaptarse a la normativa de la IP. Así lo expresa un técnico entrevistado:
“Si dices que para entrar en APROPAMPA tienes que producir Hereford y tu abuelo tenía otra raza, pero que tienes que cambiar para ganar más, no lo vas a cambiar. Si viene APROPAMPA y te dice que tienes que engordar un novillo en dos años y tú lo engordas en cinco, no vas a cambiar. Si tienes que hacer la rastreabilidad y no la has hecho nunca y eso te da más trabajo, no lo vas a hacer. La cultura es buena, pero también es mala”. (Técnico de desarrollo)
Parece claro afirmar que no se ha logrado el principal objetivo de los ganaderos al fundar APROPAMPA, conseguir un importante valor añadido a su producto. Ahora bien, existen otros intereses colectivos que en cierto modo están cubiertos por la existencia de la IP. Ésta se constituye como un proceso, un largo camino de construcción de una marca para que el consumidor consiga relacionarla con valores positivos de distintividad y calidad. En esta IG dichos valores se han descrito ampliamente, sobre todo el valor ambiental y de protección del medio junto a la calidad de la carne, tal como lo reconocen los ganaderos y técnicos. Sin embargo, ese trayecto desde su definición, hasta la internalización de los valores por la población, por los actores locales, en el caso de la IPPGCM está por realizarse. Una vez se consiga este reconocimiento desde el eslabón del consumidor, el último de la cadena, podrá obtenerse cierto valor añadido, diferencial en relación a otras carnes y otras marcas.
Es evidente que en este proceso de re-conocimiento de la singularidad del producto por el consumidor, los ganaderos deberán cumplir las normas que establece la IP. Este cumplimiento conlleva sacrificios en la gestión de sus explotaciones y puede ser un proceso a medio o quizás a largo plazo, y habrá que estar pendientes de su evolución y por cuántos ganaderos y explotaciones puede ser asumido.
Este hecho nos pone ante una interesante tesitura de las IGs. Algunas (la mayor parte de las IGs concedidas en Europa) surgen tras un amplio reconocimiento del producto por parte del consumidor y los mercados. Ya no tienen que crear el nicho de mercado, sino que la marca, el sello de la IG en cuestión, se crea a posteriori, con lo que en cierto modo se allana el camino para que los productores puedan recibir un valor añadido mayor al que percibían antes de la creación del sello.
En nuestro caso, la IPPGCM, si bien se dio un periodo de concienciación de los ganaderos de la región en pos de los posibles beneficios de la IP, luego se suspendió este proceso de movilización. Fueron decisiones tomadas desde la directiva de la IP, es decir, es un proceso institucionalizado, realizado desde arriba, no una decisión colectiva, consensuada por los ganaderos de la región. Además, el tipo de producto en cuestión, la carne Pampa gaúcho, posee cierta distintividad cultural reconocida aunque sin marca distintiva. De este modo pocos productores de la región son informados de la posibilidad de reconocimiento de su carne a través de la IG y, a su vez, existen otros programas de certificación menos exigentes para los ganaderos. Por ello tampoco suelen decantarse por la vía incierta de implicarse en la IPPGCM.
Todo esto nos remiten a dos cuestiones centrales. La primera tiene que ver precisamente con la relación que se establece entre IGs, cantidades o escalas de producción y calidad del producto. La segunda tiene que ver con las circunstancias que asocian de forma permanente a la IPCPGCM con una sola empresa que monopoliza la función de distribuir del producto.
Respecto al primer argumento, la cuestión de escala, esencialmente la filosofía de gran parte de las IGs cuando se crean no reside fundamentalmente en proporcionar grandes cantidades de productos. Antes bien, esta es la dinámica de las grandes cadenas agroalimentarias de las que las IGs intentan distanciarse con producciones proporcionalmente menores pero sustancialmente de mayor calidad. Por tanto, aquí estamos reconociendo un elemento de partida digamos que discordante en la IG IPPGCM y lo que al menos en teoría debe constituir una seña de identidad de la calidad en los productos certificados y de la tierra, una relativa cantidad de producción.
La segunda idea central es la razón última de que no se rompan los lazos entre MARFRIG y la IPPGCM, estableciéndose nuevas relaciones con una o varias empresas frigoríficas distribuidoras. Este cuestionamiento nos llevará a respuestas como que hay un contrato firmado de exclusividad, que los ganaderos prefieren una empresa donde su delegado de zona conoce ampliamente el contexto productivo, y, sobre todo, que es la única empresa en la zona con controles y permisos sanitarios para exportar la carne más allá del propio estado de Río Grande del Sur. Pesa sobremanera esa potencialidad para exportar la carne, teniendo en cuenta que, la IPPGCM, desde su nacimiento, contempló transitar por la fórmula IP para finalmente obtener a medio plazo una DO. Esta dependencia termina generando una gran dificultad en el mantenimiento de IPPGCM al estar directamente vinculada a la relación de intereses de la industria mayorista.
BUSCANDO SOLUCIONES: DEL GIGOLO DE VACAS AL PRODUCTOR CONSERVACIONISTA
Es importante que reseñemos la relevancia de la variable ambiental y conservacionista en relación a la dinámica de la IPPGCM. Partamos primero de la percepción más extendida en Brasil sobre los ganaderos, una imagen despectiva como nos mencionaba un informante:
“Acá en Brasil tenemos una cosa que me preocupa: los hombres de los campos no tienen una buena fama en la sociedad, tienen la fama de marido de la vaca, lo llamamos gigoló de vacas. Explota la naturaleza. Es negativo para ganaderos, explota las vacas; es que prostituye las vacas y me preocupa. El trabajo de la asociación APROPAMPA, el de la conservación de la naturaleza, el que la vaca es amiga de la naturaleza y que la puede conservar mejor, eso es una idea para el futuro y es un motivo de que yo me apuntara. Tenemos una cosa buena en la mano que podemos mejorar y llegar a una situación de agregación de valor y a un reconocimiento de la sociedad de un trabajo que tiene una preocupación por la naturaleza.” (Ganadero socio de APROPAMPA)
El hecho de que el reglamento de APROPAMPA exige que el engorde de terneros se base exclusivamente en el consumo de pastos naturales, despertó intereses en ONGs conservacionistas. Este interés desembocó en un acuerdo entre la asociación ganadera APROPAMPA y la conservacionista SAVE Brasil, filial de la internacional Bird Life International, cuyo objetivo es la protección de las aves migratorias.
Este acuerdo, además de que representa un apoyo muy importante para el mantenimiento actual de APROPAMPA, constituye una variable escasamente investigada en torno a las IGs, sus repercusiones medioambientales bajo la consideración de que cada uno de los miembros de la marca en cuestión sea tomado como un "productor conservacionista", en vez de como un “gigoló de vacas”. Si bien existe este tipo de reconocimiento por parte de instituciones internacionales conservacionistas, no es proporcional a la conciencia dentro del propio territorio, donde apenas empieza a darse esta ideología. Sí es plenamente partícipe del valor ambiental del territorio de la IPPGCM cierto sector de ganaderos (los de las mayores explotaciones), que están viendo en esta marca intereses muy positivos para valorizar sus producciones.
Este interés mutuo entre organizaciones de ganaderos y las conservacionistas, ha despertado una visión clara entre los socios de APROPAMPA, que ven la oportunidad de internacionalizar su marca, de globalizarla instrumentalizando una organización como Bird Life con presencia en la mayor parte de los países. Un ganadero lo expresaba así:
“La relación en muy importante. Ellos tienen una idea, constataciones importantes que nos sirven de lo que pasa en el mundo y qué pasará…Están tratando en Montevideo sobre el Índice de Conservación, contratando con el banco Mundial, Rogerio –secretario de APROPAMPA- está … y a nivel internacional es muy importante y nosotros acá somos muy chiquitos y el mundo es muy grande. Traen información y tecnología. Bird Life en Brasil estuvo aquí mirando y visitando, y eso ayuda, esto suma. Pensando también por el lado de sustentación económica que ellos pueden abrir mercado fuera, pueden anunciar que tenemos una carne así. Puede ser una alternativa importante para nosotros en el mercado y pagar bien nuestro producto.” (Ganadero socio de APROPAMPA)
Desde el inicio de la creación de APROPAMPA se llevó a cabo la sensibilización entre los asociados sobre la conservación del medio ecológico (bioma Pampa) base de su producción ganadera. Este hecho, tal como apuntara Dullius (2009), lleva implícita una estrategia conservacionista para frenar posibles proyectos de la Reforma Agraria en la zona y así los ganaderos (los principales propietarios de la región), evitan conflictos y disputas en torno a la expropiación o cambio de titularidad de sus tierras.
Por ello cabría preguntarse si los objetivos medioambientales de APROPAMPA se orientan más hacia la preservación del medio ambiente y a añadir valor a la IP a través de esta función, o si está orientada a la creación de argumentos contra los conflictos agrarios en la región, o por una combinación de estos objetivos. Realmente en esta última fase de la IP, el reconocimiento del valor ambiental y la tendencia a relacionarlo con la carne de la Pampa, se está convirtiendo un su principal eslogan. Pareciera que esta pueda ser una tabla de salvación y de internacionalización para la IP, tal como lo expresaba anteriormente un ganadero. Por ello podemos hablar de un cambio de tendencia, desde utilizar la IP como escudo defensivo ante posibles amenazas procedentes de la Reforma Agraria (2006 hasta 2010), a generar una conciencia colectiva de la IP- conservacionista (2010-2013) como último recurso para que siga existiendo la IP.
Con todo, de cara al futuro y a pesar de que la IPPGCM lleva tres años sin certificar producción alguna, los implicados en ella barajan una serie de modificaciones. La principal, su bandera ideológica, es la que acabamos de expresar: los ganaderos de APROPAMPA son productores conservacionistas, lo cual les abre el camino a la internacionalización de su marca. Sin embargo, debemos reseñar, aunque sea de modo muy resumido a causa del espacio, algunas modificaciones de base, los cambios que han acordado de su reglamento como IP.
Básicamente refieren a flexibilizar sus normas, adaptándose al contexto productivo global. Para ello abren el abanico de razas vacunas aptas para certificar mediante el sello de la IP; amplían el tipo de alimentación de los animales, sobre todo permitiendo suplementarlos con cierto porcentaje de pienso; en función de la alimentación de los animales la carne llevará distintos sellos que diferencien sus calidades al distribuirlos; la estancia de los animales en los campos puede pasar de un año a seis meses, o que la bonificación por certificar animales con la IP no sólo alcance al productor o terminador del animal, al ganadero que lo engorda, sino también a los ganaderos criadores, los propietarios del ganado que los venden al destetarlos.
Este es un amplio proceso de apertura y de adaptación que está en marcha. Una IP que se creó en 2006, de apenas siete años de vida, debe reformularse y adaptarse a la realidad o desistir en su intento, sabiendo ahora que se encuentra en un mercado doméstico, el brasileño, muy competitivo, atomizado y escasamente organizado. Por otro lado mira al exterior, al mercado internacional donde la creciente demanda de los países europeos por productos saludables y respetuosos con el medio ambiente, productos que reafirman una identidad cultural, motiva a los productores de APROPAMPA a fortalecer sus discursos y prácticas con vistas a un desarrollo sostenible en un mercado global.
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