En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro






descargar 252.72 Kb.
títuloEn Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro
página1/7
fecha de publicación02.07.2016
tamaño252.72 Kb.
tipoDocumentos
e.exam-10.com > Biología > Documentos
  1   2   3   4   5   6   7
Clase XXXIX
CIUDADES INTERVENIDAS

LUVA
En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro.

Adentro, las salas de exposiciones del Palau, la fotografía acabada y ofrecida al público. Ya muerto y disecado el tema, el artista lo cuelga como una piel vacía que representa el animal que la habitó pero que ya no es; una imagen imposibilitada de representar la realidad que ya fue; una fotografía que ya es una realidad en sí misma, reflexiono mientras escucho murmullos y pasos que avanzan y retroceden, que apenas acarician la alfombra para no perturbar el ambiente de respeto por el trabajo del artista; a veces, sólo por la labor, otras por la labor y su obra. No hay agitación como en el Louvre, donde el visitante está seguro de la calidad de la obra: si está expuesta en el Louvre…será garantía de que proviene de un talentoso, dicta el prejuicio. Acá, en el Palau, el visitante desconfía, duda puede admirarse o desilusionarse, puede recorrer las obras como en un vía crucis, sufriéndolas, una tras otra hasta llegar a la última y luego sentir que la puerta de salida es una cruz mal trazada. O, gozoso, puede ir de la excitación del descubrimiento al placer del deleite en un crescendo que no culmina en la salida, porque el deseo renace y el visitante regresa a observar en detalle para volver a conmoverse, ahora desandando en fragmentos, el camino ya conocido.

Afuera el mercado. Me sorprende. Se me ser que prejuicio revela de pronto, desde la última de las salas de exposiciones del Palau, a través de un vidrio fijo; entre dos fotografías en blanco y negro, surge una a color: el Mercat, en la Boquería. Instalación de frutas, pescados, carnes, verduras… visitantes y compradores lo invaden transformándolo, interviniéndolo.

Entre dos imágenes quietas expuestas adentro, el movimiento de la calle afuera. El movimiento y la quietud. El sonido y el silencio. La acepsis y la mugre. Afuera, el ruido de la compraventa. Adentro, una recepcionista muda. Alfombras y desechos. Complementarios.

Y entre esos dos espacios, afuera y de espaldas a mí, veo una pareja de turistas, o de residentes, no importa, entre el mundo de los aromas, del color y del bullicio de los puestos y el mundo de la disciplina del curador de la muestra.

La pareja sentada en el bajo del ventanal que da al carrer, funciona como límite entre dos mundos. Los veo ponerse de pie, a todo color, girar y mirar, a través del vidrio, hacia adentro. Entonces descubro, en la sala de exposiciones, a la derecha de la ventana, su foto en blanco y negro. Observo que la pareja, afuera, tiene la misma expresión extasiada de los curiosos que han encontrado una razón para su mirada. La misma expresión que, seguramente, verán en la mía, mejor dicho, en la fotografía que me representa de cuerpo entero, detrás del vidrio y enmarcada por la ventana. En blanco y negro, claro.
Clase XXXIX. La construcción del escenario

César Sención._

Era una noche fría….
Era una noche fría, como ninguna otra, Lina estirada sobre el sofá, miraba en la TV, por obligación, su programa favorito, se escurría sobre su cuerpo, y deslizaba sus pies sobre la sobre la estrecha rendija de la esquina del sofá, escondiéndolos del frío; el abrigo le llegaba hasta las pompas, su vestido azul pardo no llegaba a cubrirla por entero. Se congelaba del frío, arqueaba las cejas, fruncía los labios y sobaba sus manos en su frigidez. Ella había creído que su costoso abrigo de piel le habría de proteger en todas ocasiones. El calefactor había sido diseñado para estos casos, tampoco pudo hacer su rutina diaria.

Meteorología anunciaba la tormenta que desde temprano en la mañana, azota la costa norte de los Estados Unidos, por un lapso de tres días seguido, y otros cuantos más durante el invierno. La brisa afuera arreciaba con ímpetu a medida que adelanta el tiempo, aceleraría más, y más y más.

Acaba su programa favorito, despierta de su embeleco y una prisa espantosa la hace ir a la ventana, curiosea, lo insólito del frío. Sobre el cristal granizos golpean, gotas envueltas en la brisa espesa, como mosquitas blancas y pegajosas, empañan su lividez.

Se ve el ambiente gélido, nieve por donde quiera. Escrutó una por una todas las ventanas, manipuló las cerraduras, no se contuvo, buscó un pañuelo y secó los cristales, una y otra vez, hasta convencerse del vano esfuerzo y el afán del fenómeno sobrevivir.

En toda la casa se retumba el agudo tintinear del hielo en los cristales, y en cada fibra de carne que se le remueve, se ruboriza de encogimiento. Ella mira la módica sala con desden, amarillenta la luz de la lámpara en el techo, aquella que llegó a anunciar temperaturas agradables, ahora en este ambiente, tiene la languidez de que quiere expirar.

Sus labios azules, sus manos húmedas y arrugadas son suficientes para descifrar el panorama. Fue a la chimenea, intentó prender fuego, resultó un fiasco, flotándose las manos caminó hacia la habitación arrastrando sus pasos, encogida sobre si misma, acomodó su abrigo a sus hombros con todas sus fuerzas; abrió y también con sus pies cerró la puerta, se recostó en la cama, buscaba conciliar el sueño, dio vueltas y vueltas antes, le aguijonea el frío por las sien, decidió levantarse y dirigirse al baño, con la intención de ducharse su cuerpo pegajoso, pero no sabía si usar agua caliente o fría, allí la temperatura es un poco agradable, terminó lavándose las manos, la cara y el cuello, y no con agua fría.

De nuevo en la habitación, intenta ponerse la bata de dormir, mete su vestido azul pardo al canasto de la ropa sucia, va al closet, busca una blusa que pueda protegerla mejor, aunque sea por esa noche. Se mete hasta el cuello dentro del closet y en un rincón bien escondido, se topa una blusa anticuada y de mal gusto. Se la había regalado su abuela, un verano que fue a visitar a su madre.

Desde que se la ciñó sabía lo mal que le cuadraba, se miró al espejo, dio vueltas alrededor. Le molestaba respirar, le apretaba las mangas, y de muy alto cuello ¿Cómo combinar aquella blusa de inferior calidad con aquel abrigo que le había costado trabajo encontrarlo y tanto dinero adquirirlo? ¡Ay cuanto enloqueció aquel día!, pero a la fecha, está defraudada. A través del espejo comprueba que el marco de una de las puertas del closet se está deteriorando, enjuta su rostro. Se retira de espaldas del espejo, desilusionada mira a todas partes. La indelicadeza del closet no la inmutó, de este lado las blusas cortas, por allí las descotadas y una que otra sin respetar el orden, aunque tuvieran para ella su valor especial, las había tirado sin cuidado alguno sobre el piso y la cama, el entusiasmo por el orden lo había perdido aquella noche. Tomó un envase de la repisa, lo destapó, le introdujo tres dedos y los sobó en las palmas de sus manos, las pasó por sus muñecas y su rostro, era una crema seca, por error miró el reloj y aunque no dijo nada, comprobó lo avanzado de la noche. La blusa de amargamos colores se mal ceñía a su cuerpo, no podía disimular la incomodad que sentía, reacomodo la ropa en la cama, tomó abrigo en mano, sabana y frazada en la otra, y se lanzó a la cama en la otra esquina opuesta a la puerta para no llorar, recordó con desden, que terminaba usando las cosas que había despreciaba algún tiempo.

Se quitó las sandalias de lana con los pies y se quedó en medias, unas medias largas y gruesas, y se acodó en la esquina que da a la pared, se enroscó sobre si misma, todo su cuerpo estaba helado, envuelta como un caracol, metió sus gélidas manos dentro de las partes en donde su cuerpo produce más calor. Y aun así, como pincelazos de hielo, el frío producía en su espalda fuerte estertor. Lina respira sofocada, cortinas de humo cada vez que castañetea salen de su boca, necesita calentarse, decidió levantarse, de lo contrario se congelaría en la cama, el vodka podría hacerlo por lo menos, se dice que calienta el cuerpo. Así que se levantó, se puso sus sandalias: En su pequeño bar no encontró vodka ni nada parecido, tampoco vino, solo una cerveza apareció en sus ojos cuando abrió el refrigerador y no la tomó. Aunque deseos si tuvo, más cuando se piensa que es la última noche… preparó leche con chocolate…adelantaban las horas…tomó hasta hartarse y cuando se fue a dormir, durmió rendida por el resto de la noche.

Ya era de día cuando despertó, forzó la puerta para salir y comprobar que estaba viva, fue al baño y se cepilló, volvió a su habitación y se ciñó la blusa, unos pantalones vaqueros y su abrigo. Tomo dinero y salió a la tienda. Forzó la puerta de la calle, la apeñuscaba el hielo. Los goznes chirriaban, también sus dientes, se coagulaba su sangre, la empujó con todas sus fuerzas, tenía que subsistir a toda costa. Los pocos dispositivos que había inventado el hombre no podían competir con la naturaleza. Ella lo sabía y de todos modos debía comprar la ropa necesaria para soportar el frío.

Luciendo ridícula vestimenta, por su vestir la admiraban, sus pasos cadenciosos se perdieron en su horroroso vestimenta, junto a sus dotes provocativos. No soportaría un día más este tormento. Diferente a la blusa amarilla que le resalta sus atributos, una talla menor que su cuerpo, se somete no por ingenuidad sino más bien por presunción.

Lina obsesionada por el mundo de la moda, como victima del sistema sucumbió ante él. Nadie se lo dictaminó tan fuerte como su estado de ánimo, ni siquiera aquellas heladas miradas de los transeúntes abrigados de pies a cabeza, sus filosas miradas como espirar de hielo, cortante como el mismo invierno, indiferente y frío. Todo el condado esta inundado de nieve. El césped, las aceras, los techos de los autos, los zafacones, los gatos. Tanto por aquí como a allá.

Lina apresura el paso hacia su tienda preferida, tiene que caminar una cuadra entera entre dos hileras de asfalto hecha por los vehículos, pisando escarcha. Al doblar en la esquina una alegría ruborizarte se le dibujo en el rostro, aceleró sus pasos, levantó la cabeza hacía la vitrina, desde allí podría escoger sus prendas y colores preferidos. Pero una sorpresa la hizo para de golpe. La neblina había cubierto la mitad de sus puertas. Y al ver cerrada la tienda comprobó que no podía comprar sus cosas, pues aquel día era domingo.
César Sención._

  1   2   3   4   5   6   7

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro iconOctubre 24 de 2012
«a ritual to Read to Each Other» («Un rito para leerse el uno al otro»). Termina con estas estrofas

En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro iconEnseñar a entender al otro para hacer que el otro entienda, solo que todo a la vez

En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro icon5. Si un rectángulo mide 5 metros por un lado y 20 metros por otro lado ¿Cuánto vale su área?

En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro iconEl grupo Gallaher es uno de los más grandes productores ingleses...

En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro iconPaul Samuelson es uno de los economistas más conocidos del siglo...

En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro iconQue llama a la oposición y abolición del
«falansterios», enlazadas entre sí de forma descentralizada. Por otro lado criticaba la división del trabajo dentro de los esquemas...

En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro iconDe la economía restringida a la economía general un hegelianismo sin reserva Jacques Derrida
«aún lo será más a partir de ahora». Y si Bataille, más que ningún otro, más que de cualquier otro, hasta llegar a la identificación,...

En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro iconEssa consiste essenzialmente in uno stato di coscienza diverso da...

En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro iconSobre El racismo y la estigmatización del Otro

En Barcelona, el Palau de la Virreyna y el Mercat de la Boquería entrecruzan miradas a metros uno del otro. Uno dentro de otro. Uno fuera del otro iconFuente: M. G. Masciarelli
«Puesto que no soy ojo, no soy del cuerpo» ¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso? Si todo el cuerpo fuera ojo ¿dónde quedaría...




Economía


© 2015
contactos
e.exam-10.com